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Un pronunciamiento, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

Cada duglesquín en esta democracia de sectas ayuda a su ropón. Los mismos que decían cuando el GAL que la Justicia cabalgaba a lomos de hijos de puta, refiriéndose a Garzón, son los que ahora le protegen del hachón. Entonces eran los periodistas con sus consignas de sede los que armaban el alboroto, ahora es el Ejecutivo el que mete baza en el griterío de las consignas cuarteleras. El presidente del Gobierno, que además controla prácticamente el poder legislativo, se ha olvidado de la brújula y el cartabón y de que en las repúblicas presidencialistas el jefe del poder ejecutivo no posee ni siquiera un sillón en el Capitolio, pero en las monarquías parlamentarias, aunque los presidentes estén pegados al banco azul, tienen que guardar las formas porque si se ve que los jueces obedecen como una jauría de dóbermans empieza a sospecharse, como ya se conjetura aquí, que hay un retroceso de la democracia, una crisis institucional, además de quiebra económica.

El presidente ha declarado este fin de semana que la mayoría de los españoles, el Gobierno y quien lo preside saben de la valentía del juez Garzón y esa trayectoria está siempre presente. Inmediatamente el portavoz de la Asociación Profesional de la Magistratura ha criticado el «pronunciamiento» de Zapatero dándole un matiz de sedición institucional. El juez de sus jueces ha puesto al bastardo encima del cruel para que pueda apuñalarlo a gusto, pensando que lo que no beneficia a la abeja no beneficia al enjambre.

Horas más tarde, el CGPJ ha exigido a los políticos respeto a la independencia judicial cuando jueces y políticos se tienen recíprocamente cogidos por las puñetas por decirlo fino; los jueces además tienen pillados a los políticos en los tochos o marrones. Todos quieren meter en el saco a todos, y según la derecha el presidente del Gobierno habla de una mayoría que ya no tiene porque si en este instante hubiera elecciones se quedarían sólo con Extremadura.

Para que un juez no chinara a un político, para que un político no pringara a un juez, para que una mayoría no diera un golpe de gorra a la otra, se inventó la separación de poderes. Aquellos tan finos santos padres nos explicaban que ni en la geometría ni en el Estado debiera haber sectas, porque si la mitad de una nación piensa de una forma y la otra de la contraria, tal vez las dos fracciones estén equivocadas.

Aquí un partido busca las pruebas del envenenamiento procesal del Gürtel y el otro anima a Garzón para que enchirone a los políticos que robaron. Se sospecha que Il Cavaliere no desembarcó solo en los platós. En España las malas ideas provocan más fanatismo que las buenas y los estúpidos, como cuervos, sólo huelen cosas muertas. ¿Dónde están los caballeros de la política, señor Bono?

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Marzo 9th, 2010 at 8:10 am

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Orbyt: cero horas, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

Algunos de mis amigos, como Lorenzo Caprile, son devotos de San Judas de la calle Atocha y otros como Chon González Byass hacen cola los primeros viernes de mes ante Jesús de Medinaceli, entre la calle Huertas y el Palace. Aunque yo no hago milagros, ni soy patrón de imposibles, ni adivino el porvenir, ni soy escritor de culto, tengo la esperanza de que alguno de los desocupados e inteligentes lectores se acerquen a la capilla de esa catedral de la blogosfera llamada Orbyt, un deslumbrante satélite de contenidos que hoy parte hacia la Osa Mayor.

Yo voy en el cohete. A partir de este instante cuelgo mi pluma de la espetera y empiezo a hacer la carrera en la calle como todo el mundo. Esta mañana soy otra vez como aquel niño de Saroyan que vendía naranjas en la autovía de San Francisco sin dejar de sonreír al posible lector. Al que pase de largo le haré como los gitanos hacen cuando se cruzan con alguien a quien detestan; mientras le sonríen y le saludan con el sombrero dicen «colgao te veas». Ya decía Mateo Alemán que los españoles se distinguen de los demás pueblos por el modo de mendigar. Los franceses rezan, los flamencos reverencian, los portugueses y los españoles son mal sufridos y se comportan con el orgullo de grandes personajes de abolengo.

