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José Luis Rodríguez de Asís, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

A la espera de que Jordi Balló nos ilustre en el suplemento Cultura/s sobre la evolución de la escenografía zapaterista en tiempos de crisis (el profesor Balló tiene una especial habilidad para interpretar los actos de la política como piezas de un guión cinematográfico), la entrevista concedida por el presidente del Gobierno al primer canal de TVE el lunes por la noche merece una breve glosa.

Fue un acto penitencial. Con miradas y gestos de dolorida contrición, el pecador reconocía, por fin, la más grave de sus faltas: el no haber admitido a tiempo la gravedad de la crisis económica.

Fue una comparecencia tan bien estudiada que obliga a mencionar a los dos Migueles (Miguel Barroso y José Miguel Contreras), los consejeros áulicos que mejor conocen la clave narrativa de José Luis Rodríguez Zapatero: el voluntarismo por encima de todo. No dijo nada nuevo, pero envío señales nuevas. Admisión del error (la magnitud de la catástrofe ya no acepta otra actitud), cierto arrepentimiento, buena voluntad, sobre todo buena voluntad, liturgia pactista (”Esto sólo lo arreglamos entre todos”, reza la costosa campaña impulsada, entre otros, por Javier de Paz, amigo personal del presidente), garantía de protección social (”El aumento del IVA servirá para pagar el seguro de paro”). Y señales de desgaste físico.

El presidente compareció con un leve maquillaje que apenas disimulaba las ojeras. Las famosas cejas esta vez no fueron subrayadas. Un hombre fatigado y doliente ante el peligro. Cuatro sillas y tres entrevistadores que apretaron las tuercas sin amoratar al reo. Nada de sofás, ni sillones. Una humilde sencillez. La Moncloa transformada en un convento de la orden franciscana. Un cuadro de Zurbarán. ¿Fue sincera la puesta en escena? Mejor dicho, ¿resultó creíble José Luis Rodríguez de Asís?

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Marzo 10th, 2010 at 8:11 am

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Zurbano, calle sin salida, de Enric Juliana en La Vanguardia

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LA CRÓNICA

España y la crisis

El laberinto en el que se halla José Luis Rodríguez Zapatero no tiene salida por la calle Zurbano. El elegante palacete de Madrid donde nació Fabiola de Mora y Aragón, reina consorte de Bélgica durante 33 años, ha sido escenario en las dos últimas semanas de una negociación entre teatral y verídica sobre la crisis económica en España. Algo nuevo ha surgido, sin que se sepa muy bien exactamente qué.

Las conversaciones de Zurbano han dado cierta satisfacción a la demanda del Rey de un mayor clima de acuerdo entre los partidos; han apuntalado mínimamente la credibilidad del estamento político (erosionada por unos índices de desconfianza que superan la cota del 70% en las encuestas), sin aportar soluciones estructurales a la pavorosa avería del aparato productivo español. En Zurbano sólo ha habido coincidencias. Nada que se parezca a los pactos de la Moncloa de 1977.

Y esas coincidencias nadie sabe cómo van a ser empaquetadas. La brega de los próximos días girará en torno al embalaje de los acuerdos parciales alcanzados. El Gobierno quiere un gran paquete con lazo rosa institucional ante una nube de fotógrafos. El primer partido de la oposición exige que cada coincidencia se remita en sobre aparte (basta con un modesto sobre de oficina) al Congreso de los Diputados.

José Blanco ha hecho un buen trabajo escenográfico en el palacete de los Mora y Aragón, hoy propiedad del Ministerio de Fomento. Blanco es, de manera indiscutible, el nuevo capitán de la tropa zapaterista. Está llamado a conducir la difícil operación de salvamento del joven grupo dirigente que tomó las riendas del PSOE en el 2000. Blanco es el único de los nuevos oficiales que está demostrando verdadero talento político en las horas más bajas de la Nueva Vía (nombre que adoptó la corriente renovadora de Zapatero).

El ministro de Fomento ha intentado encerrar al Partido Popular en un programa de televisión titulado Los pactos de Zurbano. El palacio era el mensaje. Un nuevo espacio, desconocido por el gran público, en el cual interpretar la partitura exigida por el Rey y deseada por el sentido común de la inmensa mayoría (”si las cosas están tan mal, que los políticos se pongan de acuerdo”). En paralelo a la ronda de conversaciones en el burgués barrio de Almagro, una fundación encabezada por Javier Gómez Navarro, presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio y ministro con Felipe González, y Javier de Paz, antiguo secretario de las Juventudes Socialistas, empresario de éxito e íntimo amigo del presidente Zapatero, lanzaba una de las campañas de publicidad más intensas de los últimos años en España. Con un único e impactante eslogan: “Esto sólo lo arreglamos entre todos“.

El PP, que siempre ha temido la innegable maestría de los socialistas en el arte de la propaganda, no podía huir de Zurbano. Ya quedó claro en el debate económico celebrado en el Congreso de los Diputados, el 17 de febrero, cuando el empuje retórico de Mariano Rajoy quedó varado en las arenas pactistas de Convergència i Unió y del Partido Nacionalista Vasco.

El centroderecha español no podía huir del elegante palacio de Zurbano y ha acudido de mala gana. De tan mala gana que incluso en la calle Génova tuvieron que advertir a su portavoz económico Cristóbal Montoro que moderase el sarcasmo ante la prensa, Montoro vive un buen momento personal: la vida le sonríe, la crisis le da la razón y Manuel Pizarro, el boyardo aragonés que aspiraba a ser la voz económica del PP, ha acabado renunciando al escaño. Montoro está estos días convencido de haber roto la táctica envolvente de Blanco.

Todavía temerosos de la encerrona, en el PP consideran que Zurbano les ha ido bien, en la medida en que han podido transmitir sus planteamientos alternativos: la rotunda oposición a la subida del IVA y la creación de un nuevo contrato de trabajo con costes de despido más proporcionales, por ejemplo. “Lejos de quedar atrapados por la táctica del PSOE, las negociaciones en Zurbano nos han proporcionado un potente altavoz para explicar a la sociedad que no somos un partido sin alternativas que se limita a esperar el desgaste del Gobierno”, señalan en Génova. El forcejeo, sin embargo, no se ha acabado. El PP se opondrá en los próximos días a que los acuerdos parciales alcanzados (reducción del IVA en la rehabilitación de viviendas, reducción de los plazos de pago de las administraciones y los particulares, reactivación de los créditos del ICO…) sean presentados con gran prosodia. Exigirá su tramitación inmediata. Y, entre tanto, ha buscado distraer la atención del personal lanzándose al ruedo taurino como el Partido Castizo de España. Un pescozón a los catalanes siempre tonifica a las derechas españolas. Les gusta. Les pone. Son así.

