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El respeto que merecen los jueces, de Ram贸n Cotarelo en P煤blico
Exige el Consejo General del Poder Judicial a los responsables pol铆ticos 鈥渆l m谩ximo respeto鈥 a la funci贸n judicial. Sin embargo el respeto no se pide, demanda o exige; el respeto se merece o no se merece.
驴Merece respeto un magistrado 鈥揇e la R煤a鈥 que entiende en una causa penal en la que el principal implicado dice ser su amigo 铆ntimo, y lo exonera? 驴Merece respeto el vocal del Poder Judicial Fernando de Rosa, quien, tras ser consejero de Camps, avala la honradez e inocencia de su ex jefe en un procedimiento penal como tal consejero? 驴Merece respeto un presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial para quien dios 鈥搒u dios鈥 es la base de la 鈥渧erdadera Justicia鈥? 驴Merece respeto el propio Consejo General del Poder Judicial que tramita los nombramientos de la carrera por un sistema de cuotas y mercadeo ideol贸gico an谩logo a la famosa lotizazzione de Italia que dio al traste con la primera Rep煤blica de aquel pa铆s? Son preguntas sencillas que cada cual puede contestar en conciencia.
La opini贸n p煤blica nacional e internacional lo tiene claro: la Justicia espa帽ola est谩 politizada y claramente escorada a la extrema derecha, por lo que poco respeto parece merecer. La colusi贸n entre el Tribunal Supremo, la extrema derecha, el PP y los corruptos que denuncia el ex fiscal anticorrupci贸n Jim茅nez Villarejo es algo que los implicados no disimulan, aunque, muy escandalizados, lo nieguen de palabra.
Y hay m谩s. La agresiva derecha espa帽ola instrumentaliza siempre las instituciones y poderes del Estado, as铆 como las asociaciones suprapartidistas en pro de su bander铆a pol铆tica. Lo hizo en 1936 con el Ej茅rcito y la Iglesia, por medio de los cuales tiraniz贸 el pa铆s durante 40 a帽os. Hoy, al estar las fuerzas armadas al margen de la pol铆tica, lo intenta de nuevo con la Iglesia y el poder judicial. La primera responde con celeridad y caldea el ambiente, mientras que el poder judicial viene a sustituir al Ej茅rcito en la tarea de obtener por otros medios lo que las urnas niegan a la derecha; anular mediante triqui帽uelas formales el caso G眉rtel; y, por 煤ltimo, amedrentar a sus adversarios, cosa nada dif铆cil, como se prueba por el hecho de que estos, en su ingenua veneraci贸n por el consenso y las formas democr谩ticas, patrocinen el nombramiento del citado presidente del Supremo, cuya primera provisi贸n fue impedir que el proyecto de Ley del Aborto contara con un dictamen favorable del Consejo que tambi茅n preside.
驴Merece respeto una administraci贸n de Justicia con procesos que cabe tildar de pol铆ticos, persecuciones judiciales de alg煤n escaso juez independiente, connivencia entre magistrados y acusados cuando son pol铆ticos con mando en plaza, influencia de los partidos en el nombramiento de jueces que tienen que entender en casos penales en los que aquellos est谩n directamente interesados, como sucede con el c茅lebre G眉rtel? Con estos datos no hay que ir muy lejos a buscar la causa del desprestigio de la Justicia espa帽ola y de que esta haya de exigir con sus escritos lo que no consigue con sus hechos: respeto.
Ram贸n Cotarelo. Catedr谩tico de Econom铆a Aplicada.
La clase pol铆tica, de Ram贸n Cotarelo en P煤blico
Desde que Gaetano Mosca acu帽ara el concepto 鈥渃lase pol铆tica鈥, se ha manoseado tanto que parece in煤til. Mosca designaba as铆 a la elite del poder, una minor铆a que controla la pol铆tica, por encima de los cambios de r茅gimen, y que se perpet煤a porque sabe renovarse. Una ojeada a la clase pol铆tica espa帽ola muestra que, en efecto, junto a las nuevas incorporaciones, mayoritarias, hay apellidos que forman parte de la elite del poder central o perif茅rico desde el franquismo y hasta desde la Rep煤blica. En conjunto, sin embargo, esa clase goza de nulo prestigio ante la opini贸n p煤blica, que lo m谩s suave que suele decir de ella es que s贸lo se ocupa de sus asuntos y vive de espaldas a los ciudadanos.
Esta elite no hace justicia a las te贸ricos al estilo de Mosca, que ve铆an en ella una minor铆a superior. Nadie, creo, est谩 pidiendo que los gobernantes se ajusten a la sublime idea plat贸nica de los fil贸sofos reyes, pero, dado el respetable nivel cultural que afortunadamente ha alcanzado nuestra sociedad, asiste a los ciudadanos el derecho de exigir a sus pol铆ticos conductas no s贸lo 茅ticamente irreprochables sino tambi茅n c铆vicas, tolerantes y correctas.
Sin embargo el espect谩culo de una clase pol铆tica corro铆da por la corrupci贸n, especialmente, aunque no s贸lo, en el orden local, cuestiona la capacidad de la democracia de defender el principio de legalidad y alimenta nostalgias autoritarias en los de siempre. A帽谩dase que la calidad del debate p煤blico, viga maestra del sistema democr谩tico, que adopta decisiones por deliberaci贸n, es 铆nfimo.
