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Últimas palabras de ‘Segador’, de Enric Juliana en La Vanguardia

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CUADERNO DE MADRID

El Mundial, los toros, la fuerte desafección catalana… todo suma en un país con vigor y con miedo

Está usted prohibido. – (…) – Está usted fuera de la ley. Por eso he venido. Creo que le debo una explicación.

- (…)

- ¿Me oye, Segador?

- (…)

- Segador,ya sé que esta puede ser nuestra última vez…

- (…)

- Segador,le aseguro que el gazpacho hoy me sabe amargo…

- (…)

- Sé que el juego se ha acabado.

- (…)

- A partir de hoy, la Cueva de Zaratustra vuelve a ser un pequeño bar agazapado bajo los pórticos de la plaza Mayor de Madrid, y usted, un toro embalsamado. Un fenomenal reclamo para los turistas, con el que un día de mucho calor fabulé. ¿Se acuerda?

- (…)

- Hace cinco años. A finales de junio del 2005, un mediodía africano, entré en el bar La Torre del Oro atraído por un cartel que ofrecía gazpacho con comino. Desde que hice el servicio militar en el desierto de Almería soy un gran aficionado al gazpacho. Lo probé por primera vez, a los veinte años, en una vieja venta de los campos de Níjar. Pero si he de serle sincero, lo que más me atrajo del cartel fue lo del comino. Soy de Badalona. Y en Badalona hubo un tiempo en el que el mar olía a comino. ¿No se lo cree?

- (…)

- Olía a comino y a dióxido de azufre. La brisa del mar mezclaba los vapores de la destilería Anís del Mono y de la Química Cros, especializada en ácido sulfúrico. Marino, picante, ácido y dulzón, ese fue el perfume de mi niñez. Desde entonces adoro el comino. Entré, pedí un gazpacho, luego otro, luego otro…, hasta que me sentí observado por un toro azabache. Yo le miré, usted me miró, y entonces creí oír unas palabras: “Mira que te embisto, mira que te arrollo, mira que no puedo”. ¿Se acuerda?

- (…)

- Lo publiqué y me tomaron por loco. Regresé al cabo de unos días y tuvimos una larga conversación sobre don José Ortega y Gasset. Han pasado cinco años, nos hemos dicho muchas cosas, y hoy me veo en el trance de anunciarle que ha sido usted prohibido.

- Mira que te embisto, mira que te arrollo…, mira que eres embustero.

- ¡Habla!

- Yo no he sido prohibido. Al contrario. He sido revalorizado. Yo y todos los de mi estirpe, hasta hace unos días efigies de un tópico en decadencia, cabezas acartonadas para el disfrute de los turistas, nos hemos convertido en símbolos de una tensión que reagrupará España. Somos mito resucitado. No sé si los señores diputados del Parlament de Catalunya se han dado cuenta.

- Los señores diputados del Parlament de Catalunya están estos días muy contentos de haberse conocido. ¡Han sido noticia en todo el mundo!

- La bondad que triunfa sobre la crueldad. La superioridad moral de Catalunya frente a una España que no acaba de superar los signos de su trágico pasado. ¿Usted cree que este es el mensaje que el mundo ha descifrado?

- Uno, sin duda alguna: el de la singularidad de Catalunya. Una singularidad sin violencia. Una personalidad democrática. Un parlamento soberano. Una vieja nación de Europa. Carolingia.

- ¡Carolingia! Permítame que me ría. ¿Ha leído usted el último número de The Economist: “Catalunya, tierra de prohibiciones. Primero el burka, ahora los toros. Los catalanes le están cogiendo gusto a ilegalizar todo aquello que no les gusta”? Le recuerdo que The Economist es hoy la publicación más influyente en la elite mundial. Catalunya no tiene buena prensa en el mundo anglosajón. En Alemania tampoco les entienden. Sólo Francia les sigue con atención; en París deben de estar haciendo sus cálculos. Lo siento, pero esta semana han dado ustedes la imagen de un regionalismo resentido. Una segunda Padania en el Mediterráneo. Este es el mensaje. Créame.

- Comprendo que esté usted soliviantado. La presión es muy fuerte estos días en Madrid. Y lo de The Economist no me sorprende. Hace tiempo que la Generalitat de Catalunya ha perdido la batalla de la mensajería internacional. Uno de los grandes fracasos del tripartito ha sido ese. Ya sé, Segador, que esta será nuestra última vez. Y le aseguro que me sabe mal.

Pero en el fondo debería estar usted agradecido. De estar hoy con vida, tendría más posibilidades de seguir campando por la dehesa.

- ¡No me humille! Hoy tendría más posibilidades de ser carne picada en una hamburguesería. ¡Yo morí con dignidad! Yo morí de pie y no de rodillas en el matadero, la tarde del 9 de junio de 1994 en Las Ventas. Con dignidad, sí señor. Con esa misma dignidad que ahora invocan los catalanes.

- Creo que confunde la dignidad con el orgullo.

- Mira quién habla.

- Y en España hay mucha gente que simpatiza con la prohibición catalana. No se atreven a decirlo porque serían literalmente arrollados por esa agresiva coalición liberal-castiza que controla los altavoces de Madrid, pero lo piensan.

- De nuevo se equivoca.

- Consulte las encuestas y fíjese en la franja de entre 16 y 35 años.

- La cuerda que estos días se ha tensado ha sido otra. Y usted lo sabe tan bien como yo. Se ha tensado el sentimiento de pertenencia a España.

- Lo que se ha tensado es la idealización castiza de España. Estoy llegando a la misma conclusión que Josep Pla en 1921. Vuelve a haber en Madrid un exceso de café con leche, ese líquido oscuro que, en demasía, provoca estreñimiento, mal humor, fanatismo, unitarismo e irrealidad.

- Bla, bla, bla…

- Y Mariano Rajoy se ha apuntado al toreo porque también necesita tener contento al macizo de la raza. Unos cinco millones de votos, del todo imprescindibles para el Partido Popular. Le aseguro que la prohibición catalana del toreo no la verá en el Tribunal Constitucional de la mano del PP. Rajoy graba vídeos con el toro de Osborne y a la vez dice que hay que hacer un esfuerzo para entender a la sociedad catalana. Ejerce de gallego.

- Rajoy sabe que comienzan a darse las condiciones para una mayoría absoluta del PP. El Mundial de fútbol, los toros, la fuerte desafección catalana… hay un caldo de cultivo, un humus… En plena crisis, la marca España se desplaza hacia la derecha. De la misma manera que las clases medias catalanas quieren sentirse moralmente superiores, la España popular también desea emociones y seguridades. Viaje usted a los pueblos de Andalucía y lo verá. Se está mascando en España una nueva alianza político-sentimental entre los de arriba -la elite que siempre ha mandado- y los de abajo. Y Catalunya actúa de reactivo. ¿Son ustedes conscientes de ello?

- Unos más que otros.

- No me ha dicho usted que habría votado en el Parlament. Mójese.

- Habría votado no a la prohibición.

- Vaya con la singularidad. ¿Por qué?

