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Estolojodiózapaterosolo.org, de Jesús Cacho en El Confidencial

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La memoria

Se cumplió el jueves el sexto aniversario de los atentados terroristas del 11-M en Madrid, una fecha que ha marcado el devenir español como lo hicieran el 18 de julio de 1936 o el 20 de noviembre de 1975, por citar solo dos, trascendentales, en la reciente Historia de España. Casi 200 muertos y cerca de 1.000 heridos como cortejo fúnebre para un cambio de Gobierno que ha resultado ser mucho más: casi un cambio de modelo social propulsado por las iniciativas legislativas de un Ejecutivo que, deliberadamente o no tanto, ha intentado una gran operación de ingeniería social reescribiendo, primero, la reciente historia de España desde al año 1936 para acá [algo que obviaron todos los Gobiernos de la democracia, incluidos los de Felipe González], y remodelando, después, o tratando de hacerlo, el “inconsciente colectivo”, en terminología de Jung, de los españoles, mediante una batería de leyes destinadas a alterar las pautas de conducta moral de los ciudadanos.

Si el intento de cambiar usos y costumbres ha sido drástico, no han sido menores las novedades introducidas, por la puerta falsa de la modificación de los estatutos de autonomía, en la organización territorial del Estado, con el catalán como punto de no retorno, diga lo que quiera en su día el Constitucional. En realidad, los cambios introducidos, o su mero intento, han sido de tal calado que obligan a replantear en toda su crudeza la cuestión fundamental del quid prodest referida a la masacre del 11-M. La sentencia del tribunal que presidió en juez Gómez Bermúdez en ningún modo puede apaciguar las conciencias de aquellos ciudadanos libres poco acostumbrados a comulgar con ruedas de molino. La versión oficial no es creíble, salvo para estómagos acostumbrados a digerir piedras. Ni teorías conspiratorias estilo Orquesta Mondragón, rozando a veces la paranoia, ni soluciones de conveniencia que ni han conseguido identificar a los culpables de la masacre ni, mucho menos, a sus autores intelectuales. Los atentados siguen despidiendo el mismo tufo que exhalaban pocos días después de ocurridos: operación típica de servicios secretos, en cuyo abecedario figura la posterior eliminación física de los autores de la matanza (Leganés) para borrar pistas. ¿Servicios secretos extranjeros con apoyos puntuales internos, o viceversa? La pregunta clave sigue siendo esta: ¿quién marcó la fecha para volar los trenes justo tres días antes de unas elecciones generales?

Lo llamativo, a la par que dramático, de la experiencia vivida estos años bajo la presidencia de Rodríguez Zapatero es que el país estaba tan cansado de la soberbia de Aznar y tan dolorido por las bombas del 11-M que, tras las generales, estaba clamando como agua de mayo por la llegada de un Gobierno y un presidente dispuesto a cerrar heridas y repartir bálsamo por doquier, porque ese presidente se hubiese hecho con la ciudadanía entera en dos días. Zapatero eligió, sin embargo, la vía de la confrontación mediante el recurso artero de gobernar para quienes le votaron –su propio partido-, abriendo de nuevo en canal la división entre las “dos Españas”. Seis años después de la matanza, lo peor que se puede decir de los españoles es que no hemos sido capaces –Gobierno y sociedad civil- de dar una respuesta cabal al puzzle del 11-M, incapaces de resolver la masacre desde un punto de vista estrictamente criminal, al margen de los componentes políticos involucrados en el suceso. Por distintos motivos, casi todos hemos preferido mirar hacia otro lado y callar. El PSOE, porque la matanza posibilitó la llegada a la Moncloa de su presidente por accidente, de modo que lo mejor era echar tierra al asunto cuanto antes. Y el PP por miedo, terror más bien, a ser tildado de desestabilizador y facha por la imponente armada mediática que arropa al Ejecutivo.

El aniversario

Dos años transcurridos ya desde las generales del 9 de marzo de 2008 que revalidaron a Zapatero como presidente del Gobierno para otros cuatro años. “Por el pleno empleo”, rezaban los carteles electorales del PSOE que llenaron calles y plazas de España en las semanas previas. Hoy, esa misma España soporta una cifra de parados de 4 millones y pico y camina indefectiblemente hacia los cinco. Ejemplo del líder universitario, radical y populista, de los setenta, ZP ha resultado ser el perfecto ignorante en materia económica que todos sabíamos, el gestor peor pertrechado para hacer frente a una brutal crisis económica que, si bien de dimensión global, tenía aquí características típica y perfectamente diferenciadas en la gigantesca burbuja inmobiliaria que venía embalsada al menos desde el 2003. Encantado de haberse conocido, ZP dilapidó la herencia recibida y empleó todos sus esfuerzos en negar la evidencia, primero, decir que se trataba de un problema internacional, después, y echar la culpa al empedrado, siempre.

Cuando no fue posible seguir negando la mayor, el leonés se dedicó a repartir el dinero de todos, convencido de que tirando del gasto público se arreglaba el problema. Zapatero cumple a la perfección el ejemplo de aquel maquinista de Renfe a quien en plena llanura manchega se le para el tren a las tres de la tarde de un tórrido día de verano. El sujeto recorre los vagones pidiendo calma a los viajeros: no hay aire acondicionado, cierto, pero los revisores pasarán enseguida repartiendo abanicos, y agua fresquita, y bocadillos, y aún lectura y hasta música enlatada. El sol abrasa los rastrojos mientras canta la cigarra, pero el maquinista está decidido a que sus parados gocen de toda clase de comodidades. Todo lo supervisa personalmente, de todo se preocupa, menos de ir a la máquina a intentar averiguar dónde está la avería para tratar de repararla lo antes posible. Y parados seguimos en plena Mancha de la crisis. El manual indica que 2008 tenía que haberse aprovechado para acometer el saneamiento del sistema financiero, empezando por las Cajas; 2009, por su parte, tendría que haber sido el año del ajuste o consolidación fiscal, destinado a meter la tijera al gigantesco déficit público que suele generar toda crisis, y el año en curso, en fin, tendría que haberse empleado en abordar toda una serie de reformas estructurales (mercado laboral, entre ellas) y procesos de liberalización. Como no se hizo el trabajo en 2008 –de hecho sigue pendiente-, el crédito sigue sin llegar a particulares y empresas, a menos que uno esté dispuesto a pagar intereses de hasta el 14%. Como no se abordó el ajuste fiscal en 2009, el reino de España sigue enfrentado a un riesgo cierto de default, lo que en roman paladino antes se llamaba vulgar suspensión de pagos. Y como este año siguen sin acometerse las reformas de fondo, el horizonte español no puede estar marcado más que por el empobrecimiento colectivo y la marginalidad. La decadencia como país.

El culpable

“Aunque nos inculcan que las personalidades no forjan la historia, especialmente si se oponen a la evolución progresista, aquí tenemos, sin embargo, una que durante un cuarto de siglo nos ha retorcido nuestras colas de borrego como ha querido, y nosotros ni siquiera nos hemos atrevido a chillar. Ahora dicen que nadie comprendía nada, ni lo comprendían los rezagados, ni la vanguardia. La vieja guardia era la única que sabía de la monstruosa obra de Koba [alias de Stalin en la Rusia zarista], pero prefirió envenenarse en un rincón, pegarse un tiro en casa, o terminar sus días en tranquila jubilación, con tal de no tener que denunciarlo desde una tribuna”. Este párrafo corresponde al Archipiélago Gulag III, de Solzhenitsyn (Tusquets Editores, 2007) y exhala el desconcierto profundo que, en la retrospectiva de la historia, suele producir en los estudiosos el fenómeno del silencio, ese espeso silencio de los corderos que acompañó a las más sanguinarias dictaduras del desdichado siglo XX. Lo conocimos en España durante la larga etapa de Franco, donde, con excepción del PCE, nadie movió un dedo para acortar el trance y, salvadas todas las distancias, lo estamos viendo ahora en la ausencia de esas voces críticas que, desde la sociedad civil –intelectuales, universidad, empresariado, etc.-, tendrían que haber sido capaces de denunciar el proceso de “reinvención” de la España consagrada en la Constitución del 78, emprendido subrepticiamente por ZP tras su victoria electoral que siguió a los atentados del 11-M.

Como le acaba de ocurrir con el fútbol a cierto prepotente empresario madrileño acostumbrado, en la mejor tradición patria, a hacer negocios a la sombra del Gobierno de turno, también a ZP se le ha venido el andamio abajo a cuenta de una crisis económica que ni supo prever ni sabe contrarrestar, entre otras cosas porque se lo impide su “ideología”. Ahora, un grupo de notables de la órbita socialista ha montado, con dinero de empresarios de derechas, una gran campaña mediática para aligerar la presión sobre Moncloa y hacernos a todos copartícipes del desastre. Estosololoarreglamosentretodos.org, reza el lema de una operación que calla o silencia una verdad que está en el origen del problema: estolojodiózapaterosolo.org, una evidencia que difícilmente va a lograr enmascarar cualquier intento de repartir culpas a diestra y siniestra.

Y la becaria

El caso Garzón, el juez de la Audiencia Nacional  acostumbrado a ponerse la Ley por montera, se ha convertido en la más cruda pelea entre poderes, incluido obviamente el judicial, registrada en muchos años, con excepción, quizá, del gemelo caso Sogecable, principio de una traición que abrió las puertas del poder y el dinero al famoso Campeador. En esa pelea, que retrata como pocas la corrupción del Sistema entero, se está dilucidando la capacidad de regeneración de nuestra democracia, si es que alguna le quedara. Al frente de las operaciones mediáticas de defensa del granuja se ha colocado desde el principio el grupo Prisa, que con la precisión leninista que caracteriza a la dirección del antiguo emporio ha obligado a salir a la palestra a todo personaje que coma, duerma o habite en derredor del grupo. Falta por salir a escena el gran Bacigalupo, cuyo magisterio al respecto, la verdad, se empieza a echar en falta.

Pero como le ocurre a los sectarismos de toda clase y condición, la campaña orquestada por las huestes de Cebrián en defensa de Garzón corre el riesgo de traspasar las barreras de lo mafioso para irrumpir directamente en las de lo chusco. El pasado miércoles día 10, la labor de apoyo al galán corrió a cargo de Bonifacio de la Cuadra, uno de los históricos de El País en información de tribunales, con un artículo cuyo último párrafo es una joya argumental de valor imperecedero. Vean: “Ante ésta y otras aberraciones jurídicas, Sara España, una alumna del Máster de Periodismo UAM/EL PAÍS, en un trabajo de opinión sobre Baltasar Garzón y la justicia, en aplicación sencilla de la lógica, considera prevaricadora la resolución del magistrado Varela [ponente de una de las querellas que pesan sobre el juez], por ser ‘un acto que podría tacharse, en el fondo y por apariencia, de injusto’”. En la campaña contra un Tribunal Supremo que ha osado, por fin, tocar a Garzón faltaba, pues, la becaria, una alumna del máster de periodismo de El País, como fuente de autoridad. Seguimos, insisto, esperando con ansiedad la lección magistral del enorme Bacigalupo al respecto. No puede defraudar a sus fans.

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Marzo 14th, 2010 at 9:01 am

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De Churchill a ZP: viaje a las antípodas, de Jesús Cacho en El Confidencial

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Me regalan la biografía que Paul Johnson (Tiempos Modernos, La Historia de los Judíos, Intelectuales) acaba de publicar sobre Churchill (Viking Penguin, 2009), obrita deliciosa de apenas 170 páginas que se lee de un tirón sobre el que sin duda fue uno de los hombres de Estado más relevantes del siglo XX (“No man did more to preserve freedom and democracy”, según el propio Johnson), y que incluye el relato del que pasa por ser más importante debate habido en el Parlamento británico en todo el siglo pasado, el “Norway debate”, la sesión celebrada en los Comunes el 7 y 8 de mayo de 1940, tras el fracaso del cuerpo expedicionario británico enviado para auxiliar a la Noruega invadida ya por Hitler. En tan solemne ocasión, el viejo liberal Lloyd George (“The man who won the First World War”), pronunció su último discurso pidiendo la cabeza de Neville Chamberlain por su penosa dirección de la guerra: “No se trata de saber quiénes son los amigos del primer ministro, sino de una cuestión mucho más importante. Nos ha pedido un sacrificio y la nación está dispuesta a hacer cualquier sacrificio siempre y cuando haya un líder, siempre y cuando el Gobierno demuestre con claridad cuáles son sus objetivos (…) Afirmo solemnemente que el primer ministro debería dar un ejemplo de sacrificio, porque nada puede contribuir más a ganar esta guerra que su renuncia al cargo”.

Más dramática aun fue la intervención del conservador Leo Amery, lanzando un feroz ataque contra su propio líder y pidiendo un Gobierno de unidad, en un discurso que terminó con una conocida cita de Cromwell: “No obstante lo bueno que hayas podido hacer, has permanecido sentado demasiado tiempo. Lárgate, digo, y deja que te demos por terminado. En el nombre de Dios, vete…!”  Una imprecación que 50 años después alcanzaría enorme eco sobre la piel de toro con aquel “Váyase, señor González” salido de la boca de Aznar. La debilidad de Charberlain, su buenismo, su pacifismo a ultranza, puso al mundo libre al borde del desastre.  “Paz para nuestro tiempo”, dijo el pavo a su vuelta a Londres, agitando desde la escalerilla del avión el acuerdo alcanzado en Munich. En realidad, con la división de Checoslovaquia había sacrificado el destino del mundo libre a las fauces insaciables del tirano, siempre dispuesto a mofarse de cualquier tipo de appeasement. También Gran Bretaña vivió en los años treinta su ola de pacifismo. El entonces líder laborista George Lansbury llegó a escribir que “cerraría las oficinas de reclutamiento, disolvería el Ejército y desarmaría a la RAF. Aboliría la terrorífica maquinaria de guerra y le diría al mundo: sé todo lo malo que puedas”. Pero los grandes países producen grandes hombres de Estado cuando el dramatismo de la situación lo reclama. Dos días después de aquel debate, Churchill era investido primer ministro con plenos poderes para dirigir la guerra.

