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La Ley y el Pacto por la Ciencia, de Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac en P煤blico

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Despu茅s de poco m谩s de un a帽o desde que se anunci贸 el primer borrador de Ley de la Ciencia, la ministra Garmedia ha presentado su nuevo proyecto. El tiempo transcurrido ha servido para que el Gobierno inicie la tramitaci贸n de la la Ley de Econom铆a Sostenible, que ofrece cobertura 鈥渇ilos贸fica鈥 a la nueva pol铆tica cient铆fica, y para que diferentes agentes sociales, pol铆ticos e institucionales hayan podido digerir mejor algunas de las novedades que presenta el proyecto.

Tiempo habr谩 para entrar en detalles y participar en debates que seguramente surgir谩n a lo largo del proceso de discusi贸n parlamentaria y de negociaci贸n social. Por el momento comentaremos s贸lo un par de rasgos rese帽ables del actual borrador.

El primero es que con 茅l se consolida una apuesta sistem谩tica y contundente por la integraci贸n de las pol铆ticas tradicionales de ciencia y tecnolog铆a con las pol铆ticas m谩s novedosas orientadas a la innovaci贸n. Llevamos a帽os quej谩ndonos de que nuestro sistema cient铆fico no logra alimentar con suficiente eficacia los procesos de innovaci贸n que constituyen la fuente principal de competitividad econ贸mica. Lo nuevo es que, por primera vez, se contemplan de forma sistem谩tica, en una sola ley y bajo la direcci贸n de un 煤nico ministerio, todos los aspectos de estas pol铆ticas, desde la gesti贸n de subvenciones para la investigaci贸n b谩sica hasta la planificaci贸n de las ayudas e incentivos para la incorporaci贸n de tecnolog铆a en las empresas; o la apertura de nuevos cauces para la colaboraci贸n entre el sector cient铆fico y el empresarial. Si la ley tiene 茅xito en su apuesta, dentro de muchos a帽os seguiremos celebrando el salto cualitativo que sin duda habr谩 dado nuestro pa铆s en este campo.

Tambi茅n creo que debe resaltarse la contundencia con que se aborda en el proyecto de ley el problema de la carrera cient铆fica y la situaci贸n precaria de muchos de nuestros investigadores m谩s j贸venes, con una f贸rmula simple y audaz. En primer lugar, los cient铆ficos en formaci贸n predoctorales tendr谩n un contrato laboral desde el primer a帽o. En segundo lugar, los cient铆ficos posdoctorales tendr谩n un contrato indefinido desde el primer momento, pero la evaluaci贸n que les hagan a los cinco a帽os podr谩 ser motivo de despido, si no alcanzan el nivel de rendimiento adecuado. Por 煤ltimo, la ley anuncia una serie de medias que facilitar谩n el acceso a los diferentes niveles y escalas de t茅cnicos e investigadores de los Organismos P煤blicos y las Universidades, potenciando la movilidad entre ellos. Costar谩 adaptar los esquemas tradicionales a la nueva estructura y habr谩 que vigilar que la evaluaci贸n del rendimiento de los cient铆ficos se haga con criterios rigurosos y objetivos. Pero, si se logra, la carrera cient铆fica empezar谩 a ser mucho m谩s atractiva en Espa帽a.

驴Problemas pendientes? Muchos, sin duda. Y habr谩 que hablar de ellos. Pero creo que no va a ser f谩cil, en esta ocasi贸n, que las fuerzas pol铆ticas puedan eludir un gran pacto por la ciencia que permita no s贸lo sacar adelante una ley absolutamente necesaria, sino hacerlo adem谩s con un amplio consenso social que le garantice una vigencia al menos tan duradera y s贸lida como la de la anterior Ley de la Ciencia, en vigor desde 1986.

Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac. Catedr谩tico de L贸gica y Filosof铆a de la Ciencia.

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Marzo 1st, 2010 at 8:08 am

No en mi patio trasero, de Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac en P煤blico

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Hay muchas razones para desear que no instalen un Almac茅n Temporal Centralizado (ATC) de residuos nucleares en el patio trasero de tu casa. Por ejemplo, prefieres dedicar tu patio a cultivar flores. As铆 que, si est谩s en esa situaci贸n, es comprensible que prefieras que tus concejales no se apunten a la carrera por conseguir el ATC, por la misma raz贸n que te opondr铆as a la instalaci贸n de una bater铆a de aerogeneradores: no quieres que te alteren el entorno. Y si lo hacen, tienes derecho a negociar compensaciones. Tambi茅n puedes oponerte al almac茅n de residuos porque crees que es altamente peligroso, o simplemente porque eres antinuclear. Las tres opciones son leg铆timas, aunque la m谩s racional es la primera (sopesar las compensaciones, con informaci贸n adecuada). La segunda se basa en informaci贸n, en mi opini贸n, err贸nea; y la tercera es inconsistente: si eres antinuclear deber铆as ayudar a resolver el problema del almacenamiento de residuos.

