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Oposición desbocada, de Fernando Ónega en La Vanguardia

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TRANSBORDO, MONCLOA

El resumen político de la semana podría ser éste: Zapatero, cansado; la oposición, desbocada. La impresión sobre el presidente tiene dos orígenes: su aspecto físico, que ha perdido algo de lozanía, y su entrevista en TVE, donde un mal escenario para una conversación televisada agrandó la escasez del mensaje. El diagnóstico sobre la oposición está en la crónica diaria. Con razón o sin ella, el PP, alanceado por un buen acompañamiento mediático, se lanza sin piedad sobre cualquier suceso o declaración de ministro. Desarrolla una actividad destructora que no se había visto ni en los tiempos del “España se rompe”. Y presenta un panorama desolador del país que quizá esté en la base de la creciente falta de confianza social.

Ciertamente, los gobernantes les facilitan el trabajo. Es ya un tópico la facilidad con que se contradicen, como si estuvieran remando a favor del PP. Esta semana, además, pareció que regalaban parcelas de poder o de discurso. El ejemplo más notorio fue el bondadoso consejo de don Celestino Corbacho, que fue a caer justamente en lo que más recuerda la memoria colectiva de la despedida y cierre del felipismo: háganse ustedes un plan privado de pensiones. No está el combate político para esas bondades de intención.

Lo que ocurre es que, abierta la compuerta del ataque general, aparecen los incontrolados. Hay una carrera para ver quién es más duro, y la novedad de estos días es el paso de la pelea verbal a la acción en la calle. La recogida de firmas que se hizo en Catalunya contra el Estatut se quiere hacer ahora en Madrid contra el incremento del IVA. Quedará para la pequeña historia la llamada de la presidenta Aguirre a la rebelión -esa fue la palabra- contra el impuesto, en una arenga que recuerda la convocatoria del alcalde de Móstoles: ciudadanos, la economía está en peligro. Sólo le faltó pedir que no se cobre y no se pague el impuesto. Aguirre no es una outsider; es la representante del Estado en una comunidad autónoma, pero su prodigioso instinto electoral la lleva a comportamientos de rebeldía y motín en lo que afecta al bolsillo del contribuyente. A Rajoy no le queda más remedio que bailarle el agua, si no quiere resucitar conflictos de liderazgo.

Una mínima prospectiva de futuro sugiere que esto irá a más. Los sondeos indican que es rentable la destrucción de Zapatero. No ganan muchos votos, pero se los hacen perder al PSOE, y han empezado a recrearse en el mito de que las elecciones no se ganan, sino que las pierde el gobierno, como les pasó a ellos el 2004. Pasado el ecuador de la legislatura, nos espera una segunda mitad de asedio cruel. Nada que reprochar, desde el punto de vista de la estrategia y de las obligaciones de la oposición. Únicamente alguna duda: el anuncio de la hecatombe económica por la subida de impuestos, ¿no ahuyenta a los posibles inversores? ¿No contribuye a aumentar la desconfianza social? ¿No retrasa todavía más la salida de la crisis? Dios, ¡qué difícil es combinar el beneficio de partido y el interés nacional!

Ejemplo inglés

Que nadie espere que Rajoy explique con exactitud qué política económica hará si llega a gobernar. Se quedará en los aspectos genéricos positivos, ni un detalle más. Aprendió del líder conservador británico, James Cameron. Llevaba 20 puntos de ventaja sobre Brown. Ahora están empatados. ¿Por qué esa caída, si Brown tampoco se desveló como un genio? A Cameron se le ocurrió explicar lo que tenía pensado hacer…

A su tiempo

Que nadie espere tampoco que el mismo Rajoy pida un adelanto electoral, aunque esté convencido de que sólo él nos sacará de la crisis. Tiene su secreto, que se lo escuché a un influyente diputado del PP: interesa ganar en el 2012, cuando la economía empiece a salir a flote. Ponerse a gobernar ahora sería fracasar también ante la dimensión y profundidad de la crisis. No importan los gobiernos y sus medidas. Importa el calendario.

Primera víctima

Recogido en ambientes del gobierno: la Sanidad será la primera víctima del déficit público. Se renuevan pocos contratos laborales. No se contratan nuevos médicos ni enfermeros. Empieza a faltar personal sanitario en servicios de referencia. Y un ejemplo de dificultades, más elocuentes que las cifras del déficit del sector: hay hospitales de Madrid donde no se facilitan muletas a los escayolados.

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Marzo 13th, 2010 at 8:14 am

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Una cierta anarquía, de Fernando Ónega en La Vanguardia

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ESPAÑA Y LA CRISIS

Dan ganas de salir a la calle con una pancarta y pedir que alguien dirija esto, por favor. Por lo menos, que lo aclare. Que alguien marque unas reglas de juego, porque no se puede tener a un país como lo tienen: de sobresalto en sobresalto. Se asustó al ciudadano con la cotización a la Seguridad Social. Se alarmó a millones de funcionarios con la sugerencia de la congelación salarial. Y lo último es esa idea, felizmente retirada, del contrato juvenil que alguien llamó con razón “contrato de esclavitud”. Me refiero a ese plan surgido de la CEOE donde se quiere a jóvenes con menos del salario mínimo, sin cotizaciones, ni protección; lo que se llama un avance en justicia social.