- Por dos motivos. Creo que a la iniciativa legislativa popular se le debía exigir otra vuelta al ruedo. Era una votación para la próxima legislatura. No debiera ser tan fácil cabalgar políticamente los buenos sentimientos de la gente. La moralina es uno de los puntos débiles de Catalunya. Y también habría votado en contra para que no me fuese prohibido conversar con el toro Segador. El juego se ha roto. Ambos estamos en falso. A partir de ahora, corremos el riesgo de la pantomima. Sé que esta puede ser la última vez.

- No le prometo nada. Sólo le digo una cosa: la venganza es un gazpacho que se sirve frío.

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Agosto 1st, 2010 at 9:08 am

La sobreexcitación madrileña, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

Dos apuntes tan sólo sobre la recepción en Madrid del nuevo acontecimiento catalán. Un calor africano caldea estos días la capital de España con apreciables efectos en la excitación de las meninges. Hay que vivir en Madrid los meses de julio y agosto para llegar a la conclusión de que con aire acondicionado, un cierto margen de libertad sexual y la posibilidad de insultar al prójimo en los foros de internet, España muy posiblemente se habría ahorrado el amargo trance de la Guerra Civil. Cuando el aire del Rif penetra en la meseta, hay algo en la atmósfera que invita a la sublevación. Y al desvarío.

Bajo los efectos de una evidente insolación, un editorialista del diario ABC definía ayer el toreo como la principal pieza de engarce de la historia y cultura común de los españoles, quebrada a conciencia en el Parlament de Catalunya por un oportunismo cobarde y un aldeanismo pseudoecologista. “Limpieza cultural”. Regresan las metáforas balcánicas que tanto gustan a José María Aznar. (Con su rústica contraparte: Joan Puigcercós declamando ayer que Catalunya tiene cita con la civilización. Jaimito ante el devenir de la Historia.)

Aprieta el calor y alguna cosa más. Aprieta la competición entre los cuatro diarios que pugnan cada mañana por el favor del público de derechas. Esa frenética e irresuelta competición, cada vez más áspera – atención a la Cope del próximo curso-,explica la ausencia en Madrid de un termostato centrista que evite los estragos del casticismo. He ahí, don Mariano Rajoy, un verdadero problema nacional.

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Julio 29th, 2010 at 8:15 am

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El ausente, de Enric Juliana en La Vanguardia

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CUADERNO DE MADRID

Pega un manotazo sobre la mesa, agarra el ABC y señala con el dedo a José Montilla, en portada, a todo color, junto a José Luis Rodríguez Zapatero en el umbral de la Moncloa. “Si yo fuera él, te aseguro que no estaría nada tranquilo”. Pega otro manotazo y ahora señala al sonriente Zapatero: “Este va a acabar con todos”. Dos metros de estatura, unos brazos que se mueven como aspas de molino manchego, voz de camionero camino del puerto de Pajares.

Pensamiento propio y ganas de exhibirlo, con frases siempre entrecortadas: una afirmación, una pausa y un manotazo, como si estuviese negociando un convenio consigo mismo. Una mecánica mental. Flequillo y barba de senador romano en una película de Peter Ustinov.

Y mirada de médico.

El traumatólogo José María Fidalgo Velilla (León, 1948) sabe, como todos los galenos, que el cuerpo humano es un sistema abocado al fracaso. Cerca de un médico siempre hay una nube de pesimismo. Una tensión. Un pacto secreto con las ganas de vivir. Fidalgo, que desde hace diez años se dedica exclusivamente a la auscultación del cuerpo social, también tiene su diálogo con el lado oscuro: “Personalmente soy bastante optimista, pero al país lo veo ahora en un serio aprieto. Hay un grave problema europeo de fondo y un castañazo del modelo España, ya que hemos crecido perdiendo capacidad de competición con el futuro. Nos está cayendo encima un ERE descomunal y no tardaremos en ver a españoles emigrando: jóvenes preparados. Su talento lo aprovecharán otros países”.

Fidalgo fue elegido secretario general de Comisiones Obreras en el 2000 sin haber pertenecido nunca al Partido Comunista de España, acontecimiento que Santiago Carrillo no hubiese tolerado en sus años de apogeo. Activista de los jóvenes MIR en los años setenta, voluntario en los campamentos del Sáhara, cirujano en La Paz, verso suelto de la izquierda, Fidalgo dirigió durante ocho años la mayor organización social española. En el 2008 buscó una tercera reelección y cayó derrotado (por menos de cuarenta votos), ante quienes abogan por un giro a la izquierda del sindicato de antigua propulsión comunista.

- ¿Te imaginas liderando y organizando la huelga general convocada para el 29 de septiembre?

- Yo he estado al frente de varias huelgas, pero en esta no me imagino.

- ¿Por qué?

- No entiendo por qué razón no se ha llegado a acuerdos sobre la reforma del mercado de trabajo y la Seguridad Social. La situación del país es la que es y las garantías sociales sólo se podrán defender con reformas. Si los sindicatos no admiten las reformas, van a tener un serio problema de legitimación. Lo están teniendo ya, basta leer las páginas de los diarios. La deslegitimación de los sindicatos flota en el ambiente. Me sorprende que no lo sepan ver. Hay gente en este país que sueña desde hace años con desprestigiar a los sindicatos.

- Los líderes sindicales apelan a las bases, temen perder su apoyo.

- Las bases, ah, muy bien. Las bases son siempre maleables. Yo tenía entendido que los sindicatos trabajan para todos los trabajadores.

- Dicen que fuiste el sindicalista preferido de Aznar.

- ¿Aún lo dicen? Conmigo, Comisiones pasó de ochocientos mil a un millón doscientos mil afiliados; el sindicato reforzó su autonomía; pactó cosas importantes, y fue a la huelga contra el famoso decretazo de Aznar. Éramos un buen reflejo del país. Teníamos afiliados con el carnet del PP. Te lo juro. Mira, yo soy de izquierdas, pero pienso por mi cuenta (manotazo sobre la mesa).

Las aspas del molino se ponen en marcha.

“Te lo diré más claramente: estar en contra de las reformas no es de izquierdas, no lo es. Estar en contra de la energía nuclear en las actuales circunstancias no es ser de izquierdas. Lo oyes bien”.

- Zapatero se habrá vuelto muy de izquierdas. Desde que los alemanes le ordenaron que se cuadrase, aparece como el capitán de las reformas, – Je, je. Cuidado con Zapatero. Ya te he dicho que acabará con todos. Zapatero ha estrenado un nuevo avatar y le encanta. Del avatar de la convicción al de la responsabilidad.

- Me da la impresión que Catalunya te pone de los nervios. – Catalunya, no; algunas cosas que ocurren en Catalunya, sí. Habéis dejado que mucha gente suba al escenario y no van a querer bajar. Veo demasiada excitación del paleocórtex, la parte del cerebro que controla las emociones…

- Sí, últimamente ondean muchas banderas. En todas partes. Banderas catalanas y un mar de banderas españolas. ¿No te gusta la autonomía?