La actitud del principal partido de la oposici贸n es intransigente, agresiva, muchas veces insultante y no pocas rayana en la injuria y la calumnia. El frecuente empleo de t茅rminos groseros y malsonantes 鈥揹esde llamar 鈥渉ijoputa鈥 al adversario a afirmar que carece de padre conocido, por no mencionar gestos de vergonzosa zafiedad鈥 dan una idea del nivel de los intervinientes que, m谩s que patricios elitistas, parecen jayanes tabernarios.
Los topicazos, los prejuicios m谩s bochornosos 鈥揳plicados por lo m谩s retr贸grado del pa铆s a las mujeres, los gays, los extranjeros y los oriundos de las nacionalidades llamadas 鈥渉ist贸ricas鈥濃 est谩n a la orden del d铆a. 脷nicamente sobre este fondo de deterioro intelectual y bajura moral cabe entender que alguien quiera insultar a otro en p煤blico llam谩ndolo 鈥済allego鈥. 驴Por qu茅 no 鈥渘egro鈥 o 鈥渏ud铆o鈥 o 鈥渕arica鈥?
El Gobierno mantiene un estilo m谩s a la altura de la dignidad del debate pol铆tico, pero flaquea en otro campo que dice muy poco de su solidez interna, claridad de ideas y determinaci贸n como elite pol铆tica. En situaciones especialmente graves como la actual no es de extra帽ar que los gobernantes a veces titubeen. Pero es que en Espa帽a, adem谩s, trasmiten una peligrosa imagen de desconcierto, con rectificaciones, desmentidos y desautorizaciones permanentes que no ayudan a consolidar la imagen del pa铆s ni permiten pensar que el Gobierno tenga firmemente empu帽ado el gobernalle de la nave del Estado y sepa a d贸nde va.
驴Qu茅 pa铆s aspira a gobernar una clase pol铆tica que ofrece este lamentable espect谩culo en su conjunto?
Ram贸n Cotarelo. Catedr谩tico de Ciencias Pol铆ticas.
Tres dianas en Garz贸n, de Ram贸n Cotarelo en P煤blico
La cacer铆a contra el juez Garz贸n disfrazada de procedimiento legal persigue tres objetivos relacionados entre s铆 pero de muy distinto alcance.
El de menos, a fuer de sabido y tradicional, es que se trate de la acostumbrada exhibici贸n del pecado nacional de la envidia. Cuanto m谩s independiente, aut茅ntico, original o brillante sea alguien, m谩s se empe帽ar谩 la caterva de mediocres 鈥揺mpezando por los de su oficio鈥 en silenciarlo y acabarlo. Gentes sin el menor relieve profesional o humano recurrir谩n a triqui帽uelas de r谩bula en un procedimiento por raz贸n de la persona a ver si acaban con quien, teniendo sus defectos, como todo ser humano, ha mostrado una audacia, integridad, agudeza de juicio y sentido de la justicia que se celebran allende pero no aquende las fronteras.
De mayor alcance es el hecho de que en esta persecuci贸n personal aparezca la larga mano del PP, que considera ahora que el breve paso del juez por el PSOE lo inhabilita para cuanto emprenda sin que adujera tal circunstancia cuando aquel instru铆a el caso GAL y la militancia estaba m谩s reciente. Que Trillo, precisamente el ex ministro del Yak-42, acuse de prevaricaci贸n a Garz贸n prueba que no se trata s贸lo del juez por el juez sino de encontrar un pretexto para pedir la anulaci贸n de lo actuado en el caso G眉rtel, muestra evidente del maridaje entre la delincuencia y la pol铆tica de partido.
Lo m谩s importante es el aspecto general, en el que la figura del juez mismo resulta ya del todo irrelevante porque de lo que se trata es de que los herederos ideol贸gicos del franquismo, con la ayuda de magistrados de an谩loga orientaci贸n doctrinal, hagan en su persona un escarmiento para todos aquellos que crean que pueden ya por fin aclararse las responsabilidades de cada cual en los cr铆menes de la dictadura.
La Transici贸n fue mansa con el franquismo y no depur贸 los aparatos represivos de su r茅gimen. Al contrario, los amnisti贸. En sus puestos siguieron los torturadores de la Brigada Pol铆tico-Social y los farsantes del Tribunal de Orden P煤blico, que condenaban a largas penas de c谩rcel por delitos consistentes en ejercitar derechos fundamentales reconocidos en cualquier otro lugar, como los de asociaci贸n o expresi贸n, por no hablar de los tribunales militares que mandaban fusilar por lo mismo. Al ver que, contra lo que cab铆a esperar, la democracia no los represaliaba, se crecieron y de ah铆 vienen los grupos parapoliciales, del Batall贸n Vasco Espa帽ol (BVE) a los GAL, y esos jueces cuyas decisiones tratan de resucitar y legitimar la memoria de un r茅gimen delictivo al que juraron lealtad.
Si quienes han iniciado, admitido e investigado esta agresi贸n al juez Garz贸n siguen adelante con su empe帽o habr谩n blindado la iniquidad hist贸rica de aquella dictadura cuya s贸rdida herencia mancillar谩 la legitimidad de origen de la democracia, cosa que no ha sucedido en ninguna parte del mundo. Y habr谩n conseguido tambi茅n que, a los 35 a帽os de la muerte del tirano, sus v铆ctimas sigan en las fosas comunes de la ignominia despu茅s de que, como al campesino de la par谩bola de Kafka, se les cierren las puertas de la ley y la justicia.