Unas cosas han salido del Gobierno, que ofrece todos los síntomas de busca desesperada de una salida; la última, de un dirigente patronal, quizá contagiado del clima avinagrado que se vive en su sector, pues no hay nada más deprimente que una conversación con un empresario. Nada las une, salvo un detalle: este parece el país de los globos sonda, que se lanzan al aire a ver si alguien pica. Nada las vincula, salvo una evidencia: ya no se puede uno fiar de nada ni de nadie. No sabemos con qué intenciones se habla y se propone. Estamos en la anarquía de las propuestas.

Así asistimos a una carrera donde a las famosas improvisaciones del Gobierno se unen las alegrías dialécticas de los demás. Es la enfermedad de estos meses. Los temas serios, como el frenazo que supondrá el aumento del IVA, se quedan en la gresca de los partidos, sin nadie que lo lleve al Parlamento a un debate riguroso, con números y proyecciones. El lugar de ese debate es ocupado por las ocurrencias, que acaban dominando la escena nacional, en un clima periodístico propicio para atrapar al lector con lo estrambótico y lo surrealista.

Y lo peor no es eso. Lo peor es que vivimos en tal desbarajuste de ideas y propuestas, que todo resulta creíble. Si mañana alguien con cierto peso dice (tras tomar unas copas) que la comisión de Salgado, Blanco y Sebastián sugiere anular el Estado de las autonomías para corregir el déficit, adquiere carácter de gran noticia, se abre un debate, y la oposición encuentra un nuevo argumento de asedio al Gobierno. ¿Cuántas veces ha ocurrido algo así en esta legislatura? En un país normal, el oponente llama al gobierno y pregunta si es verdad. Aquí, como ni se hablan ni se creen, prefieren utilizar el infundio como arma de ataque.

Y miren ustedes: en todos los tiempos hubo ocurrencias más o menos ingeniosas, pero irrealizables; pero pocas veces se han convertido en el eje de la vida pública. ¿Y saben por qué ocurre? ¿Sólo porque este país está lleno de espontáneos? ¿Sólo porque nos gusta lo esperpéntico? No. Es que no existen puntos de referencia, de crédito y de respeto. Colectivamente hemos llegado a la convicción de que en España cualquier cosa es posible. Y la experiencia dice que lo es.

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Marzo 4th, 2010 at 8:13 am

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Vuelve el motor del cambio, de Fernando Ónega en La Vanguardia

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TRANSBORDO, MONCLOA

Y en estas, apareció el Rey. Yo diría que se le agotó la paciencia. Lleva no sé cuántos discursos pidiendo acuerdos, y es un predicador en el desierto. Reclamó consensos en su mensaje de Nochebuena, y no le hicieron caso. Volvió a insistir el jueves, y casi parecía un mendigo pidiendo la limosna de un pacto. En vez de encontrar un gesto positivo, casi ningún dirigente se dio por enterado. Era como si don Juan Carlos dijese frases de ritual, de una liturgia previsible, simplemente porque a la Corona se le supone la obligación de predicar la concordia.

Así que, con perdón, bajó de las musas al teatro y se ha convertido en motor del consenso. Feliz iniciativa, delicada ejecución. Si se queda corto en su capacidad de moderar, no faltará quien pregunte para qué está el Rey. Si se pasa un milímetro de sus funciones constitucionales, le acusarán de interferir la libertad de partidos y agentes sociales. Y si no hay éxito en este intento de propiciar, inspirar, alentar o promover un pacto, no será un haber en su hoja de servicios. El Rey nunca ha fracasado, al menos públicamente, ni debe fracasar en esta ocasión.

Es obvio que el Monarca no puede convocar ningún pacto; ni siquiera uno que se llame pacto de Estado.Pero sí puede y debe conocer la actitud de los posibles firmantes. Sí puede y debe crear clima de necesidad de medidas acordadas. Ysí puede y debe asumir las demandas sociales, que apuntan claramente a reclamar generosidad, diálogo y, como dice el propio don Juan Carlos, superación de intereses parciales o de partido. “El Rey no gobierna”, recordaba Llamazares. Cierto; pero empuja. Lo que hace es empujar un carro que por ahora sólo Duran quiso sacar del pantano.

Y que no se engañe el PSOE: las llamadas a la Zarzuela vienen a ser la confirmación de la emergencia económica que describimos algunos cronistas, denuncia el PP y desmiente el Gobierno de España. Si no estuvieran encendidas esas alarmas, Su Majestad no tendría por qué dar esos pasos. Queda confirmada su sensibilidad después de ver lo frágiles que somos ante el asalto de los especuladores; la pérdida de peso que denuncia la ausencia de Zapatero en la foto del rescate de Grecia; la cifra creciente y angustiosa de parados, o la ola de pesimismo que vuelve a inundar el país, a pesar de los primeros datos alentadores.

Y no nos engañemos. Pactar hoy no es sólo ponerse de acuerdo. Es cambiar actitudes y estrategias. Es decirle a Zapatero que no esté tan conforme con su política, porque acordar es ceder. Es pedirle a Rajoy que aparque su campaña para tumbar a Zapatero, esa que denunció José Blanco. Es decirle a Díaz Ferrán que 20 o 22 días de indemnización es poco para unos sindicatos no dispuestos a renunciar a conquistas sociales. Es explicarles a Méndez y Toxo que habrá que aceptar algún sacrificio. Y es volver al consenso, con lo bien que nuestra clase política vive en la crispación. Por eso, si el pacto sale, habrá que aplaudir a Su Majestad como si fuéramos Carod-Rovira. Como si fuéramos republicanos.

