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驴Para esto el Tratado de Lisboa?, de Carlos Taibo en P煤blico

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En los 煤ltimos meses no han sido pocas las voces que, conocedoras de lo que se cuece en la Uni贸n Europea, han expresado su recelo ante un argumento mil veces repetido: el que llama la atenci贸n sobre las presuntas bondades del Tratado de Lisboa en lo que se refiere a acrecentar la agilidad y la eficacia de unas instituciones hasta hoy m谩s bien mortecinas. Para muchas de las voces que nos ocupan, y por decirlo r谩pido, el tratado ha llegado demasiado tarde en un escenario en el que han surgido de por medio nuevos y acuciantes problemas.Lo cierto es que las semanas transcurridas desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa no han aportado savia nueva a una Uni贸n Europea que sigue tan cabizbaja como antes. Basta con echar una ojeada a los nombramientos de las dos figuras 鈥揌erman van Rompuy y Catherine Ashton鈥 que encabezan la UE en estas horas para percatarse de que poco hay que huela a un renovado impulso que rescate a la Uni贸n de su crisis. Aunque hay quien aducir谩, con respetable raz贸n, que la ausencia de figuras de primer orden en Bruselas bien puede ser una buena noticia 鈥搉os alejar谩, sin ir m谩s lejos, de pol铆ticas marcadas por irrefrenables designios personales鈥, el problema de fondo parece, en realidad, otro: la Uni贸n Europea de estas horas no tiene resuello para encarar ninguno de los grandes retos que debe afrontar, algo que convierte en an茅cdota los nombres de quienes encabecen unas u otras instituciones.

El primero de esos retos inabordables lo configura un inquietante alejamiento entre pol铆ticos y tecn贸cratas, por un lado, y ciudadanos de a pie, por el otro. Sobran las razones para aducir al respecto que se ha acabado un idilio de a帽os. Las trampas vinculadas con la ratificaci贸n del viejo tratado constitucional y con el propio Tratado de Lisboa han dejado una huella imperecedera a la que se suma una circunstancia m谩s: el chalaneo permanente al que se entregan desde hace tiempo liberales, conservadores y socialistas ha cancelado en los hechos muchos de los elementos de vivacidad que, al calor de la competici贸n y la oposici贸n, dan aire a tantos sistemas pol铆ticos.

No es m谩s halag眉e帽o el registro de la Uni贸n, cada vez m谩s inmersa en la consolidaci贸n de una Europa fortaleza, en lo que hace al encaramiento de la crisis econ贸mica. Si en los 20 煤ltimos a帽os los poderes p煤blicos han perdido dram谩ticamente capacidades de acci贸n, los problemas que acosan a Grecia o a Espa帽a a duras penas aciertan a ocultar que en el propio n煤cleo duro de la Uni贸n faltan las respuestas convincentes mientras, y con lo que ha llovido, la desregulaci贸n, adobada con los mitos de la competitividad y del crecimiento, sigue impregn谩ndolo casi todo. A estas alturas, y en paralelo, s贸lo los m谩s ingenuos creen que la UE, esa audaz compradora de cuotas de contaminaci贸n que los pa铆ses pobres no est谩n en condiciones de agotar, se halla comprometida en una lucha sin cuartel contra el cambio clim谩tico. Qu茅 no decir, en fin, de una pol铆tica exterior que, alica铆da, sigue arrastrando una d贸cil sumisi贸n al dictado norteamericano. Qu茅denos el consuelo de certificar, eso s铆, que 鈥揷on los mimbres presentes鈥 no hay ning煤n motivo para afirmar que una diplomacia fuerte del lado de la UE dibujar铆a un mundo m谩s justo y solidario鈥

Carlos Taibo. Profesor de Ciencia Pol铆tica.

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Marzo 13th, 2010 at 8:07 am

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Cerco a China, de Carlos Taibo en P煤blico

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En las 煤ltimas semanas hemos asistido, por en茅sima vez, a la manifestaci贸n de diferencias m谩s o menos serias entre Estados Unidos y China. Como quiera que en s铆 mismas poco tienen de nuevas, bueno ser谩 que prestemos atenci贸n a alguno de los problemas de fondo que se revelan en la relaci贸n entre esas dos potencias.

Recordemos, por lo pronto, que China arrastra de siempre una visible vulnerabilidad energ茅tica, efecto de su incapacidad para generar las materias primas que reclama el crecimiento de su econom铆a. El pa铆s depende abrumadoramente de los suministros de petr贸leo que, procedentes ante todo del golfo P茅rsico, llegan por v铆a naval a trav茅s del estrecho de Malaca. Un bloqueo, relativamente f谩cil, de este 煤ltimo colocar铆a a China en la peor de las situaciones, circunstancia que ha obligado a los dirigentes en Pek铆n a buscar fuentes alternativas de suministro. Bien es verdad que, hoy por hoy, y para ratificar la situaci贸n que nos ocupa, esas fuentes 鈥揳nte todo el continente africano, donde China abraza reglas similares a las postuladas por el colonialismo occidental, y el Asia central ex sovi茅tica鈥 no permiten sortear el delicado procedimiento de transporte que China se ve obligada a acatar.

A duras penas sorprender谩 que, as铆 las cosas, EEUU est茅 empe帽ado en cotocircuitar, hasta donde sea posible, el acceso de China a las materias primas energ茅ticas que esta precisa. Aunque la pol铆tica estadounidense tiene como punto nodal un golfo P茅rsico cada vez m谩s sometido a la pax americana, algunos de sus tent谩culos se adivinan incipientemente, tambi茅n, en el mar de la China meridional, que, emplazado entre las costas de Vietnam, Indonesia, Filipinas y la propia China, se presenta como un prometedor almac茅n de yacimientos de petr贸leo.