Ram贸n Cotarelo. Catedr谩tico de Ciencias Pol铆ticas.
Cuesti贸n de formas, de Ram贸n Cotarelo en P煤blico
Que la guerra sea la continuaci贸n de la pol铆tica por otros medios es archisabido; que la pol铆tica sea la continuaci贸n de la guerra por otros medios, como dice Foucault, lo es mucho menos pero, a veces, igualmente cierto. Hay formas de hacer pol铆tica que parecen sacadas de manuales militares de tierra arrasada. La oposici贸n que practica el PP es de este tenor, con el inconveniente a帽adido de que su negativismo absoluto, su feroz intransigencia, el rechazo de todo entendimiento con el Gobierno en asuntos de relevancia externa a quien m谩s perjudica es al pa铆s en su conjunto, a la naci贸n, a esa Espa帽a que los conservadores invocan en el interior cada vez que la menoscaban en el exterior.
Es posible que la acci贸n del Gobierno ante la crisis haya sido espasm贸dica y falta de claridad y contundencia. Tambi茅n que Zapatero se haya echado en exceso a la derecha, asustado por las sombr铆as amenazas, o que no se haya echado suficientemente seg煤n los que atemorizan con ellas. Eso y m谩s es posible, aunque no quepa negar que su tarea prioritaria es la soluci贸n de la crisis. Puede haber dado palos de ciego, pero los ha dado y ya habr谩 tiempo, cuando las aguas vuelvan a su cauce, de aquilatar qu茅 ha sucedido, de establecer las responsabilidades respectivas y exigirlas en donde haga falta, especialmente en las elecciones.
Pero ahora mismo el pa铆s se enfrenta a algo parecido a una emergencia nacional. Las iron铆as del Financial Times sobre la 鈥減aranoia鈥 del ministro Blanco no pueden ocultar el hecho de que la econom铆a espa帽ola lleva una semana sometida a brutales ataques especulativos en los mercados internacionales, de esos que, de haber sido otra la situaci贸n, habr铆an forzado una cadena de devaluaciones de la moneda, como sucedi贸 en los a帽os noventa. No existiendo hoy este recurso, los resultados son el alza de los tipos de inter茅s, el encarecimiento en el servicio de la deuda y el consiguiente empobrecimiento de todos los espa帽oles. Es decir, un mal objetivo para Espa帽a en su conjunto.
En estas circunstancias no es de recibo proseguir la pol铆tica de confrontaci贸n y divisi贸n internas que s贸lo debilita al pa铆s, sino que el sentido com煤n manda cerrar filas en defensa de los intereses colectivos. Por eso es tan edificante la actitud de CiU que, sin renunciar a sus posiciones propias, muestra encomiables formas democr谩ticas invocando los intereses del Estado para proponer un pacto de todos en inter茅s general. Es una cuesti贸n de formas esencial. Y por eso tambi茅n es tan deplorable la actitud del PP, que ignora que se puede mantener una oposici贸n dura sin menoscabo del entendimiento b谩sico en los grandes asuntos de los que depende la estabilidad del pa铆s.
La 煤ltima estratagema de Gonz谩lez Pons de cargar exclusivamente a la cuenta del presidente del Gobierno la responsabilidad por las turbulencias externas 鈥揹e sustituir la naci贸n por la figura de Zapatero鈥 es doblemente inepta, porque magnifica a la persona al identificarla con el Estado, como si fuera Luis XIV, y porque menosprecia al Estado al reducirlo a la contingencia de una persona. Cuesti贸n de formas.
Ram贸n Cotarelo. Catedr谩tico de Ciencias Pol铆ticas.
驴Claudicaci贸n del Gobierno?, de Ram贸n Cotarelo en P煤blico
Esta crisis, cuya existencia neg贸 Zapatero durante meses perdiendo un tiempo precioso para combatirla, es producto de la pol铆tica neoliberal que las sociedades avanzadas llevan a帽os practicando. Su responsabilidad inmediata recae sobre los especuladores, financieros y banqueros, el meollo del capitalismo bandolero contempor谩neo que llev贸 su codicia al l铆mite de lo delictivo o lo traspas贸. Esto es obvio y s贸lo quienes siguen lucr谩ndose con la cat谩strofe lo niegan y llevan su desverg眉enza a proponer como remedio las recetas del desastre.
En la mayor铆a de los pa铆ses ha habido recesi贸n, aumento del paro y crisis bancaria y financiera que los gobiernos han combatido rescatando las entidades en riesgo con cargo a los dineros p煤blicos. En Espa帽a, en cambio, el Gobierno asegur贸 que el sistema bancario era s贸lido y, sin embargo, en l铆nea con el entorno, cre贸 un fondo de rescate de los bancos y deriv贸 cuantiosos fondos p煤blicos en su favor que, junto a los irresponsables dispendios de la 茅poca del super谩vit presupuestario, algo habr谩n hecho para convertir este en un d茅ficit insoportable.
Aparentemente los bancos se sirvieron de esos fondos no para incentivar la econom铆a, sino para sanear sus cuentas y mantener sus beneficios. La mayor铆a padece la crisis y la minor铆a se lucra con ella.