Su genio imperecedero salvó a la Gran Bretaña y al mundo libre (“Diré a la Cámara lo que he dicho a quienes se han incorporado al Gobierno: no puedo ofrecer más que sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas”. Terminada la guerra se retiró a su finca de Chartwell –su botella de champán (unas 20.000 trasegadas a lo largo de su vida) y sus 12 habanos diarios-, después de que sus compatriotas le volvieran la espalda en las elecciones de 1945, ganadas por el laborista Attlee. Algunos han alabado la sabiduría del votante británico: quién les había conducido en la guerra no era el más adecuado para liderarlos en la paz. Las comparaciones con la situación española son obvias, por sideral que parezca la distancia que nos separa de aquel país a punto de sucumbir ante el horror nazi. Hecha la salvedad, es evidente que también España está aquí y ahora reclamando la aparición de esos grandes líderes, ese gran hombre de Estado capaz de sacarla del atolladero en que se encuentra. Porque, lejos de una amenaza exterior de la arboladura comentada, el país se enfrenta a una de esas encrucijadas históricas que cada medio siglo se presentan ante una nación para determinar su futuro inmediato. El problema español viene marcado por una crisis, quizá terminal, del sistema político salido de la transición; por un fallo múltiple del Estado autonómico que entonces nos dimos, incapaz de servir los intereses colectivos por encima de las miserias de la elites políticas regionales, y por una crisis económica de dimensión desconocida, que se prolongará, temen los expertos, en una década de estancamiento al final del cual todos seremos mucho más pobres. España es un país enseñoreado por una corrupción galopante, incapaz de ofrecer alternativas de futuro a sus generaciones jóvenes y, por tanto, enfrentado a un horizonte de creciente decadencia.

Por ningún lado se perciben esos líderes capaces de ponerse al timón de la nave, pregonar los sacrificios necesarios y embarcar a los ciudadanos en un gran proyecto de regeneración colectivo. Aunque la responsabilidad principal en la última etapa de la crisis política -que no económica, o no solo económica- que vivimos corresponde al Gobierno socialista, todo es medianía a derecha e izquierda. Todo cortoplacismo. Todo quítate tú para ponerme yo. Cualquier signo de grandeza ha sido aquí sacrificado en el altar del uso y abuso del poder con fines partidarios. Zapatero encarna como nunca nadie el gran viaje español hacia la marginalidad y la pobreza. Perfecto anti Churchill, es el Charberlain que a los españoles nos ha tocado en suerte, un mentecato que ha demostrado desconocer algunas de esas verdades elementales que todo padre de familia entrado en sazón practica en la gobernación diaria de su propio hogar.

Encerrado en la torre de su egolatría, (“no escucha a nadie; solo hace caso a lo que le dice Cándido Méndez”, asegura un miembro de la Oficina Económica en Moncloa), el edificio de la Presidencia empieza a lucir grietas que amenazan ruina, como perfecta metáfora de la situación de ese edificio mayor que es la nación entera. La situación de la vicepresidenta De la Vega se ha hecho insostenible y ha terminado por estallar esta semana por el eslabón más débil de la secretaria de Estado de Comunicación, un florero acorde con la calidad alfarera de casi todo el Gabinete. Parece ya seguro que el Presidente acometerá una profunda crisis de Gobierno al término de esa presidencia europea a estas alturas convertida más en pesadilla que en el bálsamo de fierabrás que algunos imaginaron, crisis que supondrá la salida de la número dos, una mujer que ha ardido en la pira de los dislates de un hombre todo incoherencia.

Zapatero, obligado a un cambio de Gobierno antes del verano

Dicen que el problema de Moncloa no es de comunicación, sino de coordinación, la herida por la que sangra un Gobierno que organiza cumbres a las que no puede asistir el ministro de Exteriores o anuncia sacrificios salariales para los funcionarios que desmiente media hora después. Y aseguran que, dos por el precio de una, no solo De la Vega saldrá del Ejecutivo, sino también una Elena Salgado que -blanda por fuera, dura por dentro- ha dejado de encantar a Zapatero una vez cumplida la etapa de manga ancha con el dinero público para la que fue llamada, algo a lo que Solbes se mostraba renuente (“¡No me digas, Pedro, que no hay dinero para hacer política!”). El señor presidente necesita un nuevo perfil de ministro de Economía, un hombre capaz de dirigirse en correcto inglés a los mercados financieros, perfil que parece cumplir fielmente José Manuel Campa, actual secretario de Estado, un tipo que se ha desempeñado con eficacia en los viajes al exterior (“tiene recorrido internacional y nos ha dado un aire serio fuera”), la mercancía que no es capaz de vender la falta de sustancia del propio ZP. Y como nuevo vicepresidente y factótum don José Blanco, antes Pepiño, ahora hombre fuerte y primer candidato a sustituir al propio ZP en el cartel electoral socialista.

Porque de nuevo surgen impetuosos los rumores de que el de León ha comunicado ya a su círculo íntimo que no piensa ser candidato a una tercera reelección. Y otra vez la mercancía de que  Sonsoles ha dicho “no aguanto más” y que “ocho años de sacrificio” por la patria son más que suficientes. ¿Demasiado bello para ser cierto? Dice el rumor que circula con la fuerza del Jet Stream que hasta que eso ocurra, hasta el anuncio liberador capaz de convertir en el trazo largo de la Historia a este orate en un mal sueño, ZP se apresta para un último esfuerzo, dispuesto a liderar la salida de la crisis y el retorno al crecimiento. En abril podrá presumir de un primer trimestre de crecimiento, siquiera testimonial, del PIB, y en mayo la creación de empleo podría también darle alguna alegría, igualmente puntual. Con esos datos cual muletas, el de León se subirá al monte de los telediarios y desde allí pregonará el final de la gran crisis gracias a sus desvelos.

Y mientras se agrieta Moncloa, el país entero asiste estupefacto al desarrollo de esos episodios de corrupción institucional que acompañan la degradación de todo sistema político cuando la virtud es sustituida por la rapiña y el respeto a la Ley por el sálvese quien pueda. El ministro del Interior saltó el viernes a la palestra para defender a Garzón. Parece que el juez bonito ha estado duro con los testigos del caso Faisán con los que se ha careado. ¿Y qué necesidad tiene de ponerse farruco quien ha tenido el caso guardado en el cajón, tras haber querido darlo carpetazo? Pues enviar un recado a Rubalcaba, en cuyo ministerio sostienen que “Garzón está muerto”. Garzón se ha enterado y  ha enviado a don Alfredo un mensaje en una botella. Y éste se ha apresurado a tranquilizar al juez de las tres cruces, a quien no puede rescatar ya de la marea la sola y vomitiva campaña diaria del Grupo Prisa, con El País a la cabeza.

El triste papel de los ex presidentes del Gobierno

El caso Garzón y la llamada con acierto “enmienda Florentino”, o el poder del dinero de los constructores amigos de Moncloa, dispuestos a usar al Gobierno cual clínex para zafarse de la deuda que les ahoga. Hablamos de la modificación de la Ley de Anónimas destinada a eliminar los blindajes societarios que impiden a los accionistas votar de acuerdo con su participación accionarial. Que un ex presidente como José María Aznar se dedique a trabajar de lobbysta para el señor Pérez (el de ACS sigue manejando públicamente el nombre de Zapatero como su gran aliado en este asunto) es el botón de muestra de las miserias de la democracia española. Felipe González haciendo de secretario para todo de ese padrone azteca que es Carlos Slim, y Aznar proponiendo business a toda gran empresa española que se deje. ¿Y el séptimo descansó? No, los domingos Franquito da doctrina, porque esa es la diferencia entre ambos: el sevillano no se reclama propietario de la marca PSOE, y además no quiere salvarnos la vida. Parece tener suficiente con vivir la suya propia.

Estos son los “grandes hombres” que han contribuido a hacer de la democracia española el proyecto fallido y desnortado que es hoy. Todos han fallado. Ninguno ha estado a la altura de las circunstancias, empezando por el Rey. Zapatero es, por eso, la guinda que corona un pastel pasado de fecha hace bastantes años. La noche del 10 al 11 de mayo de 1940, Churchill se fue a la cama a las 3 de la madrugada. Doce horas antes, los nazis habían invadido Francia. El nuevo primer ministro dejó escrito en sus memorias el siguiente párrafo: “Una profunda sensación de alivio me embargaba. Por fin tenía la autoridad suficiente para dirigirlo todo. Sentía que marchaba con el destino y que toda mi vida pasada había sido apenas un ejercicio para afrontar esta hora y esta prueba. Diez años de ostracismo político me habían vacunado contra los habituales antagonismos de partido. Mis advertencias de los últimos seis años habían sido tan numerosas, tan detalladas, y se habían revelado tan certeras, que nadie podía contradecirme. Nadie podía acusarme tampoco de querer la guerra, ni de no haber pedido que nos preparáramos para ella. Estaba seguro que no fallaría. Por tanto, aunque impaciente porque llegara la mañana, dormí profundamente y no necesité de sueños capaces de levantarme el ánimo. Los hechos son mejores que los sueños”. En España, por el contrario, los sueños se han convertido en quimera y los hechos, en pesadilla.

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Marzo 7th, 2010 at 8:03 am

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Las tres cruces del juez Garzón, de Jesús Cacho en El Confidencial

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“Más que la crisis en sí, me preocupan los síntomas de descomposición que se advierten por todas partes”. La frase no pertenece a un moralista al uso, ni a un político con ansias redentoras. Fue pronunciada esta semana por un presidente de empresa del Ibex, asustado por las cosas que estaba viendo desfilar por su despacho. Sobre el fango de una crisis económica que va camino de los 5 millones de parados empiezan a emerger situaciones de escandalosa corrupción típicas de sistemas en fase de desguace, de momentos de “sálvese quien pueda”, o de irónicas despedidas tipo “el último, que apague la luz”. Dos casos de ahora mismo para ilustrar la profunda crisis política y de valores que está en la base de la decadencia económica de España: Los estertores en la carrera judicial del dizque juez Baltasar Garzón, defendido a capa y espada por el Gobierno y su imponente aparato mediático, con Prisa a la cabeza, a pesar de las tres querellas tres admitidas a trámite por el Tribunal Supremo (TS). Y la operación de lobby sobre Moncloa puesta en marcha por Florentino Pérez (ACS, los March), para meter la mano en la caja de Iberdrola -como muy bien relata hoy aquí Escudier- so capa de acabar con las limitaciones de voto en los Consejos, un tren al que se ha subido Luis del Rivero (Sacyr), que aspira a lo mismo en Repsol. “Esto lo lleva directamente Zapatero, y está sobre su mesa de trabajo”. Hedor inconfundible de corrupción al por mayor.

Tiempo habrá para abordar este asunto, cuyo análisis remite por derecho a algunos de los más sonoros escándalos del felipismo. Centrémonos en el inmarcesible juez Garzón, a quien el TS ha aplicado aquello de “si no quieres caldo, toma tres tazas”. Tres querellas tres. Es lo que tiene echarle un pulso al Poder, aunque sea el judicial. Mucho tiempo lleva echándoselo el juez campeador a través de su abogado, Martínez Fresneda, y de su íntimo amigo el también letrado Gómez Benítez –incurso en el caso Faisán, que el propio Garzón guardó en un cajón durante meses-, con la ayuda de sus amigos mediáticos de la izquierda, incluida TVE, y el respaldo total del Gobierno, con la Fiscalía General del Estado y el ministro Rubalcaba en primera línea de fuego. Una ofensiva formidable contra quienes claman por una regeneración del Justicia, que trata de enmascarar los desmanes del Campeador y salvarlo del trance, con prácticas que se acercan a la más pura y dura mafia. Parece, sin embargo, que la estrategia de intimación no ha funcionado esta vez. ¿Por qué?

La línea Maginot se ha fundido porque al juez le han pillado in fraganti en el lugar más inadecuado y en el instante más inoportuno. Justo en el cruce de caminos de varias corrientes de aire que, simultáneas en el tiempo, han provocado la tormenta perfecta capaz de expulsarle de ese planetario jurídico del que siempre soñó ser considerado astro rey. Una ha sido el caso Gürtel, cuyo damnificado es el PP. Otra, el caso Faisán, cuyo beneficiario es el PSOE, partido al que el damnificado sirve ahora con ejemplar dedicación. Una tercera, el llamado caso Pretoria, que ha puesto contra las cuerdas a ilustres catalanes sacando los colores a CiU. Y, en medio, un frente frío llamado causa abierta contra el franquismo, que choca abruptamente con el cálido de los 300.000 euros que el juez bonito pidió al Banco Santander, Querido Emilio, para sufragarse unos meses sabáticos en Washington. La confluencia de tanto meteoro jurídico ha surtido el efecto del barril de pólvora presto a explotar de forma inmisericorde en las partes pudendas del “Príncipe de la Magistratura”, como en su día lo calificara el director de El Mundo (“Baltasar Garzón ha guiado con destreza la relampagueante trayectoria del arma justiciera, dibujando en la pizarra de la Historia uno de los más memorables guiones torcidos de Dios”), en los días en que ambos compartían vino y rosas.