¿Qué le ha fallado al Gobierno? ¡La comunicación!, responde al unísono el coro socialista. La estudiada escenografía de Zurbano se ha visto estropeada por un nuevo episodio de incongruencia gubernamental, esta vez referido a la posible congelación del sueldo los funcionarios, anuncio que la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, ordenó rectificar, de manera tajante, a la vicepresidenta segunda, Elena Salgado. El ala oeste de la Moncloa está que echa humo y Zapatero se ha visto obligado a reclutar al director del diario Público, el veterano periodista Félix Monteira, como nuevo secretario de Estado de Comunicación.

El mayor rédito de Zurbano lo ha conseguido, por ahora, Convergència i Unió. Las propuestas acordadas en casa de los Mora y Aragón llevan su sello, acentúan su dimensión centrista, la refuerzan como opción de gobierno y no le van a suponer ningún desgaste, puesto que en estos momentos sus responsabilidades ejecutivas son escasas. Reducir el plazo de pago de las administraciones públicas a 30 días es prácticamente imposible, pero quienes en Catalunya deberán dar explicaciones a los empresarios serán José Montilla y Antoni Castells (que también echan humo).

Y por último, aunque no lo último, CiU ha configurado estos días un verdadero comité de enlace con Blanco y Zapatero. El cerco al PSC se estrecha. “Gambito de caballo en Zurbano“, también podría ser el título de esta crónica de situación.

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Marzo 7th, 2010 at 8:07 am

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Freud & Maquiavelo, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

Un amigo portugués  una vez me advirtió que el continuo análisis de la política conlleva el riesgo de atribuir un exceso de inteligencia o astucia a los actores de la misma, cuando todos sabemos cuán importante es la carambola en la vida humana. Esta sabia apreciación de Gabriel Magalhães debiera ser esculpida en el frontispicio de la actual confusión española.

Otro amigo portugués, Carlos Magno, sostiene que la política tiene una constante dimensión irracional, razón por la cual pidió ayuda a un psiquiatra para poner en marcha un programa de radio con un título tan bueno que resulta imposible no pedirlo prestado: “Freud & Maquiavel”.

No le demos más vueltas. Lejos de obedecer a unos cálculos fríos y perfectamente enrevesados, la política española es hoy una gran improvisación. Improvisa el Gobierno, improvisa la oposición, e improvisan los dos partidos que estos días se mueven con más inteligencia sobre el tablero: CiU y PNV (por este orden), verdaderos artífices de la interesante coyuntura que comenzó a fraguarse ayer, con mucha prosopopeya, en el madrileño palacio de Zurbano.

En el principio fue el verbo. El verbo pactar. Lo conjugó inicialmente Josep Antoni Duran Lleida, el más orgánico portavoz del mercantilismo mediterráneo, ese instinto que los catalanes llevamos inscrito en los genes y que tantos recelos provoca en los más antiguos pliegues de España (pactar es ceder; el mercadeo es propio de judíos). Recelos dignos del freudiano diván.

Y el verbo se hizo titular a cinco columnas el día que el Rey le insufló vida. El Monarca no es levantino, pero está seriamente preocupado por el porvenir, puesto que dispone de muy buena información sobre la evolución real de la economía. Don Juan Carlos sabe que aún no hay luz en el fondo del túnel, digan lo que digan las voluntaristas previsiones del Gobierno, periódicamente corregidas a la baja por la terca realidad. (El último informe de coyuntura de Funcas, dirigido por el economista Ángel Laborda, rebaja en medio punto las tenues previsiones de recuperación para los años 2010 y 2011. El Banco de España apunta en la misma dirección).

El verbo se hizo posibilidad y José Luis Rodríguez Zapatero, el más grande improvisador de la política española (atención al libro El Maquiavelo de León, retrato en tonos crudos, muy crudos, que acaba de publicar el periodista José García Abad), cogió la pelota al vuelo, descolocó a Mariano Rajoy en el Congreso y comenzó a empujar -de nuevo- al PP fuera del campo.

El de Pontevedra ha tardado una semana en reaccionar (¿qué nos diría Freud al respecto?) y, entre improvisación e improvisación, ha dispuesto una táctica para mantenerse con un pie dentro del círculo pactista y otro en el furor de la calle, que va creciendo, pese a la admirable paciencia de la gente que menos tiene.

La reunión de ayer en Zurbano fue de tanteo. Hubo mucha comedia puertas afuera. Al final habrá algún tipo de pacto, porque los partidos no pueden decepcionar radicalmente a la sociedad. El Rey ha elevado el listón y los sondeos comienzan a mostrar registros escalofriantes sobre la desconfianza de la gente en el actual estamento político.

Zapatero necesita el pacto, ni que sea mínimo, para atenuar la confusión que producen los vaivenes del Gobierno (el inútil desmentido de ayer de la segura congelación del sueldo de los funcionarios). Y Rajoy pactará siempre que pueda proclamar que las medidas acordadas ya fueron propuestas en su día por la oposición. Por ahí va el forcejeo.

Será interesante observar a Duran, que ayer se distanció de Zapatero. CiU quiere subrayar que la baza catalana vuelve a ser suya. Intrínsecamente suya. Maquiavélicamente suya. Freudianamente suya.

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Febrero 26th, 2010 at 8:08 am

Realismos, de Enric Juliana en La Vanguardia

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CUADERNO DE MADRID

Hoy vamos a hablar de la política politizada. De la política en sí misma, sin aditivos metafóricos, que en Madrid, si te descuidas, te pueden conducir más allá de los límites de un razonable costumbrismo. Por tanto, sólo diré que el día era ayer espléndido, el cielo velazqueño, y que este fin de semana Madrid parece una gran ciudad europea (una vez al año no hace daño), entregada a cinco ferias de arte y a doscientas exposiciones en la órbita de Arco.

Al grano. El debate del miércoles en el Congreso de los Diputados ha introducido importantes modificaciones tácticas en el tablero. Es del todo falso que el debate no haya servido para nada. Como también es falso que el mensaje del Rey en favor de un amplio acuerdo haya quedado en agua de borrajas. Falso. El mensaje de don Juan Carlos se ha instalado en el centro del ágora y no es previsible que se mueva de ahí mientras dure la crisis. Con una interpretación republicana del artículo 56 de la Constitución, que le atribuye la función de moderar y arbitrar, el Monarca ha reactivado el mito que dio forma a la restauración democrática de 1977: el consenso como método para vivir mejor y no volver a las andadas. Conviene recordarlo.

