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Del mal metaf铆sico al bien p煤blico, de Mario Bunge en SinPerniso

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En su novela El mal metaf铆sico , de 1916, Manuel G谩lvez describi贸 la bohemia porte帽a de principios del siglo pasado. Esos bohemios, algunos de ellos estudiantes cr贸nicos o periodistas a tiempo parcial, eran aspirantes a escritores, pintores o reformadores sociales. Viv铆an muy pobremente, en pensiones o cuartuchos miserables. Quien me recomend贸 la novela, un distinguido profesor de rob贸tica, nada bohemio, me cont贸 que medio siglo despu茅s vivi贸 en un ambiente semejante en la ciudad de M茅xico.

Esos bohemios veintea帽eros le铆an y discut铆an acaloradamente a Rub茅n Dar铆o o Paul Verlaine, Kropotkin o Nietzsche, y otros innovadores o iconoclastas. Todos ellos cre铆an tener ideas avanzadas, aunque no pasaban del descontento con el orden social que conoc铆an. Y ninguno de ellos advirti贸 que Nietzsche era uno de los peores enemigos del progreso social que todos ellos anhelaban, pero ninguno consegu铆a definir.

Viel, uno de los personajes de la novela, les echa en cara a sus compa帽eros: “Ustedes, los artistas, los literatos, no tienen raz贸n de ser en este pa铆s. Cr茅anme, muchachos; son enfermos, inadaptados, enfermos del mal metaf铆sico, la enfermedad de crear, de so帽ar, de contemplar”.

Viel opinaba que “este pa铆s necesita hombres de acci贸n, trabajadores, economistas?”. El poeta Riga, en cambio, opinaba que los so帽adores son indispensables, porque “poblaban el ambiente, fecundaban otras almas, creaban en la atm贸sfera social y moral del pa铆s un peque帽o rinc贸n de idealidad”.

Yo apruebo a Riga, porque hay cosas in煤tiles, tales como la poes铆a, la cosmolog铆a, la arqueolog铆a, la matem谩tica y la filosof铆a, que son la marca de la alta civilizaci贸n. Y tambi茅n porque no hay gran empresa sin gran visi贸n.

Los viajes de descubrimiento, en particular los de Col贸n y Magallanes, fueron alentados por la ambici贸n de “descubrir” mundo. La conquista y la colonizaci贸n fueron alentadas principalmente por la codicia. En particular, a los Reyes Cat贸licos el Nuevo Mundo s贸lo les interes贸 como fuente de dinero para derrochar en sus agresiones a los Pa铆ses Bajos. S贸lo hubo unos pocos misioneros, tales como el franciscano Fray Toribio de Benavente, a quien los indios mexicanos llamaban Motolinia (”el pobrecito”, en n谩huatl), que tuvieron la ilusi贸n de convertir a los abor铆genes y protegerlos de la brutalidad de conquistadores y encomenderos.

Los colonos que fueron a “poblar” las colonias americanas (como si hubieran estado despobladas) lo hicieron s贸lo por af谩n de lucro. Y fueron poqu铆simos: examinando los Archivos de Indias, Fernand Braudel y sus colaboradores encontraron que en el curso del siglo que sigui贸 al “descubrimiento” del Nuevo Mundo viajaban de Espa帽a a Am茅rica solamente unas 1000 personas por a帽o. O sea, menos de un vig茅simo de los europeos que emigraron a Hispanoam茅rica entre 1860 y 1940.

Todos concordamos en que los grandes l铆deres de la emancipaci贸n americana tuvieron una visi贸n original de sus respectivas patrias: las so帽aron soberanas y, por lo tanto, capaces de desarrollarse en provecho de sus propios pueblos. Algunos de los patriotas no se propon铆an m谩s que desmantelar el monopolio europeo sobre el comercio exterior. En cambio, unos pocos, en particular Thomas Jefferson y Sim贸n Bol铆var, tuvieron visiones grandiosas: el primero, de una gran naci贸n moderna en un pie de igualdad con los pa铆ses europeos, y el segundo, la visi贸n de una Hispanoam茅rica unida.

Los visionarios norteamericanos realizaron su visi贸n, aunque dos d茅cadas despu茅s ella qued贸 obsoleta cuando Francia aboli贸 la esclavitud y la servidumbre, mientras que los plantadores norteamericanos del Sur siguieron explotando a esclavos durante un siglo m谩s.

Pasada la primera d茅cada de construcci贸n de lo que se llam贸 una nueva y gloriosa naci贸n (t铆tulo de la pel铆cula que los pibes del barrio mir谩bamos todos los 25 de mayo), los patriotas iberoamericanos se dedicaron a fusilarse entre s铆, a medrar con la injusticia social y a hipotecar su pa铆s al extranjero. En cambio, los norteamericanos construyeron una naci贸n moderna con una rapidez pasmosa, y se dividieron en dos reci茅n cuando sus vecinos del Sur empezaban a sofocar las guerras civiles.

No opinar茅 sobre los grandes visionarios argentinos porque no quiero inmiscuirme en las querellas rosista/sarmientista ni gorila/peronista, que me parecen caducas y, por lo tanto, infructuosas. Me referir茅, en cambio, a otro gran pa铆s latinoamericano: M茅xico, segunda patria de muchos argentinos.

M茅xico tuvo m谩s suerte que la Argentina en un respecto y menos en otro. Produjo cuatro grandes l铆deres -Benito Ju谩rez, Francisco Madero, Emiliano Zapata y L谩zaro C谩rdenas- que bregaron exitosamente por tres grandes causas: soberan铆a nacional, reforma agraria y educaci贸n moderna y universal. Dos de esos prohombres, Madero y Zapata, fueron asesinados por sicarios al servicio del gran triunvirato que detentaba el poder econ贸mico: los terratenientes, la Iglesia Cat贸lica (la principal terrateniente del pa铆s) y las empresas extranjeras, principalmente americanas, brit谩nicas, alemanas y francesas, que hab铆an explotado las riquezas del pa铆s durante la larga noche de Porfirio D铆az.