Mis quinientas palabras como las de todos los compañeros pasan a Orbyt, aunque siempre podrán leerme en el periódico de papel hasta que se extingan los sauces y culmine esa metamorfosis de la pulpa en mariposa, entre los cedros de la luna, cuando el papel se transforme en aire, más allá de los pájaros. Primero fue la arcilla, luego el rollo, después el códice, la imprenta y por último la pantalla. Volvemos a ser arpistas de las nubes, un pequeño prospecto en la infinita farmacia de guardia del apetito de saber y estar informado. No somos aquellos copistas que raspaban la piel del papiro tapando la geometría de Euclides para escribir salmos. Hemos aprendido a escribir en el aire.

Dicen que no cambia nada sino la distribución. Pero eso es justamente la revolución, como fueron los descubrimientos y la búsqueda de las especias. Hasta los culebrones pueden llegar al oído por teléfono, hay discos duros que pueden contener 500.000 obras. Seremos un día un noticiario empotrado. Nacerán nuevos géneros literarios, cambiarán los estilos; el lenguaje se despelota, tira por la ventana los ornamentos de la retórica. Estalla una nueva jerga, argot o germanía.

Consulto el futuro a la sibila de la literatura. Carmen Balcells responde: «La tecnología es fantástica siempre que el contenido sea: talento».

Quedan cero días, cero horas. Buenos días, futuro, el lugar donde mejor crecen los sueños.

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Marzo 8th, 2010 at 8:12 am

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Violetas blancas, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

En un descanso del cemento, entre la puerta y la acera, he visto violetas blancas. Siempre había descubierto en marzo, en la chopera, qué violetas eran del color túnica. Me dicen que éstas deben ser africanas; sean de donde sean, indican que la primavera llega a nuestro corazón. Iba pensando en las violetas cuando me llama una amiga desde Nueva York para informarme que el Congreso Mundial de las Mujeres -las zapateristas, con el apoyo de las islámicas- va a pedir que la ONU expulse al Vaticano para hacer patente la separación de la Iglesia y el Estado. Entonces temo que el Gobierno tenga que trasladarse a Valencia y cubrir otra vez la Cibeles con sacos terreros.

Quedo a tomar copas con unos amigos y no hablan de violetas blancas, símbolo del amor oculto, aunque hoy las violetas sean símbolo de deslealtad.

La profesión mejor valorada es la de los bomberos; la de los periodistas está a la altura de los vendedores de coches, con la excepción del reportero de guerra. Hubo un enviado especial que dormía en un tanque; se convirtió en escritor de culto. Iba en guagua al frente, no se hospedaba en hoteles de estrellas tal vez para no dar datos a los buitres, fue testigo de 30 revoluciones.

Ya lo decían los incendiarios: si estáis buscando un guía, lo tendréis. Los periodistas encontraron el guía, Cristo con magnetofón, en primera línea de las causas justas; avisaba que el terrorista de hoy será calle mañana. Lo leí, pero además consulté a algunos de la tribu. Carlos Hernández me explica: «Yo también soy antimitómano pero no en el caso de Kapuscinski. Su libro El emperador es magistral». Otros me convencen de que no era un fantasma, como la mayoría de los corresponsales de guerra; alguno llega con la cizaña: era estalinista reciclado, sublimado.

El que llevaba el cuchillo no es un enemigo (los enemigos son unos caballeros) sino un discípulo, un admirador. Este se llama Domoslawski; insinúa que nos pasó ficción por hechos reales. Según Judas, muchos de los hechos son en realidad literatura fantástica. Le acusa el villano de haber colaborado con la orquesta roja; eso está mal visto, y no cuando lo hacen Hemingway o Le Carré con los primos de Washington.

Había dicho él que los cínicos no sirven para este oficio. Claro que sirven, y también los traidores. Pero a mí lo que me interesa es la mitología del reportero para los que adoran al que se desplaza. Lo explicó Pla. «Me convertí en un nómada universal y ello me llevó a probar muchas cocinas, a dormir en innumerables camas». Ese desplazamiento convierte a los corresponsales de guerra en héroes a la altura de los argonautas, para los adolescentes mitómanos aunque sean de avanzada edad.