Portugal vivió tres años antes, en 1974, un corte brusco con el pasado. España, no, en parte como consecuencia del inesperado golpe democrático portugués. Un putsch que asustó a Washington al ver soldados de la OTAN con claveles rojos en la boca de los fusiles y cómo Angola y Mozambique pasaban a la órbita soviética. A mitad de los años setenta, todo el flanco sur de la OTAN estaba en riesgo. Portugal, España, Italia y Grecia. ¿Curioso, no? Los países que ahora inquietan a la ortodoxia monetaria alemana. Los PIGS tan denostados por la prensa anglosajona. Países con economías hoy muy endeudadas, porque resolvieron (cada uno a su manera) las contradicciones de la Guerra Fría mediante una acelerada propulsión del bienestar material. Consenso para vivir mejor y no volver a las andadas. Ese es el mito fundacional de la democracia española y su vigencia explica por qué las palabras del Rey han sido tan bien acogidas por la gente de la calle. Todos los líderes políticos lo saben.

El debate del miércoles en el Congreso giró, por tanto, alrededor de un único eje: el pacto. General o parcial; verdadero o simulado. Y se movió el tablero. Como consecuencia del regio mensaje, por la innegable astucia táctica del PSOE (que no desea un acuerdo de máximos, que le obligaría a adoptar una impopular política de severidad y sacrificios), y por la inteligencia operativa de Convergència i Unió, que ha decidido convertirse en el partido del Rey mientras aún se celebran consultas soberanistas en tierra carolingia. Catalunya siempre ha sido un país irónico. Bueno, eso del partido del Rey es una exageración. CiU ha calibrado correctamente la debilidad objetiva de Rodríguez Zapatero y ha decidido generar una nueva coyuntura política española para llegar a las elecciones catalanas en plena forma: con la bandera mítica del consenso, con el respetable estandarte de la gobernabilidad, con el apreciado banderín del sentido común y con la posibilidad de arruinar a Zapatero -dejándole solo- antes de las decisivas elecciones locales y autonómicas de 2011, en las que la socialdemocracia española se jugará su futuro a quince años vista.

Sin el gesto de CiU (rápidamente secundado por el PNV, que ya abrió camino apoyando los presupuestos generales del Estado de este año), Zapatero habría salido destrozado del debate del miércoles. Desdibujado el semestre europeo, vulnerable en el exterior (la deuda pública se está colocando bien, pero pueden surgir nuevas turbulencias), bloqueado en el interior, tenso con los sindicatos, castigado por las encuestas (índice de desconfianza del 76%), y con el prestigio literalmente carbonizado en la vasta España central, el presidente se ha salvado gracias a la dialéctica del pacto, que el PP hostigará con prudencia, si Mariano Rajoy mantiene la sangre fría.

Estamos ante lo que los italianos llaman una decantazione. Un tránsito. Una dinámica espera. Una búsqueda de tiempos mejores, que Zapatero ha encargado a un singular triunvirato. Su composición (Elena Salgado, José Blanco y Miguel Sebastián) preanuncia cambios en el Gobierno (¿en noviembre, tras las elecciones catalanas?) y nos explica que una de sus funciones principales será la de actuar de comité de enlace con CiU. ¿Por qué nos lo explica? Porque hay dos ausencias. En el nuevo estado mayor del zapaterismo no están ni la vicepresidenta primera María Teresa Fernández de la Vega, ni Celestino Corbacho, ministro de Trabajo, en teoría necesario en toda negociación sobre la crisis. De la Vega es la interlocutora habitual del presidente José Montilla y Corbacho forma parte de la dirección del PSC. Comunicaciones cortadas con el Palau de la Generalitat y con la calle Nicaragua. (”¿Houston?, ¿Houston? Responda, Houston…”). Maquiavelismo leonés. Gambito de caballo que convierte al PSC en el definitivo eslabón débil. En la pieza a sacrificar. Y el lector perdonará, porque al final se han escapado unas metáforas.

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Febrero 21st, 2010 at 8:11 am

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El clítoris, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

El día amaneció keynesiano  en Madrid. Cielo cubierto, lluvia, frío y un acalorado debate en las ondas sobre el precio de los estímulos. Bajando en taxi a las ocho de la mañana por el paseo de la Castellana, la gran noticia eran los 26.000 euros que el Ministerio de Igualdad pagará por un estudio titulado Mapa de inervación y excitación sexual en clítoris y labios menores. Ha salido publicado en el Boletín Oficial del Estado y ayer lo pillaba el Abc, sin prestar mucha atención a la letra pequeña, a la orientación médica (genitoplastia) de tan llamativo encargo gubernamental. Llovía, el cielo era una panza de burro y las radios iban a cien con Bibiana Aído.

Los estructuralistas franceses nos enseñaron que todo tiene que ver con todo. Que no hay una separación estricta entre los textos que conforman el relato del mundo. Que la realidad no está organizada en secciones como las páginas de los diarios. Que una anécdota puede llegar a ser la más penetrante de las noticias políticas. Que la ruptura de un relato tiene efectos retrospectivos: cuando un espía es desenmascarado, toda su vida pasa a ser leída como una sucesión de traiciones; cuando un Gobierno no se aclara, todos sus tropiezos son reclasificados como grandes errores de Estado. En Madrid no tienen Centro de Cultura Contemporánea, pero la idea del estructuralismo la han captado. Todo tiene que ver con todo.

Después de seis años de continua embestida, la derecha madrileña ha logrado deconstruir el zapaterismo. Le ha dado la vuelta al relato gubernamental de las bondades socialdemócratas, presentando al presidente como el único y exclusivo responsable del desbarajuste sintáctico que amenaza con dejar a España sin sentido. Zapatero, culpable; Zapatero, culpable; Zapatero, culpable; Zapatero manirroto, deficitario y subvencionador de tonterías. Zapatero, libertino; Zapatero, disparate; Zapatero, dimisión. Esta es la gramática de la vasta España central y Mariano Rajoy es prisionero -posiblemente a su pesar- de tan potente sintaxis.

Rajoy conocía de antemano que el presidente se iba a amarrar -con cautela- al mensaje del Rey en favor del pacto. El líder de la oposición también sabe que el jefe del Estado no ha sido manipulado por el Gobierno, como sostienen algunos zapadores de la derecha. Don Juan Carlos, 72 años recién cumplidos, está muy preocupado y ha querido enviar una señal fuerte a la política, introduciendo un matiz voluntarista al neutro papel de la monarquía constitucional. La mayoría de la gente le ha entendido y le apoya. El Rey cae bien.

Rajoy lo sabe, pero no puede alejarse del zócalo duro. No podrá hacerlo mientras las encuestas sigan diciendo que su liderazgo suscita tanta desconfianza como el del presidente. Esta es hoy la estructura profunda de España: crisis de caballo, fragilidad en el exterior, bloqueo político interior, desconfianza general, un calendario electoral atroz para cualquier programa de reformas, un exceso de periodismo bucanero y, a falta de populismo, un cierto triunfo de la vulgaridad: el clítoris subvencionado compitiendo en portada con el temido spread (diferencial) del bono español respecto al bono alemán, es decir, con la clave de la solvencia financiera del Reino de España.