Los gobiernos mexicanos fueron exitosos en la medida en que permanecieron fieles, al menos de palabra, a esa grandiosa visi贸n del indio Ju谩rez. Pero la realizaci贸n parcial de esta visi贸n cost贸 m谩s de un mill贸n de muertos, sobre todo en la guerra de los llamados cristeros contra los gobiernos reformistas, en la que much铆simos indios tomaron las armas en favor de sus explotadores.

Terminado el sexenio del Tata L谩zaro, como los indios sol铆an llamar al General C谩rdenas, empez贸 la ristra de gobiernos del famoso PRI. Aunque 茅stos no eran reaccionarios, beneficiaban principalmente a los nuevos ricos y a los pol铆ticos que esperaban orde帽ar al Estado. Desde entonces se acabaron los partidos con grandes proyectos nacionales. Sin embargo, algo qued贸, adem谩s de la ret贸rica “revolucionaria institucional”: la ayuda estatal a los indigentes y el apoyo a la educaci贸n y la cultura.

Obviamente, los ideales no bastan para reformar una organizaci贸n moderna: tambi茅n hacen falta conocimientos especiales que s贸lo pueden obtener las ciencias y t茅cnicas sociales, tales como la sociolog铆a, la econom铆a y el derecho. S贸lo fuertes dosis de tales conocimientos pueden reemplazar el “mal metaf铆sico”, del que hablaba Manuel G谩lvez, por la gesti贸n responsable y eficaz del bien com煤n.

Recordemos dos casos que, aunque muy diferentes, se parecen en que ponen en evidencia la necesidad de construir una visi贸n inteligente del porvenir en lugar de dejarse arrastrar por la corriente o de escuchar los llamados de individuos aquejados de mal metaf铆sico.

El primer caso es el de los autores de las dos revoluciones rusas de 1917. La primera fracas贸 porque los socialistas de Kerensky no ofrecieron lo que quer铆a la gente: paz y pan. La segunda revoluci贸n, encabezada por Lenin, no fue guiada sino por dos objetivos: la paz y el desmantelamiento del orden semifeudal. Los bolcheviques no ten铆an una visi贸n de la nueva sociedad porque cre铆an que ella vendr铆a espont谩neamente. Siguiendo a Marx y Engels, cre铆an que planear el futuro era sue帽o ut贸pico.

Los dirigentes sovi茅ticos tardaron un decenio en elaborar y poner en pr谩ctica los Planes Quinquenales que transformaron a una sociedad atrasada en una potencia moderna. Pero su visi贸n estrechamente economista les impidi贸 ver que la gente necesita mucho m谩s que f谩bricas, centrales el茅ctricas y escuelas modernas. Todos sabemos lo que cost贸 la estrechez de la visi贸n comunista.

Mi segundo ejemplo es el del socialismo argentino de antes. Hace exactamente un siglo el neurocirujano Juan B. Justo public贸 un libro notable, en el que expon铆a una visi贸n moderna basada sobre las investigaciones sociol贸gicas del propio autor: Teor铆a y pr谩ctica de la historia . El Maestro Justo, como sol铆an llamarlo sus compa帽eros, no padec铆a del “mal metaf铆sico”: no so帽贸 utop铆as, sino que estudi贸 la realidad que ten铆a a su alcance y propuso maneras pr谩cticas de mejorarla, tales como cooperaci贸n, educaci贸n laica y, sobre todo, sufragio universal. El Partido Socialista argentino se autodenominaba “el partido del sufragio universal”, no “el partido de la justicia social.”

La visi贸n de Justo no se llev贸 a la pr谩ctica. Unos culpar谩n al escaso desarrollo industrial; otros, a la Sociedad Rural; otros m谩s, a la Uni贸n Industrial Argentina, y casi todos al imperialismo ingl茅s. Yo creo que la culpa fue de todos esos factores, as铆 como del propio Partido Socialista, que se conform贸 con sacar muchos votos en la Capital Federal y con controlar a un pu帽ado de sindicatos de la aristocracia trabajadora urbana. Guard贸 en su ropero la bandera de la justicia social.

En cambio, el general Per贸n tuvo una visi贸n mucho m谩s amplia y audaz, rob贸 la bandera de la justicia social, fue m谩s astuto, no tuvo escr煤pulos, y goz贸 del apoyo de las Fuerzas Armadas y de… Pero ya met铆 la pata donde me hab铆a propuesto no meterla. Termino, pues, antes de que los gorilas y chimpanc茅s despedacen a este mono Tit铆.

驴Usted se siente c贸modo en la mediocridad y teme a quienes prometen o amenazan cambios? Apoye a los partidos sin otro programa que ganar las elecciones, o que padecen del “mal metaf铆sico”, o sea, el macaneo y la verborragia.

驴Usted anhela el progreso de la patria? Apoye a los partidos con una visi贸n clara y fundada, que incluya menos pobreza y mayor riqueza cultural. Aunque para poder identificar a tales partidos, usted mismo tendr谩 que esbozar una visi贸n promisoria. Pero, puesto que no lo lograr谩 por s铆 solo, tendr谩 que juntarse con otros en un centro de estudios de la realidad a alg煤n nivel: vecinal, provincial, o nacional. Primero conocer, luego programar y, finalmente, actuar.

Mario Bunge es el m谩s importante e internacionalmente reconocido fil贸sofo hispanoamericano del siglo XX. F铆sico y fil贸sofo de saberes enciclop茅dicos y permanentemente comprometido con los valores del laicismo republicano, el socialismo democr谩tico y los derechos humanos, son memorables sus devastadoras cr铆ticas de las pretensiones pseudocient铆ficas de la teor铆a econ贸mica neocl谩sica ortodoxa y del psicoan谩lisis 鈥渃harlacanista鈥.

La Naci贸n, 2 febrero 2010

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Febrero 8th, 2010 at 8:04 am

Obama: c贸mo derrochar capital pol铆tico, de Mario Bunge en SinPermiso

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El capital pol铆tico de un individuo o grupo es el conjunto de sus conciudadanos que est谩n dispuestos a ayudarlo con su voz, voto, tiempo o dinero. Quien posea alg煤n capital pol铆tico querr谩 acrecentarlo o al menos conservarlo. Pero es claro que el destino de semejante caudal depende tanto de la conducta de su propietario como de las circunstancias. El Sr. Barack Obama podr铆a escribir el manual definitivo sobre c贸mo聽 ganar y c贸mo despilfarrar el mayor capital pol铆tico acumulado en su pa铆s en el curso de un mero par de a帽os. Le regalo un t铆tulo vendedor: From political riches to rags, o Del manto purp煤reo al andrajo.