Para cerrar el panorama, en la trastienda estrat茅gica se manifiesta un fen贸meno interesante: como quiera que Jap贸n comparte con China una parecida vulnerabilidad energ茅tica 鈥搕ambi茅n depende de los suministros que llegan del P茅rsico鈥, bien podr铆a forjarse una alianza entre los dos pa铆ses articulada en torno a un proyecto de transporte que ha hecho correr mucha tinta. Se tratar铆a de un conducto que, desde el Asia central y tras atravesar el territorio continental chino, arribar铆a a las costas del Pac铆fico y alcanzar铆a el territorio japon茅s. No es preciso agregar que EEUU, que siente un temor at谩vico a todo lo que huela a aproximaciones entre potencias secundarias, ha puesto toda la carne en el asador para evitar que una alianza de esa naturaleza prospere.

Las cosas como fueren, estamos obligados a identificar una subterr谩nea dimensi贸n de las agresiones norteamericanas en Irak y Afganist谩n: la que contempla un incipiente cerco estadounidense sobre China. Son muchos los expertos que, en un terreno pr贸ximo, han tenido a bien anunciar que los mayores conflictos del primer tercio del siglo XXI se desarrollar谩n en la periferia de China. Aunque en modo alguno hay que descartar al respecto las secuelas de un imaginable espasmo neoimperial en Pek铆n, m谩s f谩cil es relacionar esos conflictos, claro, con una renovada agresividad de la Casa Blanca.

Carlos Taibo. Profesor de Ciencia Pol铆tica.

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Marzo 2nd, 2010 at 8:06 am

Atentos con las renovables, de Carlos Taibo en P煤blico

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Pocas cuestiones reflejan mejor el derrotero del mundo en que nos movemos que la relativa a unas energ铆as renovables que est谩n en todos los labios. El sentido com煤n m谩s elemental dice que, comoquiera que asistimos al agotamiento de la mayor铆a de las materias primas energ茅ticas que empleamos, es obligado escarbar en las posibilidades que ofrecen fuentes energ茅ticas de car谩cter renovable y alternativo.
Si hasta aqu铆 nada hay que oponer, conviene prestar atenci贸n, con todo, a dos manifestaciones del debate de las renovables que ilustran que no es oro todo lo que reluce.

La primera nos dice algo importante sobre el uso que nuestros gobernantes reservan a esas fuentes de energ铆a, presentadas siempre, sin m谩s, como un lucrativo negocio. Una y otra vez se nos recuerda que Espa帽a es un l铆der mundial en lo que a renovables se refiere, circunstancia que por s铆 sola, y al parecer, deber铆a permitir que en un terreno relevante la competitividad de la econom铆a ganase muchos enteros.

Importa subrayar lo que esa forma de argumentar arrastra en la trastienda: ni siquiera cuando est谩n de por medio problemas grav铆simos que afectan al planeta entero 鈥揳s铆, el cambio clim谩tico y el encarecimiento inevitable del grueso de las materias primas energ茅ticas que empleamos鈥 deja de primar con descaro la l贸gica del negocio privado, que por definici贸n atiende a la satisfacci贸n de objetivos e intereses particulares.

Mayor relieve corresponde, aun as铆, a una segunda circunstancia: la percepci贸n dominante 鈥揷on reflejo palmario, de nuevo, en las miserias que abrazan nuestros gobernantes鈥 parece entender que el despliegue de las energ铆as renovables debe verificarse al servicio de la preservaci贸n del modo de vida hiperconsumista y despilfarrador al que hoy nos entregamos. Lo de menos es que ese proyecto sea literalmente irrealizable, toda vez que a duras penas puede imaginarse que esas fuentes de energ铆a permitan atender a una demanda completamente desbocada. Lo realmente significativo es, antes bien, lo que se esconde, de forma dram谩tica, por detr谩s de semejante apuesta. Porque, y al cabo, lo que se quiere evitar en todo momento es una reflexi贸n previa sobre cu谩les son nuestras necesidades y cu谩les los instrumentos llamados a satisfacerlas. El debate sobre las renovables reclama antes, en otras palabras, una clarificaci贸n sobre cu谩l es el modelo de sociedad 鈥揹espilfarradora o austera, endilgada por la producci贸n y el consumo o privilegiadora de otros valores鈥 al que aquellas habr谩n de aplicarse.

Si hay que proponer un ejemplo al respecto, ninguno mejor que el que aporta la incipiente discusi贸n sobre el coche el茅ctrico. Aunque es verdad que esa modalidad de veh铆culo, menos contaminante, resulta moderadamente preferible 鈥搒us partidarios prefieren rehuir la discusi贸n relativa a las exigencias que se derivan de un oneroso proceso de fabricaci贸n鈥 a los autom贸viles al uso, lo primero que tenemos que preguntarnos, mal que le pese a gobernantes y empresarios, es si realmente necesitamos tantos coches como gustan de hacernos creer.

Carlos Taibo. Profesor de Ciencia Pol铆tica.

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Febrero 18th, 2010 at 8:05 am

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El triste destino de la revoluci贸n naranja, de Carlos Taibo en P煤blico

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Si el derrotero de la revoluci贸n naranja ucraniana de un lustro atr谩s es el dato principal a la hora de evaluar qu茅 han significado las pol铆ticas occidentales en una parte muy sensible de Europa, parece servida la conclusi贸n de que esas pol铆ticas han sido un estrepitoso fracaso.

Y es que resulta inevitable recordar que los cinco a帽os de presidencia de V铆ktor Y煤schenko han sido una cat谩strofe en todos los terrenos. Si, por un lado, la econom铆a ucraniana no ha acabado de levantar el vuelo, el panorama pol铆tico se ha visto marcado indeleblemente por desencuentros y confrontaciones en un escenario en el que, el pasado oto帽o, el porcentaje de ucranianos que declaraban sentirse satisfechos con el camino asumido por su pa铆s no llegaba a un 7%.

