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El consumo, en horas bajas, de Ángel Laborda en Negocios de El País
Dos de los indicadores más importantes conocidos esta semana se refieren al consumo de los hogares, el IPC de febrero y el índice de comercio al por menor (ICM) de enero, ambos publicados por el INE. Los dos nos dicen lo mismo, que el gasto de los hogares se mantiene débil y no acaba de arrancar.
Los precios disminuyeron un 0,2% respecto al mes anterior, una décima más de lo que habían previsto los modelos, centrándose este diferencia en los servicios, que se comportaron mejor de lo previsto. El mes de febrero no suele ser un mes inflacionista, pues los precios de los alimentos suelen bajar tras los aumentos estacionales de diciembre y enero ligados a las fiestas navideñas y de Año Nuevo, y también siguen descendiendo, aunque mucho menos que en enero, los del vestido, calzado y otros bienes en periodo de rebajas. En todo caso, el comportamiento de este año ha sido mejor que el del año anterior, por lo que la tasa interanual, es decir, la inflación, bajó dos décimas, del 1% al 0,8%.
Ello se debió en sus tres cuartas partes al componente de energía, cuyos precios no variaron en el mes y su tasa anual bajó del 11,4% al 9,9%. La otra cuarta parte corrió a cargo de los alimentos sin elaborar, que registraron una caída del 3,8% respecto al mismo mes del pasado año. La mayoría de alimentos sin elaborar se comportaron mejor este año que el pasado, destacando las carnes, pescados, frutas y legumbres. En cuanto a los alimentos elaborados, incluyendo el alcohol y el tabaco, su ligera caída mensual fue similar a la del año anterior, si bien ello se debió al fuerte aumento del precio del tabaco, ya que el resto de productos registró mayores caídas que un año antes, destacando los aceites y productos lácteos. Los bienes industriales no energéticos también registraron descensos en febrero, principalmente debidos al efecto rebajas. Pero quizás la sorpresa más notable se centró, una vez más, en los precios de los servicios, cuya tasa interanual ha vuelto a bajar hasta el 1,1%. Hace poco más de un año, en el otoño de 2008, esta tasa rondaba el 4%. Concretamente, la inflación anual de la rúbrica de turismo y hostelería ha caído hasta cero, con tasas negativas para los precios de los hoteles y sobre todo los viajes organizados, y moderadamente positivas para los restaurantes, bares y cafeterías.
En resumen, si no fuera por la energía, la inflación estaría en mínimos históricos. De hecho, el IPC sin productos energéticos registra una tasa interanual del -0,2%, frente a un 1,6% un año antes. Algo gordo está pasando para que la inflación se sitúe en España en estas cifras. Y lo que está pasando es que el consumo de los hogares, tras caer intensamente durante 2008 y 2009, parece estabilizarse, pero no acaba de arrancar.
Las previsiones para lo que resta del año no cambian mucho respecto a lo comentado hace un mes en esta página [gráfico superior izquierdo]. El repunte de los precios de la energía en las últimas semanas provocará un aumento notable de la inflación en marzo, que podría pasar al 1,2%. A partir de julio, el aumento del IVA también añadirá unas cuantas décimas, de forma que el año podría cerrarse en torno al 1,6%. La media anual se situaría en el 1,2%. Si prescindimos de los elementos más volátiles, la inflación subyacente acabará el año en el 0,7% y su media anual en el 0,3%.
El índice de comercio al por menor y otros indicadores de consumo corroboran la debilidad del mismo. Corregidas de estacionalidad y calendario laboral y restada la inflación, las ventas (que excluyen automóviles) descendieron en el cuarto trimestre del pasado año un 5,3% en tasa trimestral anualizada, más de lo que lo hicieron en el tercer trimestre. Con el dato de enero se mantiene este mismo ritmo de caída trimestral [gráfico inferior izquierdo].
A partir de estos datos, seguramente muchos lectores estén pensando que la subida del IVA no va a ser precisamente un factor dinamizador del consumo, y es verdad. Ahora bien, antes que dinamizar el consumo, la prioridad ahora es atajar el déficit público. En esta tesitura, una de dos, o mantenemos la subida prevista del IVA o, si la misma se deja sin efecto temporalmente, hay que volver a pegar otro hachazo al gasto público. ¿Por dónde empezamos?.
Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).
La recuperación se resiste, de Ángel Laborda en Negocios de El País
Como es usual en la primera semana de cada mes, son muchos los indicadores coyunturales conocidos en ésta. Destacan el paro registrado; las afiliaciones a la Seguridad Social; el índice de producción industrial (IPI); el consumo de energía eléctrica; las matriculaciones de automóviles y de vehículos de carga; la estadística de Coyuntura Turística Hotelera; el índice de confianza del consumidor del ICO; la Encuesta de Coyuntura Industrial del Ministerio de Industria; los índices PMI; la estadística de Ventas, Salarios y Empleo en las Grandes Empresas de la Agencia Tributaria, y los numerosos indicadores monetarios y financieros del Banco de España. Con matices y excepciones, toda esta información apunta a que, como ya sucediera a finales de 2009, la tendencia de mejora de la demanda y producción, que fue muy clara durante el segundo y el tercer trimestres, se ha frenado. Esto se ve no en las tasas interanuales, que son indicadores retrasados y recogen la recuperación de dichos trimestres, sino en las tasas trimestrales o mensuales, que siguen en terreno negativo o se reducen respecto a los meses anteriores. Como muestra, comentaremos los datos de afiliados, paro e IPI.
En términos originales, los afiliados aumentaron en febrero en 26.200 personas, lo que contrasta visiblemente con la reducción de 257.800 en enero. Este cambio no obedece a que la tendencia de la economía haya variado bruscamente. Sólo es una muestra de la distorsión que causa la distinta estacionalidad de unos y otros meses. Ni el dato de enero fue tan malo ni el de febrero ha sido tan bueno. En términos desestacionalizados, en estos meses se produjeron descensos de 38.740 y 31.600, respectivamente, que son algo mayores que la media mensual del cuarto trimestre (-27.800 por mes)
Haciendo una previsión razonable para todo marzo, el conjunto del primer trimestre daría una caída trimestral anualizada de los afiliados (empleo) del orden del 2%, la misma tasa registrada el trimestre anterior. Por tanto, y bajo la hipótesis de que el comportamiento de la productividad no cambie significativamente, la variación del PIB de este trimestre no habrá sido muy diferente de la del cuarto de 2009, en el que cayó un 0,6% en tasa trimestral anualizada.