驴C贸mo gan贸 Obama el capital pol铆tico fabuloso de que dispon铆a hace un a帽o? Lo gan贸 prometiendo efectuar los grandes cambios que deseaban decenas de millones de gringos de todos los colores y muchas creencias, y encendidendo el entusiasmo de centenares de miles de voluntarios. Contrariamente al entusiasmo que despertaron en su tiempo Franklin Roosevelt, Jack Kennedy, Lyndon Johnson y Jimmy Carter, el que provoc贸 Obama fue organizado por esos voluntarios, casi todos sin filiaci贸n partidaria, cuyo trabajo fue costeado por millones de donaciones de unos pocos d贸lares cada una. El intendente de New York acaba de ser reelecto al costo de 100 millones de d贸lares, o sea, a raz贸n de 180 d贸lares por voto. Los obamistas gastaron diez veces m谩s, pero para una poblaci贸n 30 veces mayor y usando m谩s la Internet que las cadenas de TV.

El se帽or Obama crey贸 ser electo presidente de una gran democracia, pero de聽 hecho fue coronado emperador, aunque cubierto con un manto que inmoviliza nada menos que al ap贸stol del cambio. Y crey贸 poder hacer cuenta nueva despu茅s del gran borr贸n que hab铆a perpetrado su antecesor. Pero hered贸 un partido y un aparato estatal hostiles a todo cambio radical, ya que hab铆an sido deformados por las dos presidencias de Reagan, y otras tantas de Clinton, las cuatro 鈥渓iberales鈥, o sea, conservadoras.

El Presidente Carter hab铆a sido demasiado moderado, blando y derecho para hacer frente a tanta corrupci贸n. Su mayor reforma en la Casa Blanca fue hacer instalar paneles solares en la azotea. Reagan mand贸 desmantelarlos en cuanto ocup贸 la mansi贸n, ya que constitu铆an un mudo pero elocuente desaf铆o al monopolio energ茅tico que detentan las grandes empresas petroleras.

El Presidente Obama empez贸 muy bien. Hizo gestos de buena voluntad a la comunidad internacional, la que hab铆a sido manoseada e intimidada por el Presidente Bush. En particular, declar贸 terminada la 鈥済uerra del terror鈥 y dijo palabras conciliatorias al mundo isl谩mico. El nuevo gobierno tambi茅n inyect贸 una enorme suma de dinero en la comunidad cient铆fica, la que hab铆a sido hambreada por el 鈥済obierno basado en la fe鈥 de su predecesor.

Pero Obama fracas贸 en todo lo dem谩s. En particular, us贸聽 plata del contribuyente para salvar a los grandes banqueros en lugar de invertirla en obras p煤blicas, salud y educaci贸n, como lo hab铆a prometido. Y declar贸 que la guerra de Afganist谩n es una guerra buena, aunque despu茅s de ocho a帽os s贸lo ha afectado a la poblaci贸n civil y la ha exportado a Pakist谩n. (Adem谩s, las agresiones militares son inmorales y son buenas solamente para los mercaderes de guerra.)

No culpemos exclusivamente a la persona, porque su alto cargo viene junto con el Estado que encabeza. El Estado que hered贸 Obama incluye no s贸lo una burocracia enorme, sino tambi茅n tres aparatos inamovibles: la CIA, la red de unas 1.000 bases militares ubicadas en el exterior, y unas fuerzas armadas 铆ntimamente entrelazadas con ej茅rcitos privados cuyos mercenarios no est谩n sujetos a tribunal militar alguno. 驴Qu茅 ha hecho el Comandante en Jefe de los EE.UU. para controlar tanta fuerza? Nada, sino reforzarla aun m谩s. En efecto, ha declarado que la guerra en Afganist谩n es 鈥渦na guerra buena鈥, y el nuevo jefe de la CIA ha prohibido que sean enjuiciados los torturadores. Y, debido a la oposici贸n del Congreso, el Presidente no ha logrado desmantelar ni siquiera la m谩s siniestra de las bases militares en el exterior, la de Guant谩namo. Se lo han impedido los legisladores de su propio partido, aliados con sus adversarios.

El Presidente Obama tambi茅n hered贸 un sistema financiero desquiciado por聽 banqueros codiciosos y deshonestos, amparados por el Fed, o Banco Central. Este fue presidido durante demasiados a帽os por Alan Greenspan, el disc铆pulo dilecto de Ayn Rand. Esta lumpenfil贸sofa se hab铆a constitu铆do en la profetisa del 鈥渆go铆smo racional鈥. Esta es una generalizaci贸n de la llamada racionalidad econ贸mica, la que manda maximizar las utilidades esperadas, sin escr煤pulos por lo que pueda pasarles al pr贸jimo o al descendiente.

La crisis desatada en octubre del 2008, y de la que aun no hemos salido, tom贸 a Geenspan de sorpresa, como lo confes贸 en su momento. Tambi茅n dijo que, confiado en la doctrina del egoismo racional, hab铆a esperado que los banqueros no fueran tan est煤pidos como probaron serlo. El zar de las finanzas hab铆a ignorado el apotegma de David Hume: 鈥渓a raz贸n es esclava de las pasiones.鈥 Este principio no vale en las ciencias ni en las t茅cnicas, pero vale en el mundo de las finanzas, a juzgar por las 鈥渂urbujas鈥 especulativas que se vienen formando desde la Burbuja de los Tulipanes, ocurrida en 脕msterdam en el siglo XVII.

Adem谩s de heredar un Estado enormemente inflado y endeudado por su predecesor, el Presidente Obama hered贸 un Partido Dem贸crata desvirtuado desde los tiempos de Reagan: un partido tan conservador, y tan comprometido con las grandes corporaciones, que no ser铆a reconocido por ninguno de los dos presidentes Roosevelt. 驴C贸mo podr铆a聽 semejante dinosaurio hacer suya la consigna 鈥溌ambiemos!鈥 que le gan贸 a Obama el extraordinario capital pol铆tico que gan贸 durante su campa帽a electoral?