Claro que no hay indicador mejor de la zozobra en todos los 贸rdenes de la vida ucraniana que el hecho de que tampoco provocan ning煤n entusiasmo los dos dirigentes pol铆ticos que en los 煤ltimos a帽os, y seg煤n las tesituras, han sido los rivales de Y煤schenko: el reci茅n elegido presidente V铆ktor Yanuk贸vich y la durante a帽os primera ministra Yulia Timoshenko. Curioso se antoja, por cierto, el desencuentro permanente de unos responsables pol铆ticos 鈥揺stos鈥 que han aceptado con descaro, una y otra vez, buena parte de las propuestas de sus rivales. Ah铆 est谩n, para demostrarlo, los coqueteos de Yanuk贸vich 鈥揳dalid formal de un proyecto de acercamiento a Rusia鈥 con la Uni贸n Europea, como ah铆 est谩n los acuerdos que, en el terreno de la energ铆a, y con la complacencia de Putin, acab贸 por ultimar Timoshenko 鈥搒obre el papel, la representante se帽era de un programa manifiestamente prooccidental鈥 con Mosc煤 o el desd茅n con que la propia Timoshenko ha obsequiado en los 煤ltimos tiempos a una posible incorporaci贸n de Ucrania a la OTAN.

La explicaci贸n de lo anterior parece, por lo dem谩s, sencilla: tras unos y otros, se hallan poderosos grupos empresariales que, como ha hecho Rusia en los 煤ltimos tiempos, prefieren depositar sus huevos en varios cestos y bien se guardan de marginar por completo a nadie. Tal vez esta circunstancia es explicaci贸n suficiente de por qu茅 la mayor铆a de los ucranianos procuran guardar las distancias con respecto a todos sus dirigentes pol铆ticos, mientras la falta de esperanza con respecto al futuro lo inunda casi todo.

Si se trata de resumir con trazo grueso lo que ocurre en estas horas en Ucrania, nada m谩s l贸gico que identificar dos contenciosos abiertos y sin expectativa de resoluci贸n. El primero es el que aporta la d茅bil articulaci贸n de un pa铆s en el que perviven discrepancias agudas entre un occidente convertido en asiento fundamental del discurso nacionalista ucraniano y un oriente en el que las simpat铆as por Mosc煤 no han remitido en los 煤ltimos dos decenios. El segundo lo configura, c贸mo no, la conflictiva ubicaci贸n del pa铆s, encajonado entre la Uni贸n Europea y Rusia. Hay quien piensa que, al menos en lo que hace a este contencioso, Ucrania tiene una salida airosa: la de buscar el camino del no alineamiento en un mundo en el que, por lo dem谩s, las tensiones no tienen, con toda evidencia, la magnitud que se registraba cuando EEUU y la URSS se hallaban inmersos en una aguda confrontaci贸n.

Carlos Taibo. Profesor de Ciencia Pol铆tica.

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Febrero 11th, 2010 at 8:07 am

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El Foro Social Mundial en crisis, de Carlos Taibo en P煤blico

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Que el Foro Social Mundial (FSM) est谩 en crisis es un secreto a voces. La principal de las explicaciones al respecto parece obvia: aunque los diagn贸sticos que desde el FSM se han formulado en lo relativo al derrotero del planeta han demostrado ser puntillosamente certeros, mientras la corrosi贸n del capitalismo va a m谩s, la capacidad de los movimientos para articular respuestas efectivas sigue siendo reducida. Y ello es as铆 pese a que, del lado de aquellos, hay una conciencia clara en lo que se refiere al hecho de que la corrosi贸n no afecta s贸lo al neoliberalismo, sino que alcanza, antes bien, al propio capitalismo como un todo.

Es verdad, claro, que la crisis del Foro Social Mundial tiene otra dimensi贸n que afecta a la propia condici贸n del proyecto. Desde bastante tiempo atr谩s se ha subrayado, con buen criterio, que las reuniones que han ido celebr谩ndose en lugares del sur del planeta 鈥揳s铆, Porto Alegre, Mumbai o Nairobi鈥 en los hechos daban m谩s cancha a los santones intelectuales y a los activistas del norte que a las propias redes de los pa铆ses pobres. No s贸lo eso: esas reuniones han acabado por ofrecer un espacio muy goloso para que fuerzas de la izquierda tradicional 鈥搃ncluida la socialdemocracia m谩s rastrera鈥 encontrasen un eco que a buen seguro no merec铆an. Al final, el panorama ha resultado ser un tanto lamentable: las mismas fuerzas que en el trabajo s贸rdido y poco vistoso de cada d铆a est谩n dram谩ticamente ausentes se han servido a menudo del repetidor del FSM para aparentar, durante unas horas, lo contrario.

No est谩 de m谩s agregar, por cierto, que la multitudinaria presencia, en sucesivas sesiones del FSM, de presidentes de un pu帽ado de pa铆ses de Am茅rica Latina no ha dejado de ser, tambi茅n, un problema, en la medida en que ha facilitado la confusi贸n entre los movimientos de base y realidades institucionales varias, y ello por muy respetables que estas puedan ser. En un escenario como el que acabamos de retratar no es dif铆cil explicar por qu茅 del Foro Social Mundial 鈥搖na mezcla confusa en la que se dan cita ONG asistenciales, fuerzas pol铆ticas tradicionales y movimientos rompedores鈥 no ha salido nada que huela a un programa m铆nimamente unificador de realidades tan extremadamente distintas.

M谩s all谩 de todo lo anterior, lo suyo es afirmar que el FSM arrastra de siempre una delicada relaci贸n con los movimientos de base. Reconozcamos, eso s铆, que la proliferaci贸n de foros descentralizados ha servido para rebajar un tanto la intensidad del problema, aun cuando no falten los ejemplos de c贸mo esos foros de rango geogr谩fico menor han acabado por reproducir los problemas de la matriz de escala planetaria. Parece claro, de cualquier modo, que ante las se帽ales de naufragio de un proyecto en exceso cupular como al cabo ha resultado ser el Foro Social Mundial, s贸lo queda reivindicar el trabajo, a menudo heroico, que en tantos lugares siguen realizando esos movimientos de base de los que hablamos. Subrayemos, en cualquier caso, que el futuro de la contestaci贸n de la globalizaci贸n capitalista no se dirime en Porto Alegre sino en el d铆a a d铆a de la vida de barrios y pueblos en todo el planeta.