Rosa Díez

El fenómeno político del momento se llama Rosa Díez: líder más valorada por la sociedad. Los sondeos de partido dicen que puede dar disgustos en Madrid, las dos Castillas y alguna ciudad. No es seguro que entre en el Parlament de Catalunya. Pero ojo a lo que, según los sociólogos, más valora y entiende el ciudadano: ese discurso que dice que hay que devolver al Estado algunas competencias de las autonomías.

Récord

En las decenas de años que lleva el PSOE en la sede de Ferraz, su central telefónica nunca recibió tantas llamadas de militantes. “Un auténtico calentón”, describe un alto dirigente. Y todas por lo mismo: protestar sobre la política de pensiones. “Esto influye más en Zapatero que todas las opiniones que publica la prensa o un barómetro del CIS”, añade.

La décima

Lamento textual de un miembro del Gobierno: “Si a un náufrago le falta un centímetro para llegar a la orilla, no dice me ahogo, sino que piensa una brazada más, y estoy salvado. Si España está a una décima de salir de la recesión, este país no piensa que sólo falta un paso, sino que sigue en la postración. No decimos que sólo falta una décima, sino que todavía falta. Así no hay forma de superar la crisis. Ni siquiera de gobernar”. Tal cual. Lo malo es que tiene razón.

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Febrero 13th, 2010 at 8:09 am

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La emergencia, de Fernando Ónega en La Vanguardia

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LA ESTRATEGIA POLÍTICA DEL GOBIERNO CONTRA LA CRISIS

Digámoslo claro: la situación difícilmente puede ser peor. Conviene rezar al santo Murphy para que no se cumpla su ley, aunque inexorablemente se cumple. No vivimos una tragedia, pero sí una emergencia. Lo único de que presumió España en Davos (el endeudamiento) dejará de ser un orgullo en el brevísimo plazo de dos años: ¡subirá al 74 por ciento! Esta es la parte técnica de la jornada. La parte popular está en las jubilaciones, propongan o no propongan los 25 años para tener derecho a una pensión. Hay días en que asusta asomarse a las noticias. Me quedo corto: aterroriza. Y es que los disgustos van cayendo sobre la piel del país con la técnica del goteo, sin aviso ni preparación psicológica, pero con gotas que abrasan.

Ante ese panorama, les recomiendo que empiecen a coleccionar los recortes de prensa que recogen las actitudes de nuestra clase política: constituyen una antología del trampeo, del descaro, del oportunismo y la frivolidad. Debo aclarar que el Gobierno, al menos, conoce los datos del drama. Ya no está en el olimpo de la bondad infinita y la falta de patriotismo. Ya nota cómo el agua le llega al cuello y siente la asfixia de los brazos de la bancarrota. Aguijoneado por la tremenda realidad, está efectuando un viraje hacia soluciones que hasta ahora consideraba poco menos que como fachas. Empezó por la elevación de impuestos, siguió por la jubilación y desembocará mañana en la reforma laboral, ese concepto que no quería ni escuchar. A la fuerza ahorcan, queridos gobernantes.

Pero, diablos: no sé qué táctica utilizan, que nada se transforma en hechos. La ley de Economía Sostenible no acaba de nacer. La jubilación se queda en una propuesta, sometida a los vientos del trajín de partidos y sindicatos. La cotización desemboca en un desmentido. Y la reforma laboral también saldrá como propuesta. Se quiere convertir a España en un inmenso debate, más periodístico que otra cosa, sin una medida tomada. Al revés: esta técnica del sondeo sólo está sirviendo para decir que el Gobierno no sabe presentar sus iniciativas, que equivale a decir que no sabe gobernar.

Y no nos perdamos las joyas de la oposición. Si se anuncia un mal futuro para el sistema de pensiones, el PP comunica que ocurrirá dentro de 25 años; hay que resolver lo de ahora. Claro: es ahora, no dentro de un cuarto de siglo, cuando Mariano Rajoy se juega el poder. Si José Luis Rodríguez Zapatero asume reformas que la derecha exige, el PP responde que Zapatero se equivoca de prioridades. Por supuesto, practica una oposición populista, ecologista cuando conviene o nuclear para llevar la contraria. Y así, entre unos y otros, van pudriendo la situación. Los unos, mendigando apoyos que nadie les quiere dar. Los otros, a la caza de votos, que alguno puede caer. Divertido, ¿verdad? Sin duda. Lo malo es que las arcas públicas, las empresas, los cuatro millones de parados, son el reflejo diario de una emergencia nacional.

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Febrero 4th, 2010 at 8:11 am

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Elena de la consolación, de Fernando Ónega en La Vanguardia

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Cuando se escriban las penurias, aventuras y milagros de este gobierno (del español), habrá que dedicarle un capítulo a la vicepresidenta y ministra de Economía, Elena Salgado. En el Gabinete Zapatero hay ministros de riesgo, ministros astutos, ministros osados y ministros invisibles, bastantes ministros invisibles. Pero el caso de Elena Salgado es enternecedor. De su valentía personal ha dado pruebas cuando aceptó esa cartera. Hace falta mucho valor y mucha confianza en una misma para encargarse de la economía en plena caída y con un jefe que no deja mucho margen de maniobra. Pero a este cronista lo que más le impresiona es la forma de lidiar a los gigantes. Aparece el Fondo Monetario Internacional, con ese informe que nos sitúa de últimos en la recuperación, y todos nos quedamos acobardados, preguntando cuál es nuestra desgracia para merecer tan penoso futuro. Todos, menos doña Elena Salgado, que, sin despeinarse, asombra al mundo con su diagnóstico: el FMI puede estar equivocado.