En el gráfico superior derecho se ve que el freno en la recuperación del empleo obedece fundamentalmente al nuevo deterioro del sector de la construcción, una vez que se están agotando los efectos del Plan E, aunque también la tendencia al alza de la industria se ha dado la vuelta, posiblemente por la menor demanda de materiales para la construcción, y la de los servicios se ha estancado. Es decir, el ajuste de la burbuja inmobiliaria sigue pesando como una losa en la recuperación de la economía española, por lo que la medida anunciada por el Gobierno de reducir el IVA para pequeños trabajos de rehabilitación de viviendas tiene todo su sentido y en ningún caso hay que interpretarla como una vuelta al modelo basado en el ladrillo.
El dato de paro registrado de febrero es más difícil de interpretar, dada la mala calidad y la volatilidad que muestran estos datos en los últimos meses. En términos desestacionalizados, se han producido descensos del paro en noviembre y enero, seguidos de notables aumentos en diciembre y febrero, lo cual tiene poco sentido. Por ello, lo más útil es hacer la media de los últimos seis meses, que da un aumento mensual de 35.800 personas, cifra coherente con el descenso de los afiliados señalada anteriormente.
En cuanto al IPI, el dato de enero no ha sido bueno, a pesar de que la producción de vehículos de motor y componentes está creciendo mucho. Comparando enero con la media del trimestre anterior, la producción industrial ha caído un 0,5%, que no es un buen comienzo del año. No obstante, cabe ser optimistas para los próximos meses, pues un indicador muy correlacionado con el IPI, el consumo de energía eléctrica, muestra en febrero una recuperación importante, tras debilitarse en los meses anteriores. El componente del IPI responsable en mayor medida del freno en la recuperación es el de bienes de equipo, lo que indicaría que los crecimientos de la inversión empresarial en equipo del segundo y tercer trimestres del pasado año no van a tener continuidad en los siguientes, como era de esperar.
Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).
El déficit público, una losa para la recuperación, de Ángel Laborda en Negocios de El País
Entre la abundante información económica de esta semana destacan los datos de ejecución del presupuesto del Estado en 2009 y la balanza de pagos de diciembre. Estamos en el campo de los déficit. Años atrás, cuando se analizaban los déficit del sector público y el de la balanza de pagos, se hablaba de los twin deficit (déficit gemelos), concepto con el que los economistas anti-Estado venían a decir que la causa del desequilibrio exterior era la política manirrota del Gobierno. Aquella teoría no ha tenido mucho éxito, entre otras cosas porque se olvida del sector privado. En España teníamos un déficit por cuenta corriente del 10% del PIB en 2007, mientras el sector público lucía un superávit del 2%. Era el sector privado el causante del déficit exterior. Y es que, en vez de hablar de los déficit gemelos, habría que hablar de los déficit trillizos, lo cual deja de ser una teoría y se convierte en una simple tautología contable, pues el déficit exterior no es sino la suma de los déficit de los sectores público y privado.
Teorías aparte, vamos a los datos. El Estado cerró 2009 con un déficit de 99.785 millones de euros, un 9,5% del PIB. En 2008 este déficit había sido de 30.572 millones, un 2,8% del PIB. Sólo la mitad de los gastos se cubrieron con ingresos no financieros, la otra mitad, con endeudamiento. A ello se deben añadir los requerimientos a que dieron lugar las operaciones financieras (aportaciones patrimoniales a empresas y entes participados, préstamos, etcétera), otros 29.000 millones. Todas estas cifras son asombrosas, pero aún lo es más comparar las previsiones que el Gobierno hizo en los Presupuestos de 2009 (PGE-09) con los resultados: en ellos se preveía un déficit para el Estado del 1,5% del PIB, 17.100 millones de euros. La responsabilidad de la desviación corre casi a partes iguales entre los ingresos y los gastos.
La causa fundamental de este monumental error de previsión es la muy distinta evolución de la economía respecto a lo previsto. En los PGE-09 se contemplaba un crecimiento del PIB nominal del 3,5% y el resultado ha sido una caída del 3,4%. Además, la recesión ha afectado mucho más al gasto interno en consumo y compras de viviendas que al PIB, lo que ha afectado en mayor proporción a la recaudación por impuestos indirectos. También ha habido, por el lado de los ingresos, cambios de gestión tendentes a facilitar a las empresas liquidez adelantando devoluciones o aplazando el pago de impuestos. En todo caso, el batacazo de los ingresos impositivos, que cayeron un 23%, no se explica en su totalidad por factores económicos o de gestión, por lo que cabe pensar que ha aumentado notablemente la ocultación fiscal. Por el lado de los gastos, las desviaciones más importantes han sido debidas no a los realizados directamente por el Estado, sino a las mayores transferencias realizadas a otras administraciones: a los municipios para financiar el Plan E, a las CC AA como anticipo del regalo que el Estado les ha hecho al reformar su sistema de financiación y, la mayor, al Servicio Público de Empleo Estatal para financiar las prestaciones por desempleo (19.255 millones), gracias a la cual las administraciones de Seguridad Social aún pueden exhibir un superávit.
Sin duda, esta actuación anticíclica del Estado ha impedido un mayor descalabro de las economías familiares, empresariales y del resto del sector público en 2009, pero esto no sale gratis. El problema viene ahora, pues este déficit, que se amplía al 11,4% del PIB al añadir el del resto de administraciones, es insostenible y por numerosas razones (las exigencias de nuestros financiadores externos, el Pacto de Estabilidad y la Ley de Estabilidad Presupuestaria española) hay que reducirlo de aquí a 2013 al 3% del PIB. La tarea va a requerir sangre, sudor y lágrimas, no sólo a los gobiernos, sino al conjunto de la economía. A nivel macroeconómico, el ajuste fiscal va a suponer un freno a la recuperación durante los próximos años. Por eso en Funcas acabamos de revisar las previsiones de crecimiento del PIB hasta -0,7% en 2010 y 0,8% en 2011, dos y cinco décimas menos, respectivamente, que las de tres meses atrás. El consumo de los hogares, la inversión de las empresas y las exportaciones van mejor de lo previsto, pero el consumo y la inversión públicos reducen su aportación al PIB en seis décimas porcentuales en 2010 y siete en 2011 respecto a las previsiones anteriores.
Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).
La competitividad, clave para salir de la recesión, de Ángel Laborda en Negocios de El País
Como había avanzado el INE la semana anterior, el PIB disminuyó en el cuarto trimestre del pasado año un 0,15% (0,6% en tasa anualizada). Con ello se cierra el peor año desde que se dispone de contabilidad nacional, que comenzó a elaborarse en España a mediados del siglo pasado. El PIB generado en 2009 cayó un 3,6% respecto al año anterior en términos reales y casi lo mismo a precios corrientes, ya que los precios, o deflactor del PIB, apenas aumentaron un 0,2%.
Desglosando la composición del crecimiento en el cuarto trimestre, se observan brotes verdes en el consumo de los hogares, que aumentó un 1,4% en tasa anualizada tras casi estabilizarse en el trimestre anterior, y en la inversión en equipo, con un asombroso crecimiento del 13%. Ahora bien, no nos ofusquemos con estos brotes verdes, ya que, en buena medida, la recuperación de estos dos agregados se debe a factores temporales, como las ayudas a las compras de automóviles y vehículos comerciales o la reposición de maquinaria obsoleta en empresas con fuerte demanda de exportación. En sentido contrario, destaca la fuerte caída del consumo público, la primera en lo que va de crisis, que avanza el comportamiento de este agregado durante este año y los próximos. La construcción también sigue en negativo, aunque con comportamientos diferenciados entre el segmento de vivienda, que sigue cayendo cerca del 20%, y el resto, que, de momento, se ve beneficiado por el Plan E y la mucha obra pública en infraestructuras en marcha (algo que también cambiará en 2010).
En conjunto, la demanda interna continuó con su aportación negativa al crecimiento del PIB casi en los mismos términos que en el trimestre anterior, -1,3 puntos porcentuales (pp) en términos anualizados. Así pues, la menor caída del PIB en el cuarto trimestre respecto a la del tercero se debió a la mayor aportación de la demanda externa neta. La fuerte recuperación de las exportaciones, que se inició en el segundo trimestre del año en línea con la del comercio internacional, se intensificó, aunque su efecto sobre el PIB se está viendo frenado por el también elevado crecimiento de las importaciones.
Esto nos lleva a una primera reflexión: en cuanto se recuperan el consumo, la inversión en equipo y las exportaciones, las importaciones se disparan, con lo que se frena el proceso de corrección del déficit exterior, que aún ronda el 5% del PIB (gráfico inferior derecho) y hace que la deuda externa bruta, que alcanza la elevada cifra del 160% del PIB, continúe aumentando. Aquí reside uno de los nudos gordianos (hay más) de la actual coyuntura: es necesario reducir la deuda y para ello hay que generar superávit. Pero, sin poder devaluar y con unas condiciones competitivas deterioradas, ello sólo puede hacerse deprimiendo la demanda interna, con lo que el PIB no crece y no se crea empleo. La salida es aumentar más las exportaciones y frenar las importaciones, por ello es tan importante que se tomen medidas para mejorar la competitividad y para expandir la base de empresas exportadoras, que es muy baja. La propuesta, rechazada hasta ahora, de reducir los costes laborales bajando en al menos cinco puntos porcentuales las cotizaciones sociales de las empresas (compensada con la subida de impuestos indirectos que se cederían a la Seguridad Social para que ésta no entre en déficit), debería retomarse. Con ello se matarían dos pájaros de un tiro: podríamos exportar más y el crecimiento se haría más intensivo en empleo al reducirse su coste.
Tampoco vendría mal una moderación salarial acorde a la coyuntura y a los problemas de competitividad. Si son correctas las cifras de la contabilidad nacional, es un suicidio colectivo el que los costes laborales por trabajador en la industria manufacturera, la base de la exportación, aumentaran el año pasado un 5,4%, lo que unido a una caída de la productividad del 1,4%, dio como resultado un crecimiento de los costes por unidad producida del 6,9% (gráfico inferior izquierdo). No disponemos todavía de datos comparativos para la zona euro -la contabilidad nacional española es bastante mejor en este punto-, pero a buen seguro que hemos seguido perdiendo competitividad. No se trata de culpar a nadie, los sindicatos piden y los empresarios dan. El problema es que, como dice el refrán, entre todos la tenían y ella sola se murió.
Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).
La inflación, por debajo de lo previsto, de Ángel Laborda en Negocios de El País
Tras los nervios y turbulencias en los mercados financieros, esta semana parece que vuelve la calma, aunque no del todo, pues dichos mercados esperaban una respuesta más concreta (es decir, pasta sobre la mesa) de la Unión Europea o del Eurogrupo para asegurar que Grecia no hará default con su deuda. Hay que recordar a los gestores de los mercados financieros que no puede ser que cobren una prima de riesgo de casi 300 puntos básicos por la deuda griega y al mismo tiempo desaparezca totalmente el riesgo, y también hay que dejar claro que la Unión debe salir en auxilio de los países que lo necesiten, pero después de que éstos hayan cumplido sus obligaciones, pues en otro caso estaríamos en el caso de lo que se conoce como el pasajero sin billete, o sea, el listillo que no contribuye a los gastos de poner y mantener en marcha el tren, pero que se sube a él y disfruta del viaje gratis. Mantener un equilibrio entre estos principios es difícil y es lo que los dirigentes europeos han estado discutiendo esta semana. En todo caso, y por lo que respecta a España, tampoco pensemos que los mercados nos están castigando tanto, pues es verdad que ahora nos exigen unos 75 puntos básicos más que a Alemania por la deuda pública a 10 años, pero sólo unos 30 puntos más que a Estados Unidos, el centro del imperio.
