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Disciplina, de Juan Tugores Ques en Expansi贸n

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Los 煤ltimos acontecimientos, especialmente en la zona euro, han vuelto a poner en primer plano el tema sobre el papel disciplinador que los mercados financieros internacionales ejercen sobre los pa铆ses especialmente a trav茅s del coste o simplemente la disponibilidad de la financiaci贸n requerida para cubrir las emisiones de deuda.

Los requerimientos de vuelta a la ortodoxia fiscal y financiera con los ajustes econ贸micos y sociales que sean precisos, incluso 鈥搊 especialmente鈥 en temas sensibles trasladan estos debates a lugares centrales de la agenda pol铆tica. Y a menudo la discusi贸n se plantea en t茅rminos de que la 煤nica alternativa es que la disciplina venga de manos de la Uni贸n Europea, o, en su caso, del Fondo Monetario Internacional, como contrapartida de los apoyos para evitar males mayores.

Deber铆a ser obvio que cuando esos debates se producen es porque han fallado bastantes l铆neas anteriores de rigor y disciplina. Fall贸 la autodisciplina del sector privado a la hora de evitar ir mucho m谩s all谩 de lo razonable en el endeudamiento, elabor谩ndose un argumentario de lo m谩s variopinto para tratar de justificar como normales los niveles crecientes que se iban alcanzando a帽o tras a帽o y que cavaron el camino hacia la crisis.

Fall贸 la autodisciplina del sector financiero cuando en esas mismas 茅pocas se presentaban orgullosamente balances cada vez m谩s hinchados como se帽al de una prosperidad cuyos fr谩giles fundamentos tampoco disciplinaban los sucesivos gobiernos, deslumbrados y/o anestesiados ante la denominada 鈥渃onvergencia鈥 en PIB per capita con Europa, con expresiones llamativas acerca del sorpasso a Italia y los pron贸sticos al respecto frente a Francia.

Fall贸 la disciplina del sector p煤blico 鈥揺n sus diferentes niveles鈥 para evitar confundir ingresos transitorios con permanentes y adecuar la tipolog铆a de gastos, haciendo que el volumen de los d茅ficits en cuanto se invirti贸 la situaci贸n econ贸mica fuese superior al que hubiese sido estrictamente necesario. Ha fallado asimismo la disciplina en algunos de los m谩s emblem谩ticos proyectos de gasto p煤blico, que han tenido m谩s el papel de sustituir gasto privado de baja productividad por gasto p煤blico asimismo de baja productividad y escaso sentido de futuro.

Racionaliad y rigor

Por todo ello hay que evitar los farise铆smos. Las implicaciones delicadas de la disciplina que viene de fuera tienen sus ra铆ces en las m煤ltiples vertientes de incapacidades para introducir internamente dimensiones de racionalidad y rigor, de autodisciplina en el sentido de realismo acerca de ad贸nde se pod铆a llegar y ad贸nde no. Anatematizar a la especulaci贸n o a las mermas de soberan铆a que implica tranquilizar a los mercados financieros o a los organismos supranacionales no puede sustituir ni ocultar el imprescindible mea culpa colectivo. Y no s贸lo de forma ret贸rica, sino sacando las implicaciones adecuadas en t茅rminos de los m煤ltiples deberes pendientes.

Dos moralejas adicionales. Una, los memoriales sobre los males del pa铆s a menudo incluyen problemas en los valores y la educaci贸n de nuestra juventud, desde la p茅rdida de la cultura del esfuerzo hasta el relajo en cualquier noci贸n de austeridad, es decir, del deterioro de formas de disciplina en los comportamientos y actitudes.

Parece indudable que en gran medida es as铆, pero probablemente ello no carece de conexi贸n con las indisciplinas comentadas en el p谩rrafo anterior y que han 鈥渃alado鈥 en el ejemplo que los mayores inculc谩bamos con nuestro comportamiento a las generaciones m谩s j贸venes. Tambi茅n aqu铆 necesitamos asumir responsabilidades y articular respuestas. Y, dos, 隆qu茅 lejos quedan aquellos tiempos al inicio de la crisis en que los poderes p煤blicos quer铆an disciplinar a los mercados financieros a la vista de los resultados de sus excesos!.隆 c贸mo ha cambiado en un par de a帽os la respuesta a la pregunta 鈥渜ui茅n disciplina a qui茅n鈥濃uando falla la autodisciplina!

Juan Tugores Ques. Catedr谩tico de Econom铆a de la Universidad de Barcelona.

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Marzo 5th, 2010 at 8:02 am

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Irresponsabilidad, de Juan Tugores Ques en La Vanguardia

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TRIBUNA

El director del FMI acaba de unirse a las voces de los que apuntan la conveniencia, “intelectualmente saludable”, de pensar en una moneda de referencia internacional desconectada del d贸lar. Que ello suceda muy poco despu茅s del fichaje por parte de esa instituci贸n de un muy alto cargo del banco central chino acent煤a las dimensiones geopol铆ticas del debate, por encima de los argumentos t茅cnicos a favor del d贸lar en t茅rminos, por ejemplo, de mayor profundidad y liquidez de los mercados en esa divisa.

M谩s all谩 de estas lecturas hay otra dimensi贸n crucial. Cuando un pa铆s ejerce una hegemon铆a clara a la tentaci贸n de abusar de su posici贸n privilegiada se le contrapone la responsabilidad por el buen funcionamiento del sistema mundial en su conjunto. Pero cuando pasamos a un escenario en que un pa铆s trata de retener la hegemon铆a y otro aspira a relevarlo, entonces ambos partenaires tienen incentivos a priorizar a煤n m谩s sus respectivos intereses nacionales en detrimento de las responsabilidades con el conjunto.

