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Gambito de caballo, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

España y la crisis. Los movimientos parlamentarios

A la gente le ha cambiado  la cara desde que ha oído hablar de la jubilación a los 67 años y de un nuevo cómputo de las pensiones. Esta es la novedad más verdadera. La fatídica señal está dada. Todos ya sabemos que nos espera una vejez espartana.

Algo ha cambiado y las más recientes encuestas lo reflejan: la desconfianza en el presidente del Gobierno ha subido del 71% al 76%, una cota jamás alcanzada en democracia. En Madrid, que es una fábrica de ingeniosas crueldades, ya circula el dicho de que el número de gente que hoy aprueba la política de José Luis Rodríguez Zapatero apenas supera a los que creen que Elvis Presley sigue vivo y que el hombre jamás pisó la Luna. “Hay una campaña para demonizar a Zapatero”, exclama José Blanco, mientras ensaya gestos de hombre de Estado, gestos de hombre quizá llamado al recambio.

Hay que tener en cuenta el triste tañido de las pensiones, ese súbito cambio de humor, para desmenuzar a partir de ahora los intríngulis de la política politizada: el movimiento de trincheras, el juego de astucias, las declaraciones y contradeclaraciones, los gestos, las puestas en escena…

Bajo esa perspectiva, Convergència i Unió acaba de realizar un movimiento inteligente. Entre un socialismo grogui y una derecha que tiene miedo a defender medidas antipáticas, existe un evidente espacio central que Artur Mas y Josep Antoni Duran Lleida no podían tardar tiempo en ocupar. Hubo ayer un simple movimiento de peón, secundado por los vascos: petición de comparecencia de Zapatero en el Congreso y una escueta retórica sobre la disponibilidad de CiU al pacto si la política económica es corregida.

Es lo de siempre y es novedad. Zapatero está hoy más apurado que Felipe González en 1993. La vieja guardia socialista que aún cree posible evitar la debacle ya no se lo calla. Están esperando a que CiU gane las elecciones catalanas y retome la presidencia de la Generalitat para negociar un pacto de estabilidad. “Es la única manera de salvar la legislatura”, dicen.

Zapatero se ha visto forzado a acudir al Congreso, con alto riesgo, esta vez. Mariano Rajoy también deberá moverse. Deberá concretar. El PP oscila entre el eficaz tremendismo de sus numerosos propagandistas -una verdadera máquina de picar carne- y un cimbreo táctico que no acaba de cuajar en la grácil figura de María Dolores de Cospedal: en sólo cinco días ha hablado de elecciones anticipadas, de moción de censura y de dimisión del presidente.

Alerta ante la apertura catalana, la derecha más dura y apostólica juguetea con la hipótesis de un gobierno de unidad nacional, idea que gusta al guerrismo jacobino. Oiremos hablar de ello en las próximas semanas.

Más ajedrez. Ocupando el centro mientras suena la canción triste de las pensiones, CiU también dificulta el afán de José Montilla para constituirse en único capitán de la gente seria de Catalunya. Los de la calle Còrsega sueñan de nuevo con la jugada que más gustaba a William Faulkner. El gambito. Que los socialistas acaben sacrificando Catalunya para salvar el resto de la partida.

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Febrero 9th, 2010 at 8:11 am

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El presidente en su laberinto, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ESPAÑA Y LA CRISIS

Doscientos mil millones de euros. Esa era la tabla de salvación, le dijeron al presidente cuando el cielo comenzó a encapotarse. 200.000 millones de euros era el margen de endeudamiento del que disponía el Reino de España en la primavera del 2008, sin infringir el tercer mandamiento de la Ley del Euro (”tu deuda pública nunca superará el 60% del producto interior bruto”). 200.000 millones de euros son veinte puntos de la riqueza estadística española. Son una cifra cabalística: 33,3 billones de las antiguas pesetas. Son la soga que hoy acaricia el cuello de José Luis Rodríguez Zapatero.

Con la cuerda en el pescuezo, pero con los pies todavía sobre el inestable estrado, el presidente ha roto el séptimo sello: en las últimas semanas ha ido a buscar la opinión y el asesoramiento de Miguel Boyer, ministro de Economía en el primer gobierno de Felipe González, liberal conspicuo (aunque partidario de Keynes), odiado por los guerristas y valedor de la política económica del aznarato. Boyer ha accedido a dar consejos, a cambio de no aparecer públicamente en el consejo de sabios de la presidencia del semestre europeo junto con Felipe González, Jacques Delors y Pedro Solbes. El teléfono móvil de Zapatero no da abasto. Otros veteranos del PSOE de los ochenta están siendo consultados. Cada vez se encargan más papeles a la denostada vieja guardia.

John Maynard Keynes, adalid del gasto público. ¿Cuánto Keynes cabe en la actual tribulación española? Esa es la cuestión. Solbes y Miguel Ángel Fernández Ordóñez se llevaron las manos a la cabeza cuando fueron informados del festival keynesiano que buena parte del círculo de confianza de Zapatero (Miguel Sebastián, Elena Salgado, José Blanco…) teorizaba como respuesta a la crisis en el 2008. Una España ejemplarmente socialdemócrata recurriría a su saneada deuda pública para paliar los daños de la tormenta. Había paraguas para proteger a todos. O a casi todos. España iba a dar ejemplo. Solbes ya no creía en el aterrizaje suave e intuía que la factura del paro y la caída de la recaudación tributaria crearían un cóctel explosivo.

Más severo, el gobernador del Banco de España ya preconizaba cirugía de hierro (reformas estructurales, según el eufemismo de moda) antes del brusco colapso del ciclo expansivo. Atraído por el papel de héroe socialdemócrata en un mundo descuajeringado, entusiasmado por la victoria de Barack Obama en Estados Unidos y muy atento a los éxitos bonapartistas de su amigo Nicolas Sarkozy en Francia, Zapatero dejó marchar a Solbes, le retiró la palabra a Fernández Ordóñez y lanzó a los cuatro vientos el grito torero: “¡Dejadme solo!”.

Seducido por la visión heroica de la crisis, el presidente tomó el mando de la política económica en la remodelación ministerial de abril del 2009, colocando en la segunda vicepresidencia a una abnegada Elena Salgado que jamás le llevará la contraria. En el nuevo Gabinete nadie le lleva la contraria. Apenas hay debate en las reuniones del Consejo de Ministros: se dan los buenos días, se despachan los asuntos visados por los subsecretarios y hasta el próximo viernes. Sólo José Blanco se insinúa como una figura cada vez más autónoma, pero eso lo veremos más adelante. Arropado por María Teresa Fernández de la Vega y Salgado, dos mujeres entregadas en cuerpo y alma a la gestión gubernativa, dos estajanovistas que jamás fabularán con la posibilidad de desplazar al número uno, Zapatero ha llevado al extremo la sustancia presidencialista del régimen democrático español.