A juzgar por la magnitud de sus promesas pre-electorales, el Sr. Obama pens贸 que presidir su enorme pa铆s consistir铆a en compartir sus lindos planes con su partido y con la burocracia estatal. Supongo que nunca imagin贸 que ser铆a como sacar a pasear a la vez a un dinosaurio y un paquidermo.

En resumen, el manual sobre capital pol铆tico que podr谩 escribir el Presidente Obama cuando se jubile necesitar谩 tener solamente dos cap铆tulos: 1.- C贸mo ganar capital pol铆tico, o lo que hay que aprender y prometer para triunfar. 2.- C贸mo derrochar capital pol铆tico, o lo que hay que olvidar y traicionar para fracasar.

Mario Bunge es el m谩s importante e internacionalmente reconocido fil贸sofo hispanoamericano del siglo XX. F铆sico y fil贸sofo de saberes enciclop茅dicos y permanentemente comprometido con los valores del laicismo republicano, el socialismo democr谩tico y los derechos humanos, son memorables sus devastadoras cr铆ticas de las pretensiones pseudocient铆ficas de la teor铆a econ贸mica neocl谩sica ortodoxa y del psicoan谩lisis 鈥渃harlacanista鈥.

La Naci贸n, 11 diciembre 2009

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Diciembre 14th, 2009 at 8:04 am

Elinor Ostrom: un Nobel de Econom铆a bien ganado, de Mario Bunge en SinPermiso

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Felicitaciones a los se帽ores directores del Banco de Suecia y de la Academia Sueca de Ciencias. Esta vez acertaron al darle el premio 2009 a Elinor Ostrom. Ya era tiempo que se lo dieran a una socioeconomista progresista, en lugar de regal谩rselo a alg煤n ide贸logo cavern铆cola, como han acostumbrado hacerlo.

Tambi茅n era tiempo de que galardonaran a una mujer, la primera desde 1982, a帽o en que premiaron a la soci贸loga Alva Myrdal, esposa y colaboradora de Gunnar Myrdal, premiado en 1974, y uno de los arquitectos del Estado sueco moderno.

驴Cu谩l es el principal m茅rito acad茅mico de la doctora Ostrom, profesora en Indiana University? Que estudi贸 y propici贸 la autogesti贸n del bien com煤n, tal como lo viene haciendo todos los jueves a mediod铆a el Tribunal de Aguas de Valencia, desde que lo instalaron los moros en el a帽o 960.

驴Por qu茅 importa este aspecto de la obra de Ostrom? Porque ha sido ignorado por casi todos los economistas pol铆ticos, no s贸lo los viejos conocidos de la derecha, sino tambi茅n los marxistas, siempre enemigos de las cooperativas.

En efecto, casi todos los economistas reconocen s贸lo dos reg铆menes de propiedad: la privada y la estatal. No les interesa el tertium quid, la propiedad colectiva autogestionada, la que escapa tanto a la garra del gran capital como a la del Estado autoritario.

La econom铆a pol铆tica est谩ndar propone los postulados siguientes:

1- Todos los bienes deber铆an ser de propiedad de particulares o corporaciones. (驴Por qu茅? Porque lo digo yo.)

2- El ojo del amo engorda al ganado: la propiedad sin due帽o se deteriora, como lo demuestra la tragedia del bien com煤n, tal como el ejido o el pastizal de la aldea. (驴Por qu茅? Porque lo dijo Garrett Hardin.)

3- El Estado deber铆a ser m铆nimo: su 煤nica funci贸n deber铆a ser garantizar el funcionamiento del mercado libre, o sea, el capitalismo sin reglas (Friedrich Hayek, premio Nobel 1974 y Milton Friedman, premio Nobel 1976).

Si hubiera popperianos de izquierda, acaso dir铆an que la contribuci贸n de Ostrom fue refutar el segundo postulado. Pero cualquiera podr铆a arg眉ir que refutar una proposici贸n es lo mismo que confirmar su negaci贸n. No importa, sigamos.

En 1968 la prestigiosa revista Science public贸 el art铆culo The tragedy of the commons, o sea, “La tragedia del bien com煤n”. Este hizo famoso a su autor, el ec贸logo tejano Garrett Hardin, quien ya se hab铆a destacado por su defensa del principio sist茅mico “no puedes hacer una sola cosa” y su principio de exclusi贸n competitiva (que discutimos en mi seminario de filosof铆a de la biolog铆a, en 1962, en la Universidad de Buenos Aires).

驴En qu茅 consiste la tragedia de marras? Si todos los habitantes de una aldea tienen libre acceso a un pastizal com煤n, todos pondr谩n a pastar tantos animales como puedan. De esta manera, el pasto no tendr谩 tiempo de volver a crecer, y el pastizal se acabar谩 para mal de todos. La moraleja que sac贸 Hardin es que la propiedad sin propietario se deteriora hasta destruirse.

En su libro Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action (1990), Elinor Ostrom refuta a Hardin. Lo hace recurriendo a ejemplos hist贸ricos de autogobierno de bienes comunes, tales como tierras comunales (como los ejidos mexicanos), bosques (como muchos en la India), acequias (como las del r铆o Turia), pesquer铆as (como la del Maine) y tambos (como los del Gujurat).

El resultado neto es que lo que importa para preservar un bien no es la propiedad sino la administraci贸n. Tanto es as铆, que una empresa privada mal administrada no beneficia siquiera a sus propietarios. La econom铆a experimental y la psicolog铆a social contempor谩neas nos dan datos para explicar por qu茅 tiene raz贸n Elinor Ostrom y, por el mismo motivo, por qu茅 no la tuvo Garrett Hardin.

En efecto, esas ciencias han demostrado que solamente una minor铆a procura siempre maximizar sus utilidades esperadas, sin importarle si perjudica al pr贸jimo. La mayor铆a de los seres humanos somos considerados y cooperativos. Basta consultar el volumen colectivo Moral Sentiments and Material Interests: The Foundations of Cooperation in Economic Life , publicado en 2005 por los economistas Herbert Gintis, Robert Boyd, y Ernst Fehr.