Los indicadores más relevantes de la semana han sido el avance del crecimiento del PIB en el cuarto trimestre del pasado año y el IPC de enero. Se confirma que el PIB, tras siete trimestres con tasas negativas, todavía no ha iniciado la recuperación. Pero, teniendo en cuenta el margen de error con el que hay que valorar las estadísticas, una tasa de -0,1% es prácticamente lo mismo que cero, por lo que puede decirse que la recesión está tocando fondo. La pregunta inmediata es si la recuperación se va a producir ya en este primer trimestre de 2010. Puede ser, pero no es seguro. Por un lado, muchos indicadores muestran que se ha frenado, cuando no invertido, la tendencia de mejora que se venía observando desde el segundo trimestre de 2009, y por otro, las economías del resto de países de la zona euro siguen sin arrancar de forma clara. Tras crecer un 0,4% en el tercer trimestre de dicho año, el avance se ha ralentizado a un 0,1% en el cuarto y no es previsible que la cifra mejore mucho en el primero de este año. Así que la locomotora que debería tirar de la economía española apenas avanza.
En definitiva, es verdad que la zona euro en su conjunto nos lleva dos trimestres de ventaja en la recuperación, pero esa ventaja es mínima. De hecho, si el análisis de las tasas del PIB lo completamos con el de los niveles [véanse los gráficos superiores], llegamos a la conclusión de que la pérdida de PIB desde el primer trimestre de 2008, cuando se produjo el punto máximo, hasta el cuarto de 2009 ha sido la misma en España y en la zona euro, un 4,6%. En dicha zona llevan dos trimestres en positivo, pero a cambio su PIB cayó bastante más que el español en los momentos álgidos de la recesión.
El IPC, con una tasa de inflación anual del 1% en enero, se situó dos décimas por debajo de nuestras previsiones. Ello fue debido, y esto es lo importante, al comportamiento de los componentes más estables, los que forman parte de la inflación subyacente, destacando la moderación de los alimentos elaborados y los servicios, y dentro de éstos, de la rúbrica de turismo y hostelería. Todo ello pone de manifiesto que la demanda de consumo sigue débil, lo que es otro argumento para ser cautos a la hora de aventurar la recuperación.
La menor inflación con que ha comenzado el año respecto a lo previsto y un precio del petróleo inferior ahora en ocho dólares el barril respecto a hace un mes se traducen en unas previsiones para lo que resta del año significativamente inferiores a las anteriores. Hasta junio, la inflación anual va a estar situada en torno al 1% y posteriormente la subida del IVA la podría impulsar para acabar el año en torno al 1,5%. Y ello debido al componente de productos energéticos, ya que la inflación subyacente se va a mantener unas seis o siete décimas por debajo.
Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).
La toma de decisiones no puede esperar, de Ángel Laborda en Negocios de El País
Semana movida en el ámbito económico. Los mercados financieros cumplen múltiples funciones, algunas tan esenciales como la de procurar la asignación más eficiente de los recursos disponibles a los sectores productivos y otras que cabe calificar hasta de dañinas y desequilibradoras, como la especulación a base de operaciones en descubierto, que se parecen más a la actividad de los casinos y que deberían ser desterradas o controladas de cerca. Otra función, que no agrada nada a gobiernos y empresarios, es la de vigilar la actuación económica de los mismos. Todo esto lo han estado haciendo en los últimos días, afectando más que de costumbre al devenir político-económico del país, aunque no en exclusiva porque la movida es mundial, con especiales connotaciones para los países del sur de Europa, los más débiles de la zona euro.
La parte de especulación no nos debería preocupar tanto, aunque no estaría mal que actuaran las autoridades monetarias para poner las cosas en su sitio. Pero la función de vigilancia sí que debemos tenerla en cuenta y no despacharla con frases de que “están siendo injustos con nosotros” o que “no conocen a fondo nuestra situación”. Lo que nos están diciendo es algo de lo que parece que algunos españoles no quieren enterarse: que nuestra economía está en una situación muy problemática, que necesita volver a crecer para crear empleo lo antes posible, y que ello requiere hacer unas cuantas reformas y ajustes dolorosos a corto plazo, pero totalmente necesarios, como los que el Gobierno está enfrentando ahora con la reforma laboral, las pensiones y el saneamiento del enorme déficit público estructural que nos está dejando en herencia la crisis. Oponerse frontalmente a medidas necesarias o utilizar los problemas para desgastar al Gobierno es una irresponsabilidad en la actual coyuntura.
Pero volvamos a lo nuestro, a comentar la información más importante conocida en la semana. Entre ella, cabe señalar el paro y las afiliaciones a la Seguridad Social de enero, el índice de producción industrial (IPI) de diciembre y la actualización del programa de estabilidad.
El aumento del paro en 125.000 personas fue saludado como un dato muy negativo, pero ello es otro ejemplo de lo mal que en nuestro país se publican y analizan las estadísticas coyunturales. Nadie parece tener en cuenta la estacionalidad, que en estas fechas es muy desfavorable y que hay que eliminar para quedarnos con la tendencia, para saber cómo van las cosas. Curiosamente, en términos desestacionalizados, el paro bajó ligeramente en enero, aunque parece un resultado un tanto atípico, propio de la erraticidad de esta estadística.
Mucho mejor indicador de la evolución del empleo son las afiliaciones a la Seguridad Social, y en este caso el dato no fue bueno, ya que su disminución, en términos desestacionalizados, superó la de los dos meses precedentes, rompiendo la tendencia de mejora. La actividad más responsable de ello fue la construcción, afectada por el fin del Plan E y por la intensa caída de la actividad en el sector de viviendas.
Un breve comentario sobre el programa de estabilidad. Está bien hecho y se moja más que el de otros años en las medidas para alcanzar el objetivo de situar el déficit público en el 3% del PIB en 2013 desde el 11,4% en 2009. El acento se pone en la reducción del gasto público en 4,8 puntos porcentuales (de ellos, 2,9 puntos en lo que se denomina gasto corriente, es decir, las remuneraciones de los funcionarios y otros gastos de funcionamiento), junto a una recuperación de los ingresos de 3,7 puntos derivada de las medidas ya tomadas de aumentos de impuestos y de la ayuda del ciclo. Quizá esta previsión puede ser algo optimista, pero entra dentro de lo posible y razonable. El exceso de optimismo provendría de lo que podría considerarse el principal pero del plan: no parece que una política fiscal tan restrictiva impulse el crecimiento de la economía, para el que se prevén tasas del orden del 3% desde mediados de 2011. Esto nos devuelve a las consideraciones anteriores: el saneamiento fiscal y el de otros muchos desajustes de la economía española le abocan a un crecimiento bajo, incapaz de crear empleo de forma significativa, durante unos cuantos años. La forma de romper este nudo gordiano es llevar a cabo reformas estructurales e institucionales, aunque sean dolorosas.
Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).
Parece que el Gobierno se pone las pilas, de Ángel Laborda en Negocios de El País
La última semana de enero ha sido intensa en cuanto a la información económica y a medidas de política económica conocidas. El Gobierno hizo público el déficit del conjunto de las administraciones públicas en 2009, que alcanzó una cifra equivalente al 11,4% del PIB (unos 120.000 millones de euros), lo que supone dos puntos porcentuales más de lo estimado en los Presupuestos Generales del Estado para 2010. Tal como están los mercados financieros, dicha noticia no es nada buena y hubiera provocado una fuerte pérdida adicional de confianza y credibilidad internacional en la economía española, con la consiguiente ampliación del diferencial de tipos de interés de la deuda soberana española y, por extensión, de todas las emisiones públicas y privadas. Así que, a la fuerza ahorcan, en el mismo momento de la publicación del déficit, el Gobierno anunciaba sorpresivamente una medida de calado en el sistema de pensiones públicas, la extensión progresiva de la edad de jubilación obligatoria hasta los 67 años, y la intención de recortar en 50.000 millones el gasto público de aquí hasta 2013, todo ello para reafirmar el compromiso de que en dicho año el déficit público estará por debajo del 3% del PIB, como exige el Pacto de Estabilidad. La extensión de la edad de jubilación es una medicina amarga, pero totalmente necesaria, que la sociedad española seguramente va a digerir de mala manera, por eso hay que felicitar al Gobierno por atreverse con ella. Respecto al recorte del gasto público, sólo hay que decir que se cumpla.
Pero la estadística estrella de la semana fue la EPA del cuarto trimestre. El aumento del paro en 203.200 personas fue superior al de 160.000 previsto en esta página hace una semana, aunque esta desviación no ha obedecido a que se destruyera más empleo (224.200 frente a 260.000 previstos), sino a que la población activa disminuyó menos de lo previsto. Por tanto, los datos no son especialmente malos, pues el indicador más importante del mercado laboral es el empleo.
Por otro lado, el aumento del paro hay que valorarlo teniendo en cuenta la desfavorable estacionalidad de estas fechas, de tal forma que, corregido de este efecto, se reduce a unas 50.000 personas. No es mucho si lo comparamos con las casi 700.000 en que aumentó en el primer trimestre del año o las 300.000 en el segundo. En todo caso, con el aumento del cuarto trimestre, el número de parados asciende a 4,3 millones de personas, el 18,8% de la población activa (18,7% en términos desestacionalizados). Además de su magnitud, otra característica del paro es que está muy desigualmente repartido [gráfico inferior derecho]. La tasa de paro alcanza el 39% entre los jóvenes de 16 a 24 años y casi el 30% entre los inmigrantes, frente al 14,6% de los españoles de 25 años y más. Esto es lo que hace “sostenible”, o más llevadera, esta abultada tasa de paro respecto a lo que ocurriría en otros países, pues los jóvenes se refugian en casa de sus padres y los inmigrantes no tienen derechos políticos.
Como se ha señalado, el dato de empleo fue mejor de lo previsto, reduciéndose en 66.700 ocupados respecto al trimestre anterior en términos desestacionalizados, -1,4% en tasa anualizada. El ritmo de caída intertrimestral se redujo sustancialmente en la industria y la construcción, mientras que la nota negativa la puso el sector de los servicios, que tras crear empleo en el tercer trimestre ha vuelto a destruirlo en el cuarto [gráfico superior derecho]. La moderada tasa de caída del empleo total nos está indicando que el crecimiento trimestral del PIB en el cuarto trimestre se habrá situado próximo a cero.
Las previsiones para 2010 no cambian apenas. Durante el primer semestre, el empleo va a seguir cayendo, aunque a un ritmo moderado, y la tasa de paro desestacionalizado podría aumentar unas décimas, hasta el 19% en el segundo trimestre. Posteriormente iniciaría un ligero descenso al conjugarse la estabilización del empleo y la caída de la población activa [gráfico superior izquierdo]. En todo caso, la cifra de parados seguirá por encima de los cuatro millones todo el año, una cifra que no se reducirá sustancialmente hasta que no se haga una profunda reforma del mercado laboral. A ver si el Gobierno nos sorprende de nuevo en este tema.
Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).
La deuda familiar y empresarial empieza a reducirse, de Ángel Laborda en Negocios de El País
Mientras la economía china avanza a ritmos superiores al 10%, la española intenta estabilizarse y llegar al fondo de la recesión. Los indicadores conocidos esta semana, como las entradas de pedidos industriales, las cifras de negocios de la industria, los servicios de noviembre y las pernoctaciones en hoteles de diciembre, vienen a sumarse a otros muchos que indican que el último trimestre de 2009 no está siendo todo lo positivo que cabía esperar. En el tercero se produjo una mejora importante, frenándose casi en seco la tendencia de fuerte deterioro, lo que llevó a algunos analistas a pronosticar que en el cuarto podría registrarse una tasa trimestral del PIB positiva. Pero no parece que haya sido así. En todo caso, esta tasa se habrá situado cercana a cero, lo que permite concluir que la fase de recesión está tocando fondo por lo que respecta al PIB.
No se puede decir lo mismo del mercado laboral. Esta semana conoceremos la EPA del cuarto trimestre y veremos que el empleo sigue disminuyendo, y el paro, aumentando. Dicho periodo no es especialmente favorable desde el punto de vista estacional, por lo que cabe esperar cifras bastante negativas en términos originales, pero mucho menos en términos desestacionalizados. Nuestras previsiones apuntan a una disminución trimestral de unos 260.000 ocupados y un alza de 160.000 parados. La tasa de paro pasaría del 17,9% en el tercer trimestre al 18,7% en el cuarto.
Todo ello apunta que la recuperación que esperamos en este año está plagada de riesgos e incertidumbres. Nos lo recuerdan constantemente los analistas de los organismos internacionales y de los bancos centrales, aunque hay que recordar que el grado de acierto de las predicciones desde que comenzó la crisis deja bastante que desear. Lo importante no es tanto las cifras concretas para los distintos agregados macroeconómicos, sino que unánimemente nos recuerdan que la situación, especialmente para la economía española, es muy complicada y que hay riesgos serios de que en los próximos tres o cuatro años nuestra economía crezca significativamente por debajo de su tasa tendencial de largo plazo de en torno al 3%, con escasa creación de empleo, lo que complicaría la reducción del déficit público a niveles sostenibles.
