Post 15-M y 22-M. Los restos del naufragio, de Enrique Calvet Chambon en Expansión
en primer plano
Sesudos análisis políticos está habiendo sobre la España que sobrevive a las elecciones del 22-M, Aquí nos proponemos una reflexión más concreta de tres aspectos conceptuales que han variado en el panorama económico.
Una primera realidad es que varias regiones (Asturias, Castilla-La Mancha, Baleares…) y ciudades de alto presupuesto (Sevilla, Barcelona…) han cambiado de gerentes, lo que, históricamente, siempre ha acarreado un afloramiento de déficits “disimulados”. Tras las elecciones, el cumplimiento del sagrado objetivo del déficit se hace más difícil, y la confianza en los compromisos del Gobierno se deteriora.
En segundo lugar, observemos que ha empeorado sustancialmente la capacidad del Gobierno para imponer las medidas antidéficit. Si ya le resultaba muy difícil gobernar debido tanto a la falta de competencias y capacidades ejecutivas como a la actitud (impune) de rebeldía de determinadas regiones, tras lo acaecido en País Vasco y Cataluña, resulta ahora imposible imaginar que el Gobierno de la Nación tenga resortes (¿y agallas políticas?) para combatir el incontrolable gasto “descentralizado”. España es más ingobernable, también desde el punto de vista presupuestario y financiero, que antes de las elecciones.
Reformas pendientes
En tercer lugar, debemos examinar cómo quedan las posibilidades de emprender las profundas reformas estructurales, las únicas que a la larga darán confianza a nuestra economía y puestos de trabajo. La situación puede parecer paradójica. Las reformas vitales para la economía (educación, seguridad jurídica, mercados, sector público administrativo y productivo, energía, organización territorial…) siguen igual de pendientes e indispensables. Pero, salvo una, cabe la esperanza de que sea más posible iniciarlas ahora que antes de las elecciones últimas. La que se ha vuelto más difícil es recuperar la unidad de mercado, que tanto ayudaría a mejorar la competitividad. El reforzamiento de las fuerzas centrífugas y fragmentadoras lo hace más complicado. Pero las otras que son tan necesarias para nuestra prosperidad futura, como portadoras de sacrificios y, por ende, impopulares, podrían ser abordadas desde ahora mismo por el actual presidente de Gobierno. En efecto, él ya ha afirmado que su carrera política, o ha terminado, o queda en suspenso. No se juega ya los votos ni queda pendiente de su conocida Biblia: las encuestas. Su Partido es consciente de que la sociedad española le ha castigado y de que le queda una travesía del desierto para recobrar sus valores y su credibilidad. El coste de la impopularidad está amortizado. Sería el momento de recobrar algo de patriotismo y practicar la cirugía que necesita España, con pedagogía y reparto justo de sacrificios, por supuesto, porque los resultados electorales futuros serán, de todos modos, los que se prevén.
Curiosamente, como obligado espectador europeo, vemos que existen muchos indicios de que eso desean nuestros acreedores y los miembros del euro. Hemos percibido un fenómeno clave para la confianza. Cuando, en épocas de bonanza, los inversores y prestamistas venían a hacer negocio a España, sorprendía su desconocimiento e interés epidérmico por nuestras estructuras y realidades. Eso ha cambiado, ahora observan con microscopio. Y, muy preocupados por su dinero, escudriñan nuestro sistema y su dinámica. Más que los aspectos contables. En tres años se han convertido en conocedores, en particular, de dos aspectos: las particularidades ruinosas del sistema autonómico y el grave disfuncionamiento de los mercados, siendo el laboral y el financiero los más cacareados. En esta tesitura, parecen pensar que lo más beneficioso es que el actual presidente, ya sin hipotecas, realice las reformas indispensables ahora mismo. Pensamos lo mismo, pero la duda es si el presidente tendrá la voluntad y la lucidez necesarias para hacerlo.
En fin, a la luz de ese contexto económico hay que situar el próximo paso. Hay que valorar si unas elecciones generales, con la presente ley electoral, van a mejorar realmente los dos primeros escenarios citados y si no van a retrasar y debilitar el tercero. Y hay que acordarse también de que antes hubo el 15-M y su mensaje clave. Es injusto e impropio estigmatizar a los “indignados” por algunas de sus soluciones o sus propuestas, variadísimas y, como es propio del ámbito, utopiquísimas. Pero su papel no es ese, su acción es y ha sido exigir que aporten soluciones los que tienen la responsabilidad, la experiencia y la ética del bien común porque, y he aquí la unanimidad, esto ya no se sostiene. Han gritado a todos que el problema está muy río arriba de pugnas partidistas o matices ideológicos. Estamos en situación de emergencia y se tambalea lo esencial. No funcionan nuestras instituciones, nuestros valores ni nuestro sistema y han dicho basta ya.
Con la que está cayendo, con las medidas de Estado que hay que tomar (y ahora estamos avisados), que el problema de parte de nuestra intelligentsia y la preocupación primera de los medios sea la pugna intraPSOE, que si galgo Rodríguez o podenco Pérez, puede parecer frívolo. U obsceno.
Enrique Calvet Chambon del Comité Económico y Social Europeo.
enrique.calvetchambon@eesc.europa.eu