En mi libro Filosof铆a pol铆tica (2009) cito muchas veces la obra de Ostrom, que sintoniza con una parva de documentos sobre el funcionamiento de cooperativas de todo tipo dispersas por el mundo, en particular, los anuarios de la Alianza Internacional de Cooperativas y de la Oficina Internacional del Trabajo, que mantiene la ONU en Ginebra.

En resumen, profesora Ostrom: enhorabuena por haber contribuido a resaltar el lado ang茅lico de la bestia humana, y por haber desprestigiado a la econom铆a y la filosof铆a pol铆ticas que dan por sentado que todos somos rapi帽adores y carro帽eros. Era tiempo de que el Premio Nobel lo ganase quien cree que la econom铆a y la pol铆tica pueden ser beneficiosas para la mayor铆a si reemplazan el pesimismo de Hobbes por el optimismo de Rousseau, y la incompetencia del asesor financiero por la competencia del almacenero de la otra cuadra.

Mario Bunge es el m谩s importante e internacionalmente reconocido fil贸sofo hispanoamericano del siglo XX. F铆sico y fil贸sofo de saberes enciclop茅dicos y permanentemente comprometido con los valores del laicismo republicano, el socialismo democr谩tico y los derechos humanos, son memorables sus devastadoras cr铆ticas de las pretensiones pseudocient铆ficas de la teor铆a econ贸mica neocl谩sica ortodoxa y del psicoan谩lisis 鈥渃harlacanista鈥.

La Naci贸n, 14 octubre 2009

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Octubre 19th, 2009 at 8:04 am

Obama y Gulliver: el Capit谩n naufraga en Washington, de Mario Bunge en SinPermiso

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El m谩s importante fil贸sofo hispano vivo, que cumplir谩 ma帽ana, 21 de septiembre de 2009, 90 a帽os 鈥撀elicidades Mario!鈥, es tambi茅n un estupendo periodista y narrador. Va la que promete ser primera entrega de un cuento sobre Obama.

Cuenta Jonathan Swift que, cuando el Capit谩n Gulliver naufrag贸 en Lilliput, los nativos lo trataron bien. El retribuy贸 sus atenciones ayud谩ndoles a capturar una nave. Pero se neg贸 a ayudarles a sojuzgar a sus vecinos. En castigo, los lilliputienses lo condenaron a arrancarle los ojos. Puesto que no med铆an sino unos 15 cent铆metros de estatura, para dominarlo esperaron a que se durmiese.

Una vez dormido, lo sujetaron con cuerdas a estacas clavadas en la tierra. La uni贸n hace la fuerza. Pero a veces la astucia supera a la fuerza. En efecto, sabemos que el astuto capit谩n logr贸 huir, y que visit贸 otras tierras extra帽as, tales como Laputa.

Swift ubic贸 esos acontecimientos en 1699. Tres siglos despu茅s, el Capit谩n Obama llega a Washington con una gran visi贸n y con la ilusi贸n de ponerla en pr谩ctica. Sue帽a un porvenir justo, pr贸spero y pac铆fico para su patria y para el mundo. Pero nuestro capit谩n naufraga a poco de llegar a puerto y pierde a casi todos los miembros de la tripulaci贸n que lo hab铆a acompa帽ado en su viaje: los liberales movilizados por su visi贸n generosa.

El Capit谩n no pod铆a prever la crisis econ贸mica que se desat贸 de golpe y que parece hecha a medida para hacerlo naufragar; ni con que sus asesores econ贸micos, casi todos heredados del gobierno anterior, han ayudado a reflotar a los financistas pero no a los desocupados. La tasa de desocupaci贸n en los EE.UU. se ha duplicado en poco m谩s de un a帽o y llega casi al 10 por ciento.

Mientras tanto, los mil funcionarios principales de Goldman Sachs, una de las firmas financieras rescatadas con dineros p煤blicos, acaban de cobrar bonificaciones de un mill贸n de d贸lares por cabeza. Se sigue premiando los fracasos en gran escala, as铆 como se castiga a los peque帽os. 隆Qu茅 contraste con los gobiernos conservadores de Francia y Alemania, que acaban de imponer una cota superior a tales bonificaciones! El Capit谩n prometi贸 crear 3 millones de puestos de trabajo; pero 茅ste es, precisamente, el n煤mero de puestos perdidos desde que fue electo. 隆Qu茅 contraste con el gobierno laborista australiano! Su 鈥減aquete de est铆mulo鈥 fue invertido en ayudar a los jubilados y a las familias con ni帽os, as铆 como en renovar o construir escuelas, todo lo cual hizo aumentar el consumo y mejorar la educaci贸n.

Tampoco contaba el Capit谩n Obama con la negativa de los parlamentarios de su propio partido a clausurar la infame prisi贸n de Guant谩namo, ubicada en tierra cubana, y donde el gobierno anterior hab铆a estado torturando a ni帽os. Ni previ贸 que su partido, en complicidad con las compa帽铆as de seguros, se negar铆a a reformar el sistema de asistencia m茅dica, la gran causa por la cual luch贸 el finado senador Ted Kennedy durante cuatro d茅cadas. Al prometer un cambio de rumbo de la pol铆tica exterior norteamericana, el Capit谩n Obama la puso en manos de Hillary Clinton, quien hab铆a aprobado las agresiones militares del gobierno anterior. El resultado es que no hubo cambios importantes en este cap铆tulo, salvo de ret贸rica. Por ejemplo, Joe Biden, el imprevisible vicepresidente, visit贸 Ucrania y Georgia para asegurarles el sost茅n de sus pol铆ticas respecto de Rusia, su poderosa vecina, al mismo tiempo que anunci贸 al mundo que su pa铆s hab铆a renunciado a la pol铆tica de las esferas de influencia.