Además, el Banco de España publicó la semana última las cuentas trimestrales financieras del conjunto de la economía y de los sectores institucionales, que vienen a completar las cuentas no financieras que publicó el INE a comienzos de mes y que no habíamos comentado. Lo esencial, recogido en los gráficos adjuntos, es que el sector privado sigue ajustando sus posiciones económico-financieras a un ritmo endiablado en cuanto a flujos de renta, consumo, ahorro y déficit, lo que se empieza a notar en la reducción del endeudamiento.
Las familias han visto cómo su renta disponible casi se ha estancado, y ello gracias a las enormes transferencias netas recibidas desde el sector público y a la fuerte reducción de sus cargas financieras, ya que sus rentas primarias principales, los salarios, han descendido debido a la destrucción de empleo. Pero, aun en este contexto, no han tenido otra opción que aumentar su tasa de ahorro y reducir al mismo tiempo su inversión en capital fijo (vivienda fundamentalmente), lo que les ha llevado a una posición excedentaria con la que han podido comenzar a reducir moderadamente su endeudamiento bruto. Éste, tras alcanzar un máximo en 2007 de casi un 130% de su renta disponible bruta (RDB), se redujo en 2008 al 127,6% y se estima que quede en el 124% en 2009. Por lo que respecta a las empresas, el ajuste es similar. Su déficit, superior al 11% del PIB en 2007, se ha reducido al 3,6% en los últimos cuatro trimestres, y su endeudamiento bruto, del 136,2% del PIB en 2008, se reducirá al 129% en 2009.
Es muy difícil determinar cuáles pueden ser los niveles de deuda óptimos, pero no cabe duda que los actuales aún deberán reducirse sustancialmente. Otro argumento para pensar que durante unos años las familias y las empresas van a mantener una política de austeridad en sus gastos. Dicho de otra manera, el que quiera aumentar significativamente sus ventas y cifra de negocios tiene que ir mirando a los mercados exteriores, pues el doméstico no va a dar para mucho.
Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).
La inflación en 2009 y perspectivas para 2010, de Ángel Laborda en Negocios en El País
Con el IPC de diciembre conocido esta semana se cierra 2009 en el ámbito de los precios de consumo. El año comenzó dentro de una intensa tendencia a la baja de la inflación iniciada a mediados del año anterior, tras haber alcanzado en julio de 2008 un 5,3%, la tasa más alta desde 1992, a consecuencia del fuerte aumento de los precios del petróleo y materias primas en general. En enero de 2009, la tasa interanual del IPC se situó en un modesto 0,8%. Esta tendencia a la baja continuaría hasta marcar un mínimo en julio pasado, con una tasa de -1,4%, algo desconocido en la historia estadística de este indicador que arranca a mediados del siglo pasado. Posteriormente, la tasa de inflación se orientó de nuevo al alza, pasando a zona positiva en noviembre y acabando el año en el 0,8%. En media anual, los precios han caído un ligero 0,3%, lo que ha venido muy bien a los bolsillos de los consumidores.
La causa principal de esta tasa negativa fue la misma que la que provocó el repunte en 2008, pero al revés. Es decir, la fuerte corrección de los precios del petróleo y materias primas, que arrastraron a la baja a los componentes de productos energéticos y alimentos del IPC. También contribuyó a la desinflación la caída de los precios de los bienes y servicios importados distintos de la energía o los alimentos. A todo ello se sumó, por último, la fuerte recesión del consumo final de las familias, que explica que la inflación de los servicios, el componente históricamente más inflacionista e irreductible del IPC, cayera por debajo del 2% a partir de agosto, algo nunca visto anteriormente.
Es interesante contrastar la evolución observada de los precios con las previsiones. Al contrario de lo sucedido con otras magnitudes económicas, entre ellas, el PIB o el empleo, los resultados del IPC no han diferido mucho de lo previsto al comienzo del año [gráfico superior izquierdo]. El perfil ha sido el mismo, y en media anual la diferencia ha sido de cuatro décimas porcentuales de menor inflación. Ahora bien, ello ha sido así por el repunte que registraron los precios del petróleo a lo largo del año, ya que la inflación subyacente sí que se ha situado bastante por debajo: 0,8% en media anual frente a 2,1% previsto. Ello es coherente con la mayor profundidad de la recesión del consumo respecto a las previsiones.
La mayor caída porcentual de los precios finales de la energía en España y la mayor recesión del consumo propiciaron algo que tampoco se había visto antes: el diferencial de inflación con la zona euro pasó a ser negativo a finales de 2008, manteniéndose así hasta diciembre último, mes en el que las dos tasas se han igualado. Esto se ha interpretado como una mejora de la competitividad, y efectivamente se ha producido tal resultado, pero no por esta vía. La mejora ha provenido de que el diferencial de costes laborales por unidad producida (CLU) ha pasado de unos dos puntos en contra de España antes de 2008 a unos 3,5 puntos a favor en 2009 [gráfico inferior izquierdo]. Ahora bien, ello no ha sido por una mayor moderación salarial, sino por la profunda caída del empleo que ha propiciado un mayor aumento de la productividad en España. Lástima que el ajuste de este desequilibrio, que deberá continuar en los próximos años, se esté haciendo -como, por otra parte, lo venimos anunciado los economistas desde hace tiempo ante la falta de reformas- por la vía de la destrucción de empleo y no por la de los precios y salarios nominales.
Las perspectivas para 2010 [gráfico inferior derecho] apuntan a que la inflación continúe al alza hasta el entorno del 1,5% en marzo. Esta tasa se mantendrá durante el segundo trimestre, pero se orientará de nuevo al alza a partir de julio, cuando entre en vigor la subida del IVA. En Funcas estimamos que dicha subida puede añadir unas seis décimas porcentuales de inflación, tres en julio y las otras tres en los meses siguientes, de forma que el año puede terminar en el 2%, todo ello bajo el supuesto de que el precio del petróleo se mantenga en los niveles actuales. La media anual sería del 1,4% sin incluir la subida del IVA y del 1,6% incluyéndola.
Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).