Con una tasa de paro que duplica o triplica la de otros pa铆ses, el Gobierno empez贸 aplicando l贸gicas medidas keynesianas cl谩sicas, adem谩s de las perversas de financiar a la banca, seg煤n su declarado prop贸sito de impedir que paguen los m谩s desfavorecidos. Luego de alg煤n t铆mido esbozo del tipo del Plan E y mucha huera ret贸rica, el mismo Gobierno ha claudicado ante el chantaje de las instituciones financieras y las agencias de calificaci贸n (c贸mplices y autoras directas del desastre), abrazando las recetas neoliberales causantes de la crisis, con lo que esta ya la pagan y la pagar谩n m谩s los sectores desfavorecidos. Y no es de ahora: el Gobierno que aprob贸 la directiva de la verg眉enza y que no hizo ascos iniciales a la jornada de 65 horas ha eliminado los incentivos y beneficios que otorg贸 en su d铆a, ha incrementado la presi贸n fiscal indirecta, quiere subir el IVA, pretende prolongar la edad de jubilaci贸n, rebajar las pensiones aumentando el periodo de c谩lculo (los pol铆ticos tienen uno de once a帽os, que ya es sangrante), recortar el gasto p煤blico, precisamente el eje de la respuesta keynesiana, y realizar una reforma laboral que, salvo sorpresas, ir谩 en detrimento de los trabajadores.
En el otro lado: se ha ido al rescate de la banca, se mantiene el abuso de las Sicav, hay un alto fraude fiscal (nadie ha tocado los para铆sos fiscales en el exterior), la renta media declarada de los empresarios en Espa帽a es inferior a la de los trabajadores, se mantienen los desorbitados primas y sueldos de los altos cargos (pol铆ticos incluidos) y nadie osa gravar los beneficios del capital industrial y financiero.
Con un Gobierno socialdem贸crata la crisis la pagan los desfavorecidos y de ella se lucran los privilegiados. 鈥淶apatero, no nos falles鈥.
Ram贸n Cotarelo. Catedr谩tico de Ciencias Pol铆ticas.
No saber de qu茅 se habla, de Ram贸n Cotarelo en P煤blico
La democracia, con su tendencia a la polifon铆a, aunque haya voces que desentonan, muestra la complejidad de ciertos problemas que no se despachan con recetas simples. As铆 se ve en los tres que m谩s preocupan hoy: la pol铆tica hidr谩ulica 鈥揹e recia antig眉edad en esta tierra de secarrales鈥, la inmigraci贸n (Vic) y la energ铆a nuclear (Yebra, Asc贸) 鈥揳mbos de estricta novedad鈥.
Los tres son enrevesados, con efectos contradictorios, suscitan reacciones viscerales en quienes los padecen directamente, sobre todo en coyuntura de crisis, y se enquistan en conflictos que s贸lo se resolver谩n, si se resuelven, mediante el debate razonado, propio de una democracia deliberante. Para eso, sin embargo, los interlocutores han de tener sus posiciones claras. Y no es el caso.
El Gobierno y su partido vacilan y se dividen al abordar estas cuestiones. En lo nuclear, su actitud pragm谩tica hoy contrasta con las promesas electorales de ayer, de un ingenuo negativismo; la inmigraci贸n hace que dos ministros (Blanco y Rubalcaba) se contradigan de medio a medio, y la cuesti贸n del agua enfrenta a sus organizaciones territoriales.
El caso de la oposici贸n conservadora es mucho m谩s grave. Su discurso es un guirigay, un galimat铆as. El problema del agua llevar谩 la inquina interna a los tribunales si el presidente popular de Murcia cumple su amenaza de denunciar a la secretaria general de su propio partido. El cementerio que para s铆 desea Yebra puede ser el de la carrera pol铆tica de dicha secretaria si se obstina en ejercer una potestad disciplinaria que no posee en exclusiva. La inmigraci贸n provoca enfrentamientos dial茅cticos entre un sector m谩s restrictivo y otro m谩s permisivo del partido, ambos pendientes de su rentabilidad electoral.
Es el caso que ese desconcierto en el Partido Popular no puede resolverse por un pronunciamiento de autoridad, como es querencia de la formaci贸n, porque quien ha de ejercerla carece de ella, dada su incapacidad para entender la complejidad de las cuestiones. En el asunto de los cementerios nucleares, Rajoy dice no tener formada una opini贸n, lo que es asombroso en quien preside un partido inequ铆vocamente pronuclear. En el del agua tampoco tiene criterio o s贸lo 茅l lo sabe. Su ins贸lita propuesta de reconocer a los inmigrantes ilegales el derecho a la educaci贸n y a la sanidad sin necesidad de empadronarlos, por su mera condici贸n humana, ignora que ya los tienen por residentes, no por empadronados. El padr贸n, mero registro estad铆stico, no genera derechos, pero separar estos de aquel s铆 provoca dificultades administrativas innecesarias. En resumen: el presidente del PP no tiene nada que decir o, si lo dice, no sabe de qu茅 habla.
As铆 las cosas, la deliberaci贸n es imposible. Afortunadamente hay m谩s interlocutores en la sociedad civil, en especial en los medios de comunicaci贸n. Es necesario que estos aporten argumentos contrastados que ayuden a la clase pol铆tica a salir de su marasmo, sobre todo los digitales, en los que hay tanta participaci贸n ciudadana. Claro que, para ello, convendr铆a que algunos mitigaran su car谩cter partidista, porque no sirve de nada.
Ram贸n Cotarelo. Catedr谩tico de Ciencias Pol铆ticas.