- No me provoques. No me gusta cómo se están manejando ciertos temas. Hay asuntos que deben ser pactados, sin ser televisados, sin convertirlos en espectáculo. Si gana, Artur Mas va a tener mucho trabajo. Que se prepare.

- Hace un par de meses te propusieron encabezar la candidatura de Unión para el Progreso y la Democracia (UPyD) en la Comunidad de Madrid.

- Y no les dije que sí. Tengo amigos en UPyD. Hay buena gente ahí. En el País Vasco supieron llamar las cosas por su nombre. Es muy importante hallar el nombre de las cosas.

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Julio 25th, 2010 at 9:13 am

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La pastoral catalana, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

La última vez que Pasqual Maragall visitó Madrid como presidente de la Generalitat de Catalunya (el 16 de septiembre de 2006), visitó la librería Blanquerna, recién inaugurada en la calle Alcalá, donde compró un libro que exhibió astutamente ante los periodistas para conquistar al día siguiente un espacio en todos los periódicos. Compró Los apuñaladores, del escritor siciliano Leonardo Sciascia, donde se narra la historia de unos misteriosos apuñalamientos sin motivo aparente que tuvieron lugar en la ciudad de Palermo a finales del siglo XIX, Sciascia, siempre atraído por los significados ocultos, sospechaba que fueron instigados por la nobleza siciliana en un enésimo intento de perpetuar su poder. Astuto y melancólico, Maragall exhibió el libro y todo el mundo le entendió.

Mientras José Montilla comparecía ayer en el palacio de la Moncloa, acudí a la librería Blanquerna en busca del titulo que pudiese dar sentido a tan significada visita. ¿Qué libro habría comprado Montilla de haber querido enviar un mensaje que no fuese uno de sus densos silencios?

A favor d´Espanya i el catalanisme, de Daniel Fernández y Joaquim Coll, seguramente habría transmitido una señal de inteligente tozudería. Una manera de decir “la historia me dará la razón”. Sin malicia, ni ganas de provocar. La aciaga circunstancia de estas semanas exige, sin embargo, algo más picante. El crepuscle dels afortunats, primeriza novela negra del valenciano Juli Alandes, es uno de los títulos más interesantes de Blanquerna para enviar un mensaje cifrado a la Moncloa (”Os vais a enterar”), pero el protagonista de la historia, un inspector de los Mossos d´Esquadra, podría sugerir al gabinete de Zapatero cierta idea de subordinación. Si hay que matar, ¡se mata!, novela negra de Andreu Martín y Jaume Ribera, provocaría un mayor escalofrío a José Enrique Serrano y José Miguel Vidal Zapatero, los dos principales fontaneros de la Moncloa, con un equívoco: quizás no sea muy acorde con las verdaderas intenciones del PSC. Por el contrario, El enigma de la calle Calabria, novela detectivesca de Jerónimo Tristante, ambientada en la Barcelona del siglo XIX, lanzaría un sutil mensaje. En la calle Calàbria se halla la sede central de ERC, partido clave en el derrumbe de la experiencia tripartita, por su irremediable inconsistencia. La cobardía de los dirigentes de ERC ante el referéndum de junio de 2006 debilitó el Estatut ante la mirada castellana, entrenada desde hace más de cinco siglos en el arte de captar las relaciones de fuerza. Fi, la exitosa novela de terror de David Monteagudo, sería hoy motivo de portada y señal de elecciones en septiembre. El final del tripartito está siendo espantoso, pero Montilla aguantará hasta octubre o noviembre, para sellar su biografía, convencido de que la larga agonía acabará propiciando un repunte del voto socialista.

Me quedé finalmente con La pastoral catalana, la última novela de Julià de Jódar, por su espléndido y panorámico título. Y por ser una historia que inscribe la actual confusión catalana en las tramas del nuevo desorden del mundo. Somos mundo, no región, diría el mensaje cifrado.

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Julio 22nd, 2010 at 9:15 am

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El círculo de tiza, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

Un circulo de tiza ayuda a explicar la política catalana de los últimos treinta y cinco años. Un círculo de tiza, en cuyo interior está escrita la palabra “sucursalismo”. El juego consiste en salir de ese círculo, y en ser empujado hacía él.

No fueron los nacionalistas los primeros en trazar el círculo. No. Fueron los jóvenes profesores del Partit Socialista de Catalunya (Congrés). Si la memoria no me falla, el primer redondel se dibujó en verano de 1976 alrededor del Partit Socialista Unificat de Catalunya, tras una acalorada discusión en la comisión permanente de la Assemblea de Catalunya, organismo sin el cual no se explica la amplitud que acabó adquiriendo el antifranquismo catalán.

Diversos grupos adheridos a la citada Assemblea propusieron que su programa (”Llibertat, amnistia i Estatut d´Autonomia”) incluyese la defensa de los Països Catalans, esto es, la unificación política de todas las tierras de habla catalana. El PSUC, en aquel momento el partido ilegal con mayor arraigo, se opuso a ello, alegando que la Assemblea no debía intervenir en los asuntos de valencianos y baleares. Desde su fundación en 1936, el PSUC estaba asociado al Partido Comunista de España (con un episodio de siniestra y dramática tensión durante el apogeo estalinista), el cual ceñía la “cuestión nacional” a Catalunya, País Vasco y Galicia, conforme a lo establecido por la República. En 1976, el PSUC fue encerrado en el interior del círculo. Franco había muerto, la democracia se avecinaba y comenzaban a respirarse aires de alta competición. A los profesores del PSC (C) no les hacía ninguna gracia que un comunismo a la italiana, con fuerte respaldo sindical, pudiese pactar el reparto del nuevo escenario con el centro catalanista (Jordi Pujol, desde siempre lector del Corriere della Sera, algunos días, sólo algunos, imaginaba el compromís històric).

Así nació el actual PSC. Felipe González y Alfonso Guerra no se la quisieron jugar en Catalunya en 1977. La competición entre tres o cuatro candidaturas socialistas (el citado PSC-C, la resucitada Federación Catalana del PSOE, el PSP de Tierno Galván y el PSC-R del fallecido Josep Pallach, que acabó aliándose con Pujol) dejaba abierta la posibilidad de que los comunistas con nombre de socialistas fuesen la izquierda más votada. La transición se podía complicar y estaba en juego el equilibrio de fuerzas entre Comisiones Obreras y la renacida UGT en el hirviente cinturón industrial de Barcelona.

González y Guerra podían haber esperado a que aquellas primeras elecciones determinasen la jerarquía socialista en Catalunya, para después pactar la unificación. No quisieron arriesgarse. PSC-C y PSOE fueron juntos con unos carteles muy simpáticos en los que aparecían unos niños rubios de Alemania. El líder socialdemócrata Willy Brandt seguía el proceso con mucha atención. Ganaron con rotundidad (el PSUC rozó el 20%), y pusieron las bases de un gran partido; el partido con más poder administrativo en la historia de Catalunya. Y un círculo de tiza fue dibujado a su alrededor.