Tocando fondo, de Ángel Laborda en Negocios de El País
El trabajo al ralentí propio de estas fechas no ha impedido que en la primera semana del año se haya producido una pequeña avalancha de indicadores. Entre los más significativos, los del paro registrado, contrataciones laborales, afiliaciones a la Seguridad Social, clima económico y confianza de la Comisión Europea, el consumo de energía eléctrica y las ventas de automóviles, todo ello de diciembre; y el Índice de Producción Industrial (IPI), y las ventas, empleo y salarios en las grandes empresas, ambos de noviembre. Comencemos por el que más impacto mediático y social tiene, el paro.
Los meses de otoño e invierno se caracterizan, por lo que se refiere al mercado laboral, por una estacionalidad desfavorable, derivada de la propia estacionalidad de muchas actividades productivas. Ello y la coyuntura recesiva por la que atraviesa la economía española auguraban un aumento considerable del paro en diciembre. Así fue, y la nómina de parados se elevó en 54.657 personas. Si eliminamos la estacionalidad, el aumento se redujo a unas 35.000, cifra que se sitúa algo por debajo de la media de los tres meses anteriores pero por encima de la de los meses centrales del año, que se vieron favorecidos por el empleo que generó el Plan de Inversiones Locales. El número de parados registrados al finalizar el año rozaba los cuatro millones de personas, con un aumento de casi 800.000 respecto a un año antes, 200.000 menos de lo que aumentó en 2008.
La EPA, estadística más completa y de mayor calidad, cuenta una historia algo más negativa, pues ya en el tercer trimestre se habían superado ampliamente los cuatro millones de parados, con un aumento de millón y medio respecto al año anterior. Esta diferencia se debe, en buena parte, a que los últimos datos de la EPA son del tercer trimestre, pero también a que a lo largo de 2009 se ha ido ampliando la diferencia entre estas dos estadísticas hasta casi 500.000 parados, diferencia que en su mayor parte se produce en el colectivo de extranjeros. Habrá que esperar, pues, a la publicación de la EPA a finales de este mes para conocer en toda su amplitud la magnitud del paro. En los dos próximos meses el paro va a seguir aumentando, en gran medida por motivos estacionales. Especialmente terrible puede ser la cifra de enero, el mes con la estacionalidad más desfavorable del año y en el que puede producirse un aumento de 170.000 parados (25.000 en términos desestacionalizados). A partir de marzo y con más claridad en abril, la estacionalidad cambiará de signo y el paro comenzará a bajar.
En coherencia con el aumento del paro, la estadística de afiliados a la Seguridad Social registró un descenso mensual de 43.830 personas en diciembre y de 727.425 en 2009. El aumento de diciembre se reduce a 15.000 en términos desestacionalizados (-0,1%), el menor de todo el año. Como se ve en el gráfico superior derecho, a partir de la primavera se produjo un cambio notable en la tendencia de este indicador en el sentido de que las caídas mensuales e interanuales se moderaron sustancialmente, debido sobre todo al plan de obras públicas citado. Con el otoño, se produjo un leve empeoramiento que parece estar superándose en los dos últimos meses. No obstante, haciendo medias trimestrales, la caída del cuarto trimestre sobre el tercero es superior a la del tercero sobre el segundo, lo que no se compadece bien con algunas previsiones que hablan de un aumento del PIB en el último trimestre del año. Lo más positivo es que en el sector servicios y en términos desestacionalizados ya se han producido aumentos de la afiliación en los dos últimos meses, a razón de unos 10.000 por mes.
Otra noticia positiva nos la dio el IPI de noviembre, que mejoró notablemente las previsiones. La media de octubre y noviembre fue inferior en un 7,5% a la de los mismos meses de 2008, pero igual a la del tercer trimestre, lo que significa que la caída de la producción industrial ha tocado fondo. En resumen, el IPI nos dice que el sector industrial ha dejado de caer y, a partir de los datos de afiliados a la Seguridad Social, podemos deducir que el sector de los servicios puede haber iniciado la recuperación. Si el conjunto de la economía aún sigue en tasas negativas en el cuarto trimestre será debido, por tanto, a la contribución negativa de la construcción.
Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorro (FUNCAS).
2010, el inicio de la recuperación, de Ángel Laborda en Negocios de El País
Si a los Reyes Magos se les pudiera pedir algo más que juguetes para los niños, seguro que la petición número uno de este año sería que la crisis económica acabe cuanto antes, que los empresarios puedan volver a levantar las empresas caídas y que los parados recuperen su empleo. Muy probablemente algo de esto empezará a producirse en 2010, aunque no con la intensidad suficiente como para que llegue a notarlo significativamente el ciudadano de a pie. Independientemente de lo que hagamos las personas y los Gobiernos, la economía tiene sus reglas y sus tiempos, y hará falta mucho más de un año para recuperar los niveles de PIB y de empleo previos a la crisis.
Tengamos presente que cuando se alcancen los puntos mínimos de estas dos variables, la pérdida de PIB habrá alcanzado cerca de un 5% y la de empleo, un 10% (2.000.000 de ocupados menos). Probablemente, si las cosas van bien, hasta mediados de 2012 no se recupere el nivel de PIB anterior a la crisis, mientras que el empleo necesitará unos ocho años. La introducción de reformas en los mercados de bienes y servicios y de factores productivos, tendentes a elevar el potencial de crecimiento, a mejorar la competitividad y a hacer que el crecimiento del PIB sea más intensivo en empleo, podría acortar estos periodos, pero no mucho más de un tercio.
La creación de empleo debería constituirse, por tanto, como el objetivo número uno de los Gobiernos y de los agentes participantes en el diálogo social, por encima de cualquier otro, incluido el mantenimiento del poder adquisitivo. Por cierto, Gobiernos y agentes sociales son los verdaderos Reyes Magos y a ellos deberíamos dirigir nuestras peticiones los ciudadanos, sin olvidar aquello de “a Dios rogando y con el mazo dando”. Valgan estas proyecciones no para desalentarnos, sino para mentalizarnos de la dura y prolongada tarea que nos espera por delante si queremos volver a una sociedad donde haya trabajo para todo el que lo busque y oportunidades para los emprendedores. De momento, ¿qué cabe esperar de 2010?