Carlos Taibo. Profesor de Ciencia Pol铆tica.

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Febrero 7th, 2010 at 8:01 am

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驴Dos estados en Palestina?, de Carlos Taibo en P煤blico

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Tiene sentido examinar, siquiera s贸lo sea de forma somera, cu谩l ha sido la relaci贸n de la izquierda occidental con el Estado de Israel desde el nacimiento de este en 1947-1948. Subrayemos, por lo pronto, que en inicio esa izquierda acogi贸 con los brazos abiertos el triunfo del proyecto sionista en Palestina. Al respecto fueron decisivos, sin duda, tanto el recuerdo de lo que supuso el Holocausto como la instalaci贸n en Israel de un modelo socializante al calor, ante todo, de los kibbutzim. No se olvide, en paralelo, que en aquellos mismos a帽os la Uni贸n Sovi茅tica coqueteaba, tambi茅n, con el Estado reci茅n nacido.Las cosas empezaron a cambiar en 1956 cuando, al amparo de la crisis de Suez, se hizo evidente que Israel no era un motor de cambios saludables en regi贸n tan conflictiva como Oriente Pr贸ximo, sino, antes bien, una punta de lanza, y bien afilada, de tramadas estrategias al servicio de las grandes potencias capitalistas. De resultas, lleg贸 a su fin la luna de miel entre la izquierda occidental e Israel. A estas alturas no es preciso agregar, claro, que lo que sucedi贸 en los decenios siguientes vino a sellar semejante ruptura. Con Israel convertido en un mamporrero regional que hac铆a el trabajo sucio de Estados Unidos y manten铆a a raya a quienes, en el mundo 谩rabe, se atrev铆an a sacar la cabeza, era dif铆cil encontrar disculpas para la conducta de los dirigentes sionistas.

Es verdad, con todo, y demos un paso m谩s, que con el paso del tiempo la izquierda occidental fue abandonando la que hab铆a sido durante decenios su propuesta principal en lo que hace al conflicto palestino-israel铆: un Estado laico y aconfesional en el que jud铆os y 谩rabes, hebreos, musulmanes y cristianos, conviviesen en paz. El violento derrotero de los acontecimientos vino a asentar de su parte, infelizmente, un franco acatamiento de la tesis de los dos Estados, uno palestino y otro israel铆, como soluci贸n cabal al conflicto que nos ocupa. Importa subrayar lo que semejante opci贸n supon铆a: la aceptaci贸n de facto de un Estado de car谩cter orgullosamente 茅tnico, Israel, nacido de una impresentable operaci贸n de apropiaci贸n colonial acompa帽ada de acciones de limpieza 茅tnica.

La corriente dominante de pensamiento sostiene que, a estas alturas, el proyecto de un Estado com煤n en Palestina carece de viabilidad en un escenario de confrontaci贸n y desencuentro. En realidad, lo que resulta inviable es la preservaci贸n del statu quo o, en su caso, una mera reforma cosm茅tica de este que permita perfilar un Estado palestino claramente sometido a cortapisas de su soberan铆a. Sobran las razones, en otras palabras, para argumentar que la voluntad de porfiar en las soluciones, m谩s aparentes que reales, que hoy se ofrecen en Palestina, no anuncia para el futuro sino nuevos sinsabores o, lo que es lo mismo, la reaparici贸n del callej贸n sin salida en que nos encontramos. Claro es que la opci贸n por un 煤nico Estado deber铆a implicar, por fuerza, que las potencias occidentales tomen cartas en el doble asunto de poner fin a la l贸gica colonial que ha guiado a Israel y de resarcir al pueblo palestino por lo padecido a lo largo de seis decenios. En cualquier caso, y a tono con el t铆tulo del magn铆fico libro de Jos茅 Dur谩n Velasco que se interesa por estas cosas, bueno ser谩 que empecemos a abrazar, tambi茅n en Palestina, una visi贸n no estatol谩trica.

Carlos Taibo. Profesor de Ciencia Pol铆tica.

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Enero 23rd, 2010 at 9:07 am

鈥極kupas鈥, de Carlos Taibo en P煤blico

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El desalojo policial en Madrid de un centro social okupado, el Patio Maravillas, ha reabierto la magra discusi贸n que entre nosotros provocan proyectos que, como ese, en modo alguno son residuales. Bueno es recordar que la presencia de esta suerte de centros es, muy al contrario, com煤n en muchos de nuestros medios urbanos. Los centros sociales okupados muestran, como poco, dos dimensiones interesantes. Olvidar茅 ahora la primera de ellas, que no es otra que la posibilidad de que j贸venes y no tan j贸venes encuentren cobijo en un escenario marcado casi siempre por alquileres pr贸ximos a la usura. Mayor inter茅s tiene en estos momentos la segunda dimensi贸n, que nos habla de esos centros como notabil铆simos y estimulantes focos de irradiaci贸n cultural y pensamiento cr铆tico.

A t铆tulo de ejemplo, el Patio Maravillas madrile帽o, como tantos otros, ha acogido en los 煤ltimos 30 meses un sinf铆n de actividades, entre las que se cuentan conciertos, talleres, servicios de asesor铆a legal y actos p煤blicos a menudo masivos. Un buen term贸metro de lo que tenemos entre manos lo ofrece el hecho de que una parte de las sesiones del Foro Social de Madrid previstas para finales de este mes hab铆a de celebrarse en ese recinto (y se celebrar谩, por lo que parece, en su sustituto).