Desde entonces, el PSC ha tenido ministros, consellers, un montón de diputados, centenares de alcaldes, miles de concejales y una obsesión: borrar ese círculo. Simplificando mucho las cosas, podríamos decir que el tripartito y la redacción del nuevo Estatut han sido el más audaz -y temerario- intento de salir del círculo. Han estado a punto de conseguirlo, Y no está acabando bien. Un José Luis Rodríguez Zapatero que se considera el primer presidente verdaderamente socialista de la Restauración democrática española tiene estos días la tiza en sus manos. Quiere dejar clara la jerarquía, salvar al PSOE de un futuro desastre electoral, y no tiene que dar explicaciones a Willy Brandt.

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Julio 21st, 2010 at 8:15 am

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Canícula Zapatero: rompe el rito obrero de Rodiezmo y aprieta al PSC, de Enric Juliana en La Vanguardia

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LA CRÓNICA

La estrategia socialista

Su habilidad táctica está fuera de toda duda. Comienza a ser un fenómeno sin muchos antecedentes en la historia contemporánea de España. Está dejando cortos a los que, desde el primer día, creímos escuchar en él un eco leonés del abulense Adolfo Suárez (”puedo prometer y prometo”). Es capaz de reinventarse allí donde otros ya habrían entrado en profunda depresión. Supera a todos. Salta de Philippe Petit a Zygmund Bauman con una agilidad pasmosa. De la deliberación republicana (escuchar y actuar) a la sociedad líquida, donde las acciones de hoy no tienen memoria de las decisiones de ayer. Gobernanza mediática. Democracia instantánea, que decía Bill Clinton. Pero ha acabado topando con los de UGT, gente antigua que pertenece a un mundo aún por licuar.

Posee un gran instinto político. Con tal de achicar el margen de maniobra de la oposición y avivar la imagen de gobernante dinámico, es capaz de defender como un jabato los ajustes del gasto que hace dos meses rechazaba con la pasión de Francisco Largo Caballero. Pero ha topado con Cándido, el buen amigo Cándido Méndez, extremeño como su abuelo el capitán Lozano, que hace unos meses sonreía complacido ante el dedo acusador de la prensa más leída en la calle Serrano: Méndez, gran urdidor de la política monclovita, ¡vicepresidente cuarto en la sombra!

Es capaz de aguardar, silente, a que el Tribunal Constitucional le ponga una máscara de hierro al Estatut , para después comprender el enfado mayoritario de la sociedad catalana. Es capaz de vender al PSC en el mercado de esclavos de Argel, para inmediatamente después poner en escena su rescate. Podría ser capaz (lo veremos más adelante) de negociar la almoneda de Patxi López para poder aprobar los presupuestos del Estado del 2011 con el apoyo del Partido Nacionalista Vasco. Recorrerá el tablero con la velocidad del alfil y el zigzag del caballo; no se dará por vencido hasta que el jaque sea irremediable. Pero ayer se le rompió una buena pieza. Una pieza ritual. La fiesta minera de Rodiezmo.

El PSOE ha confirmado que el presidente del Gobierno no podrá acudir este año a la fiesta del sindicato minero Soma-UGT, en la campa de Rodiezmo, a los pies del puerto de Pajares (noticia adelantada por Gonzalo López Alba en el diario Público). El motivo oficial es un viaje a Extremo Oriente. El real, la imposibilidad de concertar con Méndez el contenido de un acto que habría concentrado la máxima atención informativa el primer domingo de septiembre. Uno de los dos líderes de la huelga general del 29 de septiembre y el presidente del Gobierno juntos en el estrado, ante miles de mineros que este año conmemorarán el centenario del Sindicato de Obreros Mineros de Asturias, actor de relieve en el siglo XX español (rebelión de 1934, primeras huelgas de envergadura contra el franquismo, reconversión pactada de la minería en los ochenta, agónico forcejeo para mantenerse en pie ante la riada de subvenciones a la energía eólica y solar…). Una cultura obrera sin la cual Asturias no se entiende. Zapatero no estará presente en la más significada fiesta de Rodiezmo.

Ha sido durante años un acto bautismal. Aunque sus relaciones con los sindicalistas mineros de León nunca fueron buenas en su poco conocida etapa de secretario provincial del PSOE, Zapatero prometió un día que seguiría acudiendo a Rodiezmo si era elegido presidente del Gobierno. Y ha cumplido su promesa durante seis años. Cándido Méndez no ha querido aparecer como un líder sindical domesticado. Y Zapatero no podía viajar en helicóptero a las montañas selenitas de León sin pactar previamente el guión del desencuentro. Los líderes sindicales actúan estos meses movidos por la convicción de que su credibilidad corre un alto riesgo. Un rito se ha roto. Rodiezmo se presta a la literatura, pero sería precipitado afirmar que la conjunción PSOE-UGT se ha acabado, Cándido Méndez no es Nicolás Redondo. El mundo hoy es menos metalúrgico.

Y desde el Cantábrico, Patxi López podría emprender, lentamente, rumbo al mercado de Argel. El PNV va mostrando sus cartas: para aprobar los presupuestos generales del 2011, los nacionalistas vascos exigen que se garantice el gobierno a la lista más votada en Euskadi… y, si es necesario, en toda España, fórmula que necesariamente ha de interesar a Convergència i Unió y al Partido Popular (Galicia, Baleares, quizás Andalucía algún día). La noticia de que Artur Mas y Josep Antoni Duran Lleida cenaban anoche en Madrid con el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, corrió ayer por la tarde como un reguero de pólvora.

Y un fatídico círculo de tiza rodeará hoy al PSC en el Congreso, La decisión de CiU, ERC e ICVIU de enmendar la resolución socialista sobre el Estatut con una adición que incluye la resolución aprobada el viernes en el Parlament de Catalunya (con el preámbulo del Estatut) coloca a los 25 diputados socialistas catalanes en su punto más fatídico. Por instrucción directa de Zapatero, el PSOE no acepta esa enmienda. Jornada movida. En la cuerda floja el PSC, ¿que votará el PNV?

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Julio 20th, 2010 at 9:16 am

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La sentencia vista por los turcos, de Enric Juliana en La Vanguardia

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CUADERNO DE MADRID

Los turcos nos han retratado: “Dün dündür!”. Así titulaba el pasado martes el diario Vatan (Patria) un amplio reportaje sobre la manifestación catalanista de Barcelona y la euforia, dos días después, por el triunfo de España en el Mundial de fútbol de Sudáfrica. Una página a todo color, ilustrada con las portadas que La Vanguardia dedicó a ambos acontecimientos. Dün dündür es una expresión popular turca que podría traducirse como “ayer fue ayer”, queriendo decir que las cosas pasan muy rápido y que lo que ayer tenía un sentido hoy puede tener otro. (Traducción de Ricardo Ginés, antena de nuestro diario en Estambul, que ha tenido la perspicacia de captar el mensaje cifrado de los otomanos.)