Estas reflexiones deben haber sido muy comunes entre los vecinos de los municipios que se han planteado presentar su candidatura para acoger el ATC. Todos los que han participado en el proceso merecen respeto. En esto Espa帽a ha mejorado mucho. Durante a帽os ha sido imposible dar una respuesta adecuada al problema del almacenamiento de los residuos de las centrales nucleares y en cambio ahora, por primera vez, se vislumbra una soluci贸n eficiente, segura y consensuada. Sin embargo, a煤n quedan rastros de irracionalidad en el proceso de decisi贸n colectiva sobre estos temas.

En primer lugar, hay un conflicto entre la pol铆tica de compensaciones econ贸micas y la gesti贸n correcta de la informaci贸n cient铆fica para hacerla accesible a los ciudadanos. Ciertamente las compensaciones pueden ayudar a que se tomen decisiones con criterios racionales. Pero tambi茅n contribuyen a complicar la situaci贸n. El argumento m谩s obvio reza as铆: a falta de otra informaci贸n, si las compensaciones son tan altas debe ser que el riesgo que se asume es muy serio. Sin embargo, esto no es cierto: la probabilidad de que el ATC cause la muerte de una persona por contaminaci贸n radiactiva es, sin duda, menor que la de que esa persona muera atropellada por un tractor agr铆cola. La importancia de las compensaciones no tiene nada que ver con la gravedad del riesgo real, sino con el riesgo imaginado, que es muy alto precisamente porque no se utiliza de forma adecuada la informaci贸n cient铆fica relevante.

En segundo lugar, resulta impresentable la frivolidad con la que casi todas las fuerzas pol铆ticas han afrontado este proceso. Partidos que defienden la energ铆a nuclear amenazan a sus ediles si participan en un concurso abierto que esos mismos partidos reclamaron que se pusiera en marcha. Presidentes de comunidad aut贸noma, relevantes personalidades del partido gobernante, que podr铆an alardear de estar contribuyendo a solventar un problema importante para toda Espa帽a, aducen ahora cuotas de solidaridad territorial (solidaridad 驴frente a qu茅?) para escurrir el bulto.

Tenemos derecho a rechazar un ATC en nuestro patio trasero, pero por favor, que sea sin hipocres铆a, con buenas maneras, informaci贸n adecuada y razones dignas.

Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac. Catedr谩tico de L贸gica y Filosof铆a de la Ciencia.

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Febrero 9th, 2010 at 8:06 am

La revoluci贸n digital, de Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac en P煤blico

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Los primeros que apostaron claramente por lo que ahora llamamos sociedad de la informaci贸n fueron algunos intelectuales marxistas que, en los a帽os sesenta del siglo pasado, analizaron lo que entonces llamaban la revoluci贸n cient铆fico-t茅cnica. De aquella 茅poca es La civilizaci贸n en la encrucijada, una obra colectiva dirigida por Radovan Richta dedicada a examinar las consecuencias que la automatizaci贸n de la producci贸n industrial deb铆a tener sobre la organizaci贸n del trabajo, el desarrollo de las contradicciones internas del capitalismo y el advenimiento de una sociedad sin clases. Dur贸 poco la utop铆a: los tanques sovi茅ticos se encargaron de borrarla por las calles de Praga en la primavera del 68.

Pero los ecos de aquella idea de la revoluci贸n cient铆fico-t茅cnica resuenan desde entonces en los discursos sobre la revoluci贸n digital y la sociedad de la informaci贸n. Hay quien ya piensa que la libre descarga de m煤sica, pel铆culas o libros en Internet es una manifestaci贸n palpable del advenimiento de una sociedad igualitaria. Aunque en el bando contrario nos encontramos tambi茅n con algunas de las otrora llamadas fuerzas de la cultura y de las ahora conocidas como multinacionales del entretenimiento que, para perseguir la pirater铆a digital, estar铆an dispuestas a imponer un canon hasta para la lectura de libros en las bibliotecas.

Lo primero que deber铆amos reconocer es que los cambios tecnol贸gicos a los que asistimos son realmente extraordinarios y, por lo tanto, nadie tiene respuestas definitivas para los nuevos problemas. As铆 que no tenemos m谩s remedio que ir tanteando y ensayando soluciones. Algunos de esos ensayos, por cierto, est谩n teniendo 茅xito e implicaciones sociales esperanzadoras: el software de c贸digo abierto, las licencias copyleft y la cooperaci贸n intelectual, an贸nima y desinteresada de la Wikipedia, por ejemplo.

Lo segundo es que, en cualquier caso, las soluciones que ensayemos deben partir del reconocimiento de que el creador tiene derecho a intentar vivir libremente de sus creaciones, lo que significa que la propiedad intelectual debe ser protegida de alguna forma (respetuosa con las intenciones del creador) y la pirater铆a digital perseguida por la ley de forma eficaz, pero proporcionada y sensata, claro est谩.

La tercera consideraci贸n es que no debemos empe帽arnos en encerrar los nuevos vinos en los odres viejos. Las tecnolog铆as digitales no s贸lo ampl铆an las posibilidades creativas, sino tambi茅n los formatos de distribuci贸n, uso y disfrute de las obras del esp铆ritu. La vieja amalgama de los contenidos culturales con sus soportes f铆sicos se ha roto para siempre y ahora deber铆amos concentrar nuestros esfuerzos en sacar las consecuencias de esa ruptura para la renovaci贸n de la industria cultural.