S铆 hay que mencionar, con todo, dos carencias que arrastran estos locales: la primera la aporta su indisimulada condici贸n generacional 鈥揳 poco m谩s atraen que a j贸venes鈥, en tanto la segunda llega de la mano del escaso atractivo que tienen para lo que llamar茅 con ligereza la izquierda tradicional, acaso m谩s culpa, bien es cierto, de la miop铆a de esta 煤ltima. Agreguemos, para cerrar el panorama, que frente a la imagen, tantas veces difundida por los medios, de antros cerrados, marginales y fuente de delincuencia, es harto frecuente que iniciativas como la del Patio Maravillas disfruten de un general apoyo entre los vecinos del barrio en que han cobrado cuerpo.

Pero, m谩s all谩 de lo anterior, hay que prestar atenci贸n a lo que los centros sociales okupados significan en el terreno de la contestaci贸n de dos miserias ingentes que marcan de forma indeleble el derrotero de nuestras sociedades. La primera es la radical supremac铆a que corresponde a un ocio 鈥揺l que se ofrece a los j贸venes鈥 dram谩ticamente impregnado de consumo, de dinero y de atontamiento; importa subrayar la gratuidad, frente a ello, del ocio y de los servicios que proporcionan los centros que ahora nos atraen.

La segunda miseria la configura, c贸mo no, una especulaci贸n inmobiliaria que entre nosotros lo inunda casi todo. A duras penas puede ser casual que, en muchos casos, los inmuebles objeto de okupaci贸n sean propiedad de personas de dudosa moralidad que bien saben lo que es el negocio sucio y la presi贸n sobre los dirigentes pol铆ticos. Qu茅 tiempos estos en los que quienes especulan y se lucran con el trabajo de los dem谩s campan por sus respetos, mientras son frecuente objeto de represi贸n, demonizaci贸n y criminalizaci贸n muchos j贸venes que buscan, con talento y compromiso, horizontes distintos. Los mismos tiempos, bien es cierto, que permiten que quienes llevan a帽os alentando un visible deterioro en las condiciones medioambientales del planeta pongan en la c谩rcel, incomunicados, a quienes han tenido el coraje y el buen sentido de plantarles cara.

Carlos Taibo. Profesor de Ciencia Pol铆tica.

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Enero 12th, 2010 at 9:08 am

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Nada ser谩 como antes, de Carlos Taibo en P煤blico

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De entre las ilusiones 贸pticas que se hacen valer en los 煤ltimos tiempos entre nosotros hay una que despunta: la que nos sugiere que, una vez dejadas atr谩s la crisis y la recesi贸n en curso, mal que bien veremos reaparecer el escenario anterior a una y otra, esto es, el escenario de un crecimiento econ贸mico bonancible.

Semejante percepci贸n ignora, claro, una de las consecuencias principales derivadas de la acumulaci贸n de crisis de orden dispar a la que asistimos. Y es que, junto a la crisis que hemos dado en etiquetar de financiera, hay, en la trastienda, otras mucho m谩s graves. Una de ellas es, sin duda, el cambio clim谩tico que, cada vez m谩s agudo y m谩s f谩cil de percibir en sus diferentes manifestaciones, constituye una realidad que no parece llamada a tener efecto saludable alguno. Otra la configura el encarecimiento, inevitable en el medio y en el largo plazo, de la mayor铆a de las materias primas energ茅ticas que empleamos. Y una tercera 鈥損or dejar las cosas ah铆 y esquivar una lista m谩s larga鈥 la proporciona el mantenido expolio de los recursos humanos y materiales de los pa铆ses pobres, expolio en el que sigue asent谩ndose buena parte de nuestra riqueza.

Aun cuando los efectos de la crisis financiera puedan quedar atr谩s 鈥揷onvengamos en que es dif铆cil que, hablando en serio, tal cosa ocurra en plenitud鈥, se impone recordar que los de las dem谩s no s贸lo pervivir谩n sino que, m谩s a煤n, habr谩n experimentado una inquietante aceleraci贸n, con lo cual el escenario ser谩 visiblemente peor que el que se registraba antes de 2007. Si hay que tomarle el pulso a lo que tenemos entre manos, bastar谩 con echar una ojeada a las estimaciones que instancias p煤blicas y privadas realizan, con peri贸dica regularidad, en lo que ata帽e a las sumas que ser谩 preciso destinar a la lucha contra el cambio clim谩tico: a medida que los meses van pasando, los recursos que ser谩 necesario invertir para restaurar precarios equilibrios son visiblemente mayores.

En esas condiciones, y volvamos al argumento principal, pensar que pronto recuperaremos el escenario propio de la bonanza anterior a 2007 es, sin m谩s, equivocarse, y lo es 鈥搑epitamos lo que antes adelantamos鈥 incluso en el caso, improbable, de que la crisis financiera, por s铆 sola, no deje insorteables legados negativos. No est谩 de m谩s agregar algo 鈥揺so s铆鈥 en relaci贸n con la 煤ltima de las crisis que antes sugerimos que se hallan en la trastienda. Tenemos por fuerza que preguntarnos si podemos seguir mirando el mundo desde nuestra euroc茅ntrica y personal铆sima percepci贸n, en abierta y orgullosa ignorancia de los problemas de otros. O, por decirlo de otra manera, hora es de preguntarse si resulta razonable aplicar 鈥揷omo lo hemos hecho siempre鈥 la l贸gica del s谩lvese quien pueda, aun a sabiendas de los efectos dram谩ticos que tiene sobre los pa铆ses del sur. Sobran las razones para concluir, en cualquier caso, que muchos de los habitantes de estos 煤ltimos a帽orar铆an compartir con nosotros, siquiera fuera unas pocas horas, el peor de los momentos de esta crisis que a nuestros ojos presenta perfiles pavorosos.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Pol铆tica.