En la actualidad China est谩 accediendo a un mayor peso econ贸mico y pol铆tico mundial, pero ello no siempre va acompa帽ado de una paralela asunci贸n de responsabilidades. La gesti贸n del tipo de cambio del renminbi -utilizando sus ampl铆simas reservas para mantenerlo infravalorado, o apreciarlo menos de lo que se requerir铆a para mantener un nivel leal de competitividad- no s贸lo es una irresponsabilidad frente a las econom铆as avanzadas sino asimismo frente a los pa铆ses en desarrollo. Pero por otra parte aparecen cada vez m谩s dudas acerca de las tentaciones en que pueda caer EE. UU. a medida que sus vol煤menes de deuda p煤blica y sus pol铆ticas expansivas fiscales y monetarias se revelen dif铆ciles de sostener o financiar. 驴Volver谩 a utilizar la inflaci贸n para deflactar el valor de su deuda, como ya sucedi贸 tras episodios de dificultades anteriores? 驴Propiciar谩 una depreciaci贸n del d贸lar que desvalorice las deudas en esa moneda? 驴O las presiones alcistas sobre tipos de inter茅s a medio plazo que generen las emisiones de deuda lastrar谩n la recuperaci贸n mundial?

M谩s all谩 de respuestas tentativas, lo relevante son las incertidumbres acerca de los escenarios y la percepci贸n de que a la hora de configurarlos las prioridades dom茅sticas pueden pasar muy por encima de las necesidades de una todav铆a d茅bil econom铆a mundial. Uno de los m谩s delicados retos de la econom铆a global es ver si es posible ahora, en contra de precedentes hist贸ricos, minimizar los riesgos de irresponsabilidades por parte del “defensor del t铆tulo” y del “aspirante”. No sea que al final sea verdad la afirmaci贸n que parec铆a una boutade acerca de que la tercera guerra mundial ya ha empezado pero esta vez es financiera m谩s que militar… de momento. Y en todo esto, 驴Europa qu茅? Preg煤nteselo a cualquier de sus m煤ltiples presidentes.

Juan Tugores Ques. Catedr谩tico de Econom铆a de la UB.

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Marzo 4th, 2010 at 8:12 am

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Trenes y crisis, de Juan Tugores Ques en La Vanguardia

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TRIBUNA

En algunos pa铆ses se advierte a quienes van a cruzar las l铆neas f茅rreas que no se limiten a eludir el ferrocarril que tienen m谩s pr贸ximo: “Un tren puede esconder a otro”, de forma que si se ignora esta recomendaci贸n podr铆a suceder que el aparente alivio de salir de un peligro conduzca a un batacazo al ignorar el siguiente.

A estas alturas parece clara la aplicabilidad de este mensaje a la crisis. Apenas sugerida la discusi贸n acerca de los “brotes verdes” -m谩s florecientes a escala mundial que en latitudes cercanas- aparecen otros trenes que amenazan. Por un lado empieza a pasarse al cobro la factura de la crisis en t茅rminos de los ajustes social y pol铆ticamente delicados y necesarios para restablecer la solvencia -y la credibilidad acerca de la solvencia- de nuestras cuentas. Los mercados financieros internacionales se han recuperado y son mucho m谩s efectivos que las recetas de la Uni贸n Europea o del FMI en lo que se refiere a imponer disciplina fiscal.

Por otra parte aparecen cada vez m谩s sugerencias de que la crisis que estall贸 hace un par de a帽os no era la 煤nica fuente de fragilidad y que tal vez las urgencias recientes han hecho olvidar otras fragilidades que ahora pueden reactivarse, con formatos redise帽ados pero igualmente peligrosos. No se trata s贸lo de que en buena medida se hayan transferido los “activos t贸xicos” al sector p煤blico, ni 煤nicamente a que el endeudamiento privado m谩s all谩 de cualquier l铆mite razonable se haya visto sustituido/complementado por endeudamiento p煤blico que en varios lugares amenaza con superar esa misma frontera.

Se trata tambi茅n de que hemos sustituido un gasto privado orientado a actividades de baja productividad y dinamismo innovador por recursos p煤blicos orientados en su inmensa mayor铆a a destinos a los que son aplicables los mismos calificativos. Cambiar de envoltorios pero no de contenidos es la v铆a m谩s segura para que nos arrolle el siguiente tren… Y, signo de los tiempos, ya no es un castizo cercan铆as, sino un demoledor AVE.

Y a escala internacional los desequilibrios externos (principal pero no exclusivamente entre Estados Unidos y China) se habr铆an ajustado inicialmente a la baja como consecuencia de la contracci贸n econ贸mica, pero hay indicios preocupantes de ausencia de los cambios de fondo requeridos para una vuelta a unos fundamentos m谩s s贸lidos y de verdad sostenibles a ambos lados del Pac铆fico. No se trata s贸lo del retorno (falsamente) aliviado al business as usual, sino a帽adir un peligro y prematuro regreso al politics as usual que relaje prematura e insensatamente los d茅biles mecanismos de cooperaci贸n internacional. Por este camino la duda no es si nos pillar谩 el tren, sino cu谩l de ellos lo har谩 primero…

Juan Tugores Ques. Catedr谩tico de Econom铆a de la UB.

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Febrero 9th, 2010 at 8:10 am

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Deudas, de Juan Tugores Ques en Expansi贸n

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Las deudas de los pa铆ses, como las de las familias, cumplen a menudo una funci贸n eficiente de desplazar en el tiempo capacidades de gasto, de modo que se pueden afrontar, en momentos de conveniencia o necesidad, desembolsos que van desde proyectos interesantes de inversi贸n hasta contingencias o emergencias de diversa 铆ndole. Pero, como todo en la vida, existen l铆mites.