Un juez con muchos padrinos

Lo que parecía imposible, lo que no consiguieran tantas querellas interpuestas durante tantos años, lo ha logrado ahora la tenacidad de dos abogados, Mazón y Panea, enzarzados con Emilio Botín por el caso de las cesiones de crédito; un ex fiscal de la Audiencia Nacional cabreado hasta la médula tras haber sido espiado, Ignacio Peláez, y una asociación que se creyó lo de la ley de punto final sobre la guerra civil. En El Profeta, la película de Audiard de reciente estreno, el protagonista, un joven magrebí analfabeto y frágil que acaba de ingresar en la cárcel, es acogido en el clan de los corsos que controla la prisión después de superar la prueba que le impone el capo del grupo: asesinar a otro recluso. “A partir de ahora estás bajo la protección de Luciani”. Garzón también pasó a estar bajo la protección de Polanco (“que me lo meten en la cárcel, José María [Aznar], que me lo meten…”) después de que el juez bonito le salvara del trance Sogecable, matando a su mejor amigo, el también juez Liaño. Garzón pasó a ser Uno de los nuestros. El padrino de Prisa resolvió su futuro y lo blindó de toda acechanza. Nada ni nadie podría contra él. Desde entonces, muchos han sido los cadáveres insepultos dejados en su camino hacia el poder y la gloria. Pero, con Polanco muerto y Prisa al borde de la tumba, Garzón ha cometido un error capital de última hora, solo explicable por su infinita soberbia: se ha atrevido a arremeter cual toro embolado contra sus propios compañeros de carrera, incluidos los magistrados del Tribunal Supremo. Y no hay peor cuña que la de la propia madera.

La frase que un día dirigiera Miquel Roca a Alfonso Guerra, “es que a usted le tenían ganas…”, se ha vuelto a reproducir aquí y ahora. A cuenta de su condición de aforado, Garzón se ha encontrado con una Sala Segunda del TS presidida por un Juan Saavedra, candidato outsider en su día al cargo, que se cree su función. Se la cree y la ejerce sin notoriedad, con eficacia y rigor, porque es un judicial de los de toda la vida, sin tentaciones políticas ni ambición de cargos. Y con él, un conjunto de magistrados de impecable trayectoria profesional –Colmenero, Maza, Monterde, Andrés Ibáñez, Barreiro, Varela, etc.-, que con él han decidido pasar página de una de las épocas más oscuras de la Justicia española, la representada por Bacigalupos, Villarejos, Ancos y algún otro de la misma especie, y restituir a la suprema instancia penal el prestigio perdido. Hasta 14 magistrados han visto en el TS las tres querellas interpuestas contra el Campeador, y las tres han sido aceptadas por unanimidad, y ello a pesar de que entre esos 14 hay gente, como el citado Andrés Ibáñez, muy cercana a Prisa.

Garzón ha arremetido contra los dos frentes de los que hoy por hoy depende su estatus de inmune ante la Ley: El CGPJ, en la persona de Margarita Robles, impulsora principal de su inmediata suspensión de funciones, y contra los Magistrados de la Sala Segunda, amenazados por El País con salir en portada cualquier día de estos. “Nunca se nos ha ofendido tanto”, aseguraba días atrás un juez del TS. “Estamos ante un tipo disparatado, un bárbaro que cada día que pasa hace más insostenible la situación. Así no podemos seguir trabajando”. Para recuperar ese prestigio, cualquier tribunal –mucho más el Supremo- está obligado a hacer gala de una imparcialidad exquisita. El error de la acorazada mediática que en las últimas semanas trata de amedrentar a los magistrados mediante una campaña frontal de apoyo de Garzón ha tenido, por eso, un efecto boomerang. Cualquier gesto realizado por la Sala Segunda en beneficio del juez hubiera sido interpretado por la ciudadanía como señal de que los Magistrados del TS son bizcochables -exactamente lo que piensan de la Fiscalía-, en feliz expresión del fallecido Joaquín Navarro, una de las personas que más hubiese disfrutado viendo la estrella del campeador acercándose a su ocaso.

Un Gobierno decidido a rescatarlo del trance a toda costa

Los casos Gürtel, Faisán, franquismo y Pretoria son arquetípicos del mal hacer, en lo que a prepotencia y sectarismo se refiere, del juez de marras. El caso del Banco Santander, Querido Emilio, evidencia, por lo demás, su ánimo de lucro. Todos son episodios salpicados de trampas. Trampa es grabar las conversaciones que en la cárcel mantienen los imputados con sus abogados sin conocimiento de los afectados, una de las más graves tropelías que, desde el punto de vista de un Estado de Derecho, se pueden cometer en el ámbito judicial. Trampa es sobreseer y archivar precipitadamente un procedimiento porque de él se pueden desprender gravísimas responsabilidades jurídicas para el presidente del Gobierno y su ministro del Interior. Trampa es eludir el deber de cumplimiento de la legalidad -Ley de Amnistía de 1977-, sin instar la cuestión de inconstitucionalidad de la misma antes de iniciar cualquier tipo de procedimiento, dispuesto como estaba el juez bonito a abrir heridas que la gran mayoría de la sociedad española consideraban cerradas, todo ello ad maiorem gloriam suam. Y trampa es usar fraudulentamente de la técnica de las piezas separadas para arrogarse la competencia -sin pasar por reparto- de asuntos que ni siquiera son materia de la Audiencia Nacional, ello para aflorarlos cuando al libre albedrío del narcisista juez interese.

Dando por sentado el cabreo supino de una mayoría en el  CGPJ y TS, el deseable final de la anomalía Garzón no hubiera sido posible, con todo, sin el hartazgo de unos ciudadanos cada vez más escandalizados con la situación de una Justicia sumida en el mayor de los descréditos por casos como el comentado. Es cierto que la estrella del campeador parece a punto de apagarse. “Está muerto”, dicen en el despacho de Rubalcaba. Es cierto, también, que el susodicho ha pretendido jugar a tantas cartas que, al final, su castillo se ha derrumbado. Y es cierto, en fin, que nadie está por encima de la ley, aunque ese nadie viva adosado al Poder, identificado en el Ministro de la policía de turno. Pero no lancemos las campanas al vuelo. A Garzón no lo salvará Prisa, tan arruinada como desacreditada, pero sí podría rescatarlo del barro un Gobierno dispuesto a poner en jaque toda la maquinaria del Estado para mantener vivo a un juez que, por encima de todo, es útil al Poder, tanto para tener a la oposición permanentemente en jaque como para solventar de un plumazo –firma y rúbrica, nunca mejor dicho- el trabajo sucio de Policía y Guardia Civil en la lucha antiterrorista. La pelota, en mi modesta opinión, sigue en el tejado. Si finalmente se estampara contra el suelo, sería un motivo de gran alegría porque, a pesar de los pesares, habría margen para pensar que la regeneración democrática aún es posible en España.

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Febrero 28th, 2010 at 9:03 am

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Cajas, una reforma en vía muerta, de Jesús Cacho en El Confidencial

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El debate sobre la crisis económica del pasado miércoles ha vuelto a poner de actualidad una de las reformas consideradas ab initio como esenciales para salir del atolladero, la financiera, que hoy, más de dos años después del estallido de la burbuja, sigue en vía muerta, convertida en museo de cera de la incapacidad del Gobierno de Rodríguez Zapatero para gestionar los planes que propone, seguramente porque no pasan de ser artificios publicitarios para ir trampeando en espera de que el invierno de la crisis dé paso como por arte de magia a un verano de bienestar. Fue Mariano Rajoy quien se refirió en las Cortes a un asunto que sigue siendo clave para devolver la vida –el crédito- al sistema productivo: “Necesitamos reestructurar el gasto público, acabar con el descontrol del déficit y de la deuda, acometer la reforma laboral. A ello hemos de añadir la  reestructuración del sistema financiero y las reformas de sectores estratégicos (…) ¿Quién va ocuparse de que vuelva a circular el crédito y recupere su aliento la actividad económica? (…) Podemos hablar en serio de la reestructuración del sistema financiero. Es que el FROP al que usted se ha referido aquí fue aprobado en junio y estamos en febrero y no se ha hecho ninguna operación”.

Tres citas, al menos, para enfatizar la importancia de una  reforma que, en pura lógica, debería haber sido la primera en atacarse como origen que es del problema. Por desgracia, un asunto que tendría que haber quedado encarrilado ya en 2008, primer año de crisis, sigue estancado por la falta de voluntad –cuando no la ausencia de instrumentos legales- del Gobierno central para poner firmes a los dirigentes autonómicos, la politización que aquí todo lo anega, la defensa a ultranza de los derechos adquiridos de unos cuantos, y la incompetencia de casi todos, rectores del Banco de España incluidos. La tardanza en acometer la reforma del sector financiero retrasará sin duda la salida de la crisis en España. Como muchos temían, el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) se ha convertido por derecho propio en testigo de ese fracaso. El resultado es que, aprobado en junio pasado y con final marcado por Bruselas a junio próximo, de los 99.000 millones previstos solo se ha dotado con 12.000, de los cuales no se ha utilizado un euro a día de hoy, porque no se ha hecho ninguna operación. Y ello cuando apenas le restan 4 meses de vida legal. Casi una pieza de museo prematuramente envejecida.

Una aplicación estricta de las condiciones impuestas por Bruselas a la utilización del FROB conllevaría la necesidad de liquidar una parte importante de nuestro elenco de cajas y bancos, fundamentalmente cajas. Una aplicación laxa, por el contrario, podría permitir a Gobierno y BdE la recapitalización masiva del sistema y el rediseño, desde la política, del mapa financiero español para los próximos 15 años. Sin embargo, el coste efectivo de las ayudas, un mínimo del 7,75%, parece tan elevado, que solo las entidades en situación crítica acudirán al mecanismo. El temor es que, con semejantes tipos, no puedan devolver las ayudas de no producirse un drástico cambio en el ciclo económico en los próximos 5 años que les permita recuperar las pérdidas que ocultan en sus balances, en cuyo caso las participaciones preferentes -instrumento a través del que se canalizarán las ayudas-, se convertirán en acciones (caso de los bancos) o cuotas con derecho de voto (cajas) en manos del FROB, es decir, la nacionalización de las mismas.

Como es lógico, la responsabilidad del Banco de España (BdE) en lo que está ocurriendo es particularmente relevante. Mientras el gobernador, Fernández Ordóñez, se dedica a explicar a Celestino Corbacho el problema del paro y las pensiones, el sistema de Cajas sigue con fiebre muy alta, con no pocas necesitadas de la extremaunción. El director del FROB, Julián Atienza, era hasta mediados de 2008 el máximo responsable de supervisión de las Cajas de Ahorro, y a él se imputan no pocas de las desdichas actuales. Con fama de tipo no muy trabajador, dejó que las Cajas crecieran sin tino y se metieran hasta las cachas en la burbuja inmobiliaria, sin establecer ningún control sobre la actuación de unos gestores que vivían en el mejor de los mundos. No tenían que responder ante unos accionistas que no tienen, ni ante un BdE que no cumplió con su obligación. Durante la etapa de Atienza, los inspectores que ejercían su labor con gran celo eran tachados de exagerados y acusados de desconocer “la nueva realidad del mercado”. En cambio, aquellos cuya actitud era más dócil lograban halagos a su “inteligencia financiera”, al tiempo que trepaban hacia destinos mejores.

El Banco de España desconoce la dimensión de la crisis

Lo descrito explica en parte la laxitud del gobernador Ordóñez a la hora de afrontar con determinación la reestructuración de las Cajas. En efecto, el relajamiento de la disciplina in vigilando, unido a la manga ancha utilizada a la hora de permitir a las instituciones de crédito trucos contables de todo tipo para disimular pérdidas, se ha traducido en algo que puede sonar muy fuerte pero que se acerca mucho a la realidad: el Banco de España desconoce la verdadera dimensión de la crisis que afecta a cajas y bancos, en particular a las primeras. El problema de relajar la función supervisora se traduce en que, al final, ni el propio supervisor sabe cuáles son los números correctos. En esa tesitura, lo mejor desde luego es echar balones fuera y teorizar sobre las causas del paro con el ministro Corbacho.

Renuente a afrontar un saneamiento drástico del sector, como sería su obligación, el BdE ha permitido, en cambio, la aparición de inventos como los Sistemas Institucionales de Protección (SIP), asunto que merece capítulo aparte. Estamos ante uno de los mayores fenómenos mediáticos de los últimos meses, al que ha contribuido activamente el miedo del regulador a los poderes autonómicos, empeñados en impedir las fusiones interregionales para no ceder poder y gabelas al tiempo. Lo que en principio constituye una mera entidad instrumental al servicio de un fin de carácter contable como es la consolidación de balances, ha pasado a presentarse como una “fusión fría o virtual” de entidades de crédito, preferentemente de Cajas de Ahorro y Rurales (Cooperativas de crédito). Nada más lejos de la verdadera naturaleza de una fusión.