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Enero 2nd, 2010 at 8:08 am

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El triunfo de Haidar, de Carlos Taibo en P煤blico

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El regreso a El Aai煤n de Aminatou Haidar es un triunfo para la causa del pueblo saharaui. Un triunfo empa帽ado, eso s铆, por la certificaci贸n de que Francia y Espa帽a han preferido dar la espalda, una vez m谩s, a un pueblo cuyos derechos han sido pisoteados a lo largo de m谩s de tres decenios.

No olvidemos que si Francia ha renovado su apoyo a la autonom铆a del S谩hara dentro de Marruecos, la posici贸n espa帽ola, aparentemente m谩s comprometida, esconde dobleces sin cuento. En las 煤ltimas semanas, el ministro de Asuntos Exteriores ha subrayado incansable que la relaci贸n con Marruecos no estaba experimentando quiebra alguna. La vicepresidenta primera, por su parte, ha repetido una y otra vez que, en relaci贸n con el S谩hara, deb铆a perfilarse un acuerdo que, mutuamente aceptado por las partes, contemplase la autodeterminaci贸n del pueblo saharaui.

Resumo al lector lo que lo anterior significa. Fern谩ndez de la Vega sabe, por lo pronto, que ped铆a un imposible: no habr谩 ning煤n acuerdo aceptado por las partes que incluya el ejercicio de la autodeterminaci贸n en el S谩hara. Y no lo habr谩 porque Marruecos, de siempre, se ha negado a acatar tal horizonte. Si la declaraci贸n de la vicepresidenta primera se convierte, entonces, en un lamentable brindis al sol, la del ministro Moratinos retrata bien a las claras lo que ocurre: como quiera que el Gobierno espa帽ol no tiene intenci贸n alguna de romper un plato en su relaci贸n con Marruecos, sus declaraciones en defensa de los derechos humanos quedan en agua de borrajas. Importa mucho m谩s el negocio marroqu铆 de nuestros empresarios y el papel de escudo que la monarqu铆a alau铆 ejerce frente a la inmigraci贸n ilegal y la expansi贸n del islamismo radical que la defensa cabal de los derechos de un pueblo castigado y olvidado.

Si nada ha cambiado en la actitud de nuestros gobernantes, s铆 que lo ha hecho, en cambio, en la de una parte de la ciudadan铆a, de la mano de una inusitada reacci贸n de solidaridad con Haidar y con su pueblo. Como bien recordaba el otro d铆a un escritor, a buen seguro que han sido muchos, en estos d铆as, los adolescentes que han preguntado a sus padres qu茅 era eso del S谩hara Occidental. M谩s de uno, en fin, parece haber abierto los ojos ante las miserias que el Gobierno espa帽ol muestra en este y en otros muchos terrenos. Las cosas tienen, con todo, otra cara. Ah铆 est谩n, para testimoniarlo, profesores e intelectuales que han decidido que la autonom铆a dentro de Marruecos es la soluci贸n adecuada para el S谩hara; poco importa, al parecer, que esa autonom铆a se haya visto triturada por centenares de muertos, torturados y represaliados. Uno de esos intelectuales nos ha recordado, por cierto, que El Aai煤n no es lo que era tres decenios atr谩s. Tampoco Varsovia era la misma en 1943鈥 Cuando se echa una ojeada a los foros en la Red se descubre, en fin, que muchos ciudadanos s贸lo sienten desprecio ante lo que, en Lanzarote, ha hecho una mujer firme y valerosa.

De poco consuelo es, a estas alturas, certificar que lo del S谩hara no es, entre nosotros, sino un hito m谩s en una pol铆tica exterior miserable que remite a una Transici贸n mal cerrada. Y es que nuestros gobernantes, los de ahora como los de antes, s贸lo sacan pecho en defensa de los derechos cuando estos no ponen en un brete los intereses de la octava econom铆a del mundo.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Pol铆tica.

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Diciembre 19th, 2009 at 8:05 am

Chechenia: aniversario olvidado, de Carlos Taibo en P煤blico

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En este oto帽o cargado de celebraciones hay una que ha pasado inadvertida: la del d茅cimo aniversario del inicio de la segunda guerra ruso-chechena postsovi茅tica. Semejante desliz bien puede achacarse a la condici贸n de fondo de un conflicto, el de Chechenia, que a los ojos de muchos es un ejemplo de libro de una categor铆a, la de los conflictos olvidados, que genera, eso s铆, la ilusi贸n 贸ptica de que hay otros que no olvidamos.

Cuando llega el momento de asumir un balance de lo ocurrido en los 煤ltimos a帽os en Chechenia, antes que nada se impone rese帽ar que las partes enfrentadas disienten a la hora de determinar si la guerra ha terminado o, por el contrario, prosigue. Mientras la primera es la versi贸n oficial rusa, la segunda versi贸n se ve abrazada por una resistencia que sigue controlando zonas de la parte m谩s meridional y m谩s monta帽osa del pa铆s. Las cosas como fueren, nadie duda que la posici贸n militar rusa es hoy mucho m谩s c贸moda que la que se registr贸 al amparo de la guerra librada entre 1994 y 1996. El Ej茅rcito ruso ha operado, por a帽adidura, en la m谩s absoluta impunidad. T茅ngase presente que en Chechenia no hay observadores internacionales ni periodistas que puedan realizar su trabajo. Tampoco hay, por cierto, jueces ni fiscales que se encarguen de garantizar que algo que huela a Estado de Derecho se abra camino. Las secuelas de todo lo anterior son f谩cilmente perceptibles en forma de muertes, desapariciones, torturas, detenciones y extorsiones, en un escenario en el que las canciller铆as occidentales prefieren mirar hacia otro lado.

Desde hace un tiempo, y en otro terreno, el Kremlin procura sacar adelante un programa de supuesta normalizaci贸n en Chechenia, en esencia orientado a perfilar un Gobierno local manifiestamente prorruso. Aunque las inyecciones financieras y las operaciones de imagen acometidas han permitido apuntalar mal que bien ese Gobierno, lo cierto es que sus credenciales democr谩ticas son nulas y permanecen vivas todas las dudas en lo que respecta al cacareado apoyo popular del que, seg煤n Mosc煤, disfrutar铆a.