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Marzo 4th, 2010 at 8:10 am

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Cruce de linajes, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

El hombre es polvo, un polvo, se hizo junto al andamio del ombligo, en el atrio de la vagina de una madre, siempre saludada como una dulcelumbre, a la altura de las diosas. Madre, tabú y la ley primordial de la humanidad, viga maestra del psiquismo, solía ser para un español palabra sagrada hasta que en pleno estado de excepción de la igualdad de género ha perdido, si no prestigio, sí influjo. Se han penalizado unas expresiones injuriosas que afectan a minorías, hasta hace poco marginadas, y se han despenalizado otras que parecían santas. En los procesos, si has llamado al jefe bujarrón, te condenan; si le has dicho hijo de puta, te absuelven.

Hijo de puta, el insulto más grave de la lengua castellana, está en gran medida tolerado, pero como hay tantos, para heredar tendrían muchos que hacerse la prueba del ADN y se llevarían sorpresas. Si tienen razón algunos políticos, estamos rodeados de hijos de puta. Empezó Carlos Fabra llamándole eso al portavoz socialista, siguió un concejal del PP diciéndoselo a uno de Izquierda Unida, Esperanza Aguirre confirmó la tesis de que los verdaderos hijos de perra están siempre en tu propio partido. Después Juan Cotino, que ha sido de la madera, informó a una diputada de las Cortes valencianas quién era su padre; por último llevó el término a la apoteosis el académico Arturo Pérez Reverte. Nuestro escritor más universal dijo: «En España todos hemos sido hijos de puta».

Ya lo sabíamos, aunque como dijo la abuelita de un marinero del Beagle, si procedemos del mono, mejor ocultémoslo. Tenía razón la dama victoriana: es mejor tapar los desmanes cuando se está usando el insulto más que nunca, con menos vocablos que antes que había mil maneras de injuriar a alguien con el máximo dicterio (bastardo, hijo de aforros, hijo de cura, de la Gran Bretaña, de mil leches).

El insulto no es siempre expresión de desprecio; vale para denigrar y para exaltar. Se usa desde los albores del idioma y no siempre significa que la madre sea una profesional aunque se aceptara que puta sin daca fuera gusto sin cencerro. Los más grandes escritores usaron la ofensa para honrar al vino: «Oh hideputa bellaco, dame acá esa bota».

Todo parece indicar que si se hicieran las pruebas de ADN, ese test riguroso con el 99% de aciertos, los hijos de puta serían aglomeración porque después de la movida y el despelote, se practicó el adulterio de manera compulsiva. Así que mejor no hablar de linajes porque se han cruzado los mármoles, tapices, candelabros con la golfería y las latas del barrio. No olvidemos que algunas reinas del siglo XIX tuvieron multitud de amantes, a los que hicieron alcaldes y estanqueros en premio a sus servicios al Estado.

© Mundinteractivos, S.A.

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Marzo 3rd, 2010 at 8:10 am

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Fumar es un placer, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

El sifilazo se achacaba a Francia; desde los tiempos de don Francisco de Quevedo los españoles pensaron que el peor y más contagioso y asqueroso humor que infectaba al mundo, la sífilis, el mal francés, bajaba de la destemplada cabeza del eminentísimo cardenal de Richelieu. No sólo el mal, también el deleite, la dulzura, la flauta mágica, el francés, lo francés, la cornamenta, siempre estuvieron presentes en nuestra literatura. Los gabachos han sido nuestros maestros en goce y tal vez por eso, muy rechazados, muy criticados tachándoles de volterianos y libertinos. En los prostíbulos de algunas ciudades españolas, en la posguerra, había carteles que decían: «En esta casa no se hace el francés».

Hubo una tendencia ultramontana que culpaba a los franceses de la costumbre de tocar el saxo, una prueba más de la ignorancia castiza, porque darle al chupete, el mamar o chupar viene del latín fellatum y los museos están repletos de esculturas y dibujos, cerámicas y monumentos etruscos, egipcios, cretenses alusivos al falo.