El nuevo gobierno advirti贸 a Ir谩n que no tolerar铆a que fabricase bombas nucleares, pero nada dijo sobre las 200 bombas que se le atribuyen a Israel, la 煤nica potencia nuclear del Medio Oriente. Ni mencion贸 el destino de las 800 bases militares norteamericanas distribuidas entre los cinco continentes, y cuya clausura aliviar铆a considerablemente el d茅ficit fiscal, estimado en 10 millones de millones (la unidad seguida de 13 ceros) de d贸lares. En cambio, afirm贸 que la Guerra en Afganist谩n es necesaria, aunque sin mencionar que s贸lo lo es para el siniestro Talib谩n, que se ha infiltrado en Pakist谩n.

Tampoco contaba el Capit谩n Obama con la resistencia de la paquid茅rmica burocracia del Estado federal, engordada por todos los mandatarios republicanos al mismo tiempo que discurseaban contra el Estado. Ni con la pasividad de sus conciudadanos. El Capit谩n les queda grande a los lilliputienses, que lo han pescado dormido y lo han atado al suelo por negarse a seguir la honda huella que dejaron sus antecesores.

El Capit谩n Gulliver era vulnerable por haber perdido a su tripulaci贸n. El Capit谩n Obama es casi impotente por el mismo motivo: porque no lo acompa帽a su propio partido, debido a que no comparte su visi贸n y es casi tan conservador como el Partido Republicano. Este conservadurismo no es propio de un grupo marginal, sino la ideolog铆a b谩sica del pueblo norteamericano desde Nixon en adelante. Mientras escribo estas l铆neas, millones de norteamericanos anuncian que van a sacar a sus hijos de las escuelas p煤blicas para protegerlos de la 鈥減ropaganda socialista鈥 que le atribuyen al presidente. Esa debe ser la misma gente que a煤n no se ha enterado de que la Tierra gira en torno al Sol, ni de que los humanos somos animales, productos de la evoluci贸n.

Ya nadie recuerda las reformas sociales puestas en pr谩ctica por los gobiernos de Franklin D. Roosevelt y Lyndon Johnson, que ni siquiera los gobiernos de Reagan y los Bush lograron demoler. Tampoco se recuerda mucho la excelente pel铆cula pol铆tica Mister Smith va a Washington (1939). En este cl谩sico de Frank Capra, un honesto e ingenuo pol铆tico provincial, que encarna el gran Jimmy Stewart, va al Capitolio a limpiarlo, como H茅rcules cuando se le orden贸 limpiar los establos de Aug铆as. El senador Smith no logr贸 terminar su misi贸n, pero sacudi贸 a la opini贸n p煤blica.

驴Lograr谩 desatarse el Capit谩n Obama? Lea los pr贸ximos episodios.

Mario Bunge es el m谩s importante e internacionalmente reconocido fil贸sofo hispanoamericano del siglo XX. F铆sico y fil贸sofo de saberes enciclop茅dicos y permanentemente comprometido con los valores del laicismo republicano, el socialismo democr谩tico y los derechos humanos, son memorables sus devastadoras cr铆ticas de las pretensiones pseudocient铆ficas de la teor铆a econ贸mica neocl谩sica ortodoxa y del psicoan谩lisis 鈥渃harlacanista鈥.

La Naci贸n, 12 septiembre 2009

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Septiembre 21st, 2009 at 7:06 am

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Los enfermos son pacientes, no clientes, de Mario Bunge en SinPermiso

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La principal noticia del d铆a en Estados Unidos es la agitada campa帽a sobre la reforma del r茅gimen de asistencia m茅dica. Esta campa帽a se ha tornado tan violenta y ponzo帽osa, que amenaza con dividir al pa铆s de manera m谩s profunda que las guerras del ex presidente Bush.

Muchos creen que Obama malgasta en esta campa帽a su capital pol铆tico, al aumentar la hostilidad de los republicanos, no lograr persuadir a los esc茅pticos y decepcionar a sus propios partidarios. Ech茅mosle un breve vistazo filos贸fico.

La salud puede considerarse como un derecho en pie de igualdad con los derechos a la seguridad, la jubilaci贸n, la educaci贸n y el voto, o como un privilegio, a semejanza de la propiedad privada y la vacaci贸n paga. Si la salud es vista como un derecho humano, su cuidado ser谩 una carga p煤blica y, por lo tanto, un deber del Estado. En cambio, si la salud es vista como una prerrogativa, el ejercicio de la medicina pertenecer谩 al sector privado.

En otras palabras, el enfermo puede ser considerado como paciente o como cliente. En el primer caso ser谩 atendido como cualquier hijo de vecino; en el segundo, ser谩 atendido solamente en la medida en que pueda pagar.

El ingreso de un enfermo en un centro m茅dico privado se parece al ingreso de los antiguos egipcios a la inmortalidad: estaba reservado a quienes pod铆an pagar al embalsamador. Mientras los ricos compraban una segunda vida, los pobres mor铆an definitivamente. En tiempos modernos pasa algo parecido, en menor escala: las estad铆sticas muestran que los ricos viven varios a帽os m谩s que los pobres. Por ejemplo, el europeo occidental puede esperar vivir el doble que el habitante de Afganist谩n, Mozambique o Sierra Leona.

La disyuntiva p煤blico-privado en el terreno de la salud es tanto moral como pol铆tica, de modo que pertenece a la filosof铆a pol铆tica. Los liberales tradicionales coinciden con los socialistas en que el Estado es responsable, al menos en parte, de la salud de los ciudadanos. En cambio, los neoliberales (o neoconservadores) sostienen que la asistencia m茅dica es una actividad privada y de organizaciones caritativas.

El nuevo gobierno de los EE.UU. ha propuesto reformar la asistencia m茅dica norteamericana, en vista de que es la m谩s costosa del mundo, no es accesible a todos, y se estima que en calidad ocupa el puesto 37 en el mundo. Los norteamericanos gastan en salud el 15% del PIB, en tanto que los canadienses y uruguayos gastan el 10%, los argentinos el 9%, los cubanos el 7% y los mexicanos el 6%. (Estos datos fueron tomados del informe de 2006 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).

La reforma propuesta por el presidente Obama no es precisamente revolucionaria, ya que no estatiza la atenci贸n m茅dica ni el seguro de salud. En este sentido, es mucho menos generosa y radical que el proyecto de seguro nacional de salud que, en 1936, presentara al Congreso argentino el diputado nacional Augusto Bunge, mi padre. El consideraba que la salud es un derecho, y que la mejor manera de administrar la asistencia m茅dica p煤blica es mediante la mutualidad o el seguro, ya que estos distribuyen las cargas en forma equitativa: hoy por ti, ma帽ana por m铆.