Casi un año después de la última remodelación ministerial, el andamiaje -mitad socialdemócrata, mitad bonapartista; mitad obamista, mitad caudillista- se está viniendo abajo ante la mirada entre atónita y escandalizada de una sociedad que ahora, cuando ha sonado la campana de las pensiones, comienza a hacerse una idea cabal de la profundidad de la crisis en España. Y Zapatero, socialdemócrata heroico, luce una bonita soga en el cuello.

Los costes del seguro de paro y del subsidio adicional, más la caída en picado de la recaudación del IVA, han perforado el escudo keynesiano que el ministro Miguel Sebastián, durante meses principal valido del presidente, creía irrompible. El ejercicio del 2009 se ha cerrado provisionalmente con un déficit público del 11,4%, que algunas fuentes sostienen que alcanzará el 12% cuando dentro de unos días se conozcan los datos definitivos. Un déficit griego. Un desvío de dos puntos que deja un agujero de 20.000 millones en las cuentas del Estado (sin sumar a esa cifra el preocupante y opaco desajuste presupuestario de las comunidades autónomas y ayuntamientos, en algunos casos al borde de la quiebra); un desastre que difícilmente podía pasar desapercibido en el circuito de poderes e intrigas también conocido como los mercados internacionales.

Desde que la revista británica The Economist publicó en noviembre del año pasado un número especial con el elocuente título de Spain, the party´s over (España, la fiesta se ha acabado), España se halla bajo sospecha en los circuitos de opinión anglosajones, en los que se ha acuñado el despectivo acrónimo PIGS (cerdos) para reunir en un mismo pelotón de sospechosos a Portugal, Italia, Grecia y España.

Lo de los PIGS duele. Zapatero está convencido de que hay una conspiración del conservadurismo anglosajón para desprestigiar el euro, tomando a España como cabeza de turco. El presidente lee las traducciones de The Wall Street Journal,el diario más inclemente con su gestión, y no puede pasar por alto que José María Aznar es asesor de News Corporation, el gigantesco grupo mediático de Rupert Murdoch, propietario del viejo e influyente diario de Wall Street. ¿Dan Brown en la Moncloa? ¿Una conjura neoconservadora para romper la constelación planetaria entre Obama y Zapatero? ¿Un movimiento de fuerzas oscuras para taponar la respuesta socialdemócrata a la crisis? Toda teoría conspirativa tiene sus fallos. Hay voces de izquierda entre los diagnósticos más severos de la crisis española Con un intervalo de pocos meses, Paul Krugman, premio Nobel de Economía y punto de referencia del pensamiento progresista, ha lanzado dos temibles avisos: ha advertido que los españoles deberían rebajarse el sueldo un 25% para salir del atolladero y que la situación de España puede ser más peligrosa para la Unión Europea que la de Grecia (mucho peor en términos contables) dada la mayor envergadura ibérica. La idea de que España es el nuevo enfermo de Europa se ha ido extendiendo como una mancha de aceite. Hoy existe consenso europeo sobre esa imagen. Yel vicepresidente de la Comisión Europea, Joaquín Almunia -ex secretario general del PSOE y durante años fiel escudero de Felipe González-, la remachó el miércoles parangonando España y Portugal con Grecia. En la Moncloa lo quieren estrangular.

El andamiaje heroico se está viniendo abajo. Desprovisto mde un vicepresidente económico con fuste y voz autónoma capaz de atraer sobre su cabeza los rayos de Júpiter, de la City, de la CEOE, de los sindicatos, de la prensa de Murdoch, de Aznar y de todo el Lado Oscuro de la Fuerza, la credibilidad de Zapatero, ya seriamente deteriorada por su retraso en la admisión de la crisis, se halla en estos momentos carbonizada.

Los españoles han dejado de quererle, aunque reconocen su talante conciliador. El último barómetro del CIS (enero del 2010) desvela un extraordinario rechazo: el 71% declara sentir poca o nula confianza en el presidente del Gobierno. Ni Suárez, ni González, ni Aznar nunca cayeron tan bajo. Sólo hay una persona que le supera. Mariano Rajoy, líder de la oposición, no inspira gran confianza al 76% de los encuestados. Esta es la deriva de España: cuatro millones de parados, déficit público al galope, problemas de solvencia agarrotando la emisión de la deuda pública, ausencia de horizontes y un estamento político bajo sospecha. Rumbo a las costas de Grecia, pese a la firmeza del banquero Emilio Botín pidiendo tranquilidad y confianza.

El escudo de los 200.000 euros y un liderazgo que buscaba la mímesis con Obama y Sarkozy se hallan desbaratados. Hay que recortar gastos y comienzan a emerger liderazgos paralelos como el del ministro Blanco anunciando el viernes, con voz severa, el guantazo a los controladores aéreos. Ya no es un secreto: el vicesecretario general del PSOE gana puntos como posible pieza de repuesto. Blanco lo desmiente, pero sus gestos lo confirman. Otras voces apuntan al vasco Patxi López, hoy en horas dulces.

Aturdido por la increíble gestión del futuro de las pensiones (un fallo en cadena de las dos vicepresidentas, que las deja desarboladas), por el deshilachamiento de la presidencia europea, por las encuestas y por el azimut de la prensa extranjera, Zapatero busca una salida al laberinto. Deriva griega o cirugía. Dos Minotauros le acechan: el descrédito irreversible y la huelga general.

DOCUMENTO COMPLETO DE LA REFORMA LABORAL DEL GOBIERNO www.lavanguardia.es/documentos

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Febrero 7th, 2010 at 8:11 am

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La estrategia del Gobierno contra la crisis, de Enric Juliana en La Vanguardia

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LA CRÓNICA

“Sabemos adónde vamos”

El Gobierno se esfuerza en transmitir seriedad en medio de su peor tormenta Reunión en la Moncloa con empresarios y sindicatos con dos lemas: reformas y consenso Tras el azaroso vaivén de las pensiones, Zapatero plantea una reforma laboral desnatada

Acaba de suceder algo inédito en la política española contemporánea. Por primera vez desde las turbulencias de 1980-81, que empujaron a Adolfo Suárez a la dimisión y al teniente coronel Tejero a la locura, el Gobierno ha tenido que salir a la palestra para pedir tranquilidad a la opinión pública. “Sabemos adónde vamos”, proclamó José Luis Rodríguez Zapatero de madrugada, a punto de salir de Washington. “Tenemos la fuerza y la energía para mantener el timón”, remachó la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, sobreponiéndose a su habitual cimbreo.

El Ejecutivo comenzó la semana con un grave quebradero de cabeza -el progresivo deterioro de la imagen de solvencia de España en los mercados financieros internacionales- y la concluye con el mismo problema multiplicado por dos. La Moncloa se tuvo que emplear ayer a fondo para transmitir que al Gabinete le queda fuste y capacidad de reacción.