Vestido de azul Génova, Rajoy hizo un buen discurso de entrada. Duro, durísimo en algunos de sus pasajes, pero sin faltar. Un texto bien trabado, que respondía con inteligencia a la oferta de pacto y concluía con una estocada un tanto arriesgada: que el PSOE se saque de encima a Zapatero. Con decirlo una vez bastaba. Rajoy cometió el error de repetirlo y su adversario le respondió con la pregunta más desarmante del día: “¿Por qué no presenta una moción de censura?”

El presidente hizo honor al año Camus. Llego al Congreso vestido de existencialista francés (corbata burdeos sobre camisa y traje gris) y con aires de humildad franciscana. Al de León, sin embargo, la va la brega. Le gusta. No la sufre. Y sigue siendo muy ágil en el campo de maniobras. No es un entusiasta del pacto de Estado, porque si fracasa le va a crear un nuevo problema de prestigio en el exterior. Y seguramente lo teme: si Rajoy entrase en el juego buscando la entente con Josep Antoni Duran Lleida y Josu Erkoreka, podría ser una trampa mortal para el PSOE. Pero ha decidido correr el riesgo. Quiere casarse con CiU.

Duran, con la anuencia de Artur Mas (¿y la de Jordi Pujol?), ha transformado el grupo parlamentario de Convergència i Unió en el “partido del Rey”, en la formación que en estos momentos mejor expresa y articula el mensaje monárquico, hace unos días aplaudido por Josep Lluís Carod-Rovira. ¡Caray con Catalunya! Hace dos meses parecía al borde de la secesión. Hoy, Macià y Cambó van del brazo. En Madrid ya no entienden nada.

Duran hizo el discurso de un vicepresidente económico. Resulta evidente que está trabajando para el día después de las elecciones catalanas y en el PSOE todo son parabienes. Ya no hay disimulo. Los diputados del PSC callan -hay tristeza en su mirada- y se palpan la cartera. El “partido del Rey” les ha birlado su mejor lema de los últimos años (Temps difícils, gent seriosa).

Conclusión: Zapatero se halla en el peor de sus momentos, pero no es el Gordon Brown español; aún no está irreversiblemente derrotado. Rajoy lo tiene todo a favor, pero no es David Cameron, el primer ministro en espera.

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Febrero 18th, 2010 at 8:08 am

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El llamamiento del Rey al pacto sube el listón del debate Zapatero-Rajoy, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ESPAÑA Y LA CRISIS

El Congreso de los Diputados celebra hoy el debate político más importante de la legislatura. Más importante, quizá, que la propia sesión de investidura. Hoy se va a discutir, de verdad y sin mucho margen para el ilusionismo o el subterfugio, sobre el futuro inmediato de España. Sobre la deriva de España.

Forzado por la oposición y obligado por la objetiva gravedad de la crisis, a José Luis Rodríguez Zapatero no le ha quedado más remedio que acudir al Parlamento para dar nuevas explicaciones. Adiós al espejismo del semestre europeo. La dura realidad se impone. El presidente pondrá a prueba su mermada credibilidad (índices de desconfianza que oscilan entre el 71% y el 76%) en un momento en el que el inesperado enfermo de Europa (España) se halla bajo observación internacional. Hay tiburones en la costa.

El líder de la oposición, principal promotor de la comparecencia, tampoco lo tendrá fácil, porque Mariano Rajoy registra unos índices de desconfianza similares a los del presidente. Y porque las dimensiones del ring han sido modificadas en fecha reciente. El marco es distinto del inicialmente imaginado por los estrategas de la calle Génova de Madrid.

Lo ha cambiado el Rey. Con su público llamamiento en favor de un gran pacto contra la crisis -mensaje que ha hallado un fuerte eco en una opinión pública sobrecogida-, el jefe del Estado ha subido el listón del debate. El súbito movimiento del Monarca, perfectamente ajustado al artículo 56 de la Constitución, que le otorga la función de moderar y arbitrar, ha subrayado la gravedad del momento (circunstancia que molesta al Gobierno) y ha elevado el precio que pagar por una eventual bronca parlamentaria sin conclusiones (circunstancia que inquieta a Rajoy e irrita al zócalo duro de la derecha, que nunca ha sido muy juancarlista).

Zapatero y Rajoy tienen hoy menos margen para el monólogo. Ambos habrán de emplearse a fondo para justificar ante la sociedad la falta de entendimiento. Consciente de ello, Zapatero podría hoy mover ficha y ofrecer a la oposición un marco institucional para la negociación de un eventual pacto de Estado. En el equipo de Rajoy se sospesaba ayer esta posibilidad.

Entretanto los dos partidos principales quieren ganar tiempo. El PSOE confía en que dentro de unos meses una ligera mejora de los indicadores económicos le permita apuntalar el voluntarioso discurso gubernamental. Discurso que en manos de Leire Pajín, pizpireta secretaria de organización socialista, podría devenir un acontecimiento prodigioso: estaríamos saliendo de una crisis en la que nunca entramos. Más allá del ilusionismo, Zapatero tiene como segundo objetivo (el primero es difundir el optimismo) fijar la idea de que la izquierda siempre será garantía de un ajuste menos traumático. Y un pacto de Estado siempre suele ser sinónimo de alta cirugía. ¿Cómo encajar ambos mensajes?

El líder del PSOE se esforzará hoy en transmitir una tercera idea: es el PP quien huye del consenso. Los socialistas pretenden convencer a los españoles de que la derecha goza secretamente con la crisis. Cuanto peor, mejor.

El equipo de Rajoy, asesorado por el sociólogo andaluz Pedro Arriola, considera que el tiempo es hoy su mejor aliado. La crisis acabará desangrando a Zapatero. Los populares son conscientes de que dentro de unos meses habrá algunos indicadores positivos, pero saben que la creación de empleo tardará mucho. Ese brote apenas germina. Negro es el horizonte, pero Rajoy está hoy obligado a quitarse el sambenito de inmovilista. Intentará convertir el debate en una suerte de moción de censura, propondrá medidas, y deberá estar atento a las propuesta de pacto que muy posiblemente le lanzará Zapatero.

En la clave de la bóveda, Convergència i Unió. Josep Antoni Duran Lleida fue el primero en hablar de pacto de Estado. Vuelven los catalanes con sentido común, dicen en Madrid. Vuelve el seni (sic). La centralidad es suya: Temps difícils, gent seriosa. Duran hoy será solicitado.

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Febrero 17th, 2010 at 8:07 am

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¿Los pactos de la Zarzuela?, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

Los reiterados gestos del Rey en favor de un amplio acuerdo contra la crisis económica han levantado cierta marejada en Madrid. Nada nuevo en una ciudad que se excita muy fácilmente. El activismo del Monarca no ha acabado de sentar bien al Gobierno y ha provocado molestias de diferente intensidad en el vasto campo de la oposición: irritación en el zócalo duro de la derecha y una soportable incomodidad en Mariano Rajoy, el imperturbable.