De acuerdo con la circular 3/2008 del BdE, dos o más Cajas pueden consolidar sus balances mediante su participación en el capital de una sociedad constituida al efecto, a la que se dotará de un contenido mínimo que permita al supervisor  considerarla una “unidad de decisión”. El necesario visto bueno del BdE ha fundamentado la opinión de que esa sociedad mercantil deba ser un Banco, dada, además, la imposibilidad legal de que sea una Caja, cosa no prevista en la LORCA. La disyuntiva, con todo, ha generado una notable polémica, movida entre otros por el propio presidente de la CECA, Juan Ramón Quintás, para quien la constitución de las SIP mediante un banco desnaturaliza las entidades y pone la primera piedra para la privatización de las Cajas, por lo que pide una reforma de la LORCA que posibilite estas integraciones a través de otra de carácter fundacional, opinión a la que se opone la mayoría de los capos de Cajas.

Maniobras para aplazar la solución del problema

Sorprendentemente, el verdadero quid de la cuestión -¿Cómo se logra que la entidad que sirve para unir las Cajas sea considerada una “unidad de decisión”?- no ha suscitado polémica alguna. Ser considerada como tal por el BdE exige cuando menos centralizar en la nueva sociedad las funciones nucleares de toda entidad de crédito, tal que la política de riesgos, comercial, liquidez/financiación y costes de explotación. Peros las Cajas hasta ahora involucradas en la creación de SIPs no pretenden centralizar nada, porque ni hay fusión efectiva, ni se obtiene reducción de la capacidad instalada, ni ahorro de costes, ni hay reestructuración que permita justificar la concesión de ayudas por el FROB. En definitiva, los SIP constituyen un artefacto ideado por los amos de las Cajas para facilitar el cumplimiento del coeficiente de solvencia por consolidación de sus balances, y garantizar con ello la pervivencia de su Caja en el mercado como ente diferenciado, al margen de los avatares políticos o financieros. Lo demás es un puro aderezo nominal.

Estamos, en suma, ante una maniobra para aplazar la verdadera solución del problema. Patada a seguir. En lugar de concentrar, se intenta mantener la fragmentación actual. Las “fusiones frías” no traerán otra cosa que luchas internas por el poder en cuanto desaparezcan las angustias actuales, luchas en las que tendrán papel destacado los políticos de las Comunidades involucradas en el proceso. Y todo eso ¿para qué? Para que esos políticos sigan teniendo su juguete, y un montón de mediocres continúen cobrando suntuosas dietas de los Consejos de Administración. ¿No es una broma hablar de “fusiones”, frías o calientes, entre entidades dispuestas a mantener intactos sus órganos de gobierno respectivos? Para colmo, esta semana se ha sabido que el Gobierno, con la anuencia del BdE, está dispuesto a cambiar la LORCA para permitir las “cajas de cajas” que reclama Quintás. A partir de ahora veremos florecer por todo el país CECAs varias. ¿Por qué conformarnos con una Caja si podemos tener una CECA…? La historia se repite: En España no se legisla para solucionar los problemas de los ciudadanos –la ausencia de crédito que sufren tantos empresarios-, sino para satisfacer la vanidad y el bolsillo de los políticos y los gestores de las entidades.

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Febrero 21st, 2010 at 8:01 am

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Borges y la ignorancia, de Jesús Cacho en El Confidencial

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“Es increíble que un solo hombre pueda ignorar tanto”. La frase pertenece al genio de Borges y su destinatario fue el general Videla, responsable de la dictadura militar que tanto daño material y moral causó a la Argentina. Dedicada a Videla, sí, pero que podría aplicarse con propiedad al presidente del Gobierno español, Rodríguez Zapatero, y aun ampliarse sustituyendo el verbo ignorar, que también, por el de manipular, mentir, falsear, engañar, disfrazar, fingir y algunos otros que de forma igualmente ajustada podrían servir para definir la actitud y el comportamiento cívico y político de un hombre convertido en un corcho, trasmutado en una esponja. Corcho que flota por encima de todas las desgracias que asolan al país, con el paro a la cabeza de la cofradía. Esponja que absorbe sin pestañear cualquier clase de crítica, impasible el alemán, encantado de haberse conocido, convencido de que mañana será otro día y que no hay mal que cien años dure.

De manera que ayer volvimos a ver y oír al Zapatero tantas veces visto y oído. Mucho más envejecido, eso sí, porque ni el rostro más pétreo puede ocultar las heridas que el fracaso reiterado suele producir tras la más dura epidermis. El presidente volvió a enmascarar la profunda y peculiar crisis española en la situación internacional, la maldad de los especuladores, la perversidad de la oposición que se niega a colaborar, y el empecinamiento de un lucero del alba que sigue dispuesto a mostrarse por el Este todas las mañanas. Admirable: el presidente asume con ejemplar talante democrático sus responsabilidades, no sin antes hacernos saber que responsables somos todos. Y con un repertorio capaz de dejar chica a la Filarmónica de Viena, lo mismo reitera ante Rajoy su disposición a controlar el déficit que, a renglón seguido y con Llamazares en la tribuna, jura por sus muertos que mantendrá el gasto social contra viento y marea. Nuestro Zapatero no conoce barreras, si soporta trabas. Su desparpajo no tiene límites. Él se siente libre como el viento -“la respuesta está en el viento”- para mentir y manipular a placer.

Su capacidad, con todo, para bajar a la bodega y salir a la superficie con un nuevo bote de humo en la mano con el que distraer al personal es casi infinita, como ayer quedó de nuevo demostrado. Desacreditadas todas sus versiones, cortocircuitado su intento último de involucrar al Rey en la melee, el acróbata leonés nos sorprendió ayer con el anuncio de una comisión (Salgado, Blanco y Sebastián) encargada de negociar reformas con el resto de partidos en el plazo máximo de dos meses. Y de paso, y si todo transcurre según el guión, aislar de nuevo al PP o al menos intentarlo. Ya conocen el dicho inglés, que algunos atribuyen a Napoleón, según el cual “si quieres que un asunto se eternice hasta pudrirse, nombra una comisión”. La propuesta, más que estrafalaria, es casi una ofensa a una nación que atraviesa por uno de los momentos, económicos y políticos, más difíciles de su moderna Historia. Casi una broma macabra, tras una crisis que dura ya dos años. Tomadura de pelo que servirá al inquilino de Moncloa para ganar dos meses, tomar aire y seguir trampeando, que de eso se trata. Él se lo puede permitir; España, no.

Porque esa me parece la clave del arco de esta legislatura: lo que está en cuestión no es el crédito del Reino de España, sino el de Zapatero. Quien ha perdido prestigio no es España, sino Zapatero. Quien no es fiable es Zapatero, no España. Días atrás, un empresario norteamericano de visita en Madrid me manifestaba su perplejidad por lo que había observado durante su corta estancia entre nosotros: “Es verdad que nosotros sufrimos a un tipo como Jimmy Carter que fue un desastre, aunque ni de lejos comparable a lo suyo. Pero, dígame una cosa, ¿es que no tienen ustedes filtros políticos que impidan que un personaje como éste pueda llegar a la Presidencia del Gobierno…?” Pues no, y aquí está el resultado. Un resultado que parece importar poco a muchos. Porque el personaje sigue contando con una claque -en la que figuran algunos directores de periódico-  formidable, tan inasequible al desaliento que hoy saldrá diciendo que el tipo estuvo sublime, que ganó el debate de calle, y que la culpa del desastre que nos aflige es del empedrado, es decir, de la oposición. De todos, menos del Gobierno.

Descubiertas casi todas sus habilidades, ayer tocaba sesión de humildad y oferta de diálogo a diestra y siniestra. Pero como las cosas no están para líricas estériles, el sublime humilde recibió una buena mano de hostias de la práctica mayoría de los grupos políticos. Particularmente acertado estuvo ayer Mariano Rajoy, claro, conciso y rotundo en los mensajes. La suya era ayer una prueba más peligrosa que difícil, sobre todo después del episodio real de los últimos días. Una sola referencia a la memoria bastó para dejar en evidencia al personaje que nos gobierna. Cito casi textualmente: “nos propone ahora una comisión que parece va a resolver los problemas económicos de nuestro país. Pues miré, usted acordó conmigo el 14 de octubre de 2008, en una reunión en Moncloa, la creación de una mesa de reformas estructurales, asunto que luego se hizo público. Dijo usted que es útil y absolutamente posible el diálogo en temas mayores entre los dos grandes partidos y con el resto de fuerzas políticas, y como presidente del Gobierno me corresponde hacer un gran esfuerzo para llegar a acuerdos. De modo que esto que acaba de decir hoy aquí ya lo dijo hace año y medio y no ha hecho usted nada”.

Esa es la madre del cordero: la incapacidad para tomar decisiones ejecutivas de un personaje ampliamente rebasado por la importancia del reto. El problema es Zapatero. El primer responsable es Zapatero, y corresponsable es el partido que lo sostiene, con sus diputados la frente. Rajoy tuvo ayer el arrojo de colocar la pelota en el tejado socialista, atrevimiento que sin duda escocerá en las filas de un partido que en marzo de 2008, y en campaña electoral, prometía el pleno empleo en esta legislatura. El epílogo no puede ser sino de desesperanza. Tenemos por delante dos años de sufrimiento y deterioro -económico, político y social- creciente, uncidos todos al carro de un político desacreditado, incapaz de vender otra cosa que no sea humo. Por desgracia, serán seguramente los denostados mercados los que, dentro de unos meses, se encarguen de darnos la puntilla.

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Febrero 18th, 2010 at 8:04 am

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La Reina y su tataranieto, de Jesús Cacho en El Confidencial

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La Historia, como las mareas, siempre se repite. Año 1865. Con la Hacienda Pública hecha unos zorros a consecuencia de una Deuda que no había dejado de crecer, el entonces ministro del ramo, un tal Barzanallana, propuso a las Cortes hacer uso de un anticipo forzoso de 600 millones de pesetas, intento que sus señorías tumbaron sin piedad. La Reina, doña María Isabel Luisa de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, de cuya generosidad nunca hubo duda, hizo entonces aparición en escena proponiendo enajenar bienes del Real Patrimonio y dedicar el 75% de la cifra obtenida a aliviar la situación del Tesoro. El presidente del Consejo, general Narváez, El Espadón de Loja, se deshizo en elogios hacia el Real gesto y otro sí hicieron los pelotas de turno, siempre legión por estos páramos. “Cuán feliz es la nación que tiene una Reina tan grande, tan generosa, tan patriótica…” Pero un hubo un tipo valiente, un hombre libre, porque entonces los había, que decidió salir por peteneras. Se trataba del líder republicano Castelar, que en un artículo publicado en La Democracia aseguró que los bienes del Real Patrimonio pertenecían al pueblo, y que ese 25% que pretendía reservarse la Señora era simple y llanamente un robo. Se armó la marimorena. El Gobierno abre expediente a Castelar con intención de expulsarle de su cátedra en la Universidad de Madrid. Los estudiantes se echan a la calle y, Guardia Civil en frente, tiene lugar la noche de San Daniel: 11 muertos y casi 200 heridos. Apenas tres años después, con el Reino sumido en el caos, Isabel II salía camino del exilio, tras la Gloriosa de 1868.

También ahora, 145 años después, el tataranieto de la reina castiza ha salido en socorro de una nación que sufre una de las más graves crisis económicas de su Historia por culpa de la insolvencia del presidente del Gobierno elegido por una mayoría de españoles. “¿Qué había de hacer yo, jovencilla, reina a los 14 años, sin ningún freno a mi voluntad, con todo el dinero a mano para mis antojos y para darme el gusto de favorecer a los necesitados, no viendo al lado mío más que personas que se doblaban como cañas, ni oyendo más que voces de adulación que me aturdían ¿Qué había de hacer yo…? Póngase en mi caso”, aseguraba en su exilio del parisino palacio Basilewsky, en una entrevista concedida al gran Pérez Galdós. No se sabe bien quién aconsejó a la Reina, rodeada toda su vida de una camarilla corrupta hasta la náusea, proponer la venta de parte del Real ajuar para ayudar a la Hacienda Pública, y tampoco se sabe ahora quién ha aconsejado a Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias abandonar su plácido laissez faire laissez passer para meterse en libros de caballerías de la política partidista. En 2010 no se trata de sacar a subasta la fortuna del Monarca para ponerla al servicio del Fisco, sino de forzar a la oposición a salir en socorro de un Gobierno inepto suscribiendo un gran Pacto de Estado.

No se sabe, pero se sospecha. Tras unas semanas de infarto para la solvencia del Reino de España, culminadas el martes 9 por una nueva pedrada de Zapatero a la ortodoxia fiscal (concesión de 426 euros a los parados que hayan agotado el subsidio de desempleo. Gasto social en todo lo alto. 511 millones a añadir a la cuenta, justo lo contrario de lo predicado el lunes por el secretario de Estado Campa en Londres, prometiendo a los inversores recortes adicionales del gasto), el Presidente rindió su habitual despacho de los martes con el Rey en Palacio, y allí pidió al Monarca su implicación directa en la actual coyuntura. ¿Sincera petición de auxilio o estratagema propia del maestro en cuestiones de agitación y propaganda que es ZP? La petición fue apoyada con entusiasmo por ese gran creador de republicanos que es Alberto Aza. El caso es que 36 horas después y sin venir a cuento, el Rey aprovechaba un acto con la ministra Garmendia para soltar su bomba: “Es hora de grandes esfuerzos y amplios acuerdos para superar juntos cuanto antes la crisis”. En la tarde de ese jueves, y a sugerencia de ZP, quien visita La Zarzuela es la ministra de Economía, Elena Salgado, se supone que para explicar al Rey del escenario de pobreza colectiva al que se enfrentan los españoles. El viernes, en fin, son los líderes sindicales quienes viajan a Palacio convocados por la Casa Real con apenas unas horas de antelación, encuentro inaudito, porque no resulta fácil imaginar a Isabel II de Inglaterra tomando el té con las Trade Unions para sacar del colapso al Gobierno de Gordon Brown. Y todo ello sin ningún tipo de aviso o anuncio previo a la calle Génova.