Perspectivas de la oposici贸n, de Ram贸n Cotarelo en P煤blico
Una de las acusaciones m谩s frecuentes de la oposici贸n conservadora al Gobierno es que carece de proyectos concretos y act煤a a golpe de improvisaciones y ocurrencias. Es decir, que funciona de modo oportunista. Sin embargo, tal parece ser la l铆nea de conducta de esa misma oposici贸n en lo que constituye un ejemplo claro de mecanismo de transposici贸n o proyecci贸n.
A la espera del pronunciamiento del Tribunal Constitucional sobre el Estatut catal谩n, recurrido por el PP, el presidente de honor del partido requiere a Rajoy para que defienda m谩s la unidad de Espa帽a. Pero, en casi todas las cuestiones concretas que configuran esa unidad, la pol铆tica del PP es distinta, incluso opuesta a s铆 misma, en cada comunidad aut贸noma. Recurre en un estatuto lo que aprueba en otros, se opone a la posible prohibici贸n de una fiesta en Catalunya que 茅l mismo suprime en Canarias o rechaza en unas comunidades en que gobierna la implantaci贸n de medidas del Gobierno central que acepta en otras.
Ante el riesgo del agravamiento del esc谩ndalo de corrupci贸n con el desarrollo procesal del caso G眉rtel, aprueba s煤bitamente un nuevo c贸digo 茅tico que, sin embargo, no aplica a los casos pendientes ni a los que sobrevienen.
Enfrentado el partido a reiteradas acusaciones por espionaje ya en los tribunales, responden sus dirigentes formulando otras al Gobierno de igual naturaleza pero mayor calado sin substanciarlas en la v铆a judicial.
Requerido reiteradamente a que explicite sus f贸rmulas para resolver la crisis, especialmente en el aspecto del desempleo, Rajoy propone una nueva forma de contrato laboral que reduzca la indemnizaci贸n por despido a cambio de mayor estabilidad, siendo as铆 que la estabilidad depende en buena medida de la indemnizaci贸n.
Animado el PP a manifestar lealtad institucional, no es infrecuente que juegue con la estabilidad de las instituciones 鈥揵loqueando la renovaci贸n de 贸rganos鈥 o que cuestione el funcionamiento de aquellas, sea el Poder Judicial o las fuerzas de seguridad del Estado.
Exhortado a abstenerse de utilizar los asuntos de Estado 鈥揹esde la lucha contra el terrorismo a la pol铆tica exterior鈥 para hacer pol铆tica de partido, recrudece su oposici贸n bien condicionando el apoyo al Gobierno, bien cuestionando o desacreditando su pol铆tica exterior.
Es cierto que, a m谩s de dos a帽os de las elecciones generales, los sondeos reflejan una peque帽a ventaja del PP en intenci贸n de voto que corre paralela con el hecho ominoso de que Rajoy aparezca siempre peor valorado que Rodr铆guez Zapatero. Al margen de que, trat谩ndose de un Gobierno que ha de hacer frente a la peor crisis econ贸mica de los 煤ltimos tiempos, aquella ventaja resulta casi insignificante, el hecho es que la oposici贸n no muestra proyecto coherente alguno que permita consolidarla y hacerla realidad. Al contrario, da la impresi贸n de actuar seg煤n los vicios de que acusa al Gobierno, acumulando ocurrencias e improvisaciones, con lo que, mediando alg煤n tipo de recuperaci贸n econ贸mica ya en ciernes, resulta veros铆mil que en el momento de la votaci贸n aquella ventaja se trueque en desventaja.
Ram贸n Cotarelo. Catedr谩tico de Ciencias Pol铆ticas.
La amenaza de la familia cristiana, de Ram贸n Cotarelo en P煤blico
El acto del domingo en Madrid en defensa de la familia cristiana, preparado y escenificado por la Conferencia Episcopal Espa帽ola y la organizaci贸n ultra Camino Neocatecumenal, fue un peligroso alarde de intolerancia. Su discurso en defensa de una instituci贸n a la que nadie amenaza niega de plano la realidad contempor谩nea de unas sociedades abiertas y plurales. Su reducci贸n de la familia a la cristiana, y esta a la versi贸n restringida que propugna el integrismo cat贸lico vaticano actual no es compartida ni por la inmensa mayor铆a de los mismos cristianos al lado de la cual los miles de manifestantes del domingo no son pr谩cticamente nada.
Sostener que el aborto y el divorcio constituyen un peligro para la familia cristiana tradicional da la espalda al hecho de que en las sociedades en que se admiten las dos pr谩cticas, casi todas ellas de mayor铆a cristiana, la familia cl谩sica no ha perdido terreno social en sentido estad铆stico alguno. Al decir que s贸lo es cristiana y familia la uni贸n de un hombre y una mujer, el obispado espa帽ol y sus amigos neocatecumenales se arrogan el derecho a negar aquel car谩cter a las uniones entre personas del mismo sexo, incluidas las que forman muchas parejas homosexuales que, pese a todo, se consideran cristianas y, por lo tanto, lo son, como bastantes curas anglicanos o como los obispos episcopalianos de New Hampshire, Gene Robinson, y de Los 脕ngeles, Mary D. Glasspool, gay 茅l y lesbiana ella.