Don Juan Carlos no ha hecho otra cosa que autorizar a Ramón Iribarren, nuevo jefe de prensa de la Casa Real, a dar publicidad a los contactos que viene manteniendo con distintos protagonistas de la vida económica del país. Agenda pública, más una apelación al pacto en un discurso pronunciado el pasado miércoles en un discreto acto institucional. Nada más que eso. El globo del pacto de Estado se ha hinchado solo, porque hay mucho helio acumulado en el centro de la política española. El centro español -la centralidad, que decimos los catalanes con tono italianizante- está hueco. Apenas hay nada en su interior. Sólo gas. Gas y desconcierto.

Ese mismo gas también ha inflado el pacto ofertado hace una semana por Josep Antoni Duran Lleida. El asunto apenas fue tratado en la comisión ejecutiva de Convergència i Unió. Duran efectuó una declaración casi de trámite y el mensaje se agrandó de inmediato. Y de qué manera. En CiU aún están sorprendidos de la facilidad con la que han robado la cartera al atribulado PSC. “Temps difícils, gent seriosa”.

Es muy sencillo: el Rey ha dicho lo que la gente sensata -que en España aún sigue siendo mayoría- quiere oír. El centro está vacío y el jefe del Estado lo ha sobrevolado.

No servirá de nada, sostienen los más pesimistas. Falso. El gesto tendrá recorrido. En ajedrez, los movimientos del rey siempre acarrean consecuencias: frenan, inducen, condicionan, bloquean. El movimiento de don Juan Carlos ha recordado a los españoles que la monarquía no se ha ausentado, en una época en la que las élites tienden a huir de los problemas de la gente. Y ha dejado en cueros a la política politizada. Hoy en España no es el rey el que va desnudo.

PSOE y PP no desean el pacto. Es evidente. Ambos quieren ganar tiempo. El Gobierno aún cree que podrá recuperar la iniciativa cuando comiencen a registrarse datos positivos en la estadística económica. Y la oposición espera a que la crisis, que pronto se verá acentuada por algunas noticias muy poco agradables sobre la verdadera salud de algunas cajas de ahorro, desangre al presidente de la ceja partida.

Zapatero y Rajoy, lastrados ambos por unos índices de desconfianza ciudadana (entre el 71 y el 76%) que dan vértigo, tendrán menos margen a partir de junio, cuando finalice el semestre europeo. La tenaza se va cerrando: o cogestión de la crisis, o electoralismo desenfrenado. El movimiento del Rey intercepta la gestión abusiva del tiempo por parte de la política y plantea cierta dificultad al electoralismo. Obliga a los dos grandes partidos a concretar. A ceñirse. Algo de eso veremos mañana en el debate de política económica en el Congreso, casi a la misma hora en la que el Monarca será recibido por Barack Obama en la Casa Blanca.

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Febrero 16th, 2010 at 8:09 am

El impulso sádico, de Enric Juliana en La Vanguardia

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CUADERNO DE MADRID

José Andrés Torres Mora mira por uno de los ventanales del tercer piso del Congreso, y al otro lado de los visillos puede verse un país cada vez más asustado por la gravedad de la crisis: el Rey, moviéndose y pidiendo unidad con un tono que evoca los alarmantes años setenta; el Gobierno, medio noqueado; los dos partidos principales, enfrentados a muerte y con miedo a quedar atrapados entre la ira de la gente y la llamada al orden del jefe del Estado. Desorientación general y un calendario político atroz. Cualquier intento de reforma deberá sortear en los próximos meses los espesos comicios de la nación catalana (¿junio?, ¿octubre?); las elecciones sindicales: los aparatos de UGT y Comisiones Obreras en silenciosa pugna, miles de liberados sindicales (gente de más de 50 años en su mayoría) jugándose el modo de vida; la nerviosa renovación de unos ayuntamientos al borde de la quiebra; cabildos insulares y jugosas diputaciones forales en el aire; más la lucha a brazo partido en trece comunidades autónomas endeudadas hasta las cejas. Este es el horizonte.

El diputado Torres Mora mira por uno de los ventanales de la tercera planta del Congreso y ve la crisis de otra manera. Dice observar, velada por el cortinaje, la arrogancia de las élites sociales españolas. “¿Quién es esa gente que vive bien y pide tantos sacrificios abstractos a la gente? ¿Qué les impulsa a pedir con tanto ahínco un grito de dolor?”.

Hijo de un peón y de una limpiadora que emigraron a Alemania en los años sesenta, el sociólogo José Andrés Torres Mora (Málaga, 1960) es uno de los ideólogos de esa realidad líquida a la que llamamos zapaterismo. Es amigo personal del presidente del Gobierno (fue su jefe de gabinete en el tiempo de oposición), habla a menudo con él e intenta transmitirle consejos sin formar parte de la estructura monclovita. Torres Mora es diputado de a pie.

Infantería cualificada. Torres forma parte del círculo presidencial, en el bien entendido de que Rodríguez Zapatero parece estar reñido con todas las figuras geométricas de naturaleza estable. Armado con su teléfono móvil, el presidente modifica a diario la forma y las dimensiones de su entorno. Es de perímetro incierto la actual corte de la Moncloa. Un día estamos a partir un piñón con los sindicatos y alentamos que el líder ugetista Cándido Méndez sea bautizado como el cuarto vicepresidente,y a la mañana siguiente se manda recado al liberal Miguel Boyer (fuentes cercanas a Boyer certifican que el tanteo existe, pero aún no se ha concretado). Zapatero es una perfecta criatura del sociólogo polaco Zygmund Bauman, padre de la realidad líquida, una de las grandes metáforas de nuestro tiempo. Un planeta líquido, extraño e insondable, que años atrás ya imaginó otro polaco, el escritor Stanislaw Lem, en la novela Solaris.

Torres Mora más bien se inclina por el profesor Julio Carabaña, catedrático de Sociología que fue su maestro en la Universidad Complutense de Madrid, y por el sociólogo norteamericano Charles Wright Mills, que en 1956 escribió un libro de largo recorrido, El poder de las élites.Las élites españolas, sostiene Torres Mora, están siendo seducidas por un impulso fetichista: el sacrificio ritual para conjurar la crisis, el deseo abstracto de que la gente sufra como redención de los pecados del sistema.

- ¿Sugiere usted que un impulso sádico guía a los poderosos?

- Podría definirse así, efectivamente. Estudiando a fondo las encuestas del CIS, cruzando datos de estatus económico y simpatía política, he podido comprobar que la sensación de malestar y desazón se ha disparado a mucha mayor velocidad entre los propietarios con estudios universitarios que votan al centroderecha. Los asalariados sin estudios universitarios orientados a la izquierda, que fueron los primeros en verse perjudicados por la crisis, están más tranquilos, su malhumor va menos acelerado.

- Tiene cierta lógica. Cuando mejores son las expectativas, mayor es la desazón cuando vienen mal dadas.