Eso de que el mundo se equivoca es muy de la escuela Zapatero. Debe de estar en el libro de estilo del Gobierno. Tiene su mérito, no lo discuto. Puede ser rentable: a los más ingenuos nos deja la duda; a los más optimistas, la esperanza, y a los pesimistas, les da igual. Y tiene una ventaja: los disparos de la oposición no se dirigen contra ella, que es el instrumento. Se dirigen contra Zapatero, porque es la pieza que batir ante la contienda electoral. En la lucha política por el poder, Salgado es material de segundo nivel. Eso da mucha impunidad.

Pero a mí me asombra ver a esa mujer de apariencia tan débil arremangada contra el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea, la OCDE y cientos de gabinetes de estudios. Se podría hacer una película titulada Elena, contra el imperio de los números. En ella veríamos a una flaca dama armada con una lanza de números y un escudo contra profecías, y vestida de triste sonrisa que, al revés que don Quijote, ve molinos donde hay gigantes.

¿Dice lo que piensa doña Elena o es pura representación? Si representa, malo: señal de que el Gobierno ha entrado en periodo de disimulo, y ya no busca soluciones, sino escapatorias. Pero si dice lo que piensa, casi peor. Creer que todo el mundo puede estar equivocado puede ser indicio de soberbia, pero también el primer síntoma para pedir hora en consulta. Y lo preocupante para este país es que no nos ponemos a empujar el carro para salir de la recesión, sino que quedamos a la espera de si acierta una ministra o el Fondo Monetario Internacional. La economía española se convierte así en una quiniela. ¡Con lo hermoso que sería escuchar algo como esto: “Sí, señores, los pronósticos son malos, son deprimentes, pero este gobierno se compromete a que no se cumplan”! Pero nos conformamos, ay, con pensar que quizá los profetas están equivocados. No es muy constructivo; pero es la única consolación.

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Enero 28th, 2010 at 8:10 am

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Catalunya-España: esa distancia, de Fernando Ónega en La Vanguardia

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TRANSBORDO, MONCLOA

Algo estamos haciendo muy mal entre todos. Lo que está ocurriendo en las relaciones políticas entre Catalunya y el Estado -no quiero decir España- no tiene lógica, al menos visto desde la distancia. No es normal que a los pocos meses de negociar la nueva financiación surjan voces, como la del señor Laporta, que consideren ruinoso pertenecer a España. No es normal que el hombre que negoció ese acuerdo, el señor Castells, plantee ahora formalmente un cambio en la relación Catalunya-España. No es normal que el representante del Estado, como presidente de la Generalitat, quiera liderar una respuesta unitaria a una institución de ese mismo Estado. No es normal que esa respuesta sea entendida fuera de Catalunya como un aviso de insumisión. No es normal que otro socialista, Alfonso Guerra, lo descalifique alegando que Montilla está “en la estratosfera”. Y, sobre todo, no es normal que una relación siempre difícil, pero siempre razonable, parezca el prólogo de un divorcio. Algo se está haciendo mal entre todos.

¿Qué sería lo normal? Desde luego, que hubiera habido sentencia del Estatut hace dos años. Pero, si no la hubo, no ha sido por hacerle daño a Catalunya, como a veces se insinúa. Ha sido justamente por lo contrario: porque se han pasado mil días tratando de encontrar encaje en la Constitución. Han sido mil días de historias feas, pero también de malabarismos, de vueltas jurídicas, de equilibrios interpretativos, trabajados justamente para salvar el Estatut y evitar la gran decepción. Si al final no se consigue totalmente, no es para humillar a Catalunya, sino porque, con la Constitución en la mano, ese encaje no es posible.

Y ahí es donde habría que situar el debate, no en la estéril y fácil teoría del agravio, que no hace más que enrocar las posiciones. Y no, desde luego, es la grotesca teoría de la insumisión, que honradamente creo que nunca se le ha ocurrido a Montilla. Sin embargo, por ahí va la contienda política, alentada por quienes desean un varapalo constitucional para sustentar sus aspiraciones soberanistas, y explotada por quienes son incapaces de entender que Catalunya tiene derecho a defender sus características propias, nacionales o no, y a avanzar en su autogobierno. Entre unos y otros se echa en falta un territorio de sosiego y concordia. Y, como falta, lo único que avanza es la distancia. El balance de estos días es que Catalunya y España están más distantes que nunca. Jugando con términos de actualidad, se podría decir que Zapatero preside la Unión Europea y la Desunión Española.

¿La solución estará en esa reunión de líderes catalanes y el conjunto de fuerzas políticas españolas que sugiere Antoni Castells? No lo sé. Mejor eso, desde luego, que la formación de frentes, que es lo que están haciendo. Alguien tendría que decirle a la clase política que su responsabilidad es histórica. O rebajan la tensión y entran en un periodo de entendimiento razonable, o una sentencia restrictiva del Estatut será un problema de convivencia nacional. Ya ha empezado a serlo.

El club

Se las puede ver en algunos actos. Por ejemplo, en la presentación de un libro. Son como un lobby de poderío femenino. Van siempre juntas. Compartieron alegrías y triunfos, pero también disgustos y soledades. Son las ex del PP y aledaños. Son las primeras esposas de Juan Villalonga o Rodrigo Rato, entre otros ilustres varones de la política y las finanzas. Y es curioso quién las integra y lidera: Ana Botella, quizá la más firme defensora de la unidad familiar.