Decir que 煤nicamente gracias a la familia cristiana as铆 concebida siguen naciendo ni帽os en Europa raya en el delirio por cuanto implica que los hijos de familias heterosexuales europeas no cristianas no son ni帽os o no son europeos. Y, adem谩s, desconoce la realidad de las familias monoparentales con hijos, incluidas las mujeres solas madres por
diversos m茅todos, entre ellos el de la inseminaci贸n artificial como era el caso de la secretaria general del PP antes de contraer matrimonio.
Es obvio que s贸lo desde el fanatismo y la intolerancia m谩s cerril puede predicarse en plaza p煤blica tal cantidad de dislates y atentados contra los derechos de terceras personas. Porque este es el punto crucial de la cuesti贸n: que as铆 como las otras formas de familia no niegan el derecho de los cat贸licos a formar las suyas seg煤n establezcan sus doctrinas y experiencias, la jerarqu铆a espa帽ola por medio del Vaticano s铆 niega a aquellas su derecho a la existencia.
Por fortuna, en la mayor铆a de las sociedades europeas rige el principio de separaci贸n entre la Iglesia y el Estado. De no ser as铆 ya estar铆amos de vuelta a 茅pocas de siniestras persecuciones. Y, por fortuna, tambi茅n en Espa帽a rige el principio de no confesionalidad del Estado que, reconoce y ampara a todas las religiones, no s贸lo a la cat贸lica; y el Estado es de Derecho, lo que quiere decir que tambi茅n reconoce y protege todos los que la ley reconoce, por ejemplo el de los/las homosexuales a contraer matrimonio entre s铆, a fundar familias y a tener hijos ya que estos no pueden ser monopolio de la forma de familia que se antoje al Vaticano, a monse帽or Rouco y a los neocatec煤menos.
Ram贸n Cotarelo es catedr谩tico de Ciencias Pol铆ticas.
Los curas vascos, de Ramon Cotarelo en P煤blico
Los curas vascos son una fuerza pol铆tica en s铆 mismos. Casi una fuerza de la naturaleza, y su encaje en el conjunto de la Iglesia espa帽ola de siempre ha sido problem谩tico. Franco fusil贸 pocos curas, ya que el clero en general le era adicto pero, de los pocos que fusil贸, casi todos fueron vascos.脷nicamente el clero de Euskadi os贸 oponerse en conjunto a la dictadura, como se prueba por el famoso escrito de los 300 curas vascos en 1960 en defensa de su pueblo y en contra de las pr谩cticas del r茅gimen que, a su vez, abri贸 una 鈥渃谩rcel concordataria鈥 en Zamora para curas de nuevo en gran medida nacionalistas vascos.
Durante la democracia, el clero de Euskadi, con sus obispos al frente (obispos de la casta de aquel monse帽or A帽overos que tambi茅n se las tuvo tiesas al dictador), ha venido manteniendo una actitud en el llamado 鈥渃onflicto vasco鈥 que lo incardina dentro del horizonte nacionalista. La derecha espa帽ola ha criticado acerbamente esa posici贸n, acus谩ndola de tibieza frente al terrorismo cuando no de franca complicidad con los terroristas. Es la misma derecha que en numerosas ocasiones ha hecho causa com煤n con la Iglesia espa帽ola en cuestiones mundanas, desde la defensa de la familia tradicional supuestamente atacada por el reconocimiento de los derechos de los homosexuales hasta la oposici贸n a la ense帽anza de la ciudadan铆a, pasando por la reforma legislativa del aborto.
La pol铆tica, como la naturaleza, tiene horror al vac铆o, y en el caso de la Iglesia, una instituci贸n que, sin dem茅rito de su supuesto car谩cter divino, es radicalmente pol铆tica, capaz de dar al C茅sar lo que es de Dios si cree que beneficia sus intereses del siglo, a mayor abundamiento. Si los p谩rrocos guipuzcoanos han protestado contra el nombramiento de monse帽or Munilla es porque este representa una orientaci贸n pol铆tica ultraconservadora nacionalista espa帽ola y su nombramiento, t铆picamente pol铆tico, como todos los de obispos ya antes de las guerras de investiduras, responde a un c谩lculo estrat茅gico episcopal y vaticano. Se trata de aprovechar el vac铆o de poder nacionalista en las instituciones vascas con el PNV en la oposici贸n y el Gobierno de la comunidad aut贸noma en manos del PSE-EE, apoyado por el PP en una alianza de partidos nacional-espa帽oles, para dar un giro conservador, incluso reaccionario y tambi茅n nacional espa帽ol, a la pol铆tica diocesana de Guip煤zcoa.
Ya es parad贸jico que la misma derecha espa帽ola 鈥搎ue no ve nada reprobable en el hecho de concertar su acci贸n pol铆tica con la Iglesia cat贸lica incluso en manifestaciones y algarab铆as callejeras鈥 sea quien critique que parte del clero vasco, la mayor铆a de los p谩rrocos guipuzcoanos, adopte una actitud de trasfondo pol铆tico en la l铆nea del nacionalismo del PNV. Pero llega a lo sublime que, para justificar su cr铆tica, se arrogue competencias dogm谩ticas sosteniendo, como hace la presidenta del Parlamento vasco, Arantza Quiroga, que monse帽or Munilla dice 鈥渓o que dice la Iglesia鈥. De donde se sigue que los curas vascos que lo impugnan no dicen lo que dice la Iglesia o dicen lo que la Iglesia no dice, que es mucho decir.
Ramon Cotarelo es catedr谩tico de Ciencias Pol铆ticas.