- De ahí la idealización del sacrificio. El dolor como conjuro. – Eminentes economistas con los que la izquierda simpatiza certifican que España no saldrá del atolladero sin serios recortes. El Nobel Paul Krugman incluso ha sugerido una rebaja salarial del 25 por ciento.

- Hay que buscar soluciones, sin duda alguna. Y algunas de esas soluciones serán dolorosas, por supuesto. Lo que yo denuncio es la deriva ideológica y sentimental de este tiempo de crisis. Esta absurda sacralización del dolor. El encumbramiento del fetichismo, la búsqueda ansiosa de una salida, en vez de admitir que las crisis se atraviesan, aprendiendo de ellas.

- El Gobierno parece haber lanzado la propuesta de jubilación a los 67 años para calmar la ansiedad de los compradores de deuda pública española.

- ¿No querían un grito de dolor? Pues ahí lo tienen.

- Crece la desconfianza en Zapatero hasta índices nunca vistos.

- El presidente sabe adónde va. Lo ha demostrado esta semana ante los parlamentarios socialistas. No quiere ser ni blando ni duro, quiere ser pacífico. Pero esa idea no es fácil de transmitir. Zapatero no tiene hoy quien le escriba.

- ¿Aguantará?

Torres Mora asiente lentamente con el mentón. Muy lentamente.

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Febrero 14th, 2010 at 8:10 am

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Carta a un amigo extranjero, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

En resumidas cuentas  esto es lo que nos pasa: tras unas Navidades tranquilas, el Tesoro necesita pedir prestados 200.000 millones de euros. Y comienzan a llegar a Madrid inquietantes mensajes de desconfianza. Recelos. De la prensa anglosajona y, de manera más discreta, de las autoridades alemanas, que también están preparando la colocación de su deuda.

Hay que calmar a los posibles inversores, porque el déficit apremia. El 24 de enero, el presidente se reúne con los líderes sindicales y les expone la idea de diferir la jubilación a los 67 años y de endurecer el cómputo de las pensiones. Hay discusión y los dos jefes sindicalistas salen casi convencidos de que le han frenado.

El presidente va a Davos. Es su primera vez y no quiere acudir con las manos vacías. El Gobierno filtra el plan de demora de la jubilación. Sentado entre el primer ministro de Grecia y el presidente de Letonia, dos países en ruina, el presidente anuncia un plan de recorte del gasto de 50.000 millones de euros. Arranca el torbellino. Asustado por la velada amenaza de los sindicatos (huelga general), el Gobierno trastabillea y da medio paso atrás. Se hunde la bolsa, mientras el presidente reza junto con Obama. El país siente vértigo. La desconfianza en el presidente alcanza un registro casi irreversible en las encuestas (-76%). La oposición le obliga a comparecer ante el Congreso. Los nacionalistas catalanes proponen un pacto de Estado, mientras en Madrid surge el rumor de un Gobierno de unidad nacional entre izquierda y derecha que marginaría a los nacionalistas. El líder de la oposición aguarda a que el desgaste sea mayor y esconde sus cartas. El presidente intenta ganar tiempo. Ha prometido a los inversores extranjeros un recorte de 50.000 millones que exige mano dura en municipios y autonomías. Y sólo falta un año para las elecciones locales y regionales. Se comienza a hablar, por lo bajo, de recortes en la sanidad pública, joya del modesto Estado de bienestar español. Un escalofrío recorre la espalda de la gente que conoce la situación real del país. Acabo de recibir un correo con un argumentario del Gobierno: “Tenemos un rumbo para España”.

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Febrero 10th, 2010 at 8:11 am

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Gambito de caballo, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

España y la crisis. Los movimientos parlamentarios

A la gente le ha cambiado  la cara desde que ha oído hablar de la jubilación a los 67 años y de un nuevo cómputo de las pensiones. Esta es la novedad más verdadera. La fatídica señal está dada. Todos ya sabemos que nos espera una vejez espartana.

Algo ha cambiado y las más recientes encuestas lo reflejan: la desconfianza en el presidente del Gobierno ha subido del 71% al 76%, una cota jamás alcanzada en democracia. En Madrid, que es una fábrica de ingeniosas crueldades, ya circula el dicho de que el número de gente que hoy aprueba la política de José Luis Rodríguez Zapatero apenas supera a los que creen que Elvis Presley sigue vivo y que el hombre jamás pisó la Luna. “Hay una campaña para demonizar a Zapatero”, exclama José Blanco, mientras ensaya gestos de hombre de Estado, gestos de hombre quizá llamado al recambio.

Hay que tener en cuenta el triste tañido de las pensiones, ese súbito cambio de humor, para desmenuzar a partir de ahora los intríngulis de la política politizada: el movimiento de trincheras, el juego de astucias, las declaraciones y contradeclaraciones, los gestos, las puestas en escena…

Bajo esa perspectiva, Convergència i Unió acaba de realizar un movimiento inteligente. Entre un socialismo grogui y una derecha que tiene miedo a defender medidas antipáticas, existe un evidente espacio central que Artur Mas y Josep Antoni Duran Lleida no podían tardar tiempo en ocupar. Hubo ayer un simple movimiento de peón, secundado por los vascos: petición de comparecencia de Zapatero en el Congreso y una escueta retórica sobre la disponibilidad de CiU al pacto si la política económica es corregida.

Es lo de siempre y es novedad. Zapatero está hoy más apurado que Felipe González en 1993. La vieja guardia socialista que aún cree posible evitar la debacle ya no se lo calla. Están esperando a que CiU gane las elecciones catalanas y retome la presidencia de la Generalitat para negociar un pacto de estabilidad. “Es la única manera de salvar la legislatura”, dicen.

Zapatero se ha visto forzado a acudir al Congreso, con alto riesgo, esta vez. Mariano Rajoy también deberá moverse. Deberá concretar. El PP oscila entre el eficaz tremendismo de sus numerosos propagandistas -una verdadera máquina de picar carne- y un cimbreo táctico que no acaba de cuajar en la grácil figura de María Dolores de Cospedal: en sólo cinco días ha hablado de elecciones anticipadas, de moción de censura y de dimisión del presidente.

Alerta ante la apertura catalana, la derecha más dura y apostólica juguetea con la hipótesis de un gobierno de unidad nacional, idea que gusta al guerrismo jacobino. Oiremos hablar de ello en las próximas semanas.

Más ajedrez. Ocupando el centro mientras suena la canción triste de las pensiones, CiU también dificulta el afán de José Montilla para constituirse en único capitán de la gente seria de Catalunya. Los de la calle Còrsega sueñan de nuevo con la jugada que más gustaba a William Faulkner. El gambito. Que los socialistas acaben sacrificando Catalunya para salvar el resto de la partida.