Colocar al PP extramuros del Sistema

La maniobra parece clara. Metiendo al Rey en la melee logramos  involucrar a la más alta magistratura de la nación en un problema que tiene por causa la incapacidad del  presidente del Gobierno para adoptar las medidas oportunas en el momento adecuado. Tinta de calamar: desvirtuamos el problema y  enmascaramos a sus auténticos responsables. Y como el PP va a rechazar presumiblemente la invitación por tramposa, lo colocamos de nuevo extramuros del Sistema, al tiempo que lo señalamos con el dedo como el malo de la esta película de miedo. El portavoz parlamentario del PSOE, José Antonio Alonso, daba en la diana: “Queremos un acuerdo, pero los signos que está emitiendo el PP no son muy buenos. Parece que Rajoy no está muy dispuesto”. El diario El País remataba ayer la faena: “El PP impide el pacto de Estado”. Maniobra habilísima de Zapatero, pero tan arriesgada (véase el desconcierto el viernes de la propia Fernandez de la Vega), tan fácilmente desmontable, que su mentor podría terminar pagando un alto precio por la misma. El mismo precio que el Rey.

Los poderes del Monarca están taxativamente fijados en el artículo 62 de la Constitución, y nada se dice allí de que pueda dirigir la política interior, coordinar las funciones del Gobierno y mucho menos ejercer sus competencias (arts. 97 y 98, CE, sobre la responsabilidad del Gobierno y su Presidente). La actuación frente a la crisis económica constituye acción inserta en la política interior, y por ende labor del Ejecutivo mediante el ejercicio coordinado de sus competencias. El art. 56, CE, alude a que el Rey “arbitra y modera  el funcionamiento regular de las instituciones”, pero también dice que “ejerce las funciones que expresamente le atribuyen la Constitución y las leyes”. Si el Rey, por mor de una situación cuya gravedad a él no le incumbe enjuiciar porque no entra en las facultades del art. 62, emplaza a las partes –partidos, patronal y sindicatos- a un pacto de rentas, está entrando en el ámbito competencial del Ejecutivo. Y si lo hace, sólo puede ampararse en su función arbitral y moderadora de las instituciones, lo que implica el reconocimiento de que el Gobierno y su Presidente, instituciones donde las haya, no están cumpliendo con su obligación. De modo que, si no ha sido a pedido del Gobierno, estamos ante una oficiosidad del Monarca, y si lo ha reclamado Zapatero constituye un clamoroso reconocimiento de su propia incapacidad, lo que debería llevarle a dimitir de inmediato.

Según el art. 64 de la CE, de los actos del Rey responde el Presidente del Gobierno o, en su caso, los Ministros competentes, porque el Rey es un “irresponsable” en términos jurídicos. Es decir, confesada la iniciativa real, debe ser el presidente del Gobierno quien responsa de la misma. Atención, señor Rajoy, abandone su tradicional cachaza y póngale un poco de mostaza al guiso: ¿Reconocerá Moncloa que el Rey ha actuado como masajista de un Presidente del Gobierno que ha reconocido su propia incapacidad? La salida de la crisis depende de opciones hoy por hoy ideológicas –mantenimiento de esas  “políticas sociales” tan queridas por ZP y tan caras para los demás, versus necesidad de “apretarse el cinturón” que preconiza la derecha, cuya variante más dura incluye la apelación al “sangre, sudor y lágrimas”-, opciones que, ante el desacuerdo constatado y la incompetencia advertida, pasan ineludiblemente por un adelanto electoral, salida lógica en una democracia, ello al margen del escaso entusiasmo que generen los púgiles en liza.

Un salvavidas para Zapatero

Dicho lo cual, parece evidente que el Rey ha querido lanzar un  salvavidas a un sujeto que, sin saber nadar, ha tenido la osadía de querer cruzar el océano caminando sobre las aguas con media España detrás. Gente distinguida circula por Madrid, sin embargo, que opina que el salvavidas se lo ha lanzado el Monarca a sí mismo. “La iniciativa real hay que entenderla en el sentido de disposición de últimas voluntades, es decir, en términos testamentarios propios de quien abandona el cargo y desea liberar a sus herederos y siervos de todo tipo de desventura.  Los rumores de abdicación, auspiciada por el Príncipe Felipe, su esposa y su madre, no han faltado a lo largo de enero. Pero si hay algo en lo que coinciden todos los que conocen a Juan Carlos I es en que solo abandonará el trono con la muerte, contexto en el cual lo ocurrido estos días con el famoso Pacto habría que entenderlo como un intento de coger carrerilla y tomar aire para unos cuantos años más, gracias a la popularidad que se supone debería otorgarle su involucración en los problemas del país.

Isabel II, descrita por Comellas como «Desenvuelta, castiza, plena de espontaneidad y majeza, en el que el humor y el rasgo amable se mezclan con la chabacanería o la ordinariez, apasionada por la España cuya secular corona ceñía y también por sus amantes”, moría el 9 de abril de 1904, tras complicaciones bronco-pulmonares producidas por una gripe. Sus restos recibieron sepultura en el Panteón de los Reyes del Escorial. Pérez Galdós, que la entrevistó en París poco antes del deceso, dejó escrito este epitafio: “El reinado de Isabel se irá borrando de la memoria, y los males que trajo, así como los bienes que produjo, pasarán sin dejar rastro. La pobre Reina, tan fervorosamente amada en su niñez, esperanza y alegría del pueblo, emblema de la libertad, después hollada, escarnecida y arrojada del reino, baja al sepulcro sin que su muerte avive los entusiasmos ni los odios de otros días. Se juzgará su reinado con crítica severa: en él se verá el origen y el embrión de no pocos vicios de nuestra política; pero nadie niega ni desconoce la inmensa ternura de aquella alma ingenua, indolente, fácil a la piedad, al perdón, a la caridad, como incapaz de toda resolución tenaz y vigorosa. Doña Isabel vivió en perpetua infancia, y el mayor de sus infortunios fue haber nacido Reina y llevar en su mano la dirección moral de un pueblo, pesada obligación para tan tierna mano”. La Historia se repite.

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Febrero 14th, 2010 at 8:01 am

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El hundimiento, de Jesús Cacho en El Confidencial

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Lo cuenta la impresionante película Hirschbiegel, y lo han contado infinidad de autores que han rastreado los últimos días del gran dictador en su búnker berlinés: Iracundo y tembloroso, el dictador aun esperaba, apenas 24 horas de pegarse un tiro en la sien, la llegada milagrosa de inexistentes ejércitos dispuestos a salvarle del asedio de los soldados soviéticos que, al mando del mariscal Zhukov, ya se encontraban en los arrabales de Berlín. “Pero, ¿dónde está Steiner? ¿Por qué no ataca? ¿Y qué pasa con el 9º Ejército de Wenck…?” Rodríguez Zapatero también reclama ahora la presencia de tropas celestiales dispuestas a hacer realidad el milagro de sacarle de esta pesadilla. Nuestro  insensato general creyó primero que la burbuja española era eterna; luego negó a pies juntillas que hubiera crisis; más tarde acusó de la misma a los norteamericanos; después imaginó haber hallado el bálsamo de Fierabrás inyectando dinero público a mansalva (“¡no me digas, Pedro, que no hay dinero para hacer política…!”), y finalmente, con la soga al cuello, pensó que del lío nos iban a sacar alemanes y franceses creciendo a ritmo bastante para tirar de nuestras exportaciones.

Como al monstruo austriaco, también a ZP se le han ido derrumbando sus ejércitos de arena. Escena contemplada el jueves en Washington tras el Desayuno Nacional de Oración, ese templo del cristianismo USA más conservador en el que el ateo Zapatero trató de poner el huevo de su relativismo moral como Erasmo puso el de la Reforma. Ante un grupo de empresarios hispanos que obedientemente le ha acompañado al acto (“es que no hemos podido decir que no; Bernardino León ha llamado personalmente uno por uno”), ZP muestra su extrañeza por lo que, según le cuentan, está ocurriendo en la Bolsa de Madrid.

- Pero no entiendo por qué le están dando al Santander de esta forma, si ha presentado unos resultados cojonudos…

- Presidente, el problema no es el Santander, sino el riesgo España.

- ¿Ah, sí…?

Y con gesto perplejo y sin mediar explicación se da la vuelta para preguntar no sé qué cuestión a sus aides de chambre, dejando a los empresarios con la palabra en la boca. A pesar de la tormenta que se estaba gestando sobre las cuentas públicas españolas, todo iba casi bien para ZP hasta que, a cuenta de esa presidencia de la UE de la que pensaba sacar pecho y provecho, fue necesario exponerse al general escrutinio de la opinión pública europea, mercados financieros incluidos. Han sobrado unas semanas, desde Copenhague a esta parte, para que Europa se diera cuenta del paño que guardaba el arca presidencial española. El ridículo alcanzó su máxima cota en Davos, donde el muy osado no tuvo ocurrencia mejor que aparecer en un panel al lado del griego Papandreou y del letón Zatlers, dos campeones de la ortodoxia fiscal. En el escenario alpino donde a primeros del XX iban a curar la tuberculosis los ricos del viejo continente, Zapatero terminó por meter a España en el club de los tísicos de Europa, poniéndole en la lupa de mercados financieros y analistas como firme candidato a entrar en una situación de insostenibilidad de sus finanzas públicas.

Tan asustado volvió el genio de Davos que por sorpresa anunció un recorte de 50.000 millones de gasto público, alrededor del 5% del PIB, reconociendo así el fracaso de su política (?) fiscal y presupuestaria para salir de la crisis. Y es que si Grecia, al borde de la suspensión de pagos, va a la quiebra, el riesgo de contagio será muy alto para las economías con escenarios macroeconómicos similares, léase Portugal, Italia e Irlanda. Con la diferencia de que los irlandeses se han embarcado en un drástico proceso de austeridad y los italianos tienen una tasa de ahorro doméstica descomunal. España, por contra, encabeza hoy el Indice de Miseria de Moody´s, esto es, la combinación de déficit y paro más alta de toda la OCDE.

-“Es que fíjate”, decía una asustada Trini Jiménez al abandonar el Consejo de Ministros del viernes 29, “lo que hemos tenido que hacer para ganar credibilidad en los mercados…”

De eso va el plan de consolidación presupuestaria anunciado por Zapatero. De movimiento desesperado dirigido a calmar la ansiedad de mercados y  gobiernos europeos ante el agudo y creciente deterioro del binomio déficit/deuda español. Como con la famosa Ley de Economía Sostenible, el  Ejecutivo ha fabricado un titular sin nada detrás, porque nadie sabe qué partidas presupuestarias se recortarán ni cómo ni cuándo; nadie sabe que contribución, si alguna, harán CC.AA. y corporaciones locales –responsables de 2/3 del gasto público total- a ese esfuerzo de contención, y nadie se cree, por irreal, el cuadro macroeconómico en que se sustenta ese pretendido recorte del déficit, con proyecciones de crecimiento del PIB en 2012 y 2013 francamente increíbles.

Sacrificios radicales

Con un déficit del sector público situado a finales del 2009 en el 11,4% del PIB (que al final resultará del 12%, como poco), el plan contempla un recorte del mismo, tras descontar los efectos cíclicos, del  5,7%, con el objetivo final puesto en un déficit del 3%, lo cual significa que el déficit estructural es del 8,7% del PIB, guarismo que viene a poner de manifiesto una estructura presupuestaria tan gigantesca como insostenible, desde luego incompatible con la estabilidad de las finanzas públicas. En otras palabras: España SA tiene unos costes fijos que no puede permitirse, lo que hace inevitable acometer reformas de calado en las grandes partidas del gasto, tal que los programas del Estado del Bienestar, número y remuneración de los funcionarios, etc.. No vale un mero maquillaje contable para salir del aprieto. Hacen falta sacrificios radicales en un país que ha vivido por encima de sus posibilidades. ¿Puede un Gobierno sin crédito acometer estas reformas? La respuesta es no.

La última prueba la tuvimos el viernes. Camino de los cinco millones de parados y con el empleo cayendo más que la propia actividad económica, el Ejecutivo fue incapaz de adoptar una sola medida concreta de reforma laboral, a pesar de haberlo anunciado. No se atrevió. No se atreve con los sindicatos (la “ideología”, como él mismo reconoció), de forma que no habrá reforma laboral, al menos inmediata. El Gobierno, en efecto, se limitó a entregar a sindicatos y empresarios un documento que no es más que una exposición de motivos sobre la necesidad de la reforma: “Líneas de actuación en el mercado de trabajo para su discusión con los interlocutores sociales en el marco del diálogo social”. ¡Tócate las narices, Ruperta! ¿Puede un país con el agua al cuello, necesitado de medidas de choque radicales e inmediatas, perder otro año en discusiones bizantinas sobre si el despido de los trabajadores fijos, los que quedan, debe costar 20, 33 o 45 días por año? No es eso, señores, no es eso. Se trata de empezar a crear empleo cuanto antes, algo que nunca van a hacer Toxo y Méndez, el llamado “cuarto vicepresidente” del Gobierno Zapatero.