Primer gesto de la jornada: guantazo a los controladores aéreos. El Consejo de Ministros aprobó un decreto ley por el que el Ministerio de Fomento reasume los mecanismos de gestión del tráfico aéreo, abriendo la puerta a la privatización de las torres de control de los aeropuertos. Una medida que nadie se había atrevido a adoptar desde que los controladores aéreos comenzaron a aprovechar los dolores de cabeza de Suárez en los vericuetos de la transición para obtener unos rendimientos salariales sin parangón en la administración pública española. El decreto ley -que incluye la posibilidad de encomendar el servicio al Ejército del Aire- ha sido publicado en un número extraordinario del Boletín Oficial del Estado y entró en vigor ayer mismo. El puñetazo sobre la mesa fue anunciado por el ministro José Blanco con un tono de firmeza que iba más allá del espacio aéreo de Fomento. Blanco encarnó ayer la autoridad gubernamental en vivo contraste con la dulzaina de los consensos. El tono del de Lugo viene a confirmar los numerosos comentarios que en Madrid señalan al vicesecretario general del PSOE como una de las posibles piezas de repuesto de Zapatero (la otra sería el lehendakari Patxi López), si el presidente llegase a final de legislatura sin el combustible necesario para evitar una debacle electoral de los socialistas. En el PSOE fulminan con la mirada a cualquiera que hoy ose plantear la caducidad de Zapatero, pero la gestualidad de Blanco ofreció ayer señales inequívocas.

Segundo mensaje: foto de urgencia con sindicatos y empresarios con una reforma laboral desnatada al fondo. De regreso de Washington, el presidente del Gobierno no le dio tregua al jet lag. No está España para siestas. La Moncloa convocó a empresarios y sindicatos para un primer coloquio sobre el documento de bases de la reforma laboral, aprobado por el Consejo de Ministros. Coloquio con comparecencias ante la prensa en el mismo palacio presidencial. Aún agobiado por los problemas de sus empresas, Gerardo Díaz-Ferran, presidente de la CEOE, evitó cualquier atisbo de beligerancia con el Gobierno. Más adustos, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, líderes de UGT y CC. OO., manifestaron su predisposición al acuerdo, toda vez que el documento de bases respeta, en principio, el conocido veto sindical al abaratamiento del despido y la creación de un nuevo modelo de contrato laboral. Propuesta sin aristas, después del errático vaivén gubernamental con las pensiones. “El Gobierno plantea reformas para los ciudadanos, no para los mercados”, dijo Zapatero, tensando el nervio socialista.

Tercer gesto: recado al comisario europeo Joaquín Almunia, ex secretario general del PSOE, que el miércoles parangonó España con Grecia (”la solidez del euro se ha defender desde todos los países y desde todas las instancias”) y toque a los británicos (”hay maniobras contra el prestigio del euro y todas vienen de un país con otra moneda”).

Por boca de su secretaria general, María Dolores de Cospedal, el PP sugirió ayer la dimisión de Zapatero. En sólo cinco días, el primer partido de la oposición ha lanzado tres mensajes: elecciones anticipadas, moción de censura y dimisión del presidente. Mariano Rajoy, galaico, como siempre, ha evitado suscribirlas.

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Febrero 6th, 2010 at 8:12 am

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Desasosiegos, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

Se oye un continuo crujir en las cuadernas de Madrid. Algo se está rompiendo. Son los últimos cables que sostenían la confianza en el Gobierno, dicen los enterados. “Esto empieza a oler a elecciones anticipadas”, proclaman los confidenciales. Los mentideros siempre exageran. Mentidero, esa palabra tantas veces repetida cuando se habla de los líos de la capital de España, era el lugar donde los madrileños se reunían para comentar los chismes del día. Hubo tres muy bulliciosos: el de la plazuela del León, el de las losas de Palacio, frente al Real Alcázar, y el de las gradas de la iglesia de San Felipe en la Puerta del Sol, que fue el más estupendo, dicen.

Humean en los mentideros la última embestida de Aznar a Zapatero (”Nadie hizo tanto daño en menos tiempo”) y el sordo lamento de un veterano ex ministro del PSOE tras conocer el atropellado anuncio de las pensiones diferidas: “Ahora ya sé que perderemos las elecciones”.

La jubilación a los 67 años ha inquietado a todos aquellos que aún vivían la crisis como un estado de ánimo, más que como un estado de precariedad. No olvidemos que en un país con ocho millones de trabajadores intermitentes (41% del total), la mayoría de las personas que han perdido el empleo son inmigrantes y jóvenes.

Más los 400.000 autónomos, comerciantes y pequeños empresarios que han tenido que arriar velas en silencio. No hay relato moral sobre el heroísmo cotidiano del hombre que lucha por no cerrar su taller. El orgullo herido de las clases medias perdedoras se llevará al PSOE por delante. Aznar sabe muy bien hacia dónde apunta cuando proclama que “España ha vuelto a ser un país de segunda”.

Obama no sirve de auxilio. Después del desayuno de oración, Obama se desvanecerá. El toque alarmante, Zapatero lo ha recibido del aliado que no ha sabido trabajarse: Alemania. El Banco Central Europeo -es decir, el Bundesbank rebautizado- no financiará alegremente el déficit español. La crisis de España puede ser más peligrosa para el euro que la debacle de Grecia, remata, en inglés, Financial Times.

El jueves habrá que escuchar al banquero Emilio Botín ante la prensa internacional en Madrid, un día antes de que el Consejo de Ministros apruebe la nueva reforma laboral. Los sindicatos temen que el viernes amanezca con sorpresas, puesto que ya saben lo que es salir trasquilados de la Moncloa. El domingo 24 de enero, Zapatero llamó a palacio a Cándido Méndez y a Ignacio Fernández Toxo para hablar de las pensiones. Salieron casi convencidos de que le habían quitado de la cabeza lo de los 67 años. “Tendré en cuenta vuestros planteamientos”, les dijo al despedirse.

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Febrero 3rd, 2010 at 9:10 am

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Zapatero, el griego, de Enric Juliana en La Vanguardia

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EL IMPACTO DE LA CRISIS

El presidente emula a Giorgos Papandreu, esforzado líder de una Grecia ahogada No se podía acudir a Davos sólo con la alarmante tarjeta del déficit desbocado El retraso de la jubilación envía una señal a los mercados, pero tensa el clima social.

Z, el griego. José Luis Rodríguez Zapatero en el papel de Giorgos Papandreu. El Gobierno maniobra a toda velocidad para evitar que el vertiginoso incremento del déficit público hunda la solvencia del Reino y convierta en misión casi imposible la colocación de deuda pública española en los mercados internacionales. Este es el retrato. Este es el cuadro que permite interpretar el súbito y precipitado anuncio de la jubilación a los 67 años. Esta es la clave: en vez de arrojarnos a las inmensidades del Atlántico, la deriva de España nos conduce a las bellas costas de Grecia, país en serio riesgo de quiebra.