Reinhart y Rogoff, especialistas en l煤cidas comparaciones hist贸ricas de diversos aspectos de las crisis, han documentado recientemente (Growth in a Time of Debt, presentado al simposium de la AEA a principios de enero) c贸mo una deuda p煤blica que no supere un nivel no parece afectar de forma significativa a la din谩mica de crecimiento, pero m谩s all谩 de un umbral su papel de drenaje de la prosperidad parece estad铆sticamente contrastado. Su trabajo examina c贸mo la experiencia hist贸rica, en econom铆as con diversos niveles de desarrollo, nos advierte de que, como otras cosas en la vida, la dosis es importante y que la frontera entre la 鈥渙ptimizaci贸n intertemporal鈥 y la carga peligrosa a menudo se ha superado. Hacia 2010, algunas econom铆as, desde las m谩s importantes de entre las avanzadas hasta las m谩s pr贸ximas, estar铆an cercanas a adentrarse tras ese umbral, lo que, cabr铆a a帽adir, ser铆a especialmente preocupante caso de ser reales las sospechas de que en buena medida y en algunos lugares los recursos p煤blicos movilizados no lo han sido con la m谩xima eficiencia ni econ贸mica ni social.

Y cuando se desbordan a煤n m谩s los l铆mites, las consecuencias del endeudamiento son de mayor alcance. El papel de las deudas contra铆das por el Imperio Romano con los emergentes de la 茅poca 鈥揺n algunos sitios se califican de 鈥渂谩rbaros鈥濃 para defender el propio Imperio condujeron a que los acreedores entraran en posesi贸n de los activos del deudor. La negativa de Flavio Orestes 鈥搎ue gobernaba sin disimulo bajo el formalismo de su hijo, el 煤ltimo emperador R贸mulo Aug煤stulo鈥 a asumir los compromisos derivados de esas deudas condujo al 鈥渄esahucio鈥 de los restos del Imperio occidental, culminando as铆 de manera formal y fehaciente el relevo en la hegemon铆a iniciado bastante antes. Las vicisitudes financieras del Imperio espa帽ol en la era de los Austrias son asimismo bien conocidas, as铆 como el elevado coste que supusieron para la sociedad hispana, agravado por su insensata distribuci贸n, que exim铆a a los sectores m谩s pudientes y/o influyentes sociopol铆ticamente y lastraba las iniciativas potencialmente m谩s din谩micas y de base m谩s amplia 鈥撀縟ir铆an Vds. que estas cosas siguen pasando?鈥, contribuyendo al empobrecimiento tanto pol铆tico como social y moral de la sociedad鈥 y transfiriendo la hegemon铆a a otros lugares. Ahora somos m谩s modernos y 鈥渃ivilizados鈥, y las emisiones de deuda p煤blica y privada se canalizan a trav茅s de sofisticados mercados, pero el papel de los inversores emergentes y su creciente control de activos de cada vez m谩s calidad en las econom铆as occidentales es creciente. 驴Nos estamos acercando al umbral en el que no s贸lo aparecen problemas de gesti贸n de la crisis y digesti贸n de la deuda, sino que los cambios tienen alcance hist贸rico?

Dif铆cil gesti贸n

Las crisis importantes a menudo van asociadas a cambios en la distribuci贸n del poder econ贸mico y pol铆tico. A menudo, en la historia han estado asociados a conflictos b茅licos. Ahora son 鈥渢ensiones geopol铆ticas鈥, con muchas razones de fondo, anteriores a la crisis, por supuesto, pero que est谩n encontrando en 茅sta un catalizador importante. Pero la gesti贸n de la deuda p煤blica 鈥揺mitida en buena medida, recordemos, para afrontar las consecuencias de un excesivo endeudamiento privado鈥, las recomendaciones de 鈥渆strategias de salida鈥, las opciones nada neutrales al respecto, pueden hacer que el camino sea m谩s sensato y llevadero o por el contrario m谩s doloroso y conflictivo, interna e internacionalmente.

Joan Tugores Ques. Catedr谩tico de Econom铆a y ex rector de la Universitat de Barcelona.

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Enero 26th, 2010 at 9:02 am

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Retorno al futuro, de Juan Tugores Ques en La Vanguardia

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TRIBUNA

Neomercantilismo es una de las denominaciones que se han puesto de moda para calificar, de forma cr铆tica, el papel de China en la econom铆a mundial actual. Trata de calificar la estrategia basada en elevar al m谩ximo las exportaciones y acumular reservas exteriores, utiliz谩ndolas para mantener artificialmente infravalorada la moneda, de modo que favorezca la competitividad de sus productos, favoreciendo as铆 a la industria y la generaci贸n de empleo. Es un ep铆teto que se contrapone – o al menos se superpone-al papel de “motor” de la econom铆a mundial, para apuntar a los efectos colaterales negativos sobre el resto de la econom铆a mundial, ahora m谩s delicados dado que no se trata ya de que las aplique un pa铆s perif茅rico sino una potencia con aspiraciones de liderazgo.

Pero no se trata de una novedad hist贸rica. Francia e Inglaterra, entre otros, utilizaron esquemas no muy diferentes para fundamentar su progreso en los siglos XVII y XVIII y consolidar posiciones en el concierto internacional. Reg铆menes pol铆ticos absolutistas o autocr谩ticos tienen m谩s f谩cil implementar estas pol铆ticas, aunque el grado de “ilustrado” del despotismo de turno se nota en la capacidad para distribuir los beneficios entre sectores m谩s o menos amplios de la poblaci贸n o por el contrario concentrarlos en las 茅lites vinculadas al poder. Los mercantilismos europeos tuvieron problemas no s贸lo – o no tanto-cuando “enriquecer el reino” fracas贸, sino cuando la distribuci贸n de los beneficios se percibi贸 como abusivamente injusta, dando lugar a reformas y revoluciones que iniciaron avances hacia formas m谩s amplias de democracia. 驴Qu茅 suceder谩 en Asia?

Curiosamente, hacia esas mismas 茅pocas, seg煤n los datos cuidadosamente recopilados por Maddison, el peso de China en el PIB mundial era, en 1700, similar al de Estados Unidos en la actualidad. Y parecido entonces al del conjunto Europa Occidental鈥 y al de India. El continente asi谩tico supon铆a m谩s de la mitad del PIB mundial. Posteriormente, la p茅rdida del tren de la revoluci贸n industrial y sus enormes ganancias de productividad les fue haciendo perder posiciones, hasta los m铆nimos de mediados del siglo XX. Tal vez denominarlas como “emergentes” ha sido un error asociado a la corta memoria hist贸rica de los pa铆ses occidentales.