Tampoco es novedosa la iniciativa del presidente Obama, ya que se parece a las propuestas anteriores del senador Ted Kennedy y de Hillary Clinton (cuando intentaba mejorar su propio pa铆s, en lugar de dar consejos no solicitados a gobiernos extranjeros). Adem谩s, Canad谩, Cuba y casi todas las naciones de Europa occidental gozan ya desde hace d茅cadas de sistemas de asistencia m茅dica m谩s incluyentes, menos costosos y m谩s eficaces que el considerado por el presidente Obama.

En particular, el sistema canadiense, llamado Medicare, atiende gratuitamente a todos los residentes del pa铆s, aun sin ser ciudadanos. El resultado es que la esperanza de vida de los canadienses en 2006 era de 80 a帽os, dos menos que en Jap贸n; de 77, la de los norteamericanos y cubanos, y de 74, la de los argentinos y uruguayos. (Ojo: la esperanza de vida depende no s贸lo de la asistencia m茅dica, sino tambi茅n, y en mayor medida, del ingreso, la desigualdad de ingresos, y el nivel de educaci贸n.)

驴C贸mo funciona el Medicare canadiense? He aqu铆 c贸mo lo veo yo desde hace cuatro d茅cadas. Yo he elegido a mi internista y mis especialistas, y cuando me atienden no me cobran a m铆, sino al gobierno de mi provincia. Este les retribuye conforme a una tarifa que depende del tipo de tratamiento: tanto por un examen de rutina, cuanto por una operaci贸n de apendicitis, etc. (Mi hijo canadiense nos cost贸 1000 d贸lares; mi hija, nacida al amparo de Medicare, sali贸 gratis) Yo no pago directamente por estos servicios: ellos son sufragados por el impuesto provincial a la renta.

Yo nunca hablo de precios con mis m茅dicos. En cambio, los norteamericanos no pueden dejar de mencionarlos y negociarlos, ya que las compa帽铆as de seguros m茅dicos no se hacen cargo de todos los procedimientos que puede requerir un tratamiento. Recientemente, el economista Paul Krugman, de la Universidad de Princeton, acus贸 a las empresas norteamericanas de salud por invertir un gran porcentaje de sus presupuestos en estudiar la manera de privar a sus asegurados de la mayor cantidad posible de servicios m茅dicos, actividad que 茅l considera antisocial.

Proporcionalmente a su poblaci贸n, Canad谩 atiende a m谩s pacientes y durante m谩s horas que los EE.UU., pero gasta un 40 por ciento menos. Uno de los motivos del menor costo es que el papeleo m茅dico canadiense es mucho menos voluminoso que el norteamericano. Por ejemplo, en Canad谩 hay un solo formulario, el provincial, para recabar el pago por servicios profesionales prestados, mientras que en los EE.UU. hay centenares de formularios: tantos como compa帽铆as de seguros. A los m茅dicos canadienses se les hacen reembolsos electr贸nicamente por medio de un solo agente: su gobierno provincial. As铆 se minimizan las confusiones y las disputas. Adem谩s, los funcionarios provinciales de salud p煤blica tienen inter茅s en contener los aumentos de costos, porque compiten por fondos con sus colegas de los ministerios de educaci贸n, obras p煤blicas, etc. Sobre todo, nadie se ve obligado a hipotecar o vender su casa para pagar cuentas m茅dicas.

El r茅gimen canadiense es bueno, pero no es perfecto. Un ejemplo: dado que la asistencia m茅dica es gratuita, la gente ya usa y abusa con mayor frecuencia que en los EE.UU. y, por consiguiente, las listas de espera suelen ser largas y los m茅dicos canadienses est谩n sobrecargados de trabajo. Otro ejemplo: los psicoanalistas que hacen terapia de grupo suelen cobrar por cada paciente. Tercero: los gobiernos provinciales se quejan de que el gobierno federal no contribuye suficientemente a su presupuesto de salud p煤blica.

Pero 茅stos no son sino lunares. El fil贸sofo pol铆tico sabe que no hay ni puede haber organizaci贸n social sin problemas, cuando se trata de compartir recursos escasos como son el tiempo, el dinero, la inteligencia y la buena voluntad. Pero volvamos al Estado m谩s poderoso del mundo, que puede dominar cualquier naci贸n, pero no puede o no quiere mantener saludables a todos sus ciudadanos.

Pese a sus m茅ritos, la iniciativa del presidente Obama es torpedeada por los mercaderes de la salud: las grandes cl铆nicas privadas y las compa帽铆as de seguros, sus voceros medi谩ticos y pol铆ticos, y la complicidad de la Asociaci贸n M茅dica Norteamericana. Al respecto, esta sociedad profesional se ha opuesto siempre a su hom贸loga brit谩nica, la que apoy贸 desde su comienzo la socializaci贸n de la medicina, llevada a cabo por el primer gobierno laborista de posguerra.

El presidente Obama inst贸 a los m茅dicos a cambiar de actitud. Fue en vano: don Dinero es m谩s elocuente que Hip贸crates. Obama tambi茅n acudi贸 a los dirigentes religiosos, pero por ahora sin resultado, tal vez porque deben consultar con su jefe m谩ximo.

El debate no ha terminado, y es emponzo帽ado por agitadores que mienten a gritos, a tal punto de tergiversar la verdad sobre el ejemplar r茅gimen canadiense de salud p煤blica, y de acusar al presidente Obama de ser nazi (o bien comunista) y de promover la eutanasia y el aborto. Algunos asistentes a estos debates p煤blicos van fuertemente armados, lo que hace temer por la vida del presidente. Pero al menos se ha abierto el debate p煤blico sobre un asunto p煤blico de tanta importancia como la seguridad y el empleo. Y 茅sta es una novedad muy positiva en cualquier pa铆s.

Cuando miran los telenoticiosos, casi todos los canadienses se felicitan de habitar un pa铆s que, aunque menos rico y poderoso que el vecino, es m谩s civilizado, por gozar de asistencia m茅dica gratuita y por no gozar de la libertad de circular armados.