Lo anterior al margen, los dirigentes rusos rechazan palmariamente cualquier suerte de negociaci贸n pol铆tica con la guerrilla secesionista. No deja de ser llamativo que en los diez 煤ltimos a帽os las autoridades de Mosc煤 hayan puesto m谩s empe帽o en acabar con los sectores m谩s moderados de la resistencia local 鈥搇os que en su momento se vieron representados por el asesinado presidente Masj谩dov鈥 que en hacer lo propio con los segmentos m谩s radicales y violentos de aquella. En cualquier caso, la cerril negativa del Kremlin a abrir el camino a alguna f贸rmula de negociaci贸n pol铆tica para Chechenia tiene un fundamento principal: el conflicto que hoy nos interesa le ha venido como anillo al dedo a Vlad铆mir Putin para consolidar su poder y asentar en paralelo autoritarias formas de control y gobierno en Rusia.

Hay quien aducir谩, cargado de respetable raz贸n, que la resistencia chechena no la configuran angelitos. Es verdad. No conviene, sin embargo, tirar en demas铆a del argumento, no vaya a ser que desemboque en una conclusi贸n nada feliz: la de que Rusia, generosamente, ha llevado la paz y la prosperidad a un pueblo, el checheno, al que 鈥揳gregamos nosotros鈥 estar铆a bien se permitiese que se pronunciara, de una vez por todas, sobre su futuro.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Pol铆tica.

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Diciembre 9th, 2009 at 8:08 am

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El v茅rtigo de la historia, de Carlos Taibo en P煤blico

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El vig茅simo aniversario de la desaparici贸n del Muro de Berl铆n nos ha dejado un alud de literatura que pretende rescatar lo que fueron aquellos acontecimientos. Apenas han visto la luz, sin embargo, an谩lisis que permitan calibrar lo que supusieron los hechos de 1989. Pareciera como si, en la zozobra general en que estamos, opt谩semos por el relato historicista y pintoresco y nos alej谩semos de cualquier suerte de reflexi贸n que obligue a escarbar, en serio, en las causas de esa zozobra.

Las reflexiones del momento no han dejado hueco, por lo pronto, para una discusi贸n vital: la que se pregunta por lo que fueron, al cabo, los sistemas de tipo sovi茅tico. A煤n hoy son muchos los que viven de una doble ilusi贸n 贸ptica: por un lado, la que nace de la certeza de que esos sistemas eran realmente comunistas y, por el otro, la que da por descontado que con el hundimiento de la URSS el comunismo desapareci贸 irremediablemente de la faz de la Tierra. Si lo primero es m谩s que discutible 鈥搇os sistemas de tipo sovi茅tico en modo alguno consiguieron trascender el universo hist贸rico y social del capitalismo鈥, lo segundo se revela poco cre铆ble en un planeta en el que, 20 a帽os despu茅s, muchas de las ideas que el orden liberal crey贸 arrinconar para siempre reaparecen, bien es cierto que a menudo en orgullosa contestaci贸n de lo que fueron los reg铆menes del socialismo irreal.

En paralelo, sobran las razones para recelar del buen sentido de algunos de los pron贸sticos que se formularon en la estela de los hechos de 1989. El m谩s sonado fue, claro, el que se refer铆a a un eventual final de la historia de la mano de la incontestada entronizaci贸n del orden liberal. Momento es este de reflexionar sobre la formidable aceleraci贸n de los ritmos que permite que hoy, s贸lo 20 a帽os despu茅s, todas las certezas de entonces se hayan desvanecido. Con la globalizaci贸n y el propio capitalismo en entredicho, el v茅rtigo de los tiempos nos asalta e invita a abandonar cualquier certidumbre en lo que hace al rigor de las grandes tesis que nos han acompa帽ado en los 煤ltimos cuatro lustros.

La efem茅rides de 1989 deber铆a servir, por encima de todo, para acometer una reflexi贸n sobre el singular铆simo momento hist贸rico en que nos encontramos. Aunque es verdad que, a diferencia de lo ocurrido 20 a帽os atr谩s, el sistema hoy en crisis, el capitalismo, se beneficia de la ausencia, m谩s all谩 de respetabil铆simas elaboraciones te贸ricas, de f贸rmulas alternativas que den r茅plica a la triste realidad que arrastramos, su crisis despunta por doquier. Al margen de su incapacidad para acabar con la pobreza, la exclusi贸n y la injusticia, cada vez se hace m谩s evidente su vocaci贸n de agudizar los problemas medioambientales y de recursos que acosan al planeta.

M谩s all谩 de lo anterior, con todo, dos datos permiten tomar el pulso a la condici贸n contempor谩nea del capitalismo. El primero nos recuerda que, al calor de un proceso globalizador que ha apostado con claridad por la gestaci贸n de un para铆so fiscal de escala planetaria, en abierta ignorancia de cualquier raz贸n de cariz humano, social o ecol贸gico, se ha perfilado un caos de escala planetaria que ha escapado visiblemente del control y de los intereses de quienes pusieron en marcha el proceso correspondiente. El segundo subraya lo que por momentos se antoja evidente: la llamativa incapacidad del capitalismo de estas horas para dar satisfacci贸n de sus propios objetivos.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Pol铆tica.