Para China e India, la din谩mica de los 煤ltimos tiempos – y de los pr贸ximos-no es “emerger” desde posiciones marginales sino simplemente recuperar el papel central que tuvieron de forma destacada durante siglos y cuya p茅rdida habr铆a sido s贸lo un peque帽o accidente durante apenas un centenar largo de a帽os. Tal vez la distribuci贸n del poder econ贸mico y pol铆tico mundial se parezca m谩s a mediados del siglo XXI a la existente hace 300 a帽os que a la de mediados del siglo XX. Para que algunos duden de que realmente estamos ante cambios y retos de alcance hist贸rico鈥

Juan Tugores Ques. Catedr谩tico de Econom铆a de la UB.

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Enero 22nd, 2010 at 9:10 am

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Digesti贸n, de Juan Tugores Ques en Expansi贸n

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Saturados de los an谩lisis acerca de la gestaci贸n de la crisis, abrumados por las urgencias de su gesti贸n, emergen a pasos agigantados las evidencias de que estamos iniciando una “digesti贸n” de la crisis que, como la de tantas comidas mal cocinadas, puede ser especialmente larga y delicada.

Los datos acerca de los vol煤menes de d茅ficit y deuda p煤blicas asumidos en muchas econom铆as avanzadas para tratar de reducir los impactos econ贸micos y sociales de la crisis muestran que se ha llegado m谩s lejos de lo compatible con la mayor铆a de nociones de sostenibilidad (con perd贸n de la expresi贸n, tan manipulada y desacreditada de un tiempo a esta parte) fiscal, requiriendo la asunci贸n de “estrategias de salida” que nos devuelvan a medio plazo a est谩ndares razonables, antes de que el (anti)modelo de Grecia se propague m谩s all谩 de lo que puedan soportar las calificaciones crediticias antes de encarecer o simplemente secar las fuentes de financiaci贸n de nuestra econom铆a.

Probablemente hemos hecho bastantes cosas mal en el camino a la crisis y su gesti贸n inicial ha sido manifiestamente mejorable. Pero probablemente sea la forma y resultado de la digesti贸n la que marque el impacto duradero de la crisis. Una regularidad hist贸rica tozuda es que las crisis graves son momentos de reorientaciones y reformulaciones profundas en las sociedades, y hay que ser conscientes de que las delicadas decisiones respecto a c贸mo afrontar esta digesti贸n de la crisis y sus facturas -y eventuales fractura- van a ser ingredientes cruciales en el legado de estos tiempos convulsos.

Ni las urgencias financieras ni siquiera las sociales deben hacernos perder de vista que un crucial y problem谩tico aspecto de la “digesti贸n” que est谩 empezando se asocia a dif铆ciles decisiones acerca de las formas de afrontar la insostenibilidad de las cuentas p煤blicas. Hay que decidir en qu茅 proporciones se combinan reducciones de gastos con elevaciones de ingresos, principalmente impositivos. Hay que optar entre diversas alternativas de gastos a reducir, en un contexto en que por razones demogr谩ficas algunas de las partidas m谩s importantes -empezando por las pensiones de jubilaci贸n- ir铆an al alza.

Hay que decidir qu茅 figuras impositivas, existentes o nuevas, son la v铆a para (tratar de) aumentar la recaudaci贸n. Y no hace falta insistir en que se trata de una amplia panoplia de decisiones todas ellas potencialmente conflictivas, con incidencia directa sobre los incentivos y sobre los intereses de personas y grupos con diversos grados de capacidad de presi贸n y reacci贸n.

Nos jugamos mucho en el envite. Precisamente por ello para esta digesti贸n necesitamos cambiar sustancialmente muchas de las pautas que han labrado el camino hacia la crisis y han caracterizado -siguen haci茅ndolo- su gesti贸n.

Necesitamos abandonar los manique铆smos empobrecedores que hacen que el debate sobre “brotes verdes” se polarice entre quienes anuncian inminentes vergeles frondosos y los que se abonan al catastrofismo m谩s apocal铆ptico con calculada o masoquista complacencia. Por el contrario, debemos reconocer que estamos juntos en una zarandeada nave y que tener objetivos compartidos ha dejado de ser una desiderata beat铆fica para convertirse en un pre-requisito de razonable supervivencia. Necesitamos dejar de arrojarnos unos a otros derechos adquiridos, agravios comparativos o pretensiones de intangibilidad (”somos un sector estrat茅gico”, etc.) para, por el contrario, aprender de una vez por todas que en econom铆a, como en farmacia, tan importantes como los principios -o m谩s- son las dosis.

Y, de manera muy especial, precisamente en momentos en que habr谩 que adoptar las dif铆ciles y trascendentes decisiones que van a delinear nuestro futuro a medio plazo, debemos recordar que la calidad de las instituciones es crucial para una respuesta satisfactoria a esos retos y que por ello estamos en el peor momento para, entre unos y otros, continuar degrad谩ndolas, a menudo desde dentro, de una forma tan fr铆vola como peligrosa.

Juan Tugores Ques. Catedr谩tico de Econom铆a de la Universidad de Barcelona.

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Diciembre 17th, 2009 at 9:03 am

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Los extremos se tocan, de Juan Tugores Ques en La Vanguardia

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TRIBUNA

Cada vez es m谩s dif铆cil evitar la conclusi贸n de que entre las razones de fondo de la crisis ocupa un lugar destacado el haber propiciado una concepci贸n err贸nea del funcionamiento de las realidades econ贸micas y, en paralelo, de la econom铆a como disciplina cient铆fica.