El valor de la dignidad, de Ram贸n Cotarelo en P煤blico
La penosa situaci贸n en que se encuentra Espa帽a en el caso de la refugiada de hecho Aminatou Haidar, en huelga de hambre desde el pasado 16 de noviembre en el aeropuerto de Lanzarote, tiene causas mediatas e inmediatas. Las mediatas proceden del vergonzoso abandono del S谩hara en 1975 y los m谩s de 35 a帽os posteriores en que Espa帽a ha seguido haciendo dejaci贸n de sus deberes morales frente a la poblaci贸n saharaui, reconoci茅ndole de boquilla un derecho de autodeterminaci贸n que niega de forma activa en la pr谩ctica y sacrific谩ndola a una raz贸n de Estado de entendimiento con Marruecos que jam谩s ha sido tan sinraz贸n como est谩 si茅ndolo ahora.
Las causas inmediatas proceden de la cadena de disparates administrativos y legales que han llevado a Espa帽a a admitir en su suelo a una persona pr谩cticamente secuestrada por las autoridades de su pa铆s sin que nadie se explique c贸mo haya podido suceder tal cosa. Esta situaci贸n convierte de hecho a nuestro pa铆s en c贸mplice de la ilegalidad y el atropello de los derechos humanos m谩s elementales perpetrados por el Reino de Marruecos en la persona de esta mujer que, con su entereza moral, simboliza hoy a los ojos del mundo el derecho de autodeterminaci贸n de su pueblo.
Frente al ejemplo de la dignidad de esta activista saharahui 鈥搎ue recuerda la grandeza espiritual de un Gandhi en una situaci贸n similar y salvando las distancias鈥, el comportamiento de Espa帽a hasta la fecha 鈥搑ecurriendo a enga帽ifas y tratando de encontrar ambiguas soluciones diplom谩ticas de dudoso valor moral鈥 puede acabar convirtiendo a nuestro pa铆s no s贸lo en c贸mplice del atropello, que ya lo es, sino en ejecutor 煤ltimo del criminal designio marroqu铆 si, llevando su claudicaci贸n al l铆mite, decide alimentar por la fuerza a la pacifista en abuso de poder y violaci贸n de su clara y expresa voluntad en sentido contrario.
La actitud de Aminatou Haidar cuenta hoy sin duda con la simpat铆a y el apoyo de la opini贸n p煤blica espa帽ola y mundial porque siempre el valor moral y la dignidad de las personas, sobre todo cuando encarnan la causa de sus pueblos, frente a la brutal sinraz贸n de los Estados y sus aparatos represivos ocupan un alto lugar en el coraz贸n de los seres humanos.
Espa帽a tiene, pues, una ocasi贸n de oro de enmendar sus yerros, los pasados y los presentes, si abandona su lamentable af谩n de congraciarse con la tiran铆a marroqu铆 (que, en el colmo de la desfachatez, despoja arbitrariamente a una persona de la ciudadan铆a que, sin embargo, le forz贸 a aceptar en contra de su voluntad). El Ejecutivo debe erigirse en valedor de los derechos de la activista saharaui sin imponerle ninguna decisi贸n que ella no quiera libremente aceptar; debe reconocer el derecho de asilo de Haidar como perseguida que es en su propio pa铆s ocupado ilegalmente por otro; y debe defender su causa frente a Marruecos en todos los foros internacionales y, junto a ella, la del derecho de autodeterminaci贸n del pueblo saharahui, al que un d铆a hace m谩s de 30 a帽os abandon贸 vergonzosamente.
Si eso no se hace as铆, el pa铆s entero sabr谩 que en esto, al menos, el presidente del Gobierno le ha fallado.
Ram贸n Cotarelo es catedr谩tico de Ciencias Pol铆ticas.
La corrupci贸n, la FAES y el rey, de Ram贸n Cotarelo en P煤blico
La corrupci贸n es la apropiaci贸n privada indebida de recursos p煤blicos. Se da, como es l贸gico, en la funci贸n p煤blica pero, al extenderse, contamina a toda la sociedad en la que se generalizan las pr谩cticas de econom铆a sumergida y defraudadora. Es comportamiento t铆picamente humano, como demostr贸 hace m谩s de 40 a帽os el ecologista Garrett Hardin, que lo bautiz贸 con el nombre con que hoy lo conocemos de la tragedia del com煤n: siempre que en una colectividad los individuos pueden elegir entre explotar recursos p煤blicos y privados, los primeros que se esquilman son los p煤blicos, aunque sean escasos y su agotamiento pueda provocar una cat谩strofe.
La corrupci贸n no est谩 necesariamente vinculada a un r茅gimen pol铆tico u otro. Los dos grandes defectos de la democracia ateniense (adem谩s del hecho de ser una oligarqu铆a) fueron la demagogia y la corrupci贸n. Igual que los de las democracias de hoy. Pero las dictaduras, las monarqu铆as absolutas, los parlamentarismos censitarios, no son menos corruptos: hay dos diferencias importantes aunque no afecten al meollo del asunto. La primera es que, al ser el control p煤blico mayor en las democracias, los casos de corrupci贸n se conocen antes y mejor, con lo que parece que hay m谩s. Pero eso no quiere decir que los reg铆menes no democr谩ticos sean menos corruptos. Al contrario, s贸lo son m谩s opacos.
La segunda, dependiente de la primera, es que en las democracias la corrupci贸n se puede denunciar y en los reg铆menes no democr谩ticos, generalmente sometidos a represi贸n, no.