Han sido también los franceses, otros franceses menos franceses, quienes han denunciado la felación como un acto humillante, convirtiendo un cigarrillo en el miembro de oro de Mefistófeles. Querían un anuncio de impacto y lo han logrado. La asociación de defensa de los no fumadores ha puesto a jóvenes simulando una calada a la minga; un inocente adolescente y una chica apenas salida de la pubertad, arrodillados, succionan un cigarrillo y alguien está de pie.

Ha estallado el escándalo; querían convencer de que fumar te hace esclavo, que el cigarrillo no supone un acto de rebeldía, de libertad, de emancipación, sino todo lo contrario, de sumisión, de culto al poder simbolizado en el falo, pero el cipote oculto se ha cargado al mensaje de la dependencia y de la liberación.

Las feministas han contestado al cuplé de Sarita Montiel y a los publicitarios obsesos y puritanos, diciendo que es ridículo vincular el tabaco con el sexo: «Practicar la felación no provoca cáncer». Me parecen las que protestan feministas transgénicas, pos-ideológicas; se meten en el enredo de una contradicción. El beber, el fumar, la mayoría de las dependencias y apetitos desordenados, según el maestro Lacán, que siempre escribió cosas maravillosas que no se entienden, están relacionados con la angustia del destete y con otras neurosis sexuales.

La melancolía de la leche materna acompaña al hombre y a la mujer toda la vida, y a veces el cigarrillo, el vaso de whisky son inconscientemente un pezón o un pene. Claro que las feministas tienen un conflicto con Lacán; rechazan su teoría falocéntrica y nunca entendieron que dijera que la mujer no existe. Se refería a que no hay armonía entre los sexos, y que a veces, la pareja, es una fantasía.

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Marzo 1st, 2010 at 8:10 am

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Luz de popa, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

Príncipes del ajuste educados en grandes universidades, socialdemócratas que degenerando aún más llegaron a banqueros, analistas-salmón, entre mármoles, nos dicen como San Juan de la Cruz, que hay que perder el gusto por el apetito de las cosas. Predican que esto sólo se endereza si trabajamos más por menos viruta y por más tiempo.

El gobernador del Banco de España exige, con urgencia, reforma laboral y prolongar la edad de jubilación. Para convencernos utiliza una metáfora vulgar, manida. El sistema, dice, es un barco frágil, que navega a un ritmo muy lento, y si no se hace algo, acabará naufragando. Cada vez que llega una tormenta aparecen vías de agua y la culpa no la tiene el patrón del barco, pero sí está en su mano colmatarlas.

El lugar común del barco, analogía tan sobada como La Tomata, vale para todos los sofismas, incluso el que reza que bien se pilota con timón de oro.

El barco del Estado, a veces, ha sido asaltado por los piratas y siguió navegando. Tal vez por ese recuerdo, los líderes sindicales se dejaron llevar por otros tópicos, también sobados y nefastos, y se pusieron a la cabeza de la Gran Vía fría; anhelan una transferencia de recursos, pero no de los currantes a la nave, sino de los patrones y de los armadores al crucero.

Gritan que no hay que dejarse acunar por los cantos de las sirenas de los banqueros, ni hay que creerse los sermones de los que arreglan el Arca de Noé en pleno diluvio, porque los conservadores olvidan que la luz de popa sólo ilumina lo que queda a la espalda. Una pulcra manada de evangelizadores, engañosamente apolíticos, crecidos en la playa del fin de la Historia, no ven otra salida que la vía purgativa.

De pronto, salieron los viejos corsarios. No muchos, sí machos; no hilanderos del algodón de Nottingham con amapolas de banderas, sino espectros del cementerio de las utopías inútiles. Tenían razón los rojos, los sindicalistas no son sino un apéndice más del Estado, por eso los trostkistas gritan que el capitalismo es un cadáver sin cabeza y si esto no desemboca en una salida radical, se debe a la crisis de la dirección revolucionaria.