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Noviembre 24th, 2009 at 8:08 am

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Miserias del progresismo, de Carlos Taibo en P煤blico

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Se ha dicho de todo sobre la respuesta que el Gobierno espa帽ol ha asumido ante la crisis. Se ha hablado, as铆, de su responsabilidad, no precisamente menor, en la gestaci贸n de aquella, de impresentables acatamientos del credo neoliberal y de pol铆ticas tan err谩ticas como complacientes con los poderosos. Es muy escasa, sin embargo, la atenci贸n que hemos dispensado a la percepci贸n de la crisis y de sus remedios que alienta el grueso de los partidos y de los sindicatos que, conforme a la descripci贸n m谩s com煤n, est谩n a la izquierda del PSOE. No hay, pese a ello, mejor prueba de la zozobra en la que nos encontramos que el escaso empaque, la sumisi贸n al orden establecido y la llamativa ausencia de algo que huela a prospecci贸n cr铆tica del futuro que muestran diputados, consejeros y concejales de fuerzas pol铆ticas, liberados sindicales y, en su caso, intelectuales y artistas afectos a firmar manifiestos.

Cifremos el sinsentido de esas percepciones en dos hechos. El primero nos recuerda que el horizonte mayor que parecen contemplar las propuestas progresistas 鈥揺n mal momento reaparece este hueco adjetivo鈥 es el que proporciona la defensa de los estados del bienestar, en un intento de devolver el reloj a dos o tres a帽os atr谩s y en abierto olvido, por cierto, de la inanidad hist贸rica de los derechos sociales entre nosotros. Pareciera, en otras palabras, como si debi茅ramos sentirnos orgullosos de lo alcanzado en los 煤ltimos decenios en una suerte de remedo, muy com煤n en los dirigentes sindicales biempensantes, del 鈥淓spa帽a va bien鈥 aznariano. Al abrigo de unas demandas que, ajustadas al discurso alica铆do y cortoplacista de los sindicatos mayoritarios, parecen entender que saldremos adelante si acrecentamos, o al menos mantenemos, los salarios 鈥搊 si conseguimos para todos un trabajo por cuenta ajena, que para el caso tanto vale鈥, ha quedado dram谩ticamente en el olvido cualquier horizonte de transformaci贸n de la sociedad. A duras penas sorprender谩 que, en este caldo, y no sin que falten llamativas invocaciones a la solidaridad con la peque帽a y mediana empresa, todo lo que est谩 lejos de nuestros reductos de prosperidad, y en singular el expolio de los recursos humanos y materiales de los pa铆ses pobres, quede relegado a un discret铆simo segundo plano.

No deja de sorprender, por lo dem谩s, que la propuesta progresista asumida por el grueso de las formaciones que dicen ser de izquierda, luego de criticar la inanidad de la reacci贸n gubernamental ante la crisis, asuma con frecuencia, sin embargo, todo tipo de miramientos ante unos sindicatos, los mayoritarios, que nadan en la misma miseria (c贸mo estar谩 de subida la patronal, por cierto, para que, con los sindicatos que tiene a su merced, se permita rechazar acuerdos claramente ventajosos para los empresarios). Lejos de tirar de esas fuerzas sindicales hacia posiciones de mayor entereza y confrontaci贸n 鈥搉o hay ning煤n camino que recorrer en sentido contrario鈥, lo que se intuye es, sin m谩s, un acatamiento de la podredumbre que aquellas, burocratizadas y coartadas por su dependencia econ贸mica de la teta estatal, difunden.

El segundo hecho relevante bebe de un sonoro silencio: el que se dispensa a una cuesti贸n vital como es la de los l铆mites medioambientales y de recursos del planeta. No se busque en los pronunciamientos progresistas ninguna menci贸n que no sea sibilina y ret贸rica al crecimiento imparable de la huella ecol贸gica, a un cambio clim谩tico que empieza a ser una realidad omnipresente o al inevitable encarecimiento que, en el medio y el largo plazo, afectar谩 a la mayor铆a de las materias primas energ茅ticas que empleamos. El hecho de que todo esto quede, tambi茅n, en segundo plano, en provecho de nuevo de una visiblemente abusiva sacralizaci贸n de salarios y derechos sociales 鈥損ara qu茅 preguntarnos qu茅 producimos, con qu茅 lo hacemos y al servicio de qui茅n鈥, acerca una vez m谩s el discurso progresista a las miserias de las propuestas oficiales que padecemos, incapaces de abandonar el terreno de juego que perfila un ox铆moron, el del crecimiento sostenible, que retrata bien a las claras lo que tenemos entre manos: pan para hoy y hambre para ma帽ana.

Si las posiciones que ahora me atraen se hallan claramente a la defensiva y se ajustan, mal que bien, al 鈥渧irgencita, que me quede como estaba鈥, nada retrata mejor su sentido de fondo que la exultante cr铆tica del neoliberalismo que nos rodea por todas partes. Aunque en una primera y superficial lectura pueda sonar a contestaci贸n radical del orden establecido, har铆amos mal en olvidar que esconde a menudo 鈥搉o me atrever茅 a afirmar que siempre鈥 el designio de no ir m谩s all谩 y de esquivar cualquier discusi贸n que afecte, no ya al neoliberalismo, sino al propio capitalismo. Y es que una de las trampas mayores que se nos tienden en los 煤ltimos tiempos es la que nace de la afirmaci贸n, mil veces repetida, de que lo que est谩 en crisis es el capitalismo desregulado, con el consiguiente corolario, a menudo orgullosamente verbalizado, de que el capitalismo regulado no arrastra ning煤n problema de relieve.

En la trastienda es f谩cil adivinar lo que se nos vende: la aceptaci贸n callada y vergonzante de que no hay vida fuera del capitalismo y, con ella, la inevitable negativa a examinar la hondura de la crisis que afecta al para铆so fiscal de escala planetaria y a una crisis ecol贸gica imparable que aquel, regulado o desregulado, ha contribuido a crear. El mero retorno a un estado de cosas que est谩 en el origen de lo que hoy padecemos, al amparo de un procedimiento que invita, franca o subterr谩neamente, a darle otra oportunidad al capitalismo, mal escudo parece para hacer frente a los duros tiempos que se avecinan.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Pol铆tica en la Universidad Aut贸noma de Madrid.

Written by Reggio's

Noviembre 16th, 2009 at 8:08 am

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