No hay más salida que la política

Esto tiene muy mala pinta. España necesita el dinero exterior para seguir funcionando (emisiones brutas en 2010 por importe de 211.500 millones de euros), apelando a unos mercados que cada día recelan más de la solvencia de un cuadro macroeconómico que muchos juzgan insostenible, con la consecuencia inmediata del encarecimiento de esa financiación. Se trata de un problema de credibilidad y confianza en España, cualidades que Zapatero ha contribuido a arruinar en el exterior con su sola presencia. El riesgo país no es un resfriado: es un cáncer, una enfermedad para la que ya no hay más salida que la política, es decir, la convocatoria urgente de elecciones generales, a menos que Emilio Botín (“La crisis española es como la fiebre de un niño; pasará pronto”, junio de 2008) mande otra cosa, claro está.

Poco o nada que esperar del PSOE. Aunque el desconcierto es total en sus filas (“Es raro el día que no recibo de anteriores colaboradores míos o bien el currículum o bien el lamento de no haberse ido cuando yo me fui”), quienes se quejan y protestan, generalmente en privado, ya no tienen mando en plaza. Los que, por contra, mantienen poltrona, siguen firmes alrededor del jefe y con él caminarán por el viacrucis por el que transita  España hasta ese Gólgota donde, todo perdido, serán ellos mismos quienes le apliquen, tu quoque, Brute?, mortal puñalada. En el PSOE sucede con ZP algo parecido a lo ocurrido en el pasado con algunos apóstoles del progresismo, caso de Rousseau: cuanto más resentimiento generan, más sumisión reciben.

Y dos notas de esperanza en plena tormenta de pesimismo. Por un lado, el valor personal y político que ha demostrado Don José Blanco, ministro de Fomento, al poner a los controladores aéreos en su sitio vía Decreto Ley. Pepiño For President. Por otro, el mismo valor cívico demostrado por el magistrado Luciano Varela, del Tribunal Supremo, poniendo a Baltasar Garzón, arquetipo de casi todos los males que aquejan a la Justicia española, con pie y medio en el banquillo de los acusados, para desespero de Cebrianes y Rubalcabas. Hay vida más allá de Zapatero.

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Febrero 7th, 2010 at 8:03 am

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El final de la escapada, de Jesús Cacho en El Confidencial

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CON LUPA

Alarmantes datos de paro los publicados el viernes por el INE. Sin resquicio para el optimismo. En los últimos tres meses de 2009, la economía española perdió 224.200 empleos, lo que equivale a decir que cada día se destruyeron 2.488 puestos de trabajo. La tasa podría ser peor, incluso estar rozando ya el 22%, si la población activa hubiera crecido a su ritmo habitual, contingencia coherente con el aumento de la población en edad de trabajar. Pero esa población activa no sólo no ha crecido, sino que ha caído en 92.200 personas en el último año, lo cual es una tragedia para un país como España que tiene una de las tasas de actividad (relación entre la población activa en edad legal de trabajar y población total) más bajas de la UE. Y es que los ciudadanos, en su mayoría jóvenes, han dejado de buscar empleo, vistas las nulas probabilidades que tienen de encontrarlo. Si el paro ha sido siempre el primer problema de España, ahora claramente es el drama de España, asunto que debería tener en pie de guerra a los cuarenta y tantos millones de habitantes de este país, con su clase política al frente.

La dura realidad muestra que en 2009 se perdieron 1.210.800 puestos de trabajo. Pero si nos remontamos al nivel de empleo existente al comienzo de la crisis (tercer trimestre de 2007), resulta que España ha perdido 1.865.000 puestos de trabajo, una cifra espectacular. Como decía Carlos Sánchez el pasado viernes en este diario, es como si hubiera desaparecido del mapa del empleo una ciudad como Barcelona, incluyendo a todos sus habitantes. El fenómeno se observa con mayor nitidez en términos numéricos: si en el segundo trimestre de 2007 el paro afectaba a 1.760.000 ciudadanos, la EPA del último trimestre de 2009 contabiliza 4.326.500 desempleados, lo que equivale a decir que en dos años y medio el paro ha crecido en nada menos que 2.566.500, un aumento digno de figurar en el museo de los horrores económicos. Y menos mal que, según el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, en España no había crisis, porque todo eran “dificultades transitorias”. El corolario es que la tasa de paro se sitúa ya en el 18,64%, cada vez más cerca de sus máximos históricos de los años noventa.

Se supone que un país civilizado, además de desarrollado, no puede soportar una cifra de parados semejante sin avergonzarse, primero, y sin alarmarse, después, porque todas las presas tienen un coeficiente de seguridad a partir del cual ceden y sueltan a empellones el agua embalsada. La marea en retirada de la prosperidad perdida está dejando a la vista y sobre el fango el edificio cuarteado de unas pensiones que no se van a poder pagar en el futuro por culpa del  envejecimiento de la población y la caída de cotizantes a la seguridad social. Y de repente el pánico, cuando se nos dijo que las pensiones estaban aseguradas por los siglos de los siglos amén. Y de la noche a la mañana, medidas tan drásticas como la de prolongar la edad de jubilación. ¿Puede un Gobierno tan desacreditado como éste adoptar una decisión de tanto calado sin un consenso mínimo con la oposición? ¿Es razonable hacerlo al margen del Pacto de Toledo y sus firmantes? ¿O es que tal vez estamos ante una nueva medida cosmética, destinada a apaciguar el dramatismo del momento con la anestesia del totum revolutum? Apuesto doble contra sencillo a que esta iniciativa no verá la luz tal como ha sido formulada. Mientras tanto, hablamos de los 67 años y no del drama del paro.

Hace escasas fechas Octavio Granado, secretario de Estado de la  Seguridad Social además de secretario general de Economía y Empleo del PSOE, afirmaba taxativo que la edad de jubilación no se tocaría en ningún caso. Idéntico desconocimiento de lo que se preparaba tenía la mayoría del Gobierno, por no hablar de los líderes sindicales. Zapatero en su mejor versión: la de la improvisación absoluta. Y la incoherencia. Y el vivir al día. “Al Presidente le han hecho mucho daño las críticas de la prensa extranjera de las últimas semanas, literalmente le han dejado noqueado”, aseguran en Moncloa. ¿Cómo contrarrestar ese daño de imagen? Pues yendo a Davos y sentándose al lado del griego Papandreou y del letón Zatlers, dos hombres todo solvencia. Genial. Y diciendo que España es un país “serio y cumplidor”. Como Grecia y Letonia. Del agitprop se encarga, as usual, el diario El País: “Zapatero planta cara al pesimismo de Davos sobre España”. Igualmente genial.

El lastre de un déficit público del 11,4% del PIB

La reacción social no se ha hecho esperar. El coste electoral de una decisión no consensuada de este calado podría ser tan grande  para el PSOE, que es difícil imaginar que un tipo como Zapatero no termine metiéndola en un cajón dentro de cuatro días. Quizá antes. ¿Se imaginan al Presidente atándose los machos y haciendo frente a una ruptura de la paz social de la que, amachambrado a la sombra de los sindicatos, ha hecho columna vertebral de su política? Todo es posible en Granada, menos ver a esos sindicatos siguiendo, después de semejante anuncio, la estela de miguitas que va dejando tras sí un presidente que no se ha cansado de repetir que no dará un paso atrás en lo que a conquistas sociales se refiere. ¿Y cabe mayor retroceso social que cargarse de un plumazo los 65 años como fecha de jubilación, cifra de hondas resonancias obreras, como lo fue la jornada laboral de 8 horas?

También supimos el viernes de pasión del 28 de enero que el déficit público se disparó en 2009 hasta el 11,4% del PIB. Hace apenas 15 días, el Gobierno seguía dando por bueno el 9,5% de objetivo oficial previsto para el año, sin que a nadie se le moviera un músculo. La locura de un insensato que creyó presidir un país rico ha terminado por salir a flote: subida de las pensiones, incremento del salario mínimo muy por encima de la inflación, cheque bebé, Planes E, subvenciones a todo trapo, inversión pública de lujo… El resultado es que en 2009 el sector público gastó unos 110.000 millones de euros más de lo que ingresó. Un disparate que, como en cualquier familia que gaste más de lo que ingresa, solo puede acabar en la bancarrota.

Ese 11,4% de déficit supone un lastre capaz de impedir salir a flote a una economía como la española. Resulta fácil imaginar las escenas de pánico que en las últimas semanas se han debido registrar en Moncloa conforme iban llegando las malas noticias sobre la situación del enfermo. Tenemos que hacer algo, sí, pero ¿qué hacemos…? El deterioro de la credibilidad de nuestra economía en el exterior es de tal calibre y las necesidades de financiación tan perentorias, que hay que agradecer al Gobierno el gesto de realismo, por fin, que supone tratar de enviar al exterior el mensaje de ortodoxia de ese plan de recorte del gasto en 50.000 millones en los tres próximos años. “España es un país serio”. Pero, ¿mediante qué formula milagrosa piensa el Ejecutivo reducir el déficit de la Administración central del 9,5% en 2009 al 6,2% en 2010, un año perdido desde el punto de vista de la actividad y por tanto, de los ingresos fiscales? ¿Cómo lograr esos 30.000 millones de ajuste presupuestario sin tocar el gasto en Educación, Sanidad, I+D+i, ayuda al desarrollo, sueldo de los funcionarios, seguro de desempleo, financiación de las CC.AA., servicio de la deuda, etc., etc.?

El Gobierno Zapatero está ‘kaput’

Y todo ello en un panorama de crisis que sigue haciéndose presente con toda su virulencia. Mientras la inmensa mayoría de la UE anuncia crecimientos del PIB para el nuevo año, España se convierte en el único país desarrollado cuya economía tendrá crecimiento negativo en 2010. España siempre ha dado un tirón hacia adelante cada vez que ha recortado déficit público y ha liberalizado. La demostración acaba de llegar del otro lado del océano. Estados Unidos, el país donde estalló la crisis financiera -en gran parte responsable de la misma- registró en el cuarto trimestre de 2009 un crecimiento del PIB del 5,7% (2,2% durante el tercer trimestre), guarismo deslumbrante que habla de las propiedades de una economía flexible y liberalizada, capaz de superar terribles crisis en un par de trimestres o tres, situación que contrasta con el paisaje ajado y sin esperanza de una España donde, como dijo el general Franco, “todo está atado y bien atado”.

El final de la escapada. El Gobierno Zapatero está kaput, superado por la envergadura del desastre que él mismo ha ido labrando a lo largo de los últimos seis años. Los nervios de Elena Salgado eran bien perceptibles el pasado viernes. Ella misma ha dicho a una amiga que se sabe “sentada sobre un barril de pólvora” que corre peligro de estallar. El mago ZP ha perdido todo su glamur, y hoy es un personaje vulgar que a su ignorancia en tantas cosas une un sectarismo fuera de lo común. Su “ideología” le ha impedido alcanzar los grandes consensos que serían precisos para abordar la solución de los problemas españoles. Cualquier atisbo de solución racional pasa hoy por desalojarlo cuanto antes de la presidencia del Gobierno. La Historia está llena de ejemplos de países que, de vez en cuando, deciden pegarse un tiro en el pie, cuando no directamente en la sien, poniendo el poder en manos de personajes claramente incapacitados para ejercerlo. El caso español no puede ser más ilustrativo de este extraño síndrome. España está hoy en un serio aprieto y el PSOE en un verdadero callejón sin salida con este personaje al frente. Nuestro pequeño genio camina desnudo, y en pelota picada lo ven ya por el ancho mundo. Los Dioses se apiaden de nosotros.

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Enero 31st, 2010 at 10:06 am

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Blesa deja a Rato el camino desbrozado para una megafusión entre Caja Madrid, Caixa Galicia y CAM, de Jesús Cacho en El Confidencial

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Miguel Blesa se dispone a abandonar esta tarde la presidencia de Caja Madrid dejando a su sucesor, Rodrigo Rato, desbrozado el camino para hacer realidad una megafusión que, en principio y a falta de lo que ocurra finalmente con las cajas gallegas, incluiría a la propia Caja Madrid, Caixa Galicia y Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM). Tres cajas en tres Comunidades gobernadas por el PP, para dar luz a la que sería la primera entidad de ahorro española, por encima de La Caixa. Blesa se referirá hoy a este proyecto ante la Asamblea General de Caja Madrid en la que Rato tomará el relevo como presidente.

La entidad madrileña ha venido trabajando en este proyecto “desde el mes de junio del año pasado”, según las fuentes, y de hecho los estudios correspondientes están muy adelantados, listos para que el impulso político del ex ministro de Economía del Gobierno Aznar, con todo su predicamento dentro del Partido Popular, pueda hacerlos realidad. “Los números están hechos, de acuerdo con gallegos y valencianos, listos y en bandeja para que se sirva Rato”, asegura una fuente de la Caja madrileña conocedora de la operación.

“Y los números salen”, añade la fuente. El resultado sería una caja de ahorros con una cifra de activos cercana a los 303.000 millones de euros, de lejos la primera de España (frente a los 261.000 de La Caixa) y, más importante aún, con capacidad para convertirse en banderín de enganche para otras entidades de menor tamaño, tal que las Cajas de Ávila y de Segovia, que siempre han mostrado su interés por unirse a Caja Madrid. El Banco de España ha expresado siempre a Blesa su apoyo a una operación de este tipo, que podría aprovecharse de las ayudas del FROB.