Ni Cándido ni Toxo pertenecen a la fracción trostkista. Contestan, no como Cobra, sino con buenos modales, que han sido los bancos los que nos han llevado al naufragio (perdonen el tópico). Ponían en las pancartas cosas tan arcaicas como que «la crisis la paguen los capitalistas» o que «lo que hay que reformar es el sistema financiero».

Esas jaculatorias no se las creen ni ebrios ni mal dormidos, pero avisan a su compañero del metal Zapatero, de que a este Gobierno no lo puede echar la derecha, pero sí la calle.

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Febrero 25th, 2010 at 8:09 am

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Enemigo en casa, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

Ya me lo decía ayer un político del que no quiero acordarme: al que asoma la cabeza le vuelan el sombrero, y porque ya no se estila el paseo… Tal vez vivimos el apacible prólogo de un tumulto; hay silencio en la colina como el que suele haber antes de que avancen los pieles rojas. Ayer en el Congreso los partidos se acusaron de mentirosos, en un diálogo de Hostería del Laurel. La novicia acusó a la brígida de no tener solución y la madre superiora amonestó a la que aún no ha profesado echándole, en la carita, la gula por Moncloa. Nada, diálogo de carmelitas.

La verdadera bronca se da en los paredones de los periódicos y en los recodos de las tertulias. Escribir empieza a ser peligroso y excepto en los medios ésta parece una época apacible; nos estamos hundiendo sin tiros, sin huelgas y sin nostalgia. Sólo está prohibida, de momento, la facultad de equivocarse; casi nadie entiende que libertad es también defender ideas erróneas.

La nostalgia merece la pena; alguien llegó a contarla entre los derechos humanos. Sin embargo, Joaquín Sabina la clava cuando canta: «No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca existió». Podemos alardear de todo, excepto de libertad de opinión y de la melancolía por ello. Lo bueno de los españoles es que no tienen por qué sentir nostalgia de su pasado, atormentado por caballos trotando en el hemiciclo. Ahora sigue la trinchera que separa a los partidarios de Pentapolín el Arremangado y a los de Abundio el Calzonazos. Apenas se ha demostrado que las convicciones de los dos, unas científicas, otras necesarias, fueran ciertas, y aun así por ellas nos destripamos; de momento, sólo los periodistas.

Se siguen concibiendo los partidos como una iglesia y encima los feligreses ni pagan las cuotas, ni hacen penitencia, ni siquiera pasan el cepillo. Es en España donde se emplea la expresión patriotismo de partido, que consiste en apoyar una sociedad anónima a la que los banqueros le condonan las deudas y que se financia con la corrupción. Pero qué duro suena aquí el vocablo partido y cómo por los dominios de internet te llevan en camionetas de toldo para darte el tiro virtual en las cunetas de la blogosfera, si te sales de la orquesta.

El partido es la madre. Fuera de contadas excepciones, nos decía Tierno, las cualidades de los dirigentes de los partidos son las siguientes: la más crasa ignorancia en los fundamentos del difícil arte de gobernar, la osadía y la falta de aprensión proporcionales a esa misma ignorancia. Ahora mismo, cuando sería urgente un acuerdo nacional, crece la saña y el odio entre fracciones.

Pompeyo Trogo escribió de los hispanos hace 2.000 años: «Prefieren la guerra al descanso y si no tienen enemigo exterior lo buscan en casa».

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Febrero 11th, 2010 at 8:13 am

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Desayuno de Oración, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

Hoy, Desayuno de Oración. Hermanos lectores: meditemos todos y respetemos el acto, porque si las religiones son cuentos de hadas, las increencias pueden ser supersticiones; tampoco se ha demostrado la inexistencia de Dios.

Los presidentes americanos van de meapilas. Obama, especialmente. Como le acusaron de llevar turbante en la cama, salió a decir que no era un musulmán clandestino sino un devoto de la parroquia protestante de Chicago, Iglesia Unida de Cristo, que traza sus orígenes en los puritanos de Nueva Inglaterra. Se siente un continuador de los padres peregrinos del Mayflower, que querían purificar el cristianismo y soñaban con una Nueva Jerusalén. Alexis de Tocqueville reconoce que aquel grupo de aventureros fue la semilla de un gran pueblo, guiada por la propia mano de Dios a una tierra prometida.