Vatan sabe de lo que habla. Periódico de corte liberal -fundado para competir con el nacionalista Millyet (Nacionalidad)-, cada día ha de estar muy atento a las contradictorias corrientes de un país enorme que se balancea entre Oriente y Occidente. Ayer fue ayer y hoy es hoy. Propia del Gran Bazar, donde todo cambia para seguir igual, esta máxima ya habrá sido radiotelegrafiada a la Moncloa por Joan Clos, nuestro hombre en el Bósforo. (Traje blanco y fez, contemplando una espectacular panorámica al atardecer desde la azotea del hotel Richmond, el alcalde Clos, más afincado en Estambul que en Ankara, está siendo un buen embajador en Turquía. En Madrid recibe elogios del cuerpo diplomático de carrera.)

Dün dündür, dün dündür. He ahí un buen lema para José Luis Rodríguez Zapatero, el primer presidente del Gobierno de España que se mueve a sus anchas en la Nueva Realidad, ese plasma donde la memoria ya no encadena los hechos, puesto que estos se suceden como una cadena de flashes desconectados entre sí. Hoy hago lo posible para acelerar la sentencia del Tribunal Constitucional y mañana salgo en rescate del Estatut. Hoy lanzo la idea de la España plural y mañana propongo para la corte constitucional a magistrados que no creen en ella. Hoy envío al PSC al matadero y pasado mañana le voy a visitar en la unidad de cuidados intensivos…

En el Gobierno hay enfado cada vez que leen que Zapatero ha hecho lo posible para que la sentencia saliese antes de las elecciones catalanas; antes de que CiU vuelva a gobernar en Catalunya (si se cumple el cada vez más acentuado vaticinio de los sondeos), y antes de que el PSOE atraviese el peligroso desfiladero de otoño, donde el Partido Nacionalista Vasco será muy exigente. Muy exigente. (La Bilbao Bizkaia Kutxa, BBK, bastión financiero de la Diputación Foral de Vizcaya, siempre bajo el control de los peneuvistas, acaba de obtener del Banco de España la adjudicación de la maltrecha CajaSur, en contra de los intereses del socialismo andaluz, que aspiraba a configurar un polo financiero meridional alrededor de Unicaja.)

No, yo no he sido. El presidente en persona lo proclamó el jueves desde la tribuna del Congreso. “Yo no tengo nada que ver con la sentencia del Tribunal Constitucional”, dijo con esa sonrisa eléctrica que la crisis le ha acentuado.

Habrá que creerle… En el interior del siguiente relato, donde cada hecho tiene memoria del anterior. Supongamos que hace unos meses, Zapatero le pide a José Montilla que adelante las elecciones catalanas a junio, para despejar horizontes, ante la creciente complicación del panorama económico. Montilla le dice que no: no da la batalla por perdida y quiere agotar el mandato en señal de seriedad política y biográfica. A finales de noviembre, una sentencia con carga de profundidad para el modelo de inmersión lingüística está a punto de ser aprobada. Queda paralizada tras el editorial conjunto de la prensa catalana. Tras un breve compás de espera, el Tribunal Constitucional vuelve a entrar en crisis y queda claro que sólo puede haber sentencia con el voto del magistrado Manuel Aragón Reyes, que exige transformarla en un manifiesto político sobre la unidad de España. La condición acabará siendo aceptada, desactivándose, a cambio, el torpedo lingüístico. La presidenta María Emilia Casas tiene prisa. El prestigio del TC está por los suelos. Se aprueba la sentencia.

De nuevo, el factor Montilla. El presidente de la Generalitat se niega a secundar el argumentario del PSOE (venta a peso del fallo: el 95% del Estatut ha sido respetado) y lee desde el Palau de la Generalitat una solemne alocución en la que llama a salir a la calle. Indignación en la Moncloa. Montilla fija su papel en la historia del catalanismo y el discurso socialista queda desmadejado. El texto de la sentencia es divulgado el día antes de la manifestación de Barcelona, porque alguien se da cuenta, a última hora, de que su publicación puede coincidir con la apoteosis del Mundial. La manifestación se desborda. Las encuestas detectan un severo riesgo de desplome del PSC. Hay que acudir en su auxilio.

La sentencia garantiza cincuenta años de pleitos. No es un hachazo, pero su lectura irrita. Yo no he sido, dice Zapatero. Alguien no ha hecho bien su trabajo. (Observe el lector la discreción, estos días, de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y del ministro de Justicia, Francisco Caamaño.) El mejor diagnóstico, como siempre, el de Felipe González: “La sentencia contiene afirmaciones políticas ofensivas”. Alguien en Madrid no ha leído bien la orden que en 1717 Felipe V transmitió a los corregidores enviados a Catalunya para la aplicación del decreto de Nueva Planta: “Que se note el efecto, sin que se note el cuidado”. Corregidores de Castilla. Incluso en el Diván turco -Dün dühür- eran más finos.

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Julio 18th, 2010 at 9:10 am

“Cueste lo que cueste”, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

Táctico al infinito, el presidente usa el Estatut para frenar a Rajoy y ventilar a un PSC colapsado

“Haré lo que sea necesario,  cueste lo que cueste; me cueste lo que me cueste”. Con esta rotunda afirmación concluyó José Luis Rodríguez Zapatero la segunda de sus réplicas a Mariano Rajoy. Fue uno de los momentos álgidos de un debate del que no es fácil hablar de un claro ganador, puesto que esta no es una crónica deportiva. (Si se me pide una conclusión agonística, ahí va: ligera, muy ligera ventaja para Rajoy).

La política no es un partido de fútbol. Es un proceso sin conclusión. Una dialéctica. Y en la actual dialéctica española, esa frase de Zapatero -”me cueste lo que me cueste”- ofrece una buena pista para entender el comportamiento del actual grupo dirigente del PSOE. El presidente y su joven círculo de confianza tienen serios motivos para temer algo peor que la pérdida de las elecciones. Temen ser expulsados a las tinieblas exteriores por las estructuras del poder profundo. Temen ser tratados como un paréntesis. Su futuro engarce con el establishment español corre peligro.

“Me cueste lo que me cueste”. Exhalada desde lo más hondo de su hermética personalidad, esa afirmación explica por qué defiende con la pasión del converso el draconiano ajuste del déficit impuesto por el Directorio Europeo. Entre el 8 y el 12 de mayo, Zapatero tuvo una visión; una epifanía, por decirlo de una manera un poco cursi. Se vio a sí mismo como el eslabón débil de un engranaje de dimensiones colosales en riesgo de colapso. Un profesor de Derecho de León, con pocos viajes al extranjero en su biografía juvenil, recibiendo la llamada del presidente de Estados Unidos y del primer ministro de China para que cambie inmediatamente de política. ¡Glups! Una personalidad débil o atormentada habría entrado en depresión. Manuel Azaña entró en depresión cuando vio que España se lanzaba al abismo ignorando sus buenas intenciones ateneísticas. (Setenta años después, la depresión de Azaña es la clave narrativa de la sentencia del Estatut). El hermético Zapatero, sin embargo, no es un hombre débil. El presidente entró ayer en el Congreso con el ímpetu de la roja, para defender con el ardor de Villa, Iniesta y Puyol la cura de caballo que hace poco más de dos meses rechazaba.