Hace 20 a帽os reci茅n cumplidos, en bastantes pa铆ses se asisti贸 al desmoronamiento de los sistemas de econom铆a planificada centralmente. Su pretensi贸n inicial hab铆a sido que pod铆a gestionarse la econom铆a desde unos organismos que controlasen y gestionasen toda la informaci贸n y de los que partiesen las instrucciones a todo el resto de la econom铆a. La pretensi贸n de omnisciencia de los planificadores acab贸 chocando con la realidad de unas complejidades, incentivos e interacciones que evidenciaron lo fatuo de ese alegato. La digesti贸n ha sido muy dura y todav铆a est谩 inacabada en bastantes de esos pa铆ses.

A finales de esta primera d茅cada del siglo XXI estamos sufriendo los efectos de otra forma de entender el funcionamiento de la econom铆a basada asimismo en la pretensi贸n de omnisciencia de unos selectos grupos que aseguraban conocer c贸mo sacar pleno partido a la utilizaci贸n de los recursos globales, dominar la gesti贸n de los riesgos, y poder responder “ahora sabemos perfectamente lo que nos hacemos, esta vez es diferente” cada vez que se les recordaban las lecciones de la historia acerca de los riesgos de gestionar temerariamente las finanzas. Sus conexiones con el poder pol铆tico les permitieron deshacerse de muchas regulaciones derivadas de esas experiencias hist贸ricas, al tiempo que se arropaban en una ortodoxia econ贸mica que descalificaba cualquier disensi贸n.

En llamativo paralelismo, tanto los m谩s partidarios fervorosos de la planificaci贸n central como los m谩s destacados voceros de la ortodoxia reciente coincid铆an en la pretensi贸n de omnisciencia, de sentirse superiores en informaci贸n, conocimientos y capacidades al resto de los ciudadanos, en sendas variantes de absolutismos que toleraban mal la discrepancia. Por ello los (aparentes) extremos ideol贸gicos se tocan tambi茅n en ignorar implicaciones b谩sicas de la complejidad de nuestras econom铆as y sociedades, como: a) la fuente de riqueza es la capacidad de esfuerzo, trabajo, innovaci贸n y creatividad de un muy amplio conjunto de personas cuyas potencialidades hay que estimular con un entorno adecuado, y, b) precisamente por ello tienen sentido los mercados como formas eficientes de utilizar las informaciones y conocimientos parciales de los diversos actores, al tiempo que son necesarios mecanismos regulatorios para acotar los efectos colaterales de algunas debilidades de la naturaleza humana, especialmente de los que se creen superiores a sus conciudadanos.

驴Extraeremos ahora las lecciones adecuadas o nos veremos condenados, como tantas cosas apuntan, a repetir la historia?

Juan Tugores Ques. Catedr谩tico de Econom铆a de la UB.

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Diciembre 9th, 2009 at 8:10 am

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Sobre impuestos y finanzas globales, de Juan Tugores Ques en Expansi贸n

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La reaparici贸n de la propuesta de un impuesto sobre las transacciones financieras internacionales en algunos listados de posibles medidas para dotar a las finanzas globales de un marco regulatorio adecuado (a las lecciones de la crisis, entre otras cosas) ha encendido de nuevo la pol茅mica.

Unos la descalifican por sus eventuales efectos distorsionadores y otras ineficiencias, entre ellas las derivadas de los mecanismos para eludirlo, pero sobre todo por su 鈥渢ufillo鈥 a propuesta habitual de movimientos antiglobalizaci贸n bajo la denominaci贸n de 鈥渢asa Tobin鈥.

Otros lo saludan como un ataque de lucidez de algunos miembros del establishment (incluidos altos cargos en Francia y Reino Unido), aunque dudan de la capacidad del 鈥渟istema鈥 para aceptar este paso, planteando la oposici贸n furibunda siquiera a estudiar el tema como test de la famosa teor铆a enunciada por el exconsejero jefe del FMI Simon Johnson acerca del 鈥済olpe de Estado silencioso鈥 propiciado por las conexiones peligrosas entre altas finanzas y alta pol铆tica globales.

Manique铆smo

Como siempre, el manique铆smo es mal consejero para el an谩lisis y peor gu铆a para la acci贸n. Conviene recordar que la propuesta original de James Tobin data de principios de la d茅cada de 1970 cuando, ante las dificultades para mantener los tipos de cambio fijos que se hab铆an establecido en Bretton Woods, atribuibles en gran medida a la heterogeneidad de situaciones econ贸micas entre las principales potencias del momento (como ahora), se opt贸 por pasar a tipos de cambio flexibles.

Tobin record贸 que no era la 煤nica opci贸n y que, tal vez, val铆a la pena considerar el planteamiento defendido por Keynes en la citada conferencia de Bretton Woods: para compatibilizar una razonable estabilidad de los tipos de cambio con m谩rgenes adecuados de maniobra para los diferentes pa铆ses, el plan Keynes consideraba limitaciones a la movilidad internacional de capitales. A principios de los 70, Tobin 鈥渕oderniz贸鈥 la propuesta keynesiana, adecu谩ndola a un entorno en que los mercados financieros internacionales empezaban a adquirir su configuraci贸n moderna a partir de los famosos mercados de eurod贸lares (cuya principal virtud era eludir o evadir las regulaciones de unos y otros) y plante贸 la idea de una modesta tasa, o impuesto, que frenase los componentes m谩s vol谩tiles, pero apenas afectase a la inversi贸n realmente productiva a medio y largo plazo.

Estabilidad financiera

Tobin pretend铆a con ello evitar que las fluctuaciones de los tipos de cambio, bajo la coartada del 鈥渓ibre juego de los mercados鈥, volviesen a ser caldo de cultivo de las manipulaciones interesadas que asolaron la econom铆a mundial en la d茅cada de los a帽os 1930 y que, en dosis menores, se han ido reproduciendo peri贸dicamente dando lugar a episodios de acusaciones de depreciaciones o devaluaciones competitivas.