Esa mezcla de patriotismo y religión, estimulada por la ferviente religiosidad de los negros con aleluyas que les colocan, no fue compartida por los padres revolucionarios de la democracia americana. Thomas Paine explicaba la Biblia como una colección de historias obscenas y torturas crueles basadas en la rapiña y el asesinato, textos para impostores o tontos.

Zapatero puede rezar el Catecismo socialista escrito en 1928 por el tipógrafo Felipe Carretero. («Padre nuestro que gimes en la tierra, perdónanos la mala defensa que hasta ahora hemos hecho de los trabajadores así como nosotros perdonamos a nuestros deudores los capitalistas». «Creo en el Trabajo todopoderoso rotulador de las tierras, impulso de las fábricas y talleres»). Si el presidente no tiene ese catecismo, yo se lo presto; es manejable, aunque es mejor que en la aduana tape la primera parte, el ripalda rojo de Engels.

Obama ha recuperado en cierta forma la rebeldía de Cristo al darles la vara a los ladrones del templo de Wall Street. Su cruzada contra los banqueros se basa en las enseñanzas de Lutero, que inició la reforma metiéndose con ellos y con el Papa porque se quedaban, a medias, con las indulgencias y las limosnas, autorizando la usura con la coartada de que había que acabar las obras de San Pedro.

Lutero condena al financiero por su nefasta sed de oro y sus ingresos exorbitantes. Dijo que la simple utilización de la razón permitió considerar como asesino y cuatro veces ladrón al que practicaba la usura; «pero nosotros los cristianos les honramos y adoramos porque tienen dinero. Quien quita y devora el pan del prójimo, aunque siga tranquilo en su casa, lo justo sería colgarle para que le comieran tantos cuervos como monedas robó».

Ante este rosario global, me pregunto como Mark Twain: ¿quién rezará por Satanás, el pecador que más lo necesita? Tengo una idea de quién de entre ellos será, pero me la callo. Esa respuesta vale más de 1,20.

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Febrero 4th, 2010 at 8:12 am

Bicicleta elíptica, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

Cuando la crisis del 29 el tanguista cantaba que a la salida de la milonga había una nena pidiendo pan, mientras la gente rifaba el corazón y el poeta veía en la Bolsa una pirámide de musgo; entonces no había esa cosa tan hortera llamada bicicleta elíptica, para fortalecer los glúteos, pero hoy un ministro, o hace bicicleta o se convierte en un besugo.

José Blanco, estrella del Gabinete, se levanta a las 8.05, desayuna prensa salmón y vuelve a casa a las 11 de la noche. Mientras Zapatero viajaba al Foro Económico de Davos, Blanco hacía bicicleta elíptica, leía Expansión y escuchaba en la radio que Grecia está en quiebra y España a cinco minutos.

Tampoco en el 29 había esta peste de Premio Nobel, tipos como Roubini, que pronostica que nos vamos a tomar por el saco. Tal vez Roubini sea uno de esos mamones, crupieres del capitalismo, mamones en el sentido que les da Jesucristo: «No podéis servir a Dios y a Mammón». (Mammon en arameo es el demonio, el que engaña). En Nuevos Ministerios me cuenta el volanteras que me lleva que ha hecho 30 euros y se va a comer con su hijo. «Lo único que tenemos». Otra vez alguien que busca un mango para morfar, sin contar los caceros rumanos.

Le pregunto a Blanco si la marca de España es moneda falsa. Explica que hoy el Gobierno va a poner los pies en el suelo aprobando un programa de austeridad de 50.000 millones. Pero me jura delante de La Reina Gobernadora, cuadro de Pérez Villamil sobre el ferrocarril de Langreo, que el AVE llegará a Valencia y a Cuenca, pronto, con ajuste o sin él.

Empieza el quinquenio del sacrificio. Me convence de que los Nobel aciertan de chiripa. David Taguas, aquel que