El mayor de los interrogantes al que se enfrenta esta operación está ahora centrado en la deriva adoptada en los últimos tiempos por Caixa Galicia, que, bajo el impulso político de la Xunta que preside Núñez Feijóo, ha variado su punto de mira para centrarse ahora en una fusión con la viguesa Caixanova, lo que daría lugar a una Caja exclusivamente gallega. “Para José Luis Méndez, director general de Caixa Galicia, la operación gallega tiene un ventaja personal apreciable: el presidente de Caixanova, Fernández Gayoso, está próximo a la jubilación, por lo que nadie le discutiría el mando de la futura Caixa”.

Parece, con todo, que la operación gallega no está cerrada. Y no solo por la oposición de los gestores de Caixanova, que prefieren otro tipo de solución de futuro, sino por la oposición del Banco de España, contrario a la misma, y por la propia disposición del Gobierno central a recurrir ante el Constitucional la reciente Ley de Cajas gallega, amén de la oposición social en Vigo. “Va a ser interesante ver si el hombre de Rajoy en Caja Madrid consigue torcerle el brazo a Feijóo”, asegura con su carga de ironía un prohombre del PP.

Rato se reúne con Matías Amat e Ildefonso Sánchez

De momento, Rodrigo Rato se ha mostrado muy activo en los últimos días moviéndose en los distintos frentes a los que tendrá que  atender en su condición de nuevo presidente. Así, ha mantenido entrevistas con los dos principales ejecutivos de Caja Madrid, Matías Amat e Ildefonso Sánchez, responsable del área de banca de Negocios y director general financiero y de Medios, respectivamente. En el alero está la decisión a adoptar sobre el hombre que será su número dos y primer ejecutivo de la Caja.

“Pero sobre todo Rato se ha mostrado muy interesado en las fusiones posibles a emprender por Caja Madrid”, aseguran las fuentes. El político sabe que cuenta con el respaldo del Banco de España –muy enfadado con Méndez-,  a la citada operación tripartita, “porque daría como resultante una entidad que, hechos los saneamientos precisos, se convertiría en una máquina de ganar dinero”, añaden las fuentes. Mañana mismo, viernes, Rato tiene previsto reunirse por  primera vez y de forma oficial con el Comité de Dirección de la Caja madrileña.

En el caso de que la fusión solo pudiera llevarse a cabo con la CAM, la entidad resultante contaría con activos de 256.000 millones de euros, casi pisándole los talones a La Caixa. CAM, la única que ha emitido cuotas participativas, tiene 1.114 oficinas, de las que 485 (un 43,5%) están en la región, con  7.416 empleados (6,6 por oficina). Su cuota de mercado es del 11,6%, frente al 15,6% de Bancaja. Caixa Galicia, por su parte, cuenta con 833 oficinas, de las que 463 (52,4%) están en Galicia, y una plantilla de 4.772 empleados (5,4 por oficina). Su cuota de mercado es del 18,8%, frente al 16,8% de Caixa Nova.

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Enero 28th, 2010 at 8:06 am

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El Ferrari de Ferrán, de Jesús Cacho en El Confidencial

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Cuentan que Gerardo Díaz Ferrán (GDF), presidente de la patronal CEOE, guarda en su garaje, entre otros clásicos, un precioso Ferrari con matrícula GDS, en honor de su hijo Gerardo Díaz Santamaría, uno de esos caprichos que solo pueden permitirse los muy ricos o los muy vanidosos. “Sólo hay 60 igual en todo el mundo”. Don Gerardo lo compró con un crédito de Caja Madrid y lo puso a nombre de una de sus empresas. GDF era un hombre muy rico para los estándares españoles, aunque la definición que mejor podría caberle ahora es la de “pobre hombre rico”. Asediado por las deudas, él y su socio y amigo del alma, Gonzalo Pascual, tienen en venta todas sus propiedades, empeño harto difícil en estos tiempos que corren donde lo que abundan son activos y lo que escasea es dinero y emprendedores con ganas de meterse en libros de caballerías. El presidente de la patronal salvó el miércoles un nuevo match-ball superando una Junta Directiva que no solo no le exigió la dimisión, como parecería lógico, dadas sus circunstancias, sino que aplaudió las explicaciones que aportó sobre la situación de Air Comet. Mundo al revés.

Todo el mundo sabe o intuye en CEOE que su situación al frente de la gran patronal es insostenible, y que ello se traduce en daño para el prestigio de la organización y menoscabo de su capacidad de interlocución, pero todos callan. Espectáculo muy español. En el país de los viejos y atávicos, predemocráticos miedos a significarse, lo mejor es permanecer emboscado. Y callar. “La situación no es buena para CEOE, pero hay que darle una oportunidad”, dice un prohombre en Diego de León 50. ¿Qué oportunidad? “Imagínese que consigue vender todos sus activos, y que cancela créditos con los bancos, paga atrasos a la Seguridad Social, abona sueldos, en fin, salda todas sus deudas. Quedaría pobre, pero sin mácula. Y bien, ¿estaría entonces capacitado para dirigir CEOE? Aquí somos mayoría los que pensamos que sí. La gente juega a que pueda salvarse y yo tengo esa esperanza…”

“Naturalmente, ello siempre y cuando no salte ningún  escándalo nuevo que ponga en solfa su honorabilidad”, aclara el transeúnte. La Fiscalía de la Audiencia Nacional saltó el viernes a ese ruedo al anunciar la apertura de diligencias para investigar la posible “conducta defraudatoria” de Air Comet, denunciada por los consumidores tras el cese de operaciones del pasado 21 de diciembre por haber continuado vendiendo billetes “cuando ya se tenía pleno conocimiento de la situación de insolvencia manifiesta y la imposibilidad del cumplimiento de las obligaciones asumidas”. En el tic-tac crispado en que se mueve el péndulo español, los defensores de  GDF lo tienen fácil: Rodríguez Zapatero quiere ajustarle las cuentas. Si en el pasado Julio hubiera firmado el documento que habían consensuado Gobierno y sindicatos para la reforma laboral, el gran Gerardo (“Yo no volaría en una compañía como Air Comet”) no estaría pasando por este calvario. De modo que el Ejecutivo pretendería llevarlo hasta el borde mismo del precipicio para obligarle a rendirse y firmar. Eso lo explicaría todo.

Pero la teoría conspirativa de la Historia, la grande y la pequeña, que tantos entusiastas seguidores tiene en España, no consigue explicar lo inaceptable: que la organización que representa a los empresarios de un país desarrollado como el nuestro mantenga a su frente a un patrono que ha demostrado ser un mal gestor de sus propias empresas. Un galimatías de sociedades cruzadas en las que, al estilo de la vieja Rumasa, resulta muy difícil desentrañar responsabilidades y situaciones patrimoniales. Dicen muy bajito por los pasillos de Diego de León que Emilio Botín y César Alierta, como capitanes de las dos mayores empresas privadas españolas, han mandado un mensaje nítido a CEOE diciendo que esto no puede seguir así. Pero muchos lo ponen en duda, por aquello de que quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Hay quien ha dicho también que Botín está dispuesto a acudir en socorro de GDF, aportando la liquidez que necesita Marsans, en un arranque de generosidad tal vez debido a esa súbita pasión compartida entre ambos por il cavallino rampante de Ferrari, cosa que dudan otros tantos.

Solución antes de finales de febrero

La situación, con todo, es tan anómala, que parece tener fecha de caducidad. “Lo de Gerardo tiene que estar resuelto antes de finales de febrero”, asegura uno de sus vicepresidentes. “porque si para entonces sigue vivo el enredo, será él quien decida irse”. Una versión optimista para un hombre que parece aferrado al cargo como tabla de salvación capaz de evitar males mayores. “Que no es un oportunista, que no, que estáis muy equivocados. Aquí llegó con 67 años, movido por su interés de siempre por el movimiento asociativo. Gerardo quiso vender todos o casi todos sus negocios cuando decidió asumir la presidencia, pero no le dejó su socio, Gonzalo. A él le apasiona CEOE y tiene a mucha gente detrás, muchos empresarios que están pasando por las mismas o parecidas angustias”.

La crisis de CEOE es reflejo fiel de la gran crisis por la que atraviesa España. Las instituciones no funcionan. La patronal, que debería estar produciendo ideas a pares capaces de sacar al país del atolladero, ideas pregonadas todos los días sin el menor complejo por las cuatro esquinas, permanece enredada en la maraña de sus propias miserias. El presidente del Gobierno, que, dominado por idéntico empeño, debería estar rodeado de las mentes más lúcidas del país proponiendo reformas de largo alcance susceptibles de aportar perspectivas de futuro para las nuevas generaciones, sigue empeñado en salvar su culo diciendo que lo peor ya ha pasado y proponiendo a Europa soluciones sonrojantes, del estilo de la apuntada el pasado día 13 por el Wall Street Journal: declarando ilegal la crisis (“¿Pero cómo no se nos había ocurrido antes?”). Y bien, ¿cree usted que con el mantra de “lo social” va a impresionar a países que ya disfrutaban de Estados del Bienestar muy avanzados cuando los españoles aun calzábamos alpargatas? ¿Le parece a usted muy social tener parado al 21% de la población activa a finales de 2010, como el viernes pronosticaba S&P?

Otro tanto cabe decir de un líder de la oposición que, convencido de que los errores de su adversario le llevarán en volandas hasta Moncloa, renuncia a encabezar ese gran movimiento regenerador de nuestras instituciones, a formular ese discurso de optimismo capaz de arrastrar a millones de españoles dispuestos a aceptar sacrificios a cambio de ver una luz al final del túnel. La derecha española (no es cierto, como dicen los franceses, que la suya sea la más tonta del continente), siempre dispuesta a hacerse el harakiri sin que nadie se lo exija, se ha vuelto a constipar este fin de semana. En un ataque de buenismo propio del mejor ZP, Rajoy se desayunó el viernes diciendo que los extranjeros deberían tener acceso a servicios de sanidad y educación sin necesidad de empadronarse, afirmación que, a la luz del contexto económico actual, suena cuando menos arriesgada. Y bien, ¿ha pedido usted opinión a quienes financian con sus impuestos esos servicios? ¿Cuándo se atreverán nuestros políticos a coger el toro de la verdad por los cuernos y hablar claro? De postre, el PP nos ha ofrecido su enésimo enredo a propósito del cementerio nuclear de Yebra, con opiniones enfrentadas entre Cospedal y el tándem Arenas-Aguirre. Pero, díganme una cosa, ¿se estudian ustedes los temas con cierta aplicación, o circulan por la vida cual zapateros remendones al buen tuntún?

Y tú, ¿qué haces para librar a España de Zapatero?

Lo que no hace CEOE se dispone a hacerlo Javier Gómez Navarro al frente del Consejo Superior de Cámaras. “Y tú, ¿qué haces contra la crisis?”. Se trata de una gran campaña publicitaria destinada a mover conciencias frente a la situación económica, que podrá verse en las calles desde finales de febrero y que cuenta con el respaldo económico de las más importantes empresas del Ibex, porque Gómez Navarro, un tipo singular muy apreciado en muchos ambientes, se ha encargado de pasar el cepillo. ¿Objetivo? “Recuperar la confianza apelando al esfuerzo individual”. La sospecha, fundada como pocas, es que se trata de echarle un cable a ZP gastando dinero en algo que ya resultaría escandaloso hiciera el propio Gobierno tras los despilfarros del Plan E: en una gran campaña de imagen. De hecho, parece que el padre de la idea no ha sido otro que Javier de Paz, consejero de Telefónica y amigo personal de ZP. El ex ministro socialista abrazó de inmediato la iniciativa, le puso el sello de las Cámaras y empezó a  gestionar las aportaciones económicas. “Primero será una campaña publicitaria, pero el objetivo es conseguir que la gente se implique y se movilice en torno a la meta de salir de la crisis. De hecho, se ha constituido una Fundación Confianza, que servirá de plataforma canalizadora de los fondos”. El segundo paso será, dentro de un año, trasladar la campaña al exterior para reforzar la imagen de España. Pura imagen.

A partir del eslogan de Gómez Navarro, el PP debería tenerlo claro: “Y tú, ¿qué haces para librar a España de Zapatero?” Confieso que la tarea es digna de los trabajos de Hércules, porque necesitaríamos barrer de una tacada a la mayor parte de la clase política actual, a derecha e izquierda, pero no sería mal principio plantearnos la necesidad de desalojar cuanto antes al susodicho. Seis años después de su llegada al Poder los daños para España se antojan muy importantes, pero la situación no parece irrecuperable. Un país que ha superado trances como los reinados de Fernando VII, Isabel II y otros Borbones igualmente bellacos, está vacunado contra cualquier desgracia y es capaz de alcanzar cualquier meta. De momento el muchacho se va a Davos, el elitista enclave en los Alpes suizos donde todos los años, a finales de enero, tiene lugar un aquelarre denominado Foro Económico Mundial, en realidad el negocio privado de un cara dura alemán llamado Klaus M. Schwab, 72, fundador y presidente ejecutivo del invento. Nuestro insigne presidente se codeará en las cumbres donde Thomas Mann escribiera su inabarcable La Montaña Mágica con dirigentes políticos, económicos y empresariales de medio mundo, a quienes seguramente, y en español, instruirá sobre el milagro de cómo convivir con el 20% de la población activa en paro sin que a uno se le hiele la sonrisa.

