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Periodismo de opinión en Reggio’s

Qué duro es ser banquero central, de Ramon Aymerich en La Vanguardia

DIARIO DE LA CRISIS

Jackson Hole es uno de los grandes parques naturales estadounidenses, un inmenso valle rodeado de montañas en el estado de Wyoming. Allí la gente va a esquiar en invierno, a ver alces, osos y otros grandes mamíferos en verano y a escuchar a banqueros centrales el último fin de semana del mes de agosto.

Jackson Hole carece de las referencias literarias que acompañan al Davos suizo. No hay rastro de escritores como Thomas Mann, ni tampoco un pasado balneario. Jackson Hole fue, antes que nada, un lugar bautizado por los tramperos y mantiene ese aire nada sofisticado a que son afectos los americanos del Medio Oeste (nada que ver tampoco con la hiedra reptante y el ladrillo rojo de Nueva Inglaterra).

Sin embargo, de aquella localidad llega una música esperanzadora sobre la que se sustenta el leve optimismo de las bolsas y los mercados financieros desde hace dos días (y más inspirados que estarían si ayer Moody´s no hubiera aguado la racha al rebajar la deuda japonesa).

Los banqueros centrales son gente de inteligencia superior a la media. Van a Jackson Hole porque los grandes espacios con escenarios alpinos les recargan el disco duro. Es en esos raros momentos cuando se puede ver a Jean-Claude Trichet paseando relajado con su chaquetita sobre los hombros. Lejos del papelón envarado que representa a diario.

Pero en los últimos años, los banqueros centrales tienen peor vida. Amortizados los políticos profesionales -ayer Moody´s cargó de nuevo contra la clase política, esta vez japonesa-, los banqueros centrales son depositarios de demasiadas esperanzas.

Esa esperanza lleva el nombre de Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. Hace un año, el hombre que sucedió a Alan Greenspan, y que ha debido cargar con la herencia de su burbuja, hizo un discurso donde sugería que iba a imprimir más dólares para comprar bonos y, de ese modo, inyectar dinero fresco en la economía (quantitative easing).

Es lo que hizo. El invento pareció funcionar y en los meses siguientes los beneficios de los bancos crecieron. Pero la medida acabó diluyéndose dejando tras sí más deuda. El dilema ahora es si Bernanke repite la misma operación.

Esta vez lo tiene más difícil. Trichet tiene su cruz en Alemania (ayer fue el mismo presidente el que criticó al BCE) y Bernanke tiene su coco particular en Rick Perry, gobernador tejano, candidato republicana y alérgico a la deuda y el déficit. Perry ha llegado a afirmar que si Bernanke repite la operación está cometiendo traición (y lo ha dicho de peor manera).

El desenlace es importante. EE.UU. ya no es la gran potencia que era. Pero es aún la primera economía del mundo. Como explicaba ayer Dani Rodrick en el Financial Times, los chinos crecen rápido. Pero no están todavía en condiciones de tirar de la economía mundial.

Con Jackson Hole acabará este falso agosto y llegará el otoño financiero. Puede hacerlo en forma de nuevas políticas de estímulo. O de montaña rusa en las bolsas. Otra vez.

Publicado por Reggio's

25 Agosto, 2011, a las 7:15 am

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