El retraso de la edad de jubilación para los nacidos después de 1959 se podía haber anunciado otro día. No era una urgencia que justificase la precipitación. En realidad ha sido una hábil operación de imagen para transmitir un mensaje de austeridad y sacrificio a los mercados financieros internacionales, y amortiguar -en la cumbre de Davos y en el mercado político interior- el impacto de la noticia más negativa del año: alerta roja, el déficit público español se halla fuera de control y ya supone el 11,4% del producto interior bruto. Hace dos años, las cuentas del Estado presentaban superávit.

El posible retraso de la edad de jubilación polarizó ayer el debate público, dejando en segundo plano el alarmante desvío del déficit público, cifrado en 19.000 millones de euros, según estimaciones dadas a conocer por la vicepresidenta, Elena Salgado, al término del Consejo de Ministros. Veamos el dato con toda su crudeza. Los presupuestos generales del Estado preveían cerrar el 2009 con un déficit del 9,5%. Estamos en enero y el cierre del ejercicio revela que el déficit real es del 11,4% del PIB. Y subiendo. Todavía hay margen contable para una mayor deuda pública, pero su coste comienza a ser muy oneroso. En el 2007, el Estado debía 370.000 millones (37% del PIB); tres años después, la deuda asciende a 550.000 millones (55%) En el 2010, el pago de intereses supondrá un desembolso de 23.600 millones, cifra equivalente a los costes actuales del seguro de desempleo y el doble de las inversiones previstas. Un mayor endurecimiento de los prestatarios por la pérdida de credibilidad de España, o un súbito encarecimiento de los tipos por parte del Banco Central Europeo, supondrían una catástrofe.

Se cumplen los pronósticos del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que en su momento Zapatero no quiso escuchar. El estallido de la burbuja inmobiliaria, el paro y la caída del consumo han provocado un descenso en picado de los ingresos tributarios, Los peores -y malévolos- augurios de la prensa anglosajona también estarían en vías de confirmarse: España es, después de Grecia, el nuevo enfermo de Europa; el fuerte endeudamiento de toda la Europa meridional podría amenazar la estabilidad del euro. Zapatero, convencido estos días de que existe una campaña anglosajona para desacreditar España (pilotada, entre otros medios, por The Wall Street Journal, propiedad de Rupert Murdoch), no podía acudir a la cumbre de Davos con el 11,4% de déficit como única tarjeta de presentación.

El jefe del Ejecutivo español debía emular al primer ministro Papandreu, que también ha prometido hacer todo lo posible para evitar que Grecia se hunda en el Hades (el inframundo en la mitología griega). El Gabinete de la Moncloa preparó el equipaje. Ello explica que el anuncio de la jubilación a los 67 años pillase de improviso a la mayoría de los ministros -¿también a Celestino Corbacho, titular de Trabajo?- a los sindicatos y a la oposición.

La focalización del debate en pensiones permitió ayer a la vicepresidenta Salgado una cierta desdramatización del plan de recorte del gasto público, valorado en 50.000 millones de euros (la misma cantidad que el Gobierno ha gastado en el plan E de estímulo a la economía), recorte cuya traducción más significativa será la reducción en términos reales de los salarios de los funcionarios, hasta la fecha tratados con cuidadoso guante de seda por el Ejecutivo socialista. Para reforzar la solvencia del Reino, para evitar el naufragio en las costas de Grecia, Zapatero ha comenzado a pisar líneas rojas.

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Enero 30th, 2010 at 9:13 am

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Tiempos difíciles, gente seria, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

La historia del almacén central de residuos radioactivos es muy instructiva. El proyecto comenzó a gestarse bajo la presidencia de Felipe González, época en la que en España aún se adoptaban decisiones estratégicas. Un único almacén sería más seguro, facilitaría el funcionamiento de las centrales nucleares en vida y contribuiría a saldar la onerosa factura francesa, poco conocida por el gran público, pero clave para acabar de entender la pertinaz subordinación de España al enérgico dictado de París. No hay carpeta importante (política exterior, lucha antiterrorista, conexiones interpirenaicas, balance energético…) en la que Francia no se halle en posición dominante respecto a España.

Desde el fracaso del plan nuclear de Adolfo Suárez a finales de los años setenta, se habrán pagado unos 630 millones de euros por el almacenamiento en Francia (central de procesamiento de Le Hague) de los residuos generados por la extinta Vandellòs 1. A partir del 1 de enero del 2011, la prórroga del contrato costará 59.000 euros al día (21,9 millones anuales).

El proyecto esbozado en tiempos de González quedó paralizado durante las dos legislaturas de José María Aznar. El de Valladolid es un hombre de firmes convicciones -así lo repite cada cinco minutos-, pero también posee un fino sentido de la oportunidad.

Sabe lo que le conviene.

Tras los idus de marzo del 2004, la idea fue retomada, con verdadera pasión, por el ministro de Industria José Montilla. El ex alcalde de Cornellà llegó al paseo de la Castellana con muchas ganas de demostrar que era un abnegado gestor. Los proyectos difíciles no le asustaban y por Madrid comenzó a circular la leyenda del ministro insomne. Montilla dedicó horas a perfilar el nuevo almacén central de residuos. Se dibujó una estrategia y comenzó a esbozarse la hipótesis de Ascó, aunque este extremo es hoy negado por las fuentes oficiales. El municipio que acogiese el nuevo almacén sería bonificado con una asignación de 7,8 millones de euros durante 60 años, 700 millones de inversión, 500 empleos y un centro tecnológico de punta para la investigación del tratamiento de los residuos nucleares. Un atractivo proyecto para un ministro-alcalde.

Apenas entrenado, Montilla tuvo que regresar a Barcelona para consumar la defenestración de Pasqual Maragall, el plan favorito de José Luis Rodríguez Zapatero en la primavera del 2006. Y le sucedió otro alcalde. Un alcalde que no estaba para líos después del vía crucis del Fòrum de Barcelona. Cuando Joan Clos llegó al ministerio, mandó parar. (”Yo soy alcalde y sé lo que esto significa…”, aún recuerdan haber oído algunas paredes del número 162 del paseo de la Castellana).

Clos es hoy nuestro hombre en Turquía y el ministro Miguel Sebastián, el inquieto Sebastián, el valido Sebastián, ha mantenido el proyecto en sordina hasta que la crisis ha puesto en evidencia la factura francesa. Ahora todo son prisas.

Por un extraño cálculo, los socialistas confiaban en que Convergència i Unió les sacase las castañas del fuego. El alcalde de Ascó es convergente. Bastaba con dejarle hacer, apoyarle discretamente y remitir la polémica decisión a la “esfera municipal”. Con esa hoja de ruta (¿aún se dice así?), el Gobierno de la Nación, esto es, el Govern de la Generalitat, podía abrigar la esperanza de salir indemne del fregado. Un alto concepto de la Nación, sin duda, del que los magistrados del Tribunal Constitucional ya habrán tomado cumplida nota. Observe el lector que últimamente la política en Catalunya la hacen los alcaldes. Son los únicos que arriesgan.