La situaci贸n de la divisa china en la actualidad es objeto de atenci贸n, aunque el peso del gigante asi谩tico haga que a 鈥渁lto nivel鈥 se haya visto silenciada. Tal vez para una Europa cuya moneda compartida se ha convertido en la principal contrapartida de las vicisitudes (驴interesadas?) del d贸lar, merezca alguna atenci贸n recuperar al menos como posibilidad la idea de Tobin. Recordemos que su pretensi贸n 煤ltima era mantener el comercio mundial abierto con razonable estabilidad financiera y cambiaria, y por tanto merece como m铆nimo la misma atenci贸n, y probablemente m谩s, que en los 煤ltimos a帽os recibieron las formulaciones que nos condujeron a la crisis.

Naturalmente los problemas pr谩cticos y pol铆ticos para asumir e instrumentar esta propuesta son ingentes. Tal vez lo bastante como para dar el paso siguiente hacia la global governance de que tanto nos hablan: transferir a nivel supranacional la fiscalidad de todos los flujos financieros y sus rendimientos. Tal vez pueda debatirse sobre ello sin (excesivos) manique铆smos, de forma serena. Antes de que la pr贸xima crisis nos obligue a medidas m谩s r谩pidas y extremas.

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Noviembre 17th, 2009 at 8:01 am

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“驴Exit amb 猫xit?”, de Juan Tugores Ques en La Vanguardia

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TRIBUNA

Es la nueva amenaza sobre nuestras econom铆as. Cuando a煤n estamos esperando -aunque en unos sitios m谩s que en otros- que surtan efecto las costosas medidas que se han puesto en marcha para hacer frente a la crisis y tratar de fundamentar con solidez la recuperaci贸n, se hacen cada vez m谩s visibles los cobradores que nos exigen articular con celeridad exit strategies que permitan “salir” de los ingentes vol煤menes de d茅ficits y endeudamiento p煤blico en que hemos incurrido.

Los an谩lisis al respecto son cada vez m谩s rotundos, casi intimidatorios. A principios del 2009 Reinhart y Rogoff mostraban como las crisis financieras de la historia reciente dejaban en promedio un legado de casi multiplicar por dos la deuda p煤blica. Los informes m谩s recientes han desbordado ya con creces estas cifras. Y adem谩s se apuntan, en documentos del Fondo Monetario Internacional y otras fuentes, que retornar a una cierta solvencia fiscal y financiera p煤blica puede acabar siendo un proceso mucho m谩s largo de lo previsto inicialmente, con revisiones al alza de impuestos y a la baja de gastos, incluidos los de prestaciones que parec铆an intocables del Estado de bienestar.

En definitiva, antes de poder comprobar si nuestras econom铆as son capaces de andar sin las muletas que han supuesto los paquetes de est铆mulo y rescate (incluidos los de sectores m谩s causantes que v铆ctimas de la crisis), ya se nos env铆a la factura de esas muletas que parecer铆an ser, como m铆nimo, de oro macizo.

Yel sector privado, especialmente el de mayor capacidad de esfuerzo, innovaci贸n y creatividad, concentrado en buena parte de nuestro tejido empresarial y profesional, se pregunta si, tras haberse visto postergados por la sobrefinanciaci贸n que antes de la crisis se conced铆a a actividades de baja productividad y cualificaci贸n, tras estar siendo relegados por el cerrojazo crediticio actual, ahora va a resultar que tambi茅n van a ser expulsados de los circuitos de la imprescindible financiaci贸n por los compromisos derivados de unos desembolsos p煤blicos que son en gran medida -de nuevo en unos sitios m谩s que en otros- de dudosa o d茅bil productividad.

Guste o no guste, el problema existe y es enormemente delicado. Afecta a incentivos y equilibrios cruciales en nuestras sociedades. Incide sobre la configuraci贸n de sociedades que quieren ser de calidad democr谩tica y al mismo tiempo eficientes y competitivas. Por ello, para afrontar con 茅xito este reto, que durar谩 incluso m谩s que la crisis, es necesario un entramado institucional en que las personas, la sociedad, puedan confiar.

Unas instituciones de calidad que generen los incentivos adecuados y resuelvan con prudencia los inevitables y dif铆ciles conflictos que se nos vienen encima. Por eso, factores agravados recientemente como el “desapego” o desafecci贸n de la ciudadan铆a respecto a la pol铆tica entendida como el noble arte de la “cosa p煤blica” no es s贸lo un tema 茅tico o moral, que tambi茅n. Es una cuesti贸n de supervivencia de la calidad econ贸mica y democr谩tica de nuestra sociedad.

Juan Tugores Ques. Catedr谩tico de Econom铆a de la UB.

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Noviembre 6th, 2009 at 8:12 am

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Ponerse en forma, de Juan Tugores Ques en Expansi贸n

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Peri贸dicamente nos encontramos con personas que nos manifiestan sus compromisos para ponerse en forma, mejorando la salud y la calidad de vida, con dietas, ejercicio, etc.

Y que cuando nos los encontramos devorando manjares ricos en grasas nos explican que esa aparente excepci贸n 鈥渇orma parte de un plan m谩s amplio鈥 en que, tras algunas licencias iniciales, los buenos prop贸sitos se van a traducir en exuberantes realidades. Naturalmente todos sabemos c贸mo suele acabar la historia: m谩s problemas, menos credibilidad y鈥 hasta la siguiente.

En pol铆tica econ贸mica parece estar pasando lo mismo. A nivel nacional se dice que debemos avanzar a un nuevo 鈥渕odelo productivo鈥 que supere la dependencia de sectores que han llegado al l铆mite de su potencial, con empleos de productividad inferior a la media, adem谩s de habernos metido en problemas descomunales. Pero, excepcionalmente – las urgencias de la crisis, los costes sociales, ya se sabe – los apoyos expl铆citos e impl铆citos, con visibilidad o sin ella, destinan cuantiosos recursos p煤blicos a obras de dudosa eficacia productiva e intensivos en mano de obra de baja cualificaci贸n.

Se nos dice asimismo que la situaci贸n fiscal es ya delicada, pero se aprieta el acelerador del gasto p煤blico si revisar a la baja para nada las cuantiosas partidas presupuestarias de administraciones de todos los niveles en que afloran diariamente evidencias de despilfarros y clientelismos.