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Febrero 9th, 2010 at 8:11 am

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El presidente en su laberinto, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ESPAÑA Y LA CRISIS

Doscientos mil millones de euros. Esa era la tabla de salvación, le dijeron al presidente cuando el cielo comenzó a encapotarse. 200.000 millones de euros era el margen de endeudamiento del que disponía el Reino de España en la primavera del 2008, sin infringir el tercer mandamiento de la Ley del Euro (”tu deuda pública nunca superará el 60% del producto interior bruto”). 200.000 millones de euros son veinte puntos de la riqueza estadística española. Son una cifra cabalística: 33,3 billones de las antiguas pesetas. Son la soga que hoy acaricia el cuello de José Luis Rodríguez Zapatero.

Con la cuerda en el pescuezo, pero con los pies todavía sobre el inestable estrado, el presidente ha roto el séptimo sello: en las últimas semanas ha ido a buscar la opinión y el asesoramiento de Miguel Boyer, ministro de Economía en el primer gobierno de Felipe González, liberal conspicuo (aunque partidario de Keynes), odiado por los guerristas y valedor de la política económica del aznarato. Boyer ha accedido a dar consejos, a cambio de no aparecer públicamente en el consejo de sabios de la presidencia del semestre europeo junto con Felipe González, Jacques Delors y Pedro Solbes. El teléfono móvil de Zapatero no da abasto. Otros veteranos del PSOE de los ochenta están siendo consultados. Cada vez se encargan más papeles a la denostada vieja guardia.

John Maynard Keynes, adalid del gasto público. ¿Cuánto Keynes cabe en la actual tribulación española? Esa es la cuestión. Solbes y Miguel Ángel Fernández Ordóñez se llevaron las manos a la cabeza cuando fueron informados del festival keynesiano que buena parte del círculo de confianza de Zapatero (Miguel Sebastián, Elena Salgado, José Blanco…) teorizaba como respuesta a la crisis en el 2008. Una España ejemplarmente socialdemócrata recurriría a su saneada deuda pública para paliar los daños de la tormenta. Había paraguas para proteger a todos. O a casi todos. España iba a dar ejemplo. Solbes ya no creía en el aterrizaje suave e intuía que la factura del paro y la caída de la recaudación tributaria crearían un cóctel explosivo.

Más severo, el gobernador del Banco de España ya preconizaba cirugía de hierro (reformas estructurales, según el eufemismo de moda) antes del brusco colapso del ciclo expansivo. Atraído por el papel de héroe socialdemócrata en un mundo descuajeringado, entusiasmado por la victoria de Barack Obama en Estados Unidos y muy atento a los éxitos bonapartistas de su amigo Nicolas Sarkozy en Francia, Zapatero dejó marchar a Solbes, le retiró la palabra a Fernández Ordóñez y lanzó a los cuatro vientos el grito torero: “¡Dejadme solo!”.

Seducido por la visión heroica de la crisis, el presidente tomó el mando de la política económica en la remodelación ministerial de abril del 2009, colocando en la segunda vicepresidencia a una abnegada Elena Salgado que jamás le llevará la contraria. En el nuevo Gabinete nadie le lleva la contraria. Apenas hay debate en las reuniones del Consejo de Ministros: se dan los buenos días, se despachan los asuntos visados por los subsecretarios y hasta el próximo viernes. Sólo José Blanco se insinúa como una figura cada vez más autónoma, pero eso lo veremos más adelante. Arropado por María Teresa Fernández de la Vega y Salgado, dos mujeres entregadas en cuerpo y alma a la gestión gubernativa, dos estajanovistas que jamás fabularán con la posibilidad de desplazar al número uno, Zapatero ha llevado al extremo la sustancia presidencialista del régimen democrático español.

Casi un año después de la última remodelación ministerial, el andamiaje -mitad socialdemócrata, mitad bonapartista; mitad obamista, mitad caudillista- se está viniendo abajo ante la mirada entre atónita y escandalizada de una sociedad que ahora, cuando ha sonado la campana de las pensiones, comienza a hacerse una idea cabal de la profundidad de la crisis en España. Y Zapatero, socialdemócrata heroico, luce una bonita soga en el cuello.

Los costes del seguro de paro y del subsidio adicional, más la caída en picado de la recaudación del IVA, han perforado el escudo keynesiano que el ministro Miguel Sebastián, durante meses principal valido del presidente, creía irrompible. El ejercicio del 2009 se ha cerrado provisionalmente con un déficit público del 11,4%, que algunas fuentes sostienen que alcanzará el 12% cuando dentro de unos días se conozcan los datos definitivos. Un déficit griego. Un desvío de dos puntos que deja un agujero de 20.000 millones en las cuentas del Estado (sin sumar a esa cifra el preocupante y opaco desajuste presupuestario de las comunidades autónomas y ayuntamientos, en algunos casos al borde de la quiebra); un desastre que difícilmente podía pasar desapercibido en el circuito de poderes e intrigas también conocido como los mercados internacionales.

Desde que la revista británica The Economist publicó en noviembre del año pasado un número especial con el elocuente título de Spain, the party´s over (España, la fiesta se ha acabado), España se halla bajo sospecha en los circuitos de opinión anglosajones, en los que se ha acuñado el despectivo acrónimo PIGS (cerdos) para reunir en un mismo pelotón de sospechosos a Portugal, Italia, Grecia y España.

Lo de los PIGS duele. Zapatero está convencido de que hay una conspiración del conservadurismo anglosajón para desprestigiar el euro, tomando a España como cabeza de turco. El presidente lee las traducciones de The Wall Street Journal,el diario más inclemente con su gestión, y no puede pasar por alto que José María Aznar es asesor de News Corporation, el gigantesco grupo mediático de Rupert Murdoch, propietario del viejo e influyente diario de Wall Street. ¿Dan Brown en la Moncloa? ¿Una conjura neoconservadora para romper la constelación planetaria entre Obama y Zapatero? ¿Un movimiento de fuerzas oscuras para taponar la respuesta socialdemócrata a la crisis? Toda teoría conspirativa tiene sus fallos. Hay voces de izquierda entre los diagnósticos más severos de la crisis española Con un intervalo de pocos meses, Paul Krugman, premio Nobel de Economía y punto de referencia del pensamiento progresista, ha lanzado dos temibles avisos: ha advertido que los españoles deberían rebajarse el sueldo un 25% para salir del atolladero y que la situación de España puede ser más peligrosa para la Unión Europea que la de Grecia (mucho peor en términos contables) dada la mayor envergadura ibérica. La idea de que España es el nuevo enfermo de Europa se ha ido extendiendo como una mancha de aceite. Hoy existe consenso europeo sobre esa imagen. Yel vicepresidente de la Comisión Europea, Joaquín Almunia -ex secretario general del PSOE y durante años fiel escudero de Felipe González-, la remachó el miércoles parangonando España y Portugal con Grecia. En la Moncloa lo quieren estrangular.