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Enero 24th, 2010 at 9:03 am

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El bucle Repsol, de Jesús Cacho en El Confidencial

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Desde Aristóteles a esta parte, el drama es descrito como un choque de voluntades, pulsiones enfrentadas de seres humanos que persiguen objetivos distintos, en conflicto entreverado por las circunstancias de los protagonistas. Aunque no falta quien cree que el fin de un drama es divertir, la esencia del género lleva incorporada una enseñanza moral que el protagonista recibe como una bofetada, una reflexión convertida en moraleja, un mensaje a la conciencia de los espectadores. El drama que Antonio Brufau vive en Repsol se inició en plena burbuja del dinero fácil hace de esto casi cuatro años, y acaba superado el ecuador de la segunda legislatura Zapatero, con la Moncloa y sus conseguidores de por medio, y como ejemplo del tipo de cosas que un Gobierno maduro de un país desarrollado no debería hacer nunca.

En octubre de 2006, la constructora Sacyr Vallehermoso anunció la compra del 9,23% del capital de Repsol YPF por 2.855 millones de euros. Se trataba de llegar al 20% de la petrolera, en una “operación amistosa”. Acciona había entrado en Endesa y ACS lo había hecho en Iberdrola. Con el dinero de la obra pública licitada por el Estado, los grandes constructores se lanzaban al abordaje de las compañías energéticas, un sector igualmente dependiente de la tarifa. El precio del dinero estaba por los suelos y la banca lo prestaba con alegría y casi sin garantías, por lo que un grupo de avispados españoles se mostró dispuesto a comprarse España y parte del extranjero con dinero ajeno. Y ante el asombro del resto del mundo. Del amistoso anuncio a Brufau se encargó, antes de que saliera en los periódicos, Javier de Paz Mancho, 51, el íntimo de Rodríguez Zapatero. Ex secretario general de las Juventudes Socialistas, ex miembro de la ejecutiva de UGT, ex presidente de la pública Mercasa, de la privada Panrico, y hoy consejero de Telefónica, De Paz, un tipo de mérito que procede de una familia vallisoletana de humilde condición, es hoy protagonista tras las bambalinas de casi todo lo que se cuece en España desde el punto de vista empresarial.

Fue De Paz quien llamó a Brufau para anunciarle que su amigo Luis del Rivero, presidente de Sacyr, había comprado un paquete de la petrolera. Se trataba de blindar Repsol con una “opción española”, una operación que contaba con las bendiciones del Gobierno. Bastante antes, recién llegado ZP a la Moncloa, del Rivero y su socio Juan Abelló habían protagonizado el ya famoso intento de asalto al BBVA. ¿Se imaginan lo que hubiera pasado con ese banco de haber triunfado la operación pilotada por Miguel Sebastián, después ministro de Industria, a la luz de la situación financiera padecida después por Sacyr? Porque las cañas se tornaron lanzas y el estallido de la burbuja española puso de pronto al descubierto los pies de barro de nuestros gigantes empresariales, obligados a desinvertir a toda prisa para evitar la suspensión de pagos, aunque no la quiebra técnica en la que muchos de ellos se encuentran.

A pesar de que la venta de Itinere, la joya de la corona del grupo, ha logrado aliviar la presión de la gigantesca deuda de Sacyr, ésta sigue superando los 11.000 millones de euros, situación que ha llevado a Del Rivero a intentar la venta del 20,01% de Repsol que posee (aunque los dueños de verdad son los bancos, principalmente Caixa y Santander, que tienen pignoradas esas acciones en garantía de los créditos concedidos para su compra). Paralelamente, los dueños de la constructora se han empeñado en una serie de operaciones de prestigio, grandes obras como el puente del estrecho de Mesina o la ampliación de Canal de Panamá, en realidad una huida hacia delante con ofertas a la baja -que bien podrían ser calificadas de temerarias- y de dudosa rentabilidad de llevarse un día a cabo. Ante la imposibilidad de vender aquel 20% al precio mínimo requerido para no contabilizar minusvalías, a Del Rivero no le queda más opción que intentar hacerse con el control de la petrolera. Con la sospecha, que es moneda de curso legal extendida por toda la comunidad empresarial, de que sus intenciones no son otras que vender a toda prisa determinados activos de Repsol (desde luego la argentina YPF) para aliviar la situación de la constructora.

Desestabilizar la presidencia de Repsol

Desde el pasado mes de septiembre Del Rivero vive enfrascado en una amplia operación de desestabilización de la presidencia de Repsol. Acusa a Brufau de haber realizado una pobre gestión en la petrolera, lo que este año se traducirá en un recorte del dividendo –cuestión vital para Sacyr- por debajo del euro por acción que el catalán se había comprometido a repartir en el Plan Estratégico. El ingeniero murciano no lo hace filtrando material a la prensa. En realidad él desprecia profundamente a la prensa y su función. Su especialidad es el trabajo político. Sus encuentros con De Paz (y todo el entramado Mediapro) han sido constantes en los últimos meses: frecuentes comidas, visitas a su despacho en Las Tablas, y domingos al aire puro del campo en compañía de las señoras. Hay quien sugiere que De Paz es el tapado de Del Rivero para la presidencia de Repsol, especie que el aludido niega de plano. Pocos tan bien vistos por Moncloa. Del Rivero, fan incondicional del titular de Fomento, José Blanco, ha seguido trabajándose a conciencia a su gran amigo Sebastián, y hay quien sugiere que ha recuperado también lazos con la calle Génova, amén del aprecio de José María Aznar vía Juan Abelló.

La frenética actividad tras las bambalinas de Del Rivero coincide con una paulatina pérdida de apoyos, empresariales y políticos, por parte de Brufau, un hombre de carácter cuando menos difícil, capaz de romper toda relación con De Paz, que la tenía, cuando éste fue nombrado consejero de Telefónica. ¿Por qué motivo? Por haber aceptado entrar en la operadora del brazo de su mortal enemigo (OPA de Gas Natural sobre Endesa) Manuel Pizarro. Su principal, y si me apuran único, problema serio, no obstante, es la pérdida de apoyo por parte de La Caixa, la entidad que le impulsó a la fama, que le nombró presidente de Repsol y de la que se despidió en su día, liquidación mediante. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Alambicada en extremo la posición de ese perfecto diplomático que es Isidro Fainé, a quien espantan los ruidos mediáticos, un hombre que tendría difícil explicar en Cataluña el dejar caer a Brufau para poner Repsol en manos de Del Rivero. De modo que Fainé está en la compleja tesitura de quien pretende llevarse al catre a la más bella del baile sin que nadie se de por enterado.

Aseguran las fuentes que el Gobierno no se ha mostrado sensible esta vez a los cantos de sirena del murciano, tal vez porque Zapatero ya no está para novelas de caballerías. Aunque todo es posible con el personaje, cualquier gobernante occidental en su sano juicio juzgaría sumamente arriesgado poner el petróleo y el gas de un país en manos de un constructor ávido por hacer caja, y más después de haber entregado a una empresa pública italiana el control de la primera eléctrica española. Sobre todo cuando la gestión de Del Rivero es puesta en cuestión en su propia empresa por tres de sus más prominentes accionistas, el ya citado Abelló, Demetrio Carceller y José Manuel Loureda. A la hora de la verdad, sin embargo, tanto Abelló como Loureda respaldaron, con su firma a pie de página, la negativa de Del Rivero a acudir al consejo extraordinario donde Brufau se hizo confirmar por el resto de consejeros, incluidos los de La Caixa. A través de mensajes de su móvil, el de Sacyr vendía el viernes alborozado a sus amigos como un gran éxito personal el haber conseguido el portazo de ambos.

Una salida pactada de Brufau

Brufau ha ganado una batalla, pero cada día parece más cerca de perder la guerra. Lejos de haber cerrado la discusión en torno a su presidencia, la convocatoria de este consejo ha agravado la crisis de la petrolera al hacerla oficial y universal. ¿Puede el dirigente de una multinacional mantenerse en ejercicio en contra de la voluntad de su primer accionista? Complicado asunto, que pone a La Caixa en una situación imposible. Ante la dificultad de encontrar un comprador para ese 20% dispuesto a pagar el precio que Sacyr reclama por el paquete, la solución podría pasar por una salida pactada de Brufau que dejara la presidencia en manos de un hombre de consenso, tal que Demetrio Carceller.

Y una consideración final. Un Gobierno digno de tal nombre hubiera llamado a capítulo hace tiempo a los protagonistas de esta historia y les hubiera puesto firmes: no dirá Moncloa a quién deben nombrar presidente, pero pónganse ustedes de acuerdo porque con la energía de un país no se juega. Nada de eso ha ocurrido, porque los intereses generales están aquí, como en tantas cosas, supeditados a bolsillos muy particulares. Tres años y medio después de la inversión de Sacyr en la petrolera alentada, si no dirigida, por el Gobierno, el bucle se cierra como tantas cosas en la España de Zapatero: como el rosario de la aurora, y con grave riesgo para la estabilidad y supervivencia de Repsol como empresa privada española, como no podía ser de otra forma cuando el Gobierno de turno, en lugar de fijar el marco legal y dejar operar en libertad al mercado, se dedica a meterse hasta las cachas en operaciones subterráneas que despiden un tufo insoportable a amiguismo y corrupción.

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Enero 17th, 2010 at 9:03 am

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Brufau ganará la batalla del viernes tras coger por sorpresa a Sacyr y Caixa, de Jesús Cacho en El Confidencial

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Antonio Brufau, presidente de Repsol, cogió ayer por sorpresa a consejeros y accionistas de la petrolera al anunciar la celebración de un Consejo de Administración extraordinario destinado a ratificar su gestión al frente de la compañía y su propia continuidad como presidente. “Me ha sorprendido la convocatoria, y aún no he tenido tiempo de contrastar opinión con nadie”, aseguraba en la tarde de ayer a este diario uno de los doce vocales del Consejo.

Alarmado por el ruido mediático provocado por la aparición en escena de Demetrio Carceller como potencial presidente de consenso, Brufau decidió cortar por lo sano el desgaste que tanto para la compañía como para él mismo supone estar en las portadas de internet y de la prensa de papel, con un golpe de mano que, además, busca colocar a su gran adversario, Luis del Rivero, presidente de Sacyr Vallehermoso, contra las cuerdas.

En el orden del día del consejo del viernes, en efecto, además de la “ratificación de la gestión de la compañía a través del grado de cumplimiento de su Plan Estratégico” y la consiguiente “ratificación de la gestión del presidente ejecutivo y confirmación en su cargo”, apunta al corazón de la batalla misma, al plantear una revisión de los “acuerdos relativos al grado de cumplimiento por parte de los consejeros de sus obligaciones de gobierno corporativo”.

Algo que parece destinado a buscar la reprobación de los consejeros de Sacyr, el propio Del Rivero, vicepresidente de Repsol, Juan Abelló y José Manuel Loureda. Aunque muy bien podría tratarse de la de Del Rivero en exclusiva, habida cuenta de las diferencias que en el propio consejo de Sacyr separan a su presidente de sus dos “accionistas financieros”, la pareja formada por Abelló y Carceller, con quienes, además, Brufau mantiene un buen nivel de interlocución.

Cogidos por sorpresa y sin margen material para consensuar una eventual postura común, los dos grandes accionistas de Sacyr tomarán caminos distintos el viernes. “La Caixa respaldará la gestión de Antonio Brufau y su continuidad al frente de la compañía”, aseguran en la entidad financiera. La de Sacyr es una incógnita, aunque no tendría mucho sentido que a estas alturas se uniera a la previsible mayoría a favor de Brufau. Ayer fue imposible conseguir algo más que un lacónico y patético “estamos de perfil; la carga de la prueba le corresponde a Repsol”.

Brufau ganará tiempo para maniobrar

De modo que Brufau saldrá ratificado como presidente por amplia mayoría. El catalán ganará una batalla, pero no la guerra. Victoria pírrica, que le otorga, sin embargo, dos o tres meses de tiempo para maniobrar. Lo que es evidente es que ha decidido luchar hasta el final y oponerse con todas sus fuerzas al intento de abordaje del constructor. “Bajo ningún concepto va a franquear el paso a Del Rivero, por mucho 20% del capital que posea, porcentaje que a decir verdad no es suyo, sino de los bancos acreedores”, asegura una fuente cercana a Repsol.

La situación parece abocada a un punto muerto en tanto en cuanto la caja catalana no encuentre respuesta a la duda hamletiana que le correo. La Caixa es la clave de esta historia, como todo el mundo sabe. La entidad –que sigue deshojando la margarita-, y en particular su presidente, Isidro Fainé, tendría muy difícil despedir a Brufau para poner Repsol en manos de Luis del Rivero y explicarlo después en Cataluña.

Y no menos difícil debería tenerlo el Gobierno de la nación, en caso de que nos encontráramos con un Gobierno con cierto grado de sentido común, que no es el caso. Porque Repsol es también Gas Natural, de la que es primer accionista, lo que quiere decir que es casi toda la energía no renovable española, lo cual son palabras mayores para dejarlas al albur de un empresario que necesita hacerse con la gestión de la petrolera para vender alguna de sus piezas y poder así aligerar su enorme deuda.

No se adivina otra salida que la búsqueda, una vez más, de un comprador para ese 20,01% en poder del grupo constructor (¿la rusa Lukoil de nuevo al aparato?), asunto difícil porque mientras no se resuelva el lío argentino será difícil encontrar a alguien dispuesto a pagar lo que Sacyr necesita, o tal vez la colocación en la presidencia de Repsol de un hombre de consenso, del tipo del ya citado Carceller.

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Enero 14th, 2010 at 9:07 am

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