Han sonado los previsibles tambores de guerra y la entera clase dirigente se ha asustado. Artur Mas no quiere sucumbir en el sur: se halla ante su tercera y última oportunidad. Mariano Rajoy dice que sobre este asunto no tiene opinión, y María Dolores de Cospedal, que quiere ser presidenta de Castilla-La Mancha, ha montado un sainete increíble con el municipio de Yebra (Guadalajara), también candidato al almacén.

Montilla tenía ante sí una oportunidad de oro (¿no es verdad Antoni Gutiérrez Rubí, perspicaz asesor presidencial?). Solo ante el peligro, podía haberse agigantado, desafiando las veleidades de una opinión pública que no quiere molestias, que está enfadada con todo, que no sabe lo que le pasa; que no se fía de la política y a la vez exige sólidos liderazgos. Era la hora de ser Pujol a lo grande. Era el momento óptimo para demostrar la seriedad en tiempos difíciles, pero el PSC ha tenido miedo a la ruptura del tripartito; ese zombi, ese muerto viviente, ese Valdemar de Edgar Allan Poe al que le espera un horroroso final.

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Enero 26th, 2010 at 9:10 am

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La trampa de tus ojos, de Enric Juliana en La Vanguardia

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CUADERNO DE MADRID

El niño sale del cuadro y da la bienvenida a un grupo de escolares en el palacio Strozzi de Florencia. Los adolescentes italianos son tan nerviosos como los de cualquier otro lugar del mundo, pero en vez de exclamar ¡jo, cómo mola!, aún dicen ¡guarda che bello!, meciendo la ele geminada. Primer apunte en la libreta: de una nación cuyos jóvenes no se avergüenzan de decir en voz alta que una cosa es bella hay que seguir esperando cosas buenas, por ásperas que sean las crónicas sobre el hombre que gobierna en Roma.

El niño del cuadro es catalán y también sabe pronunciar la ele larga, aunque sin tanto balanceo, sin dejarse ir, puesto que su creador nació en Puigcerdà, recio enclave carolingio. El niño que atraviesa el marco es la obra más conocida de Pere Borrell del Caso (1835-1910), pintor que tuvo sus más y sus menos con la Llotja de Barcelona y acabó fundando su propia escuela. El cuadro se titula Escapando de la crítica y este invierno preside en Florencia una aconsejable exposición sobre el arte del trampantojo. Ni que decir tiene que los italianos se lo pasan en grande, puesto que las astucias del trompe l´oeil les resultan muy familiares aunque su idioma, flexible y cordial con las palabras extranjeras, no haya generado un nombre propio para la vieja técnica del engaño pictórico. Lo dicen a la francesa manera, dejándose ir, meciéndose. En castellano les daría miedo. Trampantojo es el abrupto despertar de un noble visigodo que ha estado a punto de sucumbir al enredo. Es una palabra orgullosa.

El colosal palacio Strozzi además de alzarse como uno de los edificios más contundentes del Renacimiento es también un trompe l´oeil. Es más grande que el palacio Vecchio de los Medici pero parece más pequeño. Sin una gran plaza enfrente, carece de la perspectiva necesaria para mostrar cuál llegó a ser la relación de fuerzas entre las dos familias más potentes de Florencia a finales del siglo XV. Los Strozzi, banqueros en Nápoles, tenían dinero más que suficiente para construir una mole imponente, pero los Medici, dueños del poder político, urbanizaban.

Luz y perspectiva son las claves del engaño pictórico.

Un saber antiguo. Un rudimentario conocimiento del circuito neuronal: nuestros ojos acaban viendo aquello que desean ver. El artista debe sugerirlo, propiciarlo, hacerlo inevitable. Se trata de resolver con gracia el frágil equilibrio entre la curiosidad y lo desconocido. Por eso el trampantojo entusiasma tanto a los italianos, pueblo en cuyo córtex cerebral está inscrito que las cosas acaban siendo aquello que parecen. Luigi Pirandello escribió algo al respecto.

En la psicología española, más que un entretenimiento, más que una ironía, el trampantojo es un reto: a ver si caigo en el engaño, a ver si soy capaz de descubrirlo. El engaño visual en España no es un juego filosófico, es una tensión. Una tensión perpetua.

El nudo argumental de la política española gira ahora mismo sobre la posibilidad de un trampantojo; de un espectacular trompe l´oeil a finales de año. Dentro de unos meses, las estadísticas comenzarán a enviar mensajes levemente positivos sobre la evolución de la economía. Primero será un ligero pálpito, después una señal más fuerte. En diciembre habrá indicios de un ligero crecimiento estadístico del producto interior bruto. El Gobierno lo sabe y por ello ha acentuado en las últimas semanas un cierto discurso pesimista. Andan con pies de plomo. Nadie puede acusar hoy a la vicepresidenta Elena Salgado de ser una mujer que se deje arrastrar fácilmente por el triunfalismo. Teresiana y taciturna, parece llevarse bien con la adversidad. El propio presidente del Gobierno transmite ahora mensajes de una mayor aceptación de la crisis, súbito realismo que desespera a los incondicionales que aún quisieran verle montado a lomos del pertinaz optimismo. Zapatero ha decepcionado a mucha gente, pero no es Mr. Bean. Señores, el Gobierno está preparando una astucia pictórica. Fíjense en el cuadro de Pere Borrell: a mayor oscuridad, más fuerza de la luz Más verosilimitud de la perspectiva. Más verdad. El niño sale del cuadro gracias al empuje que le proporciona la iluminación. Esa es hoy la estrategia de José Luis Rodríguez Zapatero, acuciado por las encuestas y por los deseos de su esposa de abandonar la Moncloa en 2012. Ha mandado apagar las luces del optimismo para que los datos positivos generen una mayor ilusión. Una ilusión óptica. Sí, los especialistas coinciden en señalar que esa previsible mejora difícilmente va a crear empleo, dada la gravedad de la avería del modelo económico español. Una falsa perspectiva, sí, pero el ojo humano siempre acaba viendo aquello que desea ver, mientras el pincel del artista sea hábil con el juego de la luz y las sombras.

La sensación de que estamos saliendo del marco oscuro será el gran tema, cuando ya se haya despejado la embarazosa incógnita catalana y se avecinen las elecciones locales y autonómicas. ¿Una ilusión imposible en una sociedad aparentemente poco dada a los juegos teatrales de Pirandello? No caigamos en el tópico. España también es un país de trampantojos.