Las tecnolog铆as nos permiten hacer cosas nuevas, pero la forma como nos organicemos socialmente para gestionarlas no viene impuesta por ellas, sino que depende de lo que nosotros seamos capaces de imaginar y conseguir. La revoluci贸n cient铆fico-t茅cnica no fue suficiente para preservar la primavera de Praga y ahora ya deber铆amos saber que la revoluci贸n digital no es la revoluci贸n, aunque tampoco permite que las cosas se queden como est谩n.

Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac. Catedr谩tico de L贸gica y Filosof铆a de la Ciencia.

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Enero 15th, 2010 at 9:07 am

Cultura de la innovaci贸n, de Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac en P煤blico

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Muchos economistas, gestores y pol铆ticos tienen tendencia a pensar que manejando las variables econ贸micas de un sistema social se consigue, de forma casi autom谩tica, cualquier resultado que se considere deseable. Por ejemplo: la abundancia de cr茅dito genera inversi贸n y anima el consumo, esto hace crecer el PIB y, como consecuencia, se genera empleo. As铆 que todo es muy sencillo: si nos preocupa el empleo, facilitemos dinero a los bancos para que aumente el cr茅dito y esperemos los resultados. Con la crisis actual aparecen nuevas recetas, igualmente simples. Por ejemplo: en una econom铆a basada en el conocimiento, la fuente m谩s importante de la competitividad es la innovaci贸n, as铆 que invirtamos en innovaci贸n y esperemos resultados.

El problema es que la innovaci贸n no es un proceso simple, cuyo flujo se pueda controlar en t茅rminos de variables econ贸micas. Se parece m谩s a un proceso de car谩cter social y cultural cuya gesti贸n requiere intervenciones sist茅micas complejas.

Un ejemplo. En un peri贸dico local de Salamanca aparece una noticia referida a un proyecto de investigaci贸n para encapsular c茅lulas madre y controlar su liberaci贸n en el organismo. El proyecto es liderado por una joven ingeniera qu铆mica, Eva Mart铆n, investigadora contratada gracias al programa Ram贸n y Cajal. Un turista que pasaba por all铆 (literalmente) lee la noticia y se pone en contacto con la agencia regional que la hab铆a emitido (Agencia Dicyt: htpp://www.dicyt.es) y con la investigadora. El turista es un empresario brasile帽o que desea explorar las posibilidades de utilizar la t茅cnica del encapsulado de f谩rmacos para fabricar prendas de vestir que emitan sustancias hidratantes. Se produce el flechazo y al cabo de un tiempo (menos de dos a帽os) tenemos una innovaci贸n en la empresa Golden Quimica de Brasil que incorpora una tecnolog铆a derivada de una investigaci贸n en una universidad espa帽ola; y desde entonces contin煤a la colaboraci贸n entre la universidad y la empresa con nuevos proyectos.

驴Qu茅 tipo de pol铆ticas habr铆a que adoptar para maximizar las probabilidades de que se produzcan casos parecidos a este? Casi todas son pol铆ticas culturales en un sentido amplio. Para empezar, hay que facilitar que haya universidades competitivas con equipos de investigaci贸n activos, eficientes, j贸venes y audaces. Adem谩s hay que fomentar el inter茅s de los j贸venes investigadores por la innovaci贸n. Pero no es suficiente: es preciso que las actividades cient铆ficas y tecnol贸gicas de los peque帽os grupos que trabajan en el 煤ltimo rinc贸n del pa铆s tengan acceso a canales de informaci贸n que les permitan llegar no s贸lo a colegas de todo el mundo, a trav茅s de revistas especializadas, sino tambi茅n a las empresas y a los ciudadanos. Para ello es preciso que existan instrumentos que faciliten la difusi贸n de esa informaci贸n (oficinas de prensa, agencias de noticias cient铆ficas), y que los medios se interesen por la cultura cient铆fica que se genera cada d铆a en decenas de laboratorios ubicados en su entorno inmediato.

Es, como se ve, algo m谩s complicado que simplemente invertir en innovaci贸n: es pol铆tica cultural, pero de cultura cient铆fica y de la innovaci贸n.

Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac es catedr谩tico de L贸gica y Filosof铆a de la Ciencia.

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Diciembre 29th, 2009 at 8:08 am

El retorno al Ed茅n, de Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac en P煤blico

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En Copenhague se ha iniciado la 煤ltima etapa de un largo viaje cuyo destino final es recuperar el Ed茅n, es decir, recuperar el dominio de la humanidad sobre el planeta Tierra, pero no para seguir esquilm谩ndolo y explot谩ndolo de forma despiadada, sino para cuidar de 茅l, preservarlo de nuestros propios desmanes y hacerlo habitable para las generaciones futuras.