Punta Cana

Uno de los lugares más entretenidos estas Navidades ha sido Punta Cana. Si eras invitado a un almuerzo de máxima selección, podías compartir mesa con los Clinton. Con un poco de suerte, te podías encontrar con Felipe González. Y hay quien ha visto juntos, con sus respectivas parejas, a dos ex ministros de Zapatero: Jesús Caldera y Magdalena Álvarez. Ahora entiendo por qué resultó imposible encontrar un billete de avión.

Sin miedo

¿Hay riesgo de ruptura en el grupo socialista del Congreso? ¿Se divorciarán los diputados del PSC?  La dirección del grupo no ve ningún problema. Asegura que las diferencias de criterio, si existen, nadie las ha puesto sobre la mesa, ni han expresado incomodidad. Y aseguran que hay más diferencias de criterio dentro de Catalunya que en su relación.

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Enero 9th, 2010 at 10:10 am

Pues debería pensarlo, de Fernando Ónega en La Vanguardia

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El señor presidente del Gobierno español no ha dedicado ni un minuto a pensar en el año 2012. Aunque cueste trabajo creerlo, el señor Zapatero no ha tenido una mínima reflexión consigo mismo para decidir si se volverá a presentar a las elecciones. La verdad es que tiene coartada: dice estar tan preocupado por resolver el paro y sacar a su país de la postración económica, que sería poco solidario ponerse a pensar en sí mismo. Sin embargo, si esto fuera un juicio, un abogado acusador llamado Mariano Rajoy le replicaría: “Improvisa usted tanto, que está dispuesto a improvisar su propia continuidad en la Moncloa”.

Este cronista simplemente le dice: “Pues debería pensarlo, señor Zapatero”. Por dos razones. La primera debemos situarla en un espacio de probable derrota electoral, previsible si la intención de voto sigue la caída que detectan las encuestas: si Zapatero decide al final no presentarse, quedará como un ciudadano poco valiente que no se atreve a recibir un suspenso; indecoroso, porque sólo está en política para ganar, y egoísta, porque le endosa a otro la responsabilidad del fracaso. Pero, si decide estar en los carteles, le acusarán de no permitir la creación de un nuevo líder que le brindara al socialismo la oportunidad de generar una nueva ilusión en la izquierda.

La segunda la situamos en un escenario de recuperación del voto y victoria en las urnas. En ese caso -con perspectiva de hoy bastante improbable-, hay que ser muy macho para plantarse y renunciar a las mieles de un nuevo triunfo, al esplendor de derrotar tres veces a la derecha y, probablemente, al gustazo casi erótico de mandar a su adversario del alma, Mariano Rajoy, a las tinieblas exteriores. Hay que ser muy macho, muy desprendido, para verse querido por la sociedad y, a pesar de todo, disponer el relevo y entregarle la gloria a un joven o veterano sucesor.

Pero el señor presidente no ha tenido ni un minuto para ocuparse de esos asuntos. Podría consultarle a José María Aznar: no se marcó un plazo de ocho años por un instinto de generosidad y grandeza histórica, sino porque estudió lo que pasaba en las terceras legislaturas. Y descubrió que, pasado el octavo año al frente del gobierno, por alguna oscura razón más psicológica que política, el personal te pierde el respeto. Y añado por mi cuenta: si, por un casual, ya lo había perdido antes, entonces la tercera legislatura se convierte en un calvario. El líder ya no tiene frescura; su discurso suena cansino, y el tedio sucede a la emoción.

Y ahora que he escrito todo esto, dejo dos preguntas en el aire. Una, ¿hay alguien que pueda suceder a Zapatero? Y otra, ¿por qué una candidatura a la presidencia de un gobierno tiene que depender de que una sola persona encuentre un minuto para pensar en ella? Los partidos políticos también son una monarquía. Pero sin ningún tipo de control.

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Diciembre 31st, 2009 at 8:10 am

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El tercer problema, de Fernando Ónega en La Vanguardia

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Al final, lo han conseguido: la clase política española, en vez de ser la solución, es el problema. El tercer problema del país detrás de lo obvio, que es el paro y la situación económica. Nuestros políticos nunca habían llegado tan alto en la tabla de inquietudes, ni nunca habían caído tan bajo en el aprecio popular. Que provoquen un descontento mayor que la emigración, el terrorismo o la seguridad ciudadana es uno de los datos sociológicos más inquietantes de los últimos tiempos.

¿Qué está ocurriendo? Hay un consenso general en que ha bajado el nivel, pero eso no justifica que inquieten más los políticos que la seguridad. Se puede culpar a la corrupción, que no conseguimos arrinconar, pero tampoco justifica que salpique a un conjunto mayoritariamente honesto. Mi impresión es peor: la sociedad ha dejado de percibir al político como un servidor público. Lo ve egocéntrico, endogámico, ensimismado, ocupado en sus batallas de poder y ajeno a las inquietudes del ciudadano. Cuando surge algún escándalo, lo encuentra más dispuesto a la defensa del grupo que a la exigencia de responsabilidades. Cuando las dificultades asedian al país, lo percibe más preocupado de salvarse a sí mismo o de culpar al adversario que de aportar soluciones.

Y así, los más serios debates se consumen en la descalificación mutua, donde el insulto o el menosprecio son perfectamente previsibles. La aportación ideológica de quienes ocupan el poder del Estado se limita a denunciar falta de cooperación o responsabilidad a quien ocupa los escaños de la oposición. Reproches del estilo de no arriman ustedes el hombro o cuanto peor, mejor constituyen el eje del análisis profundo de todo un equipo gobernante de la novena o la décima potencia industrial del mundo. Podrían ser brillantes, quizá, en una tertulia del viernes noche en una televisión. Pero con un clamoroso olvido del contribuyente.