Ya para ir acabando, observe el lector estos otros contrastes en el fondo del lienzo: somos antinucleares, pero acaba de estallar una competición por el cementerio de residuos radiactivos; sentimos repugnancia ante la palabra discriminación, pero la mayoría sabe que en Vic late una verdad; vivimos en uno de los países más descentralizados del mundo (dicen), pero sus poderes se excitan como una damisela ante un ratón cuando un alcalde intenta salir del cuadro. Escapando de la crítica.

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Enero 24th, 2010 at 9:09 am

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Encapotados, de Enric Juliana en La Vanguardia

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Cuaderno de Madrid

El tablero se mueve a favor de Rajoy, pero la crisis de la patronal CEOE resta profundidad a su avance

Hace en Madrid un tiempo de perros. Cuando no nieva, cae una lluvia diminuta y helada. Una llovizna insidiosa. Han desaparecido los cielos velazqueños y todo es color panza de burro. Todo es Ministerio. Sin ese azul intenso visitado al atardecer por unas nubes de pálido algodón, sin ese azul sedoso, allá en el Campo del Moro, la ciudad Estado es de una tristeza infinita. Una tristeza áspera y eficaz.

Madrid debió de ser un lugar espantoso en invierno de 1940 (el de 1939 fue terrible). Un frío de posguerra ha tomado los anocheceres y han vuelto los rumores. Los rumores tozudos, los rumores que perforan el cuadro existente. Crece la sensación de que un tiempo se acaba. De que los socialistas se la van a pegar. Raúl del Pozo, que escribe la mejor columna de la prensa madrileña –una columna chula, bien adjetivada y esculpida con una navaja que aún siente cierto respeto por la Política–, sostiene, voluntarioso, que Zapatero aún no está muerto. Del Pozo, que fue maestro de escuela en la periferia de Barcelona durante el Alto Porciolato antes de conocer París y recalar en el café Gijón, debe de ser el único periodista de Madrid convencido de que el presidente aún tiene salvación. La crisis y el fulgor de tantas navajas que le han perdido el respeto afirman lo contrario. Dicen que no. Que no. Zapatero tiene un mal frame y George Lakoff, el inventor de los famosos marcos mentales que tanto entusiasman al PSOE versión Leira Pajín-Jesús Caldera, será su perdición. Un ignoto profesor Moriarty (¿quién será?) ha introducido en la red la venenosa metáfora de Mr. Bean. El frame ha dado la vuelta el mundo. Ha perforado las páginas del China Daily y ha regresado con una encuesta bajo el brazo que dice que tras la muerte anunciada del tripartito catalán podría venir la derrota socialista en Andalucía. Un jaque capaz de convertir la izquierda española en un nuevo y catastrófico Partido Socialista Francés. Es posible, sin embargo, que Del Pozo, con esa envidiable escritura capaz de describir la Catalunya de hoy como un castillo gótico en el acantilado, esté en lo cierto. Aún tiene baza Zapatero. Mejor dicho, aún tiene suerte. El fatídico cerco al que se halla sometido presenta un fallo estructural. El Partido Popular se ha quedado sin el apoyo aéreo de la patronal. Los manuales dicen que lo más temible en España es la huelga general. Y aciertan. Una huelga contundente en los servicios públicos puede herir de muerte a un Gobierno desgastado, pero una buena inteligencia entre patronal y oposición también es temible. Amarrado a UGT, Zapatero sabe que no tendrá huelga general. El estrepitoso derrumbe de la cúpula patronal se lo ha confirmado en Navidad. Noqueado Gerardo Díaz Ferrán por los graves problemas de sus empresas, la CEOE es hoy incapaz de combatir en campo abierto, de manera que pronto asistiremos a la firma de un remedo de pacto social. Será un pacto sin grandes cambios en las normas laborales, conforme al veto sindical. La CEOE navega al pairo, mientras su capitán afronta la aparatosa caída de Air Comet. El Gobierno, maquiavélico –como es su obligación–, no le quiere tumbar. Los sindicatos, tampoco. Y de las filas del empresariado de Madrid no parece surgir una buena alternativa, lo cual es un dato revelador: Esperanza Aguirre, claramente derrotada por Mariano Rajoy en los laberintos del PP, se está quedando sin alféreces. El Gran Madrid, endeudado hasta las cejas, también sufre la fatiga del metal. Por ahí podría contraatacar el PSOE. Esa es la Idea. Intentar la reconquista de Madrid en plena tormenta, antes de que Rodrigo Rato reorganice desde Caja Madrid las alianzas económico-financieras del baluarte central. Una contraofensiva dificilísima que exigiría el talento estratégico de Vicente Rojo, el general de ojos tristes que estuvo a punto de salvar la República. Demasiado para Leire Pajín. No tienen candidatos. Tomás Gómez, supuesto oponente de Aguirre, es muy flojo, y ningún socialista levanta cabeza frente a Ruiz-Gallardón. Algunos veteranos del PSOE sueñan despiertos: Alfredo Pérez Rubalcaba, candidato a la comunidad, y Javier Solana, candidato a la alcaldía. Una fantasía. Un movimiento audaz y arriesgado para evitar el derrumbe en las elecciones municipales y autonómicas del 2011 y la debacle definitiva un año después. La contraofensiva sería empujada por una reorganización ministerial en julio, una vez finalizado el fatídico semestre europeo. Rumor persistente: la abnegada María Teresa Fernández de la Vega abandonaría la vicepresidencia para dejar paso a José Blanco, figura en alza; tan en alza que algunos ya le imaginan como candidato alternativo a Zapatero si la crisis no mengua en el 2010. Rumores de Madrid, donde cada mañana nacen cien conspiraciones y apenas dos siguen vivas a medianoche. Hace un frío de mil demonios, los cielos velazqueños han sido secuestrados y las nubes panza de burro sólo dejan ver, a lo lejos, un castillo gótico en el acantilado. Allí comenzará el nuevo ciclo. La película de la década.

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Enero 17th, 2010 at 9:07 am

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¿No nos quiere Carolingia?, de Enric Juliana en La Vanguardia

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LA PRESIDENCIA ESPAÑOLA DE LA UE

José María Aznar intentó convertir España en una segunda Gran Bretaña: relación privilegiada con Washington, tensión con Carolingia (París y Berlín), mal rollo con Marruecos (como consecuencia del movimiento anterior), buena amistad con los euroescépticos del Este (checos y polacos, preferentemente) y entente cordial con Berlusconia. Miami era la cabeza de puente y Florida, el modelo inmobiliario, digo económico, a seguir.

El 11-M desbarató la reconversión británica de España y la fenomenal crisis financiera del 2009 ha congelado los alegres palmerales de la ibérica Florida.

José Luis Rodríguez Zapatero llegó al Gobierno de sopetón y con tres ideas: regresar a Carolingia, escenificar el enfrentamiento con el Lado Oscuro de la Fuerza (el Washington de ayer) y seguir disfrutando las mieles de Florida (condición indispensable para poder llevar a cabo el movimiento anterior sin riesgo de descalabro).