Mario Bunge es el m谩s importante e internacionalmente reconocido fil贸sofo hispanoamericano del siglo XX. F铆sico y fil贸sofo de saberes enciclop茅dicos y permanentemente comprometido con los valores de la democracia republicana, los derechos humanos y la justicia social y econ贸mica, son memorables sus devastadoras cr铆ticas de las pretensiones pseudocient铆ficas de la teor铆a econ贸mica neocl谩sica ortodoxa y del psicoan谩lisis 鈥渃harlacanista鈥.

La Naci贸n, 8 septiembre 2009

Written by Reggio's

Septiembre 14th, 2009 at 7:02 am

Posted in Pol铆tica, Sanidad, Valores, 脡tica

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El aut茅nico socialismo renacer谩 sobre las cenizas del capitalismo, de Mario Bunge en “El Grano de Arena” de Attac

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La sociedad capitalista, caracterizada por el llamado mercado libre, est谩 en grave crisis. Aunque los pol铆ticos y sus economistas nos prometen que eventualmente saldremos de ella, no nos dicen c贸mo ni cu谩ndo. No pueden hacerlo porque carecen de teor铆as econ贸micas y pol铆ticas correctas: s贸lo disponen de modelos matem谩ticos irrealistas y de consignas ideol贸gicas apolilladas. Esto vale no s贸lo para los dirigentes neoliberales sino tambi茅n para los socialistas, tanto los moderados como los autoritarios. Los neoliberales no nos explican la alquimia que transformar铆a la libertad de empresa y de comercio en prosperidad; y los pocos marxistas que quedan se regocijan con la crisis que profetizaron tantas veces, pero no proponen ideas nuevas y realistas para reconstruir la sociedad sobre bases m谩s justas y sostenibles.

Yo creo que hay motivos pr谩cticos y morales para preferir el socialismo aut茅ntico al capitalismo, y que la construcci贸n del socialismo no requiere la restricci贸n de la democracia sino, muy por el contrario, su ampliaci贸n, del terreno pol铆tico a todos los dem谩s. Esto es lo que llamo democracia integral: biol贸gica, econ贸mica, cultural y pol铆tica (1) Bunge 1979). Semejante sociedad ser铆a inclusiva: no habr铆a exclusiones por sexo ni por raza, ni explotaci贸n econ贸mica, ni cultura exclusivista, ni opresi贸n pol铆tica.

Se preguntar谩, con raz贸n, si 茅sta no ser谩 una utop铆a m谩s, y mi postura la de un cantama帽anas. Mi respuesta es que la democracia integral podr谩 tardar varios siglos en realizarse, pero que su embri贸n naci贸 hace ya m谩s de un siglo, cuando se constituyeron las primeras cooperativas de producci贸n y trabajo en Italia, sobre la base de empresas capitalistas fallidas. Un ejemplo parecido, m谩s reciente y modesto, es el movimiento argentino de las f谩bricas recuperadas; 茅stas fueron las empresas que, cuando fueron abandonadas por sus due帽os por considerarlas improductivas, fueron ocupadas y reactivadas por sus trabajadores (2). Estos son ejemplos en peque帽a escala de socialismo cooperativista.

Si en los EE UU hubiera sindicatos y partidos pol铆ticos progresistas, 茅stos aprovechar铆an la ocasi贸n actual y transformar铆an en cooperativas las grandes empresas en bancacarrota, tales como General Motors y AIG. Obviamente, semejante cambio requiere la anuencia de los poderes p煤blicos, ya que involucra el reconocimiento legal de las empresas 鈥渞ecuperadas鈥 por sus empleados, cosa que ocurri贸 en Argentina. Pero lo que ha estado haciendo el gobierno norteamericano desde fines del 2008 es usar dineros p煤blicos para rescatar esas empresas privadas fallidas por mala gesti贸n. O sea, ha estado haciendo lo opuesto de Robin Hood. Garrett Hardin (3) lo llam贸 鈥渟ocializar las p茅rdidas y privatizar las ganancias鈥.

En resumen, un programa realista para los partidos socialistas partir铆a de la consigna de la Revoluci贸n Francesa, agreg谩ndole participaci贸n y competencia en la gesti贸n del Estado. El medio para realizar este ideal de la democracia integral es: Ir construy茅ndola de a poco y desde abajo con las cenizas del capitalismo en tren de autocombusti贸n. O sea, multiplicar las cooperativas y mutualidades, renovar los partidos socialistas con una fuerte dosis de ciencia y tecnolog铆a sociales, fortalecer los sindicatos independientes, fundar centros de estudios de la realidad social, y multiplicar las bibliotecas y universidades populares.

En suma, el socialismo tiene porvenir si se propone ir socializando gradualmente todos los sectores de la sociedad. Su finalidad ser铆a ampliar el Estado liberal y asistencial para construir un socialismo democr谩tico y cooperativista. Este pondr铆a en pr谩ctica una versi贸n actualizada de la consigna de la Revoluci贸n Francesa de 1789, a saber: Libertad, igualdad, fraternidad, participaci贸n, e idoneidad.

NOTAS:

1) Mario Bunge, Treatise on Basic Philosophy, tomo 4: A World of Systems. Dordrecht, Boston: D. Reidel, 1979.
(2) J. Reb贸n e I. Saavedra: Empresas recuperadas: La autogesi贸n de los 聽聽聽聽trabajadores. Buenos Aires, Capital Intelectual, 2006.
(3) Garrett Hardin: Filters Against Folly. Nueva York, Londres, Penguin Books, 1985.

Mario Bunge es el m谩s importante e internacionalmente reconocido fil贸sofo hispanoamericano del siglo XX. F铆sico y fil贸sofo de saberes enciclop茅dicos y permanentemente comprometido con los valores de la democracia republicana, los derechos humanos y la justicia social y econ贸mica, son memorables sus devastadoras cr铆ticas de las pretensiones pseudocient铆ficas de la teor铆a econ贸mica neocl谩sica ortodoxa y del psicoan谩lisis 鈥渃harlacanista鈥.

Written by Reggio's

Junio 3rd, 2009 at 6:03 am

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