La corrupci贸n tampoco est谩 ligada a unos u otros modos de producci贸n. En los pa铆ses del llamado socialismo real era parte estructural del sistema, de forma que toda la m谩quina de la planificaci贸n centralizada estaba apoyada en la corrupci贸n, como sucede en el capitalismo del libre mercado, en muchos casos 鈥渆ngrasado鈥 mediante la corrupci贸n. Aunque no en todos, pues tambi茅n hay un capitalismo de ra铆z calvinista y protestante en el que aquella es menor, como se prueba hoy en los pa铆ses n贸rdicos.
La corrupci贸n habita de forma natural en la sociedad y, si no cabe erradicarla, es preciso combatirla fomentando una cultura pol铆tica c铆vica y recurriendo a la legislaci贸n penal. Lo que hay de nuevo en la reciente prevalencia de la corrupci贸n en el mundo y no s贸lo en Espa帽a es que se origina en la universalizaci贸n del neoliberalismo subsiguiente al hundimiento de los pa铆ses comunistas. La actual crisis econ贸mica se debe a una saturaci贸n de corrupci贸n general: desregulaci贸n, dejaci贸n de funciones y complicidad de los organismos supervisores, especulaci贸n, fraude, informaci贸n privilegiada, etc. Aparte de lo que corresponde a la naturaleza humana est谩 el hecho de que el neoliberalismo es una doctrina que eleva la corrupci贸n a principio mismo de actuaci贸n al sostener que lo p煤blico debe gestionarse con criterios privados o desaparecer a favor de lo privado, al desregular y privatizar sin m谩s control que el inexistente del mercado. Exactamente los principios que defiende esa fundaci贸n FAES que acaba de dar un premio al rey y este ha recogido.
Ram贸n Cotarelo, es catedr谩tico de Ciencias Pol铆ticas.
Catalunya y su Estatut, de Ram贸n Cotarelo en P煤blico
Pr谩cticamente est谩 todo dicho acerca de las consecuencias de una posible sentencia del Tribunal Constitucional sensiblemente restrictiva del Estatut, entendiendo por tal la que desvirt煤e principios simb贸licos o restrinja competencias estrat茅gicas.
De un lado, casi todas las fuerzas pol铆ticas catalanas, excepci贸n hecha del Partido Popular, Ciutadans y, con matices, Uni贸 Democratica de Catalunya, preanuncian beligerancia en caso de una sentencia restrictiva; de otro, casi todas las fuerzas pol铆ticas espa帽olas, pretendiendo despolitizar el conflicto, repiten que las sentencias de los tribunales se acatan y se cumplen. Pero es que el Tribunal Constitucional no es un 贸rgano judicial ordinario, sino un ente pol铆tico y como tal 鈥揺specialmente en este caso, en el que se ha dado todo tipo de episodios de fondo partidista鈥 est谩 sometido a los vaivenes pol铆ticos.
Venir a pedir ahora acatamiento incondicional frente a las decisiones de un 贸rgano que tiene fuertes d茅ficits de legitimidad y que lo hagan precisamente aquellas fuerzas que m谩s lo han maltratado no deja de ser un ejercicio de hipocres铆a o de cinismo. No debe olvidarse que la reforma en curso del Estatut se inici贸 porque hab铆a un acuerdo general en que Catalunya deb铆a acceder a mayores cotas de autogobierno por la v铆a legal tras el agotamiento del Estatut de Sau. Carece de sentido enfrentarse a la nueva redacci贸n con un rasero puesto en el nivel de autogobierno del Estatut anterior cuando en otros estatutos se ha alzado sensiblemente.
Los catalanes hacen bien levantando la voz y con ella otras debieran hacerlo, empezando por la del partido del Gobierno, que comenz贸 la reforma estatutaria como un bravo San Jorge y quiere terminarla como un escurridizo Poncio Pilato. El PSC tiene que recordar a los magistrados de ese 贸rgano pol铆tico que es deber del Tribunal Constitucional 鈥搎uiz谩 hoy su 煤ltimo deber鈥 atender al complejo equilibrio constitucional de la Espa帽a de las autonom铆as y al auton贸mico de la Espa帽a constitucional. Aunque no sea m谩s que porque parte esencial del m茅rito en levantarlo fue de ese mismo Tribunal en tiempos mejores.
Las cosas han ido por donde han ido y el Tribunal Constitucional est谩 muy tocado. Es bastante posible que sea preciso cambiarlo en profundidad 鈥搃ncluida la reforma constitucional鈥 si se quiere que sobreviva a este tif贸n provocado porque el estatuto en reforma es el catal谩n, en el que se quiere hacer un escarmiento para mostrar al impertinente nacionalismo que el irredentismo tiene un l铆mite infranqueable.
Carece de sentido provocar un enfrentamiento por asuntos que, en muy buena medida, son ret贸ricos o tienen precedentes o, simplemente, est谩n regulados de forma an谩loga en otros estatutos. Lo que pod铆a faltarnos es que, tras a帽os de escuchar que Catalunya estaba siendo objeto de trato privilegiado con agravio comparativo para los dem谩s, nos encontr谩ramos con que es objeto de un trato discriminatorio negativo con agravio comparativo para los catalanes por haber ido por la v铆a estrictamente legal de reforma del Estatut sin inventarse aventuras
soberanistas.
Ram贸n Cotarelo es catedr谩tico de Ciencias Pol铆ticas.