La oposición, a su vez, transmite la imagen de que sólo se mueve por sus prisas por llegar al poder. Están tan agobiados por esa urgencia, que esperar dos años les parece una eternidad, y tienen que convencer al votante de que Zapatero y sus ministros son un desastre sin paliativos. Y así, se imaginan que son perseguidos y espiados por el gobierno perverso. Cuando llega una complicación internacional, no muestran el menor patriotismo, sino que buscan la forma de deteriorar al gobierno. Y cuando se arregla el difícil caso de la señora Haidar, sólo entra en su cabeza que hemos pagado a Marruecos con los tomates de nuestros campesinos.

Y el ciudadano, modestamente, se pregunta qué hay de lo suyo. No lo pregunta por egoísmo, sino porque entiende que paga a sus políticos para que arreglen sus problemas, no para que se peleen por el poder. Yun año de estos se va a sublevar ante las urnas y dará su irritante dictamen: todos son iguales. Y, como tantos catalanes, ingresará en el partido de la abstención.

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Diciembre 24th, 2009 at 4:10 pm

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Las llaves de Marruecos, de Fernando Ónega en La Vanguardia

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TRANSBORDO, MONCLOA

Pobre Moratinos. Tiene fama de gran persona, correcto diplomático y defendible ministro de Exteriores. Visto el nivel del Gobierno, está en la parte alta: todo ministro puede ser bueno… según con quien se le compare. Pero no hay en Europa un titular de Exteriores con más frentes abiertos. Cuando logra cerrar uno de piratas, se le abre otro secuestro. Cuando está en este, se le abre el frente marroquí. Pasó medio mandato en África, y Áfricale reclama la otra mitad. Y no torea mal del todo, si es que esta palabra se puede usar todavía en Catalunya.

La gran noticia de su gestión durante los últimos treinta días ha sido la huelga de hambre de Aminatu Haidar, y no ha quedado bien. Su primer error ha sido dejarse llevar por la buena fe o por su sentido humanitario y permitirle la entrada en España. No supo prever el conflicto que se le venía encima y creyó ingenuamente que a esa activista se le podía atender como refugiada. Yo lo disculpo, porque, como diría Rubalcaba, si se hubiera negado a recibirla, le acusarían de lo contrario: de negar la acogida a una luchadora de los derechos civiles perseguida por el régimen de Mohamed VI.

Menos comprensible es el error siguiente: callar durante un mes que había sido informado por su colega marroquí. Dado el momento en que lo reveló (el jueves), produjo dos impresiones a cual más funesta: o que no hubo coordinación dentro del equipo gobernante, o que ha sido presionado por las autoridades marroquíes, como parte de las condiciones impuestas para dar el pasaporte a la señora Haidar. Ambas posibilidades pueden ser falsas o forzadas, pero serán algunos de los aprietos en que le pondrá el PP.

Después hay un error de imagen, no imputable solamente a Moratinos: ¿a quién se le ocurre promover una proposición parlamentaria sobre Aminatu y el Sáhara mientras Zapatero reclama prudencia y discreción al resto de la humanidad? ¿Qué sentido de la oportunidad les orienta cuando, después de tantos años de esconder la cabeza, se invoca la autodeterminación justo cuando el problema es justamente una activista de esa misma causa?

Pero esas son anécdotas al lado del fondo de la cuestión. Lo que ha revelado el desenlace de la crisis es la escasa dimensión de la fortaleza de España. Lo mejor de la gestión de Moratinos ha sido lograr que Estados Unidos y Francia intervengan. Lo más penoso es por qué han tenido que intervenir. La clave la dio el presidente Zapatero cuando invocó los intereses nacionales. Traducido a nuestro idioma: no nos podemos permitir el lujo de incomodar a Marruecos. Dicho de forma más brusca: dependemos demasiado de las llaves que tiene Marruecos, que empiezan en Ceuta y Melilla, pasan por el control de pateras y otras formas de inmigración, y desembocan en la supuesta, pero invocada, contención del terrorismo islamista. Esas tres llaves nos condicionan tanto, y el régimen de Mohamed VI las maneja con tal habilidad, que desprendemos un inevitable aroma de dependencia. ¿O habrá que decir de sumisión?

La prioridad

Los detalles, presidente, los detalles. A veces son más importantes que el fondo de los problemas. Ocurrió con el Alakrana y el trato a las familias. Y ahora, en el caso Haidar, se tropezó otra vez: Zapatero no informó a Rajoy de la solución. Tendría disculpa, porque estaba en Copenhague, entretenido en decir que la tierra pertenece al viento. Dejó de tenerla cuando se supo que sí había tenido tiempo para llamar a la esposa de Saramago. Cuestión de prioridades.

Obreros de derechas

En la sede del PP lucen como un trofeo la encuesta de la revista Temas (Alfonso Guerra) que les da la mayoría. Pero no celebran la intención de voto, que está en cualquier sondeo. Celebran que la derecha política empieza a quitarles a los socialistas la O de Obrero. Los trabajadores se hacen de derechas. Es la factura política de la crisis: el PSOE baja diez puntos entre los trabajadores manuales.

La decepción

Y el sondeo más inquietante de la semana: el Euskobarómetro que revela la poca confianza que suscita el Gobierno de Patxi López en la sociedad vasca. No ocurre nada grave, pero no es normal que a los nueve meses de las urnas no confíen en él ni el 30% de los ciudadanos. Se me ocurre una explicación: en el País Vasco no cae bien lo que se aplaude con entusiasmo en Madrid.