“Me cueste lo que me cueste”. Con ese innegable instinto político, Zapatero ha propiciado -o no ha frenado, simplemente- una sentencia del Estatut que podía haber quedado congelada hasta después de las elecciones catalanas. Bastaba con centrar la batalla en la renovación del Tribunal Constitucional. No ha sido así. La prioridad ha sido otra: despejar el peligroso desfiladero de otoño, satisfaciendo el precio que exigía el magistrado Manuel Aragón; esto es, una sentencia en diálogo nocturno con el espíritu atormentado de Manuel Azaña: un manifiesto político sobre la unidad de España. Retórica del siglo XIX para una sociedad del siglo XXI. Una máscara de hierro que no cercena ni asfixia, pero embrida. Circulan dos versiones por Madrid. Una apunta a que la sentencia se aceleró por decisión personal de Zapatero; la otra señala que no, que todo fue más complicado: una acumulación de factores.

Ejecutado el movimiento, el PSOE teme ahora que el PSC se desangre, súbitamente desposeído de una oferta clara y creíble para las elecciones catalanas. Hay riesgo de descalabro socialista en Catalunya. Hay que dar oxígeno al herido. Hay que hablar del rescate del Estatut, piadoso eufemismo que hoy es mercancía averiada, muy averiada, en una Catalunya descreída.

Excelente táctico -mucho mejor que Rajoy, sin duda alguna-, Zapatero quiso que el debate pivotase sobre el Estatut, con el deseo de provocar una reacción adversa y airada de la derecha, única manera de transformar en creíble la mercancía. Rajoy, que no es tonto, esquivó y se concentró en lo suyo: el trabajo de lima. Gestualmente, el líder del PP se propuso como el Del Bosque de la derecha española.

Cómoda tarde para Josep Antoni Duran Lleida, con un discurso Cambó-Carrasco i Formiguera-Roca, lejos, muy lejos, de la flamarada del N-VA flamenco. Se permitió, incluso, la defensa de José Montilla. Muy fácil se lo han puesto. Veinticinco diputados socialistas -mejor dicho, veinticuatro-, tenían una extraña expresión. Leves señales de molestía. No es fácil aguantar doce horas de debate con una daga clavada en la espalda.

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Julio 15th, 2010 at 8:15 am

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Un viaje en tren, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

20.30 h. AVE Barcelona-Madrid. Viaje de regreso después del acontecimiento del sábado y de una visita al Pont del Petroli de Badalona. Berlín Este, dice una amiga. En el vagón, la única compañía de un par de señoras que discuten sobre una herencia.

Han pasado tres días de la publicación de la sentencia del Estatut y lo veo mucho más claro: a José Montilla y al PSC los han vendido en el mercado de esclavos de Argel. La sentencia podía haberse postergado hasta después de las elecciones catalanas de otoño, para ser puesta en manos de un Tribunal Constitucional renovado. De haber sido cierta la comedia escenificada hace mes y medio en el Senado (24 de mayo), la perspectiva de otoño sería otra. Pero las órdenes realmente cursadas fueron otras. Tuve noticia de ello a principios de junio en Sevilla. Este fue el comentario de una alta personalidad política andaluza que no ha perdido de vista el Estatut desde el primer día: “No te creas nada sobre una pronta renovación del Tribunal Constitucional; las cosas se están poniendo feas para el Gobierno y ahora tienen prisa”. Al día siguiente (12 de junio), aún consternado por los mensajes recibidos de Bruselas, Washington y Pekín, José Luis Rodríguez Zapatero anunciaba ante el Congreso un drástico viraje de la política económica. España se hallaba intervenida por el Directorio Europeo. La presidenta del TC, María Emilia Casas, ofrecía un pacto al díscolo magistrado Manuel Aragón: aceptaba su discurso sobre la nación española a cambio de no hacer saltar por los aires el modelo educativo en Catalunya.

21.30 h. El tren atraviesa los Monegros rumbo a Zaragoza. Una bella puesta de sol. Belchite parece en llamas. Sin noticias de Sudáfrica.

Había prisas y el precio que pagar fue aceptado. Retórica. Retórica. Una retórica temerosa de los viejos demonios de España.

Un lenguaje de antes. Una velada en Benicarló. Azaña depresivo y atormentado porque el país se le ha ido de las manos. Ese drama impregna el texto de la sentencia: que España no se nos vaya otra vez de las manos. Montilla fue avisado, ello explica su fúnebre discurso en el Palau de la Generalitat la tarde del 10 de julio. Decidió ponerse al frente de la manifestación.

(21.45 h. El tren llega a Zaragoza. Sin noticias de Sudáfrica.)

La estrategia de Montilla es juzgada como un grave error en la Moncloa. El único acento debe ser la culpabilidad del PP en el proceso catalán. La ministra Carme Chacón se lanza al ruedo y envía un mensaje de alcance. Un mensaje cifrado que dice lo siguiente: dentro de un tiempo podría existir un PSC de nuevo formato. Celestino Corbacho mantiene una exquisita prudencia.

22.10 h. Calatayud. Sin noticias de Sudáfrica. Observo una cierta inquietud en las dos señoras del vagón. Alguien les ha llamado por teléfono. “Parece que los holandeses aprietan mucho”.

Se ordena la difusión de la sentencia antes del lunes, aunque ello excite la manifestación convocada en Barcelona. No importa que Montilla se vea desbordado. La semana del 12 al 18 de julio debe quedar despejada. La única prioridad es el debate sobre el estado de la nación y la golosa posibilidad de acudir al Congreso en el carro triunfal de la roja.

22.20 h. El tren se acerca a Atocha. Sin noticias de Sudáfrica.

La manifestación desborda a Montilla. “Segueixo creient en l´Estatut”, dicen unos carteles tristes en Barcelona, El partido administrativo de Catalunya se halla en uno de sus más difíciles momentos.

22.55 h. ¡Gooooooooooool!, exclama una de las señoras.

El miércoles, la roja presidirá el debate sobre el estado de la nación. ¡Chúpate esta, Directorio Europeo!

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Julio 12th, 2010 at 8:16 am

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Una Castellana y media, de Enric Juliana en La Vanguardia

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Una Castellana y media. Vamos a usar una unidad de medida muy española antes comience el inevitable baile de cifras. Una Castellana y media. Las mayores manifestaciones convocadas en Madrid en los últimos seis años, todas ellas con el timbre del Partido Popular, han tenido lugar en el tramo central del paseo de la Castellana, con punto y final en Colón o en la puerta de Alcalá. He tomado notas de todas ellas, de todas, y puedo afirmar que ayer desfiló más gente por las calles del centro de Barcelona. ¿Una Castellana y media? Sí, más de una unidad de medida madrileña.