La crisis lo está alterando todo. El mundo es otro. Preside Washington san Martín de Porres. Florida se ha evaporado. Y el problema vuelve a estar en Carolingia, porque en los últimos seis años Zapatero no ha dibujado un triángulo equilátero con París y Berlín. Es muy, muy, amigo de los franceses y no ha sabido sintonizar con los alemanes.

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Enero 13th, 2010 at 9:10 am

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El Milanesado, de Enric Juliana en La Vanguardia

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CUADERNO DE MADRID

El spumante no es tan bueno para la ducha como el champán francés, pero su elegante sequedad acompaña bien las ironías. Las finas ironías. Una copa de spumante, preferentemente de Asti (Piamonte), no se la vamos a negar al embajador italiano en España, Pasquale Terracciano, que estos días tiene motivos para la sonrisa -una leve sonrisa-, después de haber pasado un año de mil demonios.

La política italiana se reitera como una caricatura de sí misma. La máscara del hombre que gobierna en Roma ha dado varias veces la vuelta al mundo hasta alcanzar el paroxismo en diciembre con esa lacerante imagen de un rostro ensangrentado por las agujas góticas de la catedral de Milán. Un atentado en miniatura. Un desequilibrado empujado a la acción por la furia mediática. Algo parecido podría ocurrir en España, al paso que vamos.

En Italia ya sucedió hace sesenta años, con tintes más dramáticos. En verano de 1948, en los albores de la guerra fría y con el país todavía en ruinas, un fanático azorado por la tensión política le pegó tres tiros al dirigente comunista Palmiro Togliatti a la salida del Parlamento. El Tour de Francia evitó la insurrección obrera. Gino Bartali, el gran rival de Fausto Coppi, conquistó el maillot amarillo y Togliatti pidió calma por radio desde la cama del hospital.

Ha sido un mal año para nuestros vecinos mediterráneos. El prestigio del made in Italy se está resintiendo. Este es un dato fundamental. La marca que abre puertas en todos los mercados del mundo es la clave de la unidad civil italiana en estos tiempos en los que no se sabe muy bien qué es una nación en el magma imperial europeo. Esa pérdida de prestigio tendrá consecuencias políticas a medio plazo. En un envidiable ejercicio de independencia, el Tribunal Constitucional ya ha dicho no al blindaje judicial del primer ministro.

En Madrid, sin embargo, se siguen publicando disparates sobre un inexistente retorno de Italia al fascismo. Un juicio ideológico erróneo, envuelto en la capa de la hidalguía. La novedad es otra. El 2009 se ha cerrado con un inesperado crescendo de la influencia del capitalismo italiano en España. Como el lector recordará, la cadena Telecinco, controlada empresarialmente por el hombre que gobierna en Roma, acaba de hacer pública la compra del canal Cuatro y del 22% de la plataforma Digital Plus.

Todo empezó en los años ochenta. El multimillonario milanés fue invitado a participar en el despliegue de la televisión privada en España gracias a la mediación del líder socialista Bettino Craxi ante su homólogo Felipe González. Craxi -más tarde acusado de corrupción y exiliado voluntariamente en Túnez, donde murió- se había convertido en el gran protector del hombre que desafiaba el monopolio de la RAI, granítica fortaleza de la Democracia Cristiana. El desembarco de Mediaset fue completado, años más tarde, por la entrada del grupo milanés De Agostini en Antena 3. La televisión privada en España lleva sello italiano. Los directivos Maurizio Carlotti y Paolo Vasile, ambos hijos de Mediaset, son las dos personas que más han influido en la reconfiguración de la cultura popular española.

Los milaneses también poseen el diario que tanto se esforzó para echar a González del poder. El grupo Rizzoli, propietario del Corriere della Sera, el gran periódico de la burguesía italiana, controla El Mundo. En la Via Solferino de Milán, Rizzoli sindica a los principales nódulos económicos del norte, con Fiat en proa. (Cesare Romiti, antiguo consejero delegado de Fiat, nunca perdonó que Felipe González, bien conectado con Alemania, propiciase la entrada de Volkswagen en Seat; mejor dicho, nunca perdonó que Fiat perdiese la gran red comercial de Seat en España.)

Y milaneses, o formados en Milán, son los directivos (Andrea Brentan, Luigi Ferraris…) que la eléctrica Enel, propiedad del Estado, ha enviado a Madrid para tomar el control de Endesa, la principal empresa española de energía, que antes que catalana debía ser alemana, pero que, como todo el mundo sabe, acabó siendo italiana.

Una copa de spumante a la salud de Francesco Sforza, que dio marcha al ducado de Milán antes de que lo conquistasen los españoles en el siglo XVI. El condottiero debe de estar echándose unas risas en la tumba.

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Enero 10th, 2010 at 10:07 am

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El Rey llama a España a prepararse para amenazas “complejas e inciertas”, de Enric Juliana en La Vanguardia

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LA CRÓNICA

El avispero de Afganistán sobrevuela la celebración de la Pascua Militar

Si España fuese un país serio, el gran tema del día sería el creciente esfuerzo del Estado para mantener un mínimo consenso social sobre la presencia militar en el avispero de Afganistán, el peligroso desfiladero en el que sucumbieron el Imperio Británico y la Unión Soviética. Ese fue ayer el principal acento del discurso del rey Juan Carlos en la celebración de la Pascua Militar. “Junto a los riesgos y amenazas tradicionales para la paz y la seguridad, han surgido otros capaces de causar daños indiscriminados. Así, debemos estar preparados para afrontar, de manera dinámica, amenazas complejas e inciertas”, dijo el Monarca en clara referencia al terrorismo yihadista, clave del conflicto afgano.

En la medida en que España sólo es un país serio en días alternos -en el mejor de los casos-, resulta muy probable que el foco acabe centrándose hoy en los pantalones que lució la ministra de Defensa en la citada celebración. Por segundo año consecutivo, Carme Chacón volvió a interpretar los límites del protocolo -previa consulta a la Casa Real-, moderando esta vez la intensidad del maquillaje, optando por un peinado más convencional y matizando contrastes. En términos militares podríamos decir que la ministra corrigió el tiro sin abandonar la trinchera. De haber acudido con falda al Palacio Real, hoy estaríamos hablando de rendición incondicional. Tenaz y siempre con el gesto muy estudiado -quizá demasiado-, Chacón sobrevivió al telediario de las tres.

Vayamos a lo serio. Occidente se la juega en Afganistán. Después de casi nueve años de ocupación, los progresos en la edificación de un Estado mínimamente democrático y autónomo del fanatismo islamista son muy escasos, por no decir que inexistentes. La Administración que preside Hamid Karzai, el hombre que luce las mejores túnicas de seda de Oriente, se ha demostrado corrupta, ineficaz y tramposa. Karzai apenas gobierna más allá de los muros de Kabul. El país sigue anclado en la edad media, el cultivo de opio no conoce límites y al amparo de sus beneficios el talibán ha recuperado prestigio e influencia ante los jefes tribales, verdaderos señores del país. El talibán acecha. Combates, escaramuzas y atentados son cada vez más numerosos, con el consiguiente incremento de muertos y heridos en las tropas de los 37 países de la misión Isaf.