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Diciembre 19th, 2009 at 8:11 am

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El agujero exterior, de Fernando Ónega en La Vanguardia

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Desde la marcha verde sobre el Sáhara, España no había tenido ni sufrido una política exterior tan agobiada. Como si un mal fario se hubiese aposentado en el caserón de Exteriores, no hay día sin sobresalto ni escenario de presencia sin conflicto. Es como si el espíritu de Bush se estuviera vengando de las faenas que le hizo Zapatero. Es como una conspiración contra Moratinos y su jefe. Es el prólogo nefasto a la presidencia europea. Es todo lo contrario de la conjunción planetaria que divisaba Leire Pajín ante esa presidencia. Y ninguno de los frentes abiertos tiene buena pinta: la inmolación de Aminetu Haidar, porque es complicado salvarla; la liberación de los cooperantes, porque están en manos de profesionales del terror, y los constantes incidentes de Gibraltar, porque está claro que el Reino Unido ha decidido echar un pulso, nadie sabe por qué.

Al margen de los sentimientos humanos, la cuestión política es si este conjunto de sucesos son una pura casualidad que los ha hecho coincidir en el tiempo o hay una relación entre ellos. Son tan dispares, que se puede sostener el criterio de la casualidad. Pero ocurren tan juntos, que tiene lógica el triunfo de la tesis de la debilidad diplomática. Se extiende la opinión de que todo es el fruto de una política previa de tintes tercermundistas, que ha buscado más la relación con países secundarios y fáciles que con los auténticos líderes mundiales. Al mismo tiempo, avanza la sensación de que hemos perdido respeto internacional, y cualquier personaje o país de medio pelo nos puede chantajear y doblegar. ¡Hasta Gibraltar nos chulea!, se pudo oír ayer en algún debate periodístico. El desenlace de los secuestros de barcos no es ajeno a esos estados de opinión.

Cuidado, señor Moratinos; cuidado, señor Zapatero, que esas corrientes son imparables. A veces son difícilmente sostenibles, porque ¿quién puede asegurar que los secuestradores de Al Qaeda se rigen por criterios de fortaleza de un país? ¿Por qué secuestran entonces a un ciudadano francés, país que tanto se puso de ejemplo de dureza en Somalia?

¿Quién puede afirmar que es mejor la tensión permanente con Marruecos que la convivencia, cuando tantos intereses nos jugamos al otro lado del Estrecho? Pero este gobierno hizo tantos ejercicios de buenismo y efectuó tantos equilibrios de evanescencia, que en un momento de crisis la memoria se revuelve contra él.

Y todo esto se agrava por una circunstancia muy de este tiempo español: somos el único país occidental que no tiene una política exterior consensuada. Somos de los pocos países desarrollados donde los intereses externos son objeto de competencia electoral. Y cuando ocurre eso, la diplomacia se convierte en motivo de combate. Perejil se eleva a símbolo del ejercicio de la buena acción exterior. En esa fase está una parte de la sociedad. Desde luego, la que desea el triunfo del Partido Popular.

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Diciembre 10th, 2009 at 10:10 am

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No se estila coincidir con Zapatero, de Fernando Ónega en La Vanguardia

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TRANSBORDO MONCLOA

Tiene que ser desalentador. Te pasas medio año preparando con esmero la joya de la segunda parte de la legislatura. Tienes sueños de estadista, te preocupas de preparar el futuro del país que diriges, con la mirada puesta en los próximos veinte años. Haces trabajar a tu gobierno en imaginar escenarios de futuro. Después de haberle dado la vuelta al Estado y a la moral pública, acaricias la ambición de cambiar la economía. Preparas a tu partido para difundir notas de contundente seguridad: “El primer paso hacia la economía del siglo XXI”. Llenas de entusiasmo a tus dirigentes, y Leire Pajín anuncia otro liderazgo mundial. Preparas tu gran discurso. Y llegas al Congreso, y no recibes ni una adhesión. Tiene que ser muy decepcionante.

Pero así están las cosas, presidente. Entre el panorama que usted divisa y las miradas de los demás, hay la distancia de la incomprensión. Se han terminado las adhesiones y los votos de confianza. Donde la Moncloa encuentra la solución de España con la mágica economía sostenible, los demás sólo detectan propaganda o rótulos brillantes en el solar vacío. Y así, orador a orador van tejiendo sobre el jefe del Gobierno el manto más repetido de la temporada: el manto de la soledad. Cada debate parlamentario parece una competición para ver quién le asesta un golpe más duro. Lo más admirable es que el presidente terminó la sesión sin inmutarse. Socialistas, no todo está perdido: al menos Zapatero cree todavía en Zapatero.

¿Es tan mala la ley de Economía Sostenible? Creo que no. Al menos, es un proyecto. Puede ser insuficiente, pero ofrece un marco. Y encima, en la misma sesión, el presidente se abre a reformas y está dispuesto a cambiar sus criterios sobre la energía nuclear, quién lo iba a decir. ¿No merece un margen de confianza? Pues no. Lo que pasa es que ya no se estila apoyarle. Ni siquiera comprenderle. Hay un extraño fenómeno de contagio de la crítica a su persona. Razones objetivas al margen, Zapatero está en ese delicado momento en que sus adversarios piensan crecer a costa de su desgaste.