El BCE nos recuerda que para la 鈥渃onsolidaci贸n fiscal鈥 es m谩s cre铆ble y eficaz asumir recortes de gastos que aumentar los impuestos, pese a lo cual se revisan al alza muchas de figuras fiscales. Se efect煤an proclamas acerca del progresismo y solidaridad que deben presidir las contribuciones a las arcas p煤blicas, pero se tolera cuando no propicia la b煤squeda de nuevas formas de elusi贸n y evasi贸n fiscal ante nuevas cargas, desde las que refugian a los realmente 鈥減oderosos鈥 como a la econom铆a sumergida a que se aboca a muchos trabajadores, profesionales y empresarios modestos.

Se nos dice que es fundamental una econom铆a m谩s competitiva, para generar m谩s innovaci贸n y creatividad, pero los poderes p煤blicos amparan 鈥搉ormativa y financieramente鈥 procesos de fusiones que inexorablemente concentran el poder econ贸mico y reducen la competencia. Se elogia ret贸ricamente el papel de los peque帽os y medianos emprendedores, de los aut贸nomos y profesionales, pero se les asfixia crediticia y fiscalmente.

Se loa el papel de la educaci贸n pero se sigue tolerando su degradaci贸n en una din谩mica en que es cada vez m谩s dif铆cil seguir atribuy茅ndola solo a la incompetencia o al clima social de permisividad. Lo dicho, nos prometen dieta para modernizarnos y nos dan l铆pidos que perpet煤an y amplifican los males preexistentes, esperando de nuevo a que la recuperaci贸n de nuestro entorno vuelva a enviarnos turistas.

Y el G-20, entre tanto, reitera la ret贸rica de garant铆as contra el proteccionismo, al tiempo que entidades independientes acumulan evidencias de comportamientos en sentido opuesto que amenazan con ir m谩s all谩 del 鈥減roteccionismo de baja intensidad鈥. Y mientras el selecto grupo de l铆deres declaran en Pittsburgh los 鈥渋mpresionantes resultados鈥 frente a los para铆sos fiscales (鈥渏urisdicciones no cooperativas鈥, les llaman) aparecen ya las noticias acerca del nuevo trabajo que est谩n empezando a desarrollar para evadir o eludir las restricciones que se apuntan a las retribuciones de los altos directivos de las entidades financieras.

Y la disputa entre si los culpables de la crisis son galgos (desequilibrios globales) o podencos (insensatas pr谩cticas bancarias) permiten que cada grupo de intereses eluda sus responsabilidades tratando de desplazarlas a terceros鈥 pagando siempre los contribuyentes. Los unos por los otros y la econom铆a del planeta sin barrer.

Para recuperar la forma, hoy maltrecha, necesitamos realmente s贸lidos prop贸sitos鈥 y cumplirlos. Sin trucos ni desv铆os que s贸lo benefician, a corto plazo, a unos, y perjudican a todos a un medio y largo plazo que ya ha comenzado. El comunicado del G-20 habla de la necesidad de 鈥減asar p谩gina鈥 tras una 鈥渆ra de irresponsabilidad鈥. Hay demasiados indicios, y en algunos pa铆ses algo m谩s, de que seguimos en ella.

Juan Tugores Ques. Catedr谩tico de Econom铆a de la Universidad de Barcelona.

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Octubre 3rd, 2009 at 11:03 am

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Crisis y terremotos, de Juan Tugores Ques en Expansi贸n

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Hace poco The Economist se hac铆a eco de las profundas disensiones que la crisis hab铆a hecho reaparecer entre los economistas, por otro lado una profesi贸n poco dada a unanimidades.

La macroeconom铆a y la econom铆a financiera eran 鈥損or su papel central en los problemas actuales鈥 los principales terrenos de fustigaci贸n e incluso de improperios entre colegas.

Paul Krugman ha hablado de una Dark Age of Macroeconomics y Dani Rodrik se ha referido al 鈥渓amentable estado de la (macro)econom铆a鈥, ante la inquietante contraposici贸n entre unas modelizaciones cada vez m谩s sofisticadas y su empobrecedora incapacidad para anticipar y evitar los acontecimientos de los dos 煤ltimos a帽os.

El texto de The Economist citaba, asimismo, una de las versiones del uso pionero del t茅rmino 鈥渕acroeconom铆a鈥, la atribuida a Jacob Marshack en un texto en que comparaba las formas de avanzar en el saber de los economistas con el de otras profesiones, utilizando la referencia de la sismolog铆a.

Apuntaba a que, de la misma forma que las lecciones de terremotos importantes son tan 煤tiles (o m谩s) que mejoras en el instrumental o las teor铆as para avanzar en el conocimiento, en el caso de los avances en econom铆a 鈥搑efiri茅ndose a los cambios propiciados por los acontecimientos desde 1929 y en los a帽os 1930鈥 鈥渓os terremotos hab铆an hecho la mayor parte del trabajo鈥 para permitir desechar unos enfoques y buscar afanosamente otros con m谩s potencial no s贸lo explicativo sino resolutorio.

驴Se est谩 repitiendo la historia?. Tras una 茅poca de prosperidad precrisis cuya dilatada duraci贸n fue caldo de cultivo de complacencias intelectuales y pol铆ticas, adormeci贸 cr铆ticas y propici贸 impunidad a sofisticaciones te贸ricas cada vez m谩s clamorosamente alejadas de cualquier conexi贸n con la m谩s elemental de las realidades, 驴podr谩 la econom铆a recuperar, sacando partido de los incentivos y urgencias del terremoto de la crisis, su capacidad y utilidad explicativa y prospectiva?

O, por el contrario, 驴se aprovechar谩n los primeros 鈥渂rotes verdes鈥 para declarar que todo puede volver a ser como antes, prolongando la Era de 鈥楢licia en el pa铆s de los maravillosos modelos financieros y macroecon贸micos鈥 y conden谩ndonos as铆 a repetir la historia en un plazo no demasiado elevado? Si hay indicios de algo es que, efectivamente, esta puede ser una peligrosa v铆a que convenga a poderosos intereses.