La cumbre del clima ha sido un fracaso para quienes iniciaron el viaje hace muchos a帽os y esperaban llegar en Copenhague a la 煤ltima estaci贸n. Pero entre ellos no estaban ni Estados Unidos ni muchos pa铆ses en desarrollo, ni sobre todo los grandes pa铆ses llamados emergentes. Ahora est谩n. Es cierto que el acuerdo es d茅bil, timorato y ambiguo, pero es la primera vez que estamos todos al pie de firma y que todas las naciones reconocen que hay que ponerse manos a la obra: limitar las emisiones de gases de efecto invernadero, contener el calentamiento global en l铆mites soportables y compensar a los pa铆ses en desarrollo transfiriendo fondos y tecnolog铆a y establecer sistemas internacionales de informaci贸n y seguimiento de emisiones.

Falta mucho por hacer, pero menos que antes de Copenhague. Y es cierto que las expectativas eran muy superiores, pero quiz谩 no fueran tan realistas. Recordemos: todav铆a hay movimientos ideol贸gicos y pol铆ticos que prefieren dar la espalda al conocimiento cient铆fico y ningunear el cambio clim谩tico. Pues bien, ninguno de los l铆deres pol铆ticos del mundo actual, todos ellos presentes en Copenhague, se ha permitido el lujo de alardear de posturas negacionistas. El negacionismo no vende, y ya no vender谩 m谩s. A partir de ahora, los climat贸logos podr谩n dedicarse a trabajar en vez de tener que emplear sus energ铆as en pelear con charlatanes. Y es posible que las empresas de energ铆a se dediquen a encontrar nuevos negocios con energ铆as limpias, en vez de justificarse poniendo en duda la evidencia cient铆fica.

Es cierto tambi茅n que la cumbre ha sido bastante ca贸tica en t茅rminos organizativos. Si se invita a miles de representantes de la sociedad civil para que presionen a los gobernantes, luego no se les puede echar de la reuni贸n con la excusa de que los gobernantes necesitan tranquilidad para llegar a acuerdos. La participaci贸n social es esencial para el progreso de la democracia mundial, pero nos falta mucho que aprender para hacer esto compatible con la gobernanza efectiva de la nave Tierra. Tambi茅n en esto Copenhague dejar谩 huella: ha sido un experimento social del que podemos aprender c贸mo hacer las cosas un poco mejor la pr贸xima vez.

Por lo dem谩s, es hora tambi茅n de que los europeos nos sintamos orgullosos, a pesar del desaire final que nuestros gobernantes han sufrido. En t茅rminos pr谩cticos, todo el movimiento mundial contra el cambio clim谩tico est谩 siendo liderado, en gran parte, por Europa. Aunque creo que con ello s贸lo estamos haciendo lo debido: pagar la deuda contra铆da con el resto del mundo por haber utilizado de forma tan desaforada los recursos de la ciencia y la tecnolog铆a para esquilmar el planeta. Unos recursos que ahora debemos poner a disposici贸n de todo el mundo para hacer el viaje de vuelta al para铆so perdido.

Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac es catedr谩tico de L贸gica y Filosof铆a de la Ciencia.

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Diciembre 23rd, 2009 at 8:08 am

Nueva etapa en Ciencia e Innovaci贸n, de Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac en P煤blico

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Recientemente la prestigiosa revista Nature dedicaba un editorial a Espa帽a, haci茅ndose eco del malestar de la comunidad cient铆fica por los recortes que el Gobierno hab铆a previsto en los Presupuestos de 2010. Reconoc铆a Nature que en los 煤ltimos a帽os se ha hecho un esfuerzo extraordinario, pero deslizaba una interpretaci贸n de la situaci贸n creada este a帽o aludiendo a la escasa experiencia pol铆tica de la actual responsable del Ministerio de Ciencia e Innovaci贸n (MICINN). Creo que el art铆culo de Nature no era ecu谩nime: adoptaba exclusivamente el punto de vista de la comunidad cient铆fica, no contemplaba elementos importantes del contexto social y econ贸mico en el que nos desenvolvemos los espa帽oles y simplificaba hasta la caricatura la atribuci贸n de responsabilidades pol铆ticas.

Una Ley de Presupuestos tiene un dif铆cil y complejo tr谩mite desde que el Gobierno hace los primeros borradores hasta que se decantan las diferentes enmiendas parlamentarias. Al final de este proceso, en el que la ministra Cristina Garmendia se ha involucrado activamente en las negociaciones con los grupos parlamentarios, se ha conseguido incrementar las partidas de I+D en 150 millones de euros, garantizando la dotaci贸n de los programas esenciales del Plan Nacional (becas, contratos y proyectos) y un importante esfuerzo en las pol铆ticas de innovaci贸n. No es un resultado 贸ptimo, pero es mucho mejor de lo que se pod铆a temer cuando Nature public贸 su editorial. El 煤nico problema grave que puede quedar por resolver para el pr贸ximo a帽o es, en realidad, el del presupuesto de aquellos Organismos P煤blicos (OPI) de Investigaci贸n que no tienen reservas propias suficientes para capear el temporal.