Un gran éxito, alimentado en el último minuto por la sagaz decisión del Tribunal Constitucional de adelantar la difusión del texto de la sentencia, prevista inicialmente para el próximo lunes día 12. Leídas esas páginas en las que al constitucionalismo español aún le duele la pérdida de Cuba y Filipinas, mucha gente decidió salir a la calle sobreponiéndose a la fatiga de seis años de insoportable estrés estatutario. Ese fue ayer el acento principal: el deseo de sobreponerse a una fatiga. Sin la estratégica visión de la señora Emilia Casas quizás ahora estaríamos hablando de una Castellana a secas.

¿Seguro que fue la presidenta del Alto Tribunal quien decidió calentar la protesta catalanista? Después de seis años en Madrid, no me lo puedo creer. No. La llave de esa decisión hay que buscarla en el complejo de la Moncloa.

Esa medida no se adopta sin el conocimiento de la presidencia del Gobierno, cuando faltan pocos días para un importante debate parlamentario sobre el estado de la nación española, esa nación que es la única que cabe.

El esquema de trabajo de José Luis Rodríguez Zapatero y sus asesores es fácil de imaginar. La difusión de la sentencia el lunes contaminaba el arranque de la semana; se volcaba sobre el debate parlamentario (miércoles y jueves), y podía interferir las extraordinarias ondas vibratorias de una victoria de España en el Mundial de fútbol de Sudáfrica, acontecimiento en el que el presidente del Gobierno tiene mucha fe. Zapatero ansía entrar el miércoles en el Congreso subido en el carro triunfal de la roja y hacer frente a Mariano Rajoy con la bandera del patrio optimismo.

El Estatut debía quedar fuera de ese cuadro narrativo. En marzo del 2008, tras hallarse a a solo nueve diputados de la mayoría absoluta, Zapatero llegó a la conclusión de que ahora debe mantenerse alejado del sintagma Catalunya. Sin esa determinación estratégica, no se entiende el destilado que nos acaba de servir el Tribunal Constitucional.

Después de más de tres años de onerosa dilación, el Gobierno podía haber bloqueado la sentencia, acelerando desde el Senado la renovación del tribunal. El PSOE podía haberlo hecho y, con su reconocida astucia, así lo ha puesto en escena. Lo ha simulado. En realidad ha preferido acelerar, para despejar el peligroso desfiladero de otoño (presupuestos generales del 2011 sin mayoría parlamentaria clara). Urgía la sentencia y para obtenerla había que aceptar el decimonónico manifiesto político de Manuel Aragón y pactar con el espectro de Manuel Azaña. Así se ha hecho.

¿Le interesaba al PSOE calentar la manifestación de Barcelona? No busquemos tantos maquiavelismos. Zapatero desea, simplemente, entrar el miércoles en el Congreso montado en el carro de la roja.Y tiene un motivo adicional para no temer la calentura catalana. Un catalanismo en ebullición, muy crítico con su estamento político y entregado al grito de In-de-pen-dèn-cia!,dificulta, por ahora, un mayor entendimiento público entre CiU y PP.

Una Castellana y media. Cívica, pacífica, amplia, desbordante, entregada a la fantasía liberadora de la independencia. Una Castellana y media, desconfiada, muy desconfiada. El principal damnificado es José Montilla que ayer, con mucha dignidad, asistió, como en un fantasmal relato de Edgar Allan Poe, a su propio entierro. Al entierro de la centralidad del PSC catalanista y administrativo. Sólo un gesto fuerte de sus 25 diputados en el Congreso durante el próximo debate sobre el estado de España podría salvarle. Y ese gesto no se va a producir.

A Artur Mas no le será nada fácil gestionar todos los malestares que ayer desfilaron por Barcelona. Una Castellana y media de desconfianzas y fantasías. Nada más humano. Si un magistrado del Constitucional puede dictar sentencia desde el convencimiento de que España acaba de perder Cuba y Filipinas, o después de comunicar con el espíritu de don Manuel Azaña, ¿por qué razón un menestral de Sabadell no tiene derecho a imaginarse ciudadano de una Catalunya independiente? Respetando las normas básicas – no matar, no robar…-en el parque humano todo debiera posible.

(Hubo ayer una incipiente presencia de banderas europeas. Habrá que seguir insistiendo. El Eurocatalanismo también es una fantasía interesante).

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Julio 11th, 2010 at 9:10 am

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Serán cincuenta años de pleitos, de Enric Juliana en La Vanguardia

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LA CUESTION CATALANA

La sentencia sobre el Estatut de Catalunya colgada ayer en la página web del Tribunal Constitucional debería incluir en cada una de sus 881 páginas un archivo de audio con el himno nacional español. Ya que se trata de una sentencia básicamente interpretativa, un hilo musical la recorre. Una retórica defensiva. Una prevención. Un miedo a lo desconocido. Miedo al despliegue federal de la Constitución y todavía más miedo a una Catalunya de insinuación confederal.

Tanta es la pulsión defensiva que alguien ha decidido difundir la sentencia veinticuatro horas antes de la manifestación catalanista de Barcelona. Alguien importante en el Tribunal Constitucional quiso ajustar cuentas ayer con el Govern de la Generalitat. Alguien ha querido dejar claro que el fallo no es tan mórbido como pretendía dar a entender la propaganda socialista, activada inmediatamente después del fúnebre discurso de José Montilla en el Palau de la Generalitat, la tarde del 28 de junio del 2010.

Los fundamentos jurídicos de la sentencia ofrecen un precioso arsenal retórico a los adversarios de la autonomía catalana. Retórica. Retórica. Y debajo de la misma, un mecanismo de acción retardada. Pasará tiempo hasta que se descubra cuál es el engranaje exacto de la sentencia. Pasarán años. Y durante esos años muchas cosas deberán ser pactadas. Por ello no es ninguna temeridad afirmar que estamos ante un traje a medida para la España que viene. Una España en profunda crisis económica que deberá pactar la búsqueda de salidas. No hay hachazo, pero hay ruido de patíbulo. Hoy, jornada con muchos nervios a flor de piel, esta afirmación está condenada a restar en minoría. No hay prisa. Ya lo iremos viendo.

Con razón decía hace unos días José María Aznar que en el fallo sobran interpretaciones y faltan más declaraciones de nulidad. La sentencia garantiza 50 años de pleitos entre el Estado y la Generalitat de Catalunya. No es un mal escenario de futuro para los dos grandes partidos españoles. Y sigue siendo un terreno óptimo para Convergència i Unió, donde se han producido cambios de registro generacional que deben ser tenidos en cuenta. CiU sigue siendo el sujeto político catalán mejor preparado para cincuenta años de pleitos. El PSC, que prometía el encaje, no podrá reabsorber los efectos de la sentencia. Hoy lo veremos en las calles de Barcelona. Sin margen para una clara oferta de gobierno (los catalanes no quieren un tercer tripartito), José Montilla se halla, hoy, en jaque mate. Les jeux sont faits.