Las previsiones hechas hace mes y medio, cuando se publicó la contabilidad del tercer trimestre de 2009, apuntaban a una ligera moderación de la caída intertrimestral del PIB durante los dos trimestres siguientes y a tasas positivas a partir del segundo de 2010 (gráfico superior izquierdo). Estas tasas positivas no serían, sin embargo, suficientes para que el PIB generado en todo el año fuera superior al del año anterior, resultando en una nueva caída del 0,5%. Ahora bien, los datos conocidos desde que se hicieron estas previsiones apuntan a que la recuperación va algo más deprisa. Es probable que el PIB se estabilice en el cuarto trimestre de 2009 y empiece a crecer en el primero de 2010. También es probable que la recuperación a lo largo de este año sea algo más intensa. Detrás de todo ello está sobre todo un mejor contexto internacional, del que se verán favorecidas las exportaciones, y una demanda interna, tanto de los hogares como de las empresas, algo menos negativa. Si esto fuera así, la variación media anual del PIB podría ser tres o cuatro décimas positivas. Ahora bien, también hay que tener en cuenta que persisten muchos riesgos y factores que van a tirar a la baja, entre ellos, la crisis bancaria y el aumento de la tasa de paro.
Para la creación de empresas y empleo habrá que esperar más que para el crecimiento del PIB, teniendo en cuenta que en esta fase cíclica éste se basa en el aumento de la productividad de los ocupados y no en el aumento de estos. Las previsiones iniciales dan una caída de los ocupados en media anual del 2,6% (casi 500.000 personas), aunque si el PIB llegara a crecer unas décimas, dicha caída podría reducirse en una tercera parte. En todo caso, y aunque se prevé una disminución de la población activa de más de 200.000 personas, la tasa de paro, corregida de estacionalidad, va a seguir al alza hasta el 19,5% en el primer trimestre, estabilizándose posteriormente (gráfico superior derecho).
En definitiva, el año que ahora comienza va a ser el de inicio de la recuperación. Ahora bien, aunque el INE nos diga que el PIB ya crece, las familias y empresas van a notar poca mejoría. Así ha sido en todas las recuperaciones y más lo será en ésta después del descalabro sufrido. Pidamos a los Reyes que los muchos riesgos que aún quedan en escena vayan solventándose a lo largo del año, a ver si en 2011 empieza la verdadera recuperación.
Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorro (FUNCAS).
Balance de 2009, de Ángel Laborda en Negocios en El País
Comentaba justo hace un año en esta página de coyuntura, al hacer el balance de 2008, que dicho año debería ser rápidamente olvidado, como se tienden a olvidar los malos momentos de la vida. Ingenuo. No pensaba lo que nos quedaba para 2009, que seguramente pasará a la historia como el año de la peor recesión de la reciente trayectoria de la economía española [gráfico superior izquierdo]. A falta de conocer la contabilidad del cuarto trimestre, puede estimarse que el PIB anual se ha reducido en un 3,6%. El año no sólo ha sido malo, sino que ha superado ampliamente las previsiones más pesimistas. A mí suelen tacharme en algunos círculos de eso, y al comenzar el año pronosticaba que el PIB podía caer un 1,5%. Podemos consolarnos viendo que nuestros socios europeos han perdido incluso algo más que nosotros, pero, como dice el refrán, mal de muchos…
En todo caso, lo más negativo de las recesiones no es que el país se haga más pobre, sino que no las sufren todos los ciudadanos por igual. Si así fuera, un 3,6% menos de renta no sería nada grave. Las recesiones las padecen realmente los miles y miles de empresarios y trabajadores autónomos que se ven abocados a cerrar las puertas de sus empresas, perdiendo todo o gran parte de su capital acumulado, y, por supuesto, los trabajadores asalariados que pierden su empleo.
El número medio de ocupados en 2009, según estima la EPA, habrá descendido en 1.400.000 personas (casi un 7%), que se añaden a los casi 100.000 de 2008. Teniendo en cuenta que, en media anual, se habrá producido un aumento de la población activa de unas 170.000 personas, resulta que el paro habrá aumentado en 1.570.000, alcanzando un nivel de 4.150.000 personas, el 18% de la población activa. Como se ve en el gráfico superior derecho, la cifra absoluta de parados desborda ampliamente el máximo anterior de 1994; pero teniendo en cuenta que ahora hay casi ocho millones más de activos, la tasa porcentual de paro aún queda unos dos puntos por debajo. Esta tasa de paro duplica la media de la UE, cuando a mediados de 2007 se situaba aproximadamente un punto por encima. La diferencia la marca la gran destrucción de empleo en España en la construcción y las nefastas peculiaridades del mercado laboral español, cuya reforma se hace imperiosa si no queremos que esta elevada tasa de paro se quede enquistada durante años.
Dentro de un ambiente globalmente negativo, en 2009 podemos encontrar también alguna nota positiva a nivel macroeconómico. Los precios de consumo han caído un 0,3% en media anual, lo que ha sido debido fundamentalmente a la reducción de los precios del petróleo y materias primas en general. Ello, lejos de constituir un problema, ha supuesto una inyección de renta real en las haciendas familiares, que, aunque de momento no hayan dedicado a consumir, ha servido para aligerar el proceso de ajuste de su situación globalmente deficitaria. La ganancia de poder adquisitivo de los asalariados ha sido importante, ya que las remuneraciones medias por trabajador han aumentado en torno al 4% [gráfico inferior izquierdo], aunque hay que tener en cuenta que las ganancias a nivel individual han debido ser algo menores, ya que la media se ve sesgada al alza por el hecho de que los trabajadores despedidos proceden mayoritariamente de sectores y niveles profesionales de bajos salarios.
Otro punto también positivo ha sido que el déficit consolidado de España frente al resto del mundo se ha reducido a la mitad, situándose por debajo del 5% del PIB. Ahora bien, como se ve en el gráfico inferior derecho, ello ha sido el resultado de un brusco ajuste del saldo del sector privado, que ha pasado a ser de superávit, y una evolución igualmente brusca en sentido contrario del saldo del sector público, en el que se ha abierto un enorme agujero que va a ser una pesada herencia, junto con el paro, para los próximos años.
En resumen, al finalizar 2009, la economía española presenta un aspecto como el de una costa afectada por un tsunami. Lo mejor que puede decirse es que al finalizar el año las aguas ya están en franca retirada; es decir, el PIB ya ha dejado prácticamente de caer. Ahora toca reconstruir los destrozos.
Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).