La pol铆tica tiene por lo menos dos tiempos diferentes: el de la gesti贸n cotidiana y el de los proyectos a largo plazo. El MICINN lleva casi dos a帽os agobiado por los problemas cotidianos. La propia creaci贸n del ministerio ya fue problem谩tica: una decisi贸n pensada para un ciclo expansivo de la econom铆a, pero que se llev贸 a cabo en plena crisis, sin una sede adecuada, sin infraestructura administrativa suficiente y sin un dise帽o completo que, para empeorar las cosas, al cabo de poco m谩s de un a帽o se vio sometido a una fuerte convulsi贸n, al retornar las competencias en pol铆tica universitaria al Ministerio de Educaci贸n.

El tiempo del largo plazo es mucho m谩s interesante para la pol铆tica cient铆fica. Y cabe suponer que es el que se ha iniciado ahora con las destituciones y nombramientos que Garmendia ha llevado a cabo. El nuevo secretario de Estado, Felipe P茅triz, es un hombre de su confianza, con sobrada capacidad para el trabajo discreto y eficaz y para la negociaci贸n tenaz y el consenso. Tendr谩 en sus manos la responsabilidad de desatascar la Ley de la Ciencia, potenciar y coordinar la actividad investigadora de los OPI y las universidades, culminar la gesti贸n eficiente y 谩gil del Plan Nacional y completar el equipo de la ministra en la nueva etapa que ahora se inicia, para dise帽ar el futuro del sistema de ciencia e innovaci贸n en Espa帽a. Si lo hacen bien, todav铆a es posible que el a帽o 2010 sea s贸lo un par茅ntesis y que al final salgamos de 茅l con un sistema cient铆fico m谩s 谩gil, m谩s grande, m谩s integrado y m谩s comprometido con las necesidades de la sociedad.

Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac es catedr谩tico de L贸gica y Filosof铆a de la Ciencia.

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Diciembre 14th, 2009 at 8:08 am

Juguetes para hacer cosas, de Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac en P煤blico

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Las cosas que nos rodean, y las que nosotros mismos hacemos, podemos verlas como si consistieran en dos tipos de elementos: materia e informaci贸n, de qu茅 est谩n hechas y c贸mo est谩n hechas, 谩tomos y bits. Hace unos a帽os, a un grupo de ingenieros del Instituto Tecnol贸gico de Massachusetts (MIT), liderados por Neil Gershemnfeld, se les ocurri贸 una idea de esas que, cuando crecen, cambian el mundo. Lo mismo que los ordenadores han puesto al alcance de todos las m谩s amplias posibilidades de gestionar informaci贸n, bits, as铆 tambi茅n una adecuada configuraci贸n de programas de dise帽o, m谩quinas herramientas de control num茅rico y materiales nanotecnol贸gicos puede poner a disposici贸n de cualquiera la capacidad no ya de pensar, inventar o dise帽ar casi cualquier cosa, sino de hacerla. Es lo que ellos llaman fabricaci贸n personal, el 鈥渉谩galo usted mismo鈥 de los fines de semana en el garaje, pero condimentado con alta tecnolog铆a, y en lo que se basan para construir los FabLab (Laboratorios de Fabricaci贸n: http://cba.mit.edu/). La idea se ha ensayado con 茅xito, tanto en aldeas de la India o de 脕frica como en colegios de Boston o en el campus del MIT. Y la experiencia es que a j贸venes y mayores, cuando se les pone en sus manos la posibilidad de hacer cosas insospechadas, terminan invent谩ndoselas y fabric谩ndolas de verdad. El mejor incentivo para la innovaci贸n es descubrir que uno mismo puede hacer cosas nuevas.

En Espa帽a somos grandes constructores de palabras, m谩s que de artefactos. Por algo Don Quijote s贸lo era capaz de distinguir entre las armas y las letras, ignorando las m谩quinas, a las que confund铆a frecuentemente con enemigos fant谩sticos. Pero esta es tambi茅n la patria de Torres Quevedo, precursor de la inteligencia artificial, y la del complejo de cooperativas industriales de Mondrag贸n, o la de empresas l铆deres mundiales en energ铆as renovables. Son ejemplos de una cultura centrada en hacer cosas, no s贸lo en contemplarlas o consumirlas. As铆 que no parece que est茅 tan lejos de nuestra cultura la posibilidad de apostar por construir el mundo con nuestras propias manos, en vez de compr谩rselo a otros con los beneficios de la especulaci贸n inmobiliaria. Es cuesti贸n de querer.

Ahora se presenta una oportunidad: se acercan las Navidades, 茅poca de regalos y juguetes. Existen dos grandes opciones: juguetes para consumir o juguetes para construir, bits o 谩tomos. Consolas virtuales para consumir informaci贸n o juegos de construcci贸n para crear mundos nuevos. El punto de conexi贸n entre ambas alternativas son los ordenadores personales; mejor si se pueden manipular, conectar a robots de juguete y usarlos para programar cachivaches. Por desgracia, los mejores de estos juguetes a煤n son bastante caros; pero, por suerte, todav铆a siguen existiendo en las jugueter铆as, en las tiendas de modelismo y en las de los museos cient铆ficos todo tipo de juegos de construcci贸n, artefactos tecnol贸gicos y juguetes cient铆ficos, accesibles y llenos de posibilidades.