Lo malo es que después, el Gobierno aporta su inestimable ayuda a ese clima. En 24 horas, la ley que abre la economía del siglo XXI recibe su primer zarpazo de los internautas, y el presidente que resistió las críticas del Congreso no aguantó unas horas de asedio de la red. Sigan sumando: al mismo tiempo declaró fuera de agenda la retirada de crucifijos, que su partido había votado el día antes. Con esos golpes, produjo todos estos efectos: dejó en el alero a una ministra, hizo preguntar si los miembros del Gobierno se hablan entre sí, hizo dudar de la coherencia interna e hizo buenos los reproches de improvisación. ¿Saben cuál es la esperanza íntima de Zapatero? Que todo esto no cale en la sociedad. Y a veces no cala. La sorpresa de la semana es que, después de la tormenta del Alakrana, por ejemplo, la mayoría cree que el Gobierno actuó bien. Y así, desahuciado por las capas altas, confía en que lo salve el dominio (¿el manejo?) de la opinión popular.

La china

Momento: la convención del PP en Barcelona. Asunto: alguien tiene que decirle a Manuel Fraga que contenga su locuacidad, que está rompiendo la apacible recuperación de la autoridad de Rajoy. Problema: ¿quién se lo dice? Acuerdo: que sea una chica. Problema segundo: ¿quién es la chica? Solución: sorteo. Se sorteó entre las mujeres preeminentes del partido, y le tocó a Alicia Sánchez-Camacho. Fraga no volvió a hablar.

El olfato

Si hubo una catarsis esta semana, fue la colectiva en torno a Diego, el pobre hombre falsamente acusado de asesinar y violar a su hijastra de tres años. Y si hubo un político que reaccionó con rapidez y olfato ha sido Esperanza Aguirre. Sin decirlo a nadie, llamó por teléfono a Diego, lo invitó a Madrid, y corre con todos los gastos. ¿Habrá rentabilidad de foto? Eso se administra después.

Los chicos

Los dos estudiantes que quisieron soltar su pequeño discurso en el Congreso al leer la Constitución nunca debieron ser silenciados. Al revés: si cada uno de los jóvenes que leyeron hubiera hecho una apostilla de cada artículo, sabríamos cómo ven la Ley de Leyes. Y nos íbamos a llevar más de una sorpresa. Pero claro: los jóvenes sólo están para ser criticados por el botellón. Ante las leyes, cuanto más callados mejor.

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Diciembre 5th, 2009 at 8:11 am

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Montilla, de Fernando Ónega en La Vanguardia

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El president Montilla se vino a Madrid a conferenciar un lunes. En el público había tres bancadas: los profesionales de esos desayunos, que no sé cuándo trabajan; los que temen los sobresaltos que en estos tiempos pueden dar los catalanes en Madrid, y los que se marchan decepcionados porque Montilla no ha dado el sobresalto. Además de esa gente, estaban los compañeros de partido, que unas veces ponen cara de mártires, “Pepe no nos hagas esto”; otras le suplican que haga lo que quiera, pero que salve a Zapatero, y otras sencillamente no lo entienden. El resto eran periodistas en busca de la limosna de un titular.

A Montilla se le observa en la capital del Reino con curiosidad morbosa. Hubo un tiempo en que era la esperanza blanca de la izquierda españolista, cuando Maragall parecía cambiar de bando. Ahora, las opiniones están divididas. Los que no entienden muy bien en qué se diferencia el catalanismo del nacionalismo catalán cortan por la vía rápida y ponen una vitola: es un socialista atrapado, dominado y manejado por la idea nacionalista. Anótese que es en alguna prensa de Madrid donde más se ironiza con su origen territorial. Mucho más que en los ambientes de Catalunya. “Charnego criollo”, le llamaba el otro día Raúl del Pozo.

Creo entender que Montilla se mueve entre dos lealtades: una, a Zapatero, que para eso lo hizo ministro y le autorizó el tripartito a costa de su credibilidad ante Artur Mas, y otra a sus socios de gobierno, sin los cuales no sería president. Cuando Esquerra era sostén de Zapatero, no ocurría nada: ambos cantaban la misma canción. Ahora que Esquerra es una más en la geometría variable de Madrid, a la misma altura de CiU, la estrategia se vuelve esquizofrénica. Montilla se debe levantar cada mañana preguntándose a quién quiere más. Y encontró la clave para ir tirando: quiero mucho al PSOE, pero tengo que defender a Catalunya. Es decir, respeta mucho la Constitución, pero es el primero en defender los símbolos nacionales. Es decir, “¡Viva la Constitución!”, “¡Viva el Estatut!”

Está muy bien. Incluso me atrevo a llamarle inteligente. ¿Saben cuál es el peligro? Que si Montilla y su partido juegan en el mismo o parecido territorio que CiU o Esquerra y se confunden con alguno de ellos, se pueden diluir en el paisaje nacionalista y dejar huérfano al voto español de Catalunya. ¿Y saben lo que eso significa? Regalárselo, al menos en parte, al PP, que anda de cacería. Y regalarle votos a Rajoy en Catalunya es apartar a Zapatero del poder. Perdónenme, que las comparaciones políticas también son odiosas, pero esa fue la desgracia de Emilio Pérez Touriño en otra nacionalidad histórica, que es Galicia. Por mantener su coalición de gobierno, no supo marcar la línea divisoria con el Bloque Nacionalista Galego. ¿Y saben dónde está Touriño ahora? Dimitido. ¿Y saben dónde está su partido? En la oposición. Y le regalaron el triunfo a Alberto Núñez Feijóo.

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Diciembre 3rd, 2009 at 8:14 am

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