El andamiaje heroico se está viniendo abajo. Desprovisto mde un vicepresidente económico con fuste y voz autónoma capaz de atraer sobre su cabeza los rayos de Júpiter, de la City, de la CEOE, de los sindicatos, de la prensa de Murdoch, de Aznar y de todo el Lado Oscuro de la Fuerza, la credibilidad de Zapatero, ya seriamente deteriorada por su retraso en la admisión de la crisis, se halla en estos momentos carbonizada.

Los españoles han dejado de quererle, aunque reconocen su talante conciliador. El último barómetro del CIS (enero del 2010) desvela un extraordinario rechazo: el 71% declara sentir poca o nula confianza en el presidente del Gobierno. Ni Suárez, ni González, ni Aznar nunca cayeron tan bajo. Sólo hay una persona que le supera. Mariano Rajoy, líder de la oposición, no inspira gran confianza al 76% de los encuestados. Esta es la deriva de España: cuatro millones de parados, déficit público al galope, problemas de solvencia agarrotando la emisión de la deuda pública, ausencia de horizontes y un estamento político bajo sospecha. Rumbo a las costas de Grecia, pese a la firmeza del banquero Emilio Botín pidiendo tranquilidad y confianza.

El escudo de los 200.000 euros y un liderazgo que buscaba la mímesis con Obama y Sarkozy se hallan desbaratados. Hay que recortar gastos y comienzan a emerger liderazgos paralelos como el del ministro Blanco anunciando el viernes, con voz severa, el guantazo a los controladores aéreos. Ya no es un secreto: el vicesecretario general del PSOE gana puntos como posible pieza de repuesto. Blanco lo desmiente, pero sus gestos lo confirman. Otras voces apuntan al vasco Patxi López, hoy en horas dulces.

Aturdido por la increíble gestión del futuro de las pensiones (un fallo en cadena de las dos vicepresidentas, que las deja desarboladas), por el deshilachamiento de la presidencia europea, por las encuestas y por el azimut de la prensa extranjera, Zapatero busca una salida al laberinto. Deriva griega o cirugía. Dos Minotauros le acechan: el descrédito irreversible y la huelga general.

DOCUMENTO COMPLETO DE LA REFORMA LABORAL DEL GOBIERNO www.lavanguardia.es/documentos

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Febrero 7th, 2010 at 8:11 am

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La estrategia del Gobierno contra la crisis, de Enric Juliana en La Vanguardia

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LA CRÓNICA

“Sabemos adónde vamos”

El Gobierno se esfuerza en transmitir seriedad en medio de su peor tormenta Reunión en la Moncloa con empresarios y sindicatos con dos lemas: reformas y consenso Tras el azaroso vaivén de las pensiones, Zapatero plantea una reforma laboral desnatada

Acaba de suceder algo inédito en la política española contemporánea. Por primera vez desde las turbulencias de 1980-81, que empujaron a Adolfo Suárez a la dimisión y al teniente coronel Tejero a la locura, el Gobierno ha tenido que salir a la palestra para pedir tranquilidad a la opinión pública. “Sabemos adónde vamos”, proclamó José Luis Rodríguez Zapatero de madrugada, a punto de salir de Washington. “Tenemos la fuerza y la energía para mantener el timón”, remachó la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, sobreponiéndose a su habitual cimbreo.

El Ejecutivo comenzó la semana con un grave quebradero de cabeza -el progresivo deterioro de la imagen de solvencia de España en los mercados financieros internacionales- y la concluye con el mismo problema multiplicado por dos. La Moncloa se tuvo que emplear ayer a fondo para transmitir que al Gabinete le queda fuste y capacidad de reacción.

Primer gesto de la jornada: guantazo a los controladores aéreos. El Consejo de Ministros aprobó un decreto ley por el que el Ministerio de Fomento reasume los mecanismos de gestión del tráfico aéreo, abriendo la puerta a la privatización de las torres de control de los aeropuertos. Una medida que nadie se había atrevido a adoptar desde que los controladores aéreos comenzaron a aprovechar los dolores de cabeza de Suárez en los vericuetos de la transición para obtener unos rendimientos salariales sin parangón en la administración pública española. El decreto ley -que incluye la posibilidad de encomendar el servicio al Ejército del Aire- ha sido publicado en un número extraordinario del Boletín Oficial del Estado y entró en vigor ayer mismo. El puñetazo sobre la mesa fue anunciado por el ministro José Blanco con un tono de firmeza que iba más allá del espacio aéreo de Fomento. Blanco encarnó ayer la autoridad gubernamental en vivo contraste con la dulzaina de los consensos. El tono del de Lugo viene a confirmar los numerosos comentarios que en Madrid señalan al vicesecretario general del PSOE como una de las posibles piezas de repuesto de Zapatero (la otra sería el lehendakari Patxi López), si el presidente llegase a final de legislatura sin el combustible necesario para evitar una debacle electoral de los socialistas. En el PSOE fulminan con la mirada a cualquiera que hoy ose plantear la caducidad de Zapatero, pero la gestualidad de Blanco ofreció ayer señales inequívocas.

Segundo mensaje: foto de urgencia con sindicatos y empresarios con una reforma laboral desnatada al fondo. De regreso de Washington, el presidente del Gobierno no le dio tregua al jet lag. No está España para siestas. La Moncloa convocó a empresarios y sindicatos para un primer coloquio sobre el documento de bases de la reforma laboral, aprobado por el Consejo de Ministros. Coloquio con comparecencias ante la prensa en el mismo palacio presidencial. Aún agobiado por los problemas de sus empresas, Gerardo Díaz-Ferran, presidente de la CEOE, evitó cualquier atisbo de beligerancia con el Gobierno. Más adustos, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, líderes de UGT y CC. OO., manifestaron su predisposición al acuerdo, toda vez que el documento de bases respeta, en principio, el conocido veto sindical al abaratamiento del despido y la creación de un nuevo modelo de contrato laboral. Propuesta sin aristas, después del errático vaivén gubernamental con las pensiones. “El Gobierno plantea reformas para los ciudadanos, no para los mercados”, dijo Zapatero, tensando el nervio socialista.

Tercer gesto: recado al comisario europeo Joaquín Almunia, ex secretario general del PSOE, que el miércoles parangonó España con Grecia (”la solidez del euro se ha defender desde todos los países y desde todas las instancias”) y toque a los británicos (”hay maniobras contra el prestigio del euro y todas vienen de un país con otra moneda”).

Por boca de su secretaria general, María Dolores de Cospedal, el PP sugirió ayer la dimisión de Zapatero. En sólo cinco días, el primer partido de la oposición ha lanzado tres mensajes: elecciones anticipadas, moción de censura y dimisión del presidente. Mariano Rajoy, galaico, como siempre, ha evitado suscribirlas.

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Febrero 6th, 2010 at 8:12 am

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