Hay que aprovechar la oportunidad de aprender con las nuevas generaciones a cambiar el mundo, no s贸lo a contemplarlo o consumirlo: comprar juguetes para hacer cosas.

Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac es catedr谩tico de L贸gica y Filosof铆a de la Ciencia.

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Diciembre 2nd, 2009 at 8:07 am

Luces y sombras (de bajo consumo), de Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac en P煤blico

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Steven Chu, Premio Nobel de F铆sica y profesor en Stanford, sol铆a plantear en clase sencillos problemas de f铆sica aplicada como este: 鈥淪i sustituy茅ramos todas las l谩mparas incandescentes de los sem谩foros de la ciudad de San Francisco por diodos LED de bajo consumo, 驴cu谩ntos d贸lares ahorrar铆amos en la factura el茅ctrica de la ciudad?鈥. Una buena pregunta. Por cosas as铆 supongo que es por lo que Obama le nombr贸 ministro de Energ铆a en su Gabinete.

Salvando las distancias, entre nosotros, desde que el ministro de Industria tom贸 posesi贸n de su cargo, no ha parado de adoptar iniciativas para concienciar a todo el mundo de la importancia del ahorro en el consumo de energ铆a. Se present贸 en el Congreso sin corbata para reivindicar un uso moderado del aire acondicionado. Ha puesto en marcha una llamativa campa帽a para introducir en dos a帽os dos bombillas de bajo consumo en cada hogar espa帽ol y est谩 cumpliendo cabalmente el compromiso europeo de eliminar las bombillas incandescentes (este mes las de 100 vatios ya han dejado de venderse).

La pregunta es: con estas medidas del ministro de Industria, 驴cu谩nto podemos ahorrarnos en energ铆a el茅ctrica? Un c谩lculo aproximado: si se sustituyen 44 millones de bombillas (2 por hogar) de 100 vatios por otras tantas de bajo consumo, y suponiendo una media de cuatro horas diarias de uso por bombilla, se ahorrar谩n anualmente casi 5.000 gigavatios hora de energ铆a el茅ctrica y se dejar谩n de emitir a la atm贸sfera m谩s de tres millones de toneladas de CO2. Esto equivale a un ahorro aproximado de 500 millones de euros, a la retirada de la circulaci贸n de casi medio mill贸n de veh铆culos o a la plantaci贸n de un bosque de m谩s de 300.000 hect谩reas. A Miguel Sebasti谩n no se le puede premiar haci茅ndole ministro, porque ya lo es. Pero por lo menos se le podr铆a reconocer el car谩cter innovador de sus iniciativas.

Se supone que las tecnolog铆as eficientes y rentables terminan imponi茅ndose en el mercado por la propia fuerza de los hechos. Pero esto no siempre es as铆. Los estudiosos de los procesos de innovaci贸n saben que, adem谩s de la eficiencia intr铆nseca de una tecnolog铆a y de su rentabilidad econ贸mica, hay otros factores esenciales que rigen su evoluci贸n. Entre ellos est谩n las modas y otros factores sociales, pero tambi茅n las decisiones pol铆ticas. La tecnolog铆a aeroespacial actual es hija de decisiones pol铆ticas tomadas en plena Guerra Fr铆a. Y una de las mayores innovaciones en la tecnolog铆a del trasporte de la historia de Espa帽a, la apuesta por el tren de alta velocidad, fue una especie de capricho andaluz, de finales de los ochenta, que alg煤n d铆a deber铆amos agradecer a los dirigentes pol铆ticos de entonces.

La ciencia es el motor de las sociedades actuales, basadas en el conocimiento. Pero el motor necesita combustible y sobre todo necesita gente que lo arranque, lo cuide y lo mantenga en marcha. Sin esa gente la luz de la ciencia no iluminar铆a nuestras casas o, de hacerlo, s贸lo lo har铆a con l谩mparas incandescentes, como las inventadas por Edison hace m谩s de un siglo, que despilfarran energ铆a y a la larga nos obligar铆an a vivir de nuevo en las sombras de la ignorancia y del calentamiento global.

Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac. Catedr谩tico de L贸gica y Filosof铆a de la Ciencia.

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Septiembre 4th, 2009 at 8:08 am

Un largo verano azul, de Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac en P煤blico

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James Lovelock es un cient铆fico mundialmente conocido por ser el autor de la hip贸tesis Gaia (nombre de la diosa que personificaba la Tierra en la mitolog铆a griega). Popularmente es m谩s conocido a煤n por ser una de las grandes personalidades de la cultura verde que defiende la energ铆a nuclear y el uso de las tecnolog铆as m谩s avanzadas como una forma eficaz de garantizar la supervivencia de la especie humana ante el cambio clim谩tico.