Moralejas

Algunas de las lecciones a aprender del 鈥榯erremoto鈥 parecer铆an claras, y en algunos casos coincidentes con moralejas que debimos haber retenido y que afanosamente hemos 鈥榙esaprendido鈥. Por ejemplo, que los ajustes se hacen v铆a precios o v铆a cantidades, y que resistirse 鈥揷on artificios, utilizaci贸n del poder o la capacidad para incidir sobre 茅l鈥 a ajustes de los precios desplaza desproporcionadamente la carga del ajuste sobre las cantidades, l茅ase nivel de actividad y de empleo.

Cuando se debate por qu茅 frente a shocks recesivos de magnitud m谩s o menos similares esas variables 鈥損roducci贸n, ocupaci贸n鈥 fluct煤an menos y/o m谩s brevemente en algunos pa铆ses que en otros probablemente la resistencia a efectuar ajustes v铆a precios marque diferencias. Y, al respecto, la posici贸n de Espa帽a no parece envidiable.

Otra moraleja, que los comportamientos humanos no son reducibles a mera racionalidad, ni individual ni colectiva, estando presentes los animals spirits, comportamientos oportunistas y din谩micas gregarias (鈥榙e reba帽o鈥, para qu茅 andar con eufemismos), etc., en todos los niveles, desde los clientes de Madoff a otras variantes menos distinguidas del timo de la estampita, y no pueden ser ignorados por mucho que afeen la est茅tica de los modelos.

Y otro caso de lecci贸n (des)aprendida y que conviene recuperar: los problemas de eficiencia sacralizados en muchas formalizaciones no son separables de los de distribuci贸n de los 鈥榙ividendos鈥 de esa eficiencia, es decir, de las cuestiones de equidad. La construcci贸n de lo que hoy llamamos Estado del Bienestar fue una consecuencia de esa lecci贸n aprendida tras la Gran Depresi贸n y la Segunda Guerra Mundial.

Definir cu谩l es su equivalente en los tiempos actuales es un gran reto que trasciende la econom铆a y requiere lucidez y consenso sociopol铆tico (otros activos en que la posici贸n de Espa帽a es manifiestamente mejorable), mucho m谩s all谩 que las interesadas defensas cortoplacistas de cada mil铆metro del statu quo por unos u otros.

Juan Tugores Ques. Catedr谩tico de Econom铆a de la Universidad de Barcelona.

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Agosto 14th, 2009 at 7:06 am

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Gresham, de Juan Tugores Ques en La Vanguardia

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TRIBUNA

Entre los argumentos a favor de la competencia en los mercados figura de forma destacada el fomento de la eficiencia a trav茅s de un mecanismo similar al que Darwin analiz贸: en la pugna competitiva acaban sobreviviendo los productos, empresas o especies m谩s id贸neos, es decir, los que mejor se adaptan a las condiciones y requerimientos del entorno. Los mecanismos darwinistas tienen, en econom铆a y en otros aspectos de la vida, el agridulce sabor de reconocer el triunfo de los m谩s aptos pero asimismo los costes de los que se quedan en la cuneta, aunque se apela para dulcificar 茅stos al est铆mulo que suponen los fracasos para asumir nuevos retos.

Pero desde hace tiempo sabemos que las cosas pueden ir por otros derroteros. Se atribuye a sir Thomas Gresham, financiero y asesor de Isabel I de Inglaterra, la observaci贸n de que si en un pa铆s circulan monedas con diferentes contenidos de metal precioso pero con un valor oficial artificialmente igual, la gente tiende a efectuar los pagos en la moneda de menor calidad intr铆nseca, guardando para s铆 la mejor, de modo que esta acaba desapareciendo de la circulaci贸n. “La moneda mala expulsa a la buena” es la expresi贸n habitual de la ley de Gresham aunque el mecanismo es conocido desde antes del siglo XVI. En las ant铆podas de Darwin, en los mercados quedan los peores (medios de pago) mientras que los buenos se esconden.

En los 煤ltimos tiempos hemos tenido numerosos casos en que los mecanismos Gresham de aflorar lo peor se imponen a los darwinistas del triunfo de lo mejor. En el camino hacia la crisis, los financieros prudentes ve铆an c贸mo quedaban fuera del mercado si segu铆an criterios razonables mientras que sus colegas en huida hacia delante se llevaban cuotas de mercado鈥 y bonos retributivos. En las promociones inmobiliarias el seny parec铆a rid铆culo ante la expansi贸n de la burbuja: los sabios llamamientos a la moderaci贸n perd铆an la batalla ya que nadie quer铆a quedar fuera del becerro de oro. Los emprendedores que luchaban duramente con innovaci贸n y empuje en mercados internacionales ve铆an c贸mo sus rentabilidades quedaban muy por debajo de las que obten铆an los insensatos modelos de 茅xito vigentes hasta hace pocas fechas. Thomas Gresham goleaba a Charles Darwin.

Y parece que lo sigue haciendo. Los recursos p煤blicos se dirigen a menudo a rescatar y apoyar a quienes han incurrido en excesos, penalizando por el contrario el trabajo duro de la peque帽a y mediana empresa y de muchos profesionales y aut贸nomos. Quienes se llenaban la boca apelando a su 茅xito darwinista en los mercados ahora apelan a las “conexiones” para paralizarlos y reclamar las valoraciones artificiosas (por ejemplo, de su “importancia estrat茅gica”) que est谩n en la base de la ley de Gresham. Al fin y al cabo son mecanismos tambi茅n de supervivencia鈥 驴O tal vez la selecci贸n de quienes adoptan esas decisiones tambi茅n ha estado dominada por Gresham m谩s que por Darwin?

Juan Tugores Ques. Catedr谩tico de Econom铆a de la UB.

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Junio 24th, 2009 at 9:12 am

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