Afganistán comienza a rimar con Vietnam y ese no es el mensaje que los gobiernos occidentales vendieron a sus electores. No es una misión de paz. Es una misión de guerra, de guerra latente, de guerra intermitente, pero de guerra. En el sondeo del Instituto Noxa publicado el pasado fin de semana por La Vanguardia, un 60% de los encuestados se pronunciaba por la retirada de tropas de Afganistán. José María Aznar se metió en el infierno de Iraq con el 80% en contra. ¿Le queda a José Luis Rodríguez Zapatero un margen de 20 puntos?

Azuzado por los republicanos que le acusan de blando ante la amenaza terrorista, el presidente norteamericano, Barack Obama, exige una mayor implicación europea. España enviará 500 soldados más en el 2010 y otros 19 países de la Isaf también han comprometido más tropas. El próximo día 28 de enero una conferencia internacional convocada en Londres tratará de redefinir la estrategia occidental. Se pretende acelerar la formación y adiestramiento de un ejército afgano fiel al oficialismo, que permita evacuar cascos azules en los años venideros. En febrero de 1989, retirado el último hombre del Ejército Rojo al otro lado del río Amu Daria, los oficiales afganos que se mantuvieron fieles a los rusos fueron ahorcados por el talibán en las farolas de Kabul.

Afganistán no está para muchos eufemismos. La ministra Carme Chacón evitó ayer las dulces referencias a la paz del primer zapaterismo y reconoció sin ambages que la misión afgana es muy peligrosa. “Es la misión más dura, más compleja y más arriesgada en las que han participado las fuerzas armadas españolas en veinte años de labor en el exterior”, dijo.

El Rey reforzó su alerta con otra apelación: concienciar a la sociedad de que la política de Defensa es parte de la cultura democrática, “estrechando los vínculos entre la sociedad española y sus fuerzas armadas”.

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Enero 7th, 2010 at 9:12 am

¿Ha muerto Sepharad?, de Enric Juliana en La Vanguardia

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CUADERNO DE MADRID

Jordi Pujol dice que Salvador Espriu ha fracasado. Y un viento gélido azota los cipreses del cementerio de Arenys de Mar, donde el poeta está enterrado. Un invierno plúmbeo se cierne sobre la bella Sinera, que desde hace años se sabe condenada a la ingratitud y al olvido. El edicto es tajante: ¡Espriu ha fracasado!

Cuando quiere hacerse oír, Pujol primero provoca y después matiza. Matiza y nos dice que lo que en realidad ha fracasado es Sepharad, que no es una princesa oriental, sino el nombre hebreo de España y de la entera península Ibérica desde la edad media. Sepharad encarna el mito de la España reconciliada en La pell de brau, el libro de poemas más famoso de Espriu (no el mejor, según Xavier Bru de Sala, el más documentado de sus críticos), editado por primera vez en abril de 1968. Sepharad es una idea en verso:

Sempre que goso mirar el meu cor i el seu esglai veig l´estesa pell de brau vella Sepharad

El mito de Sepharad ha fracasado, nos dice Jordi Pujol, tras tomar nota de las más airadas reacciones españolas al editorial de los doce diarios catalanes en defensa del Estatut, un texto amistoso -claro, pero amistoso-, que apelaba implícitamente a Sepharad, sin necesidad de citar los más azucarados -¿e ingenuos?- versos de Espriu, un hombre que fue muy poco dado a la dulzaina.

Diversos són els homes i diverses les parles i han convigut molts noms a un sol amor

Sepharad ha fracasado, afirma Pujol apuntando a los federalistas, extraña raza de pingüinos desde que don Estanislau Figueras constatase en 1873 que la Primera República iba camino del manicomio.
(”Estoy hasta los cojones de todos nosotros”, proclamó Figueras antes de dimitir y coger billete para París). Y envía un mensaje cifrado a los suyos. Les dice que, por ahora, no se dejen tentar por las ofertas de pacto español. Ofertas que serán golosas y, si es necesario, hablarán catalán en la intimidad.

En aquest escenari de Sepharad, pengem de fils que mouen secretes mans i puntegem al pulcre ball del parrac

Y les recuerda -Pujol a los suyos- que los buenos tiempos que Convergència i Unió puede estar acariciando después de seis años años en el desierto sólo serán posibles desde una reubicación sociológica, puesto que el país está inflamado. Si en los ochenta el centro catalanista oscilaba entre el utilitarismo, la fe sincera en Sepharad y una mínima ensoñación por la independencia, hoy, ese campo central parece situarse entre el crónico enfado y una creciente fascinación por el tan manido Adéu, Espanya del poeta Joan Maragall. ¿Cuántos grados se ha desplazado el centro de gravedad? Nadie lo sabe a ciencia cierta. He ahí el misterio que decidirá, quizá por mucho tiempo, el largo empate entre socialistas y convergentes, con las consiguientes repercusiones, de importantísimo calado, en la política española. Pujol advierte el riesgo.

Ara sortim del recer al camp ras, al perill, i enceníem focs de guaita en la nit

Sepharad ha fracasado, también parece decir la encuesta que publica este domingo La Vanguardia.Un abismo comienza a separar a catalanes y españoles en asuntos de alta sensibilidad. (Y algunos ingenuos descubrirán hoy que es en el País Vasco donde tienen más ganas de que al Estatut le peguen un buen hachazo). Hay que rendirse a la evidencia. Sepharad no ha podido convertirse en una única esfera, en una nueva comunidad de sentimientos, confirmando al Espriu más sombrío.

Dèiem: ´Hivern de Sepharad hem de donar senyoria a la foscor i al glaç´

Y, sin embargo, ¿ha muerto Sepharad? Un poeta anterior a Espriu, el portugués Fernando Pessoa, habló de una península y tres naciones. Radicalmente adverso a la unicidad (con sus seis o siete heterónimos, era él y otros muchos), Pessoa escribió fantasías confederales que en los últimos años -¡paradojas de Iberia!- han tenido buena prensa en Madrid. Pessoa imaginó Sepharad sin darle nombre, sin precisar su forma, pues esta sea, quizás, la sustancia más real de su existencia. Una hipótesis necesaria a la vez que inalcanzable. Una metafísica.

(Pujol acaba elogiando “el espíritu honesto y la energía moral” de Espriu. No está de más recordarlo, puesto que algún patriota del morro fort podría interpretar que la consigna es otra. Que es hora de enterrarlo por segunda vez, ignorando que sin clásicos no hay nación).

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Enero 3rd, 2010 at 10:09 am

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