Los calores que padecemos en este mes de agosto pueden ser una buena excusa para echar una ojeada, de la mano de este sabio inconformista, por una de las fronteras m谩s apasionantes e inciertas de la cultura cient铆fica actual. El contenido esencial de la hip贸tesis Gaia consiste en considerar la Tierra (incluyendo las rocas, los oc茅anos, el aire y los seres vivos) como un sistema que se autorregula de forma que, a la larga, logra mantenerse en las condiciones m谩s favorables para la continuidad de la vida. Durante a帽os esta teor铆a ha sido ignorada y despu茅s atacada por la ciencia oficial. En la actualidad, el apoyo de otros cient铆ficos famosos, como Linn Margulis, y la celebraci贸n de varias conferencias mundiales sobre el tema han contribuido a perfilar los rasgos cient铆ficos de la teor铆a y a liberarla de la literatura fant谩stica, y algo m铆stica, que la acompa帽贸 (y la perjudic贸) desde el principio.

En su 煤ltimo libro (The Vanishing Face of Gaia. A final Warning) Lovelock se propone hacer un balance de Gaia en su contexto cient铆fico m谩s riguroso, y lanzar 鈥渦n 煤ltimo aviso鈥. Lovelock no desprecia las voces de alarma y los esfuerzos de algunos gobiernos por reducir las emisiones de CO2 y detener el calentamiento global promoviendo el uso de energ铆as alternativas (aunque considera que la energ铆a nuclear es imprescindible y que la 煤nica energ铆a renovable que tiene un futuro prometedor es la solar t茅rmica). Pero est谩 convencido de que ya es demasiado tarde para eso. Lo que deber铆amos estar haciendo, en su opini贸n, es prepararnos para lo inevitable: la Tierra entrar谩 en un largo periodo c谩lido y la vida humana s贸lo podr谩 desarrollarse en las zonas m谩s templadas que se salven del crecimiento de los mares y del calentamiento excesivo.

Para sobrevivir en esas condiciones, necesitaremos toda la ciencia y la tecnolog铆a de que podamos disponer. Pero, adem谩s, tendremos que cambiar nuestra forma de vernos a nosotros mismos y aceptar que lo importante es Gaia, ese sistema con vida propia, del que nosotros s贸lo somos una parte accidental. Un nuevo mundo ser谩 entonces posible. Aunque, por el momento, apenas hemos empezado a imaginarlo y sin embargo ya sospechamos que puede ser tarde para ayudar a
construirlo.

Claro que siempre nos queda el consuelo de pensar que en un mundo m谩s c谩lido, como el de este mes de agosto, tambi茅n se puede disfrutar de la vida, sobre todo si podemos desplazarnos c贸modamente a la playa o al campo y utilizar artilugios tan poco ecol贸gicos como el aire acondicionado. Quiz谩 no alcancemos ya a disfrutar de un futuro verde, pero podr铆amos ayudar a que algunos disfruten, dentro de unos a帽os, de un largo verano azul.

Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac. Catedr谩tico de L贸gica y Filosof铆a de la Ciencia.

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Agosto 22nd, 2009 at 11:07 am

Ciencia para luchar contra la crisis, de Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac en P煤blico

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La investigaci贸n cient铆fica constituye un importante motor de la econom铆a por el lado de la oferta: los conocimientos que se generan en los laboratorios son la fuente m谩s importante de las innovaciones que producen las empresas. Por esta raz贸n, todo el mundo est谩 hoy convencido de que el gasto en I+D debe anotarse en el cap铆tulo de inversiones m谩s que en el de consumo ordinario. Y tambi茅n, de que, con vistas a la salida de la actual crisis econ贸mica, conviene mantener un adecuado programa de inversiones en ciencia y tecnolog铆a que nos sit煤e en buena posici贸n de partida cuando llegue el momento.

Pero la actividad cient铆fica tambi茅n constituye un formidable motor de la econom铆a por el lado de la demanda, es decir, por su incidencia en el consumo de productos y servicios de alto contenido tecnol贸gico y en el empleo de personal con elevada cualificaci贸n.

Pensemos por un momento en lo que ha supuesto la investigaci贸n del espacio desde ambos puntos de vista. El sistema de telecomunicaciones actual depende completamente de la red de sat茅lites, cuyo desarrollo es una de las consecuencias m谩s notables de los programas espaciales. Pero adem谩s estos programas, durante d茅cadas, han sido los principales demandantes y consumidores de alta tecnolog铆a en sectores para los que todav铆a no hab铆a un mercado suficiente (microelectr贸nica, aeron谩utica, mec谩nica de precisi贸n, etc.)

En Espa帽a tambi茅n tenemos ya ejemplos notables de este tipo. Se acaba de inaugurar oficialmente el Gran Telescopio de Canarias. En su construcci贸n se han empleado m谩s de 130 millones de euros que han servido para financiar actividades industriales (construcci贸n de espejos ultra planos, tecnolog铆a de control para sistemas de 贸ptica adaptativa, etc.) de alto valor a帽adido y de elevado contenido tecnol贸gico e innovador. Recientemente tambi茅n se ha anunciado la participaci贸n espa帽ola en la construcci贸n de la Fuente Europea de Neutrones, que finalmente se ubicar谩 en Suecia, pero a cuya construcci贸n contribuir谩 Espa帽a con la aportaci贸n de tecnolog铆a punta, equivalente a un 10 % del presupuesto total (en torno a 1.500 millones de euros). En ambos casos se trata de grandes empresas cient铆ficas capaces de movilizar importantes actividades econ贸micas en 谩reas de tecnolog铆a punta, cuya satisfacci贸n requiere personal cualificado, inversiones elevadas y controles rigurosos de calidad.