La carga retórica de la sentencia cobra una especial intensidad en los capítulos referidos a la lengua. No se acepta que el catalán sea preferente en la Administración, ni se admite un parangón con el castellano en lo que se refiere al deber constitucional de conocer el idioma. Se acepta, sin embargo, un bilingüismo corregido en favor del catalán. Hay un sin perjuicio al que hay que prestar atención. Los sin perjuicios siempre son muy importantes en la sentencias. Página 474, párrafo segundo: “(…)sin perjuicio, claro está, de que el legislador pueda adoptar, en su caso, las adecuadas y proporcionadas medidas de política lingüística tendentes a corregir, de existir, situaciones históricas de desequilibrio de una de las lenguas oficiales respecto a la otra, subsanando la posición secundaria o de postergación que alguna de ellas pudiera tener”. Esa es la clave de bóveda de todo el capítulo lingüístico, que con tanto ahínco algunos quieren dinamitar desde hace treinta años. Y bajo la bóveda se halla la escuela. El modelo de inmersión lingüística queda a salvo. La sentencia, con acentuada retórica, afirma que el castellano también debe ser vehicular, pero se atiene a la jurisprudencia acumulada; jurisprudencia que reconoce como legítimo que el catalán “sea el centro de gravedad” (página 494). Aplíquese el sin perjuicio y el rompecabezas queda resuelto. Hoy, varios diarios de Madrid lo presentarán de otra manera. No hay prisa. Ya lo iremos viendo.

Una sentencia con urgencias. José Luis Rodríguez Zapatero, en manos del Directorio Europeo (a Alemania sólo se le vence en el fútbol), necesitaba despejar la negra perspectiva de otoño. Y no quería negociar el destino de la legislatura con la sentencia, -aún por abrir- sobre la mesa de CiU. Esa hipótesis lo complicaba todo. Había que obtener un fallo antes del verano. Y para ello era urgente sumar al azañista Manuel Aragón a la precaria mayoría. Ese voto díscolo tenía un precio, conceptual y estilístico. Y se ha pagado. Con su fuerte carga retórica, la sentencia genera una ola emocional que desborda al PSC de José Montilla. Lo anega. A Zapatero no le importa. Dar un nuevo formato al PSC y convertirlo en una franquicia pilotada desde Madrid es el segundo de sus objetivos para el nuevo curso. Sólo han cometido un error. A alguien ayer se le fue la mano…

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Julio 10th, 2010 at 8:18 am

¿La nación?, estrés, estrés y más estrés, de Enric Juliana en La Vanguardia

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CUADERNO DE MADRID

Hoy voy a hablarle de un filósofo alemán. – ¿No estaba usted con Ortega? Circula por Madrid que hay un toro parlante llamado Segador, que lee y recita a don José Ortega y Gasset en un bar muy escondido de la plaza Mayor.

- El gran Ortega es para el invierno, cuando en esta casa sirven un caldo muy bueno de hueso de jamón. En verano, cuando llega el gazpacho, busco otras lecturas. Ahora estoy con Sloterdijk.

- ¿Peter Sloterdijk?

- El mismo. El filósofo de las esferas. Antes, todas las conciencias vivían en el interior de la gran burbuja religiosa, disciplinadas por la promesa celestial. Después, llegaron las belicosas esferas nacionales, en las que el hombre soñaba futuros heroicos. Y ahora, un mundo-espuma, formado por millones de microesferas en grumos inestables. En el interior de cada microesfera, un individuo conectado con la inmensidad.

- Caray, con Sloterdijk. He oído hablar de él. Dicen que es denso. Nietzsche, Heidegger, enciclopedismo francés, psicologismo, un toque budista y esa voluntad tan alemana de querer generar una visión completa del mundo.

- Ortega se formó en Alemania.

- Es usted un toro tedesco.

- Me gusta pensar por mi cuenta desde que aquella tarde en Las Ventas me condenaron a la eternidad.

- ¿Dolió?

- Sí, dolió. Ya se lo conté una vez. Fue muy rápido. Un pinchazo. Un rayo ardiente. Y luego una claridad.

- He oído decir que Sloterdijk tiene una escritura melodiosa y estilizada.

- Tengo subrayada una frase suya que me ha hecho pensar. Creo que le puede interesar después de esta semana de pasiones catalanas. Escuche: “La nación es una unidad de estrés”.

- ¿Cómo?

- “Toda nación actúa como una unidad de estrés”.

- Explíqueselo usted al Tribunal Constitucional. No está mal visto. Si, la nación puede llegar a ser algo muy agobiante. Esta semana lo hemos visto: para alguna gente, la existencia de España depende angustiosamente de que la palabra nación no se aplique a Catalunya.

Dos estrés juntos producen más estrés. Habrá que ir pronto al balneario.

- En alguna ocasión, Sloterdijk también ha dicho que todo nacionalismo es una forma de histeria.

- Alguien se va a enfadar. Todo nacionalismo suele ser muy susceptible.

- Bueno, él habla de histeria en un sentido psicologista: angustia, irritación, incluso paroxismo… Una pulsión que necesita afirmarse constantemente para vencer la inseguridad.

- Según este filósofo alemán, un catalanista es un histérico.

- Ya saltó la susceptibilidad catalana. Y un españolista también es un histérico. Yo mismo debo tener algún rasgo histérico.

- ¿Usted? Usted es un toro tedesco y disecado que lee a Ortega en invierno y a ese vikingo metafísico en verano.

- Oiga, que yo también soy muy español. Bajo esa inmóvil apariencia, bajo mi eternidad senequista, también late una patria. Mis banderillas fueron rojigualdas. Aún recuerdo el pasodoble de aquella tarde soleada…

- Español y masoquista, por lo que parece.

- No me provoque. Aquella tarde, le juro que viví.

- Sí, en toda nación late una histeria, Europa es hoy la suma de veintisiete histerismos. Bajo ese prisma se entiende mejor la actual crisis de la Unión.

- Efectivamente, Sloterdijk ha ironizado alguna vez con esta idea de Europa como suma de histerias. Y añade algo que le interesará. – ¿Qué? – Dice que si Europa son 27 histerias reunidas, tres o cuatro histerias más pueden hacer la reunión aún más divertida. Supongo que lo capta. – Creo que lo entiendo. – También sostiene que la nación es hija de la prensa. – Eso lo escribió el austriaco Karl Kraus. -…y que con internet la nación ya no es lo mismo. – La prensa sigue y seguirá existiendo. El nervio de la política pasa por la prensa. – Y las naciones siguen encendiendo pasiones. Fíjese en el Mundial de fútbol. Pero ya no es lo mismo. – En Europa las naciones viven sin vivir en sí. Lo cual todavía produce más estrés. – Sloterdijk propone distinguir entre la unidad coexistencial y la unidad de supervivencia. La primera es la vieja nación; la segunda, aunque cueste admitirlo, es Europa.

- Acaba usted de reforzar una idea a la que estoy dando vueltas desde hace unos días.

- ¿Qué idea?

- La manifestación del sábado 10 de julio en Barcelona por el Estatut demediado debería ser un mar de banderas europeas.

- ¿Un estrés azulado?

- Sería pertinente empezar a hablar del eurocatalanismo. Eurocatalanismo, ¿qué le parece?

- Me parece que Sloterdijk se le ha subido a la cabeza.

- Creo que hemos bebido mucho gazpacho.

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Julio 4th, 2010 at 8:11 am

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