Al dise帽ar el nuevo plan de inversiones para paliar los efectos de la crisis (Plan E), el Gobierno debe tener muy en cuenta las posibilidades que ofrece el sector de la ciencia y la tecnolog铆a. Las inversiones en este campo tienen un gran valor, no s贸lo por las mejoras de la capacidad tecnol贸gica que producen, sino tambi茅n por su efecto inmediato sobre la demanda de empleo, de bienes y de servicios de alto contenido tecnol贸gico. Podemos invertir en un nuevo parque recreativo de un ayuntamiento y generar empleo para unos cuantos trabajadores durante unos meses. Pero tambi茅n podemos invertir en la construcci贸n de infraestructuras en un parque cient铆fico-tecnol贸gico y generar actividad econ贸mica y demanda de empleo altamente cualificado para muchos a帽os. Que no se olvide.

Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac es聽 catedr谩tico de L贸gica y Filosof铆a de la Ciencia.

Written by Reggio's

Agosto 10th, 2009 at 7:06 am

Las dos culturas, de Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac en P煤blico

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En este a帽o 2009, tan prol铆fico en efem茅rides cient铆ficas, tambi茅n deber铆amos conmemorar el 50 aniversario de la famosa conferencia de Snow sobre 鈥淟as dos culturas鈥. En ella, este f铆sico y literato brit谩nico se quejaba del abismo de incomprensi贸n que se hab铆a abierto entre la cultura cient铆fica y la cultura human铆stica en el 谩mbito acad茅mico brit谩nico y europeo. Desde entonces, la expresi贸n 鈥渓as dos culturas鈥 no necesita mayor desarrollo para que se entienda que nos estamos refiriendo a las protestas de Snow ante colegas cient铆ficos que nunca han le铆do a Shakespeare o ante literatos que no saben de qu茅 va el segundo principio de la termodin谩mica.

Ha habido, sin embargo, algunos cambios significativos en estos 50 a帽os. Por una parte, en el 谩mbito acad茅mico, la situaci贸n ha empeorado, en cierto sentido. En las 煤ltimas dos d茅cadas, lo que llam谩bamos cultura human铆stica ha sido casi engullida por la impetuosa corriente del discurso posmoderno. Aqu铆 ya no se puede decir que los humanistas se mantengan ajenos a la cultura cient铆fica, y viceversa. Es mucho peor: los humanistas han incorporado la jerga cient铆fica para escribir textos incomprensibles al tiempo que se han dedicado a deslegitimar la objetividad del conocimiento cient铆fico. Y los cient铆ficos han pasado al ataque para desvelar la 鈥渋mpostura鈥. La famosa treta de Sokal (que consigui贸 publicar en una revista de humanidades un art铆culo lleno de jerga cient铆fica, pero sin ning煤n significado, para denunciar la falta de rigor del comit茅 editorial de la revista por haberlo admitido) produjo una verdadera convulsi贸n entre los intelectuales, y sus secuelas todav铆a no se han olvidado.

En el 谩mbito m谩s abierto de lo que podr铆amos llamar la cultura popular y los medios de comunicaci贸n de masas, la situaci贸n es a煤n peor. En cierto modo puede decirse que las fronteras entre ciencias y humanidades se han ido desdibujando en estos medios, arrastradas por una imparable corriente de banalizaci贸n de todos los contenidos culturales. A Snow le preocupaba la divisi贸n de la ciencia y las humanidades, a pesar de que viv铆a en un pa铆s lleno de cient铆ficos humanistas. A nosotros deber铆a preocuparnos la progresiva banalizaci贸n de todas las culturas reducidas por los mass media a ese 煤nico magma de palabrer铆a, elucubraciones pseudocient铆ficas, fraseolog铆a m铆stica y reality shows, que algunos llaman Cuarto Milenio.

Pero no todo est谩 perdido. Snow tambi茅n habr铆a disfrutado en estos tiempos asistiendo al seminario de la Men茅ndez Pelayo sobre cultura cient铆fica y democracia, organizada por la Unidad de Cultura Cient铆fica del CSIC, o leyendo uno de los m谩s audaces ensayos filos贸ficos sobre F铆sica Cu谩ntica, Las carencias de la realidad f铆sica, escrito por Ram贸n Lapiedra, f铆sico te贸rico, antiguo rector de la Universidad de Valencia y uno de los grandes impulsores de los estudios de Humanidades en la universidad espa帽ola de los a帽os noventa. Adem谩s tambi茅n hay algunos medios period铆sticos que dedican una atenci贸n permanente, constante y equilibrada a la ciencia y al resto de la cultura de nuestro tiempo, y que, al parecer, est谩n marcando tendencia.

Miguel 脕ngel Quintanilla Fisac. Catedr谩tico de L贸gica y Filosof铆a de la Ciencia.

Written by Reggio's

Julio 22nd, 2009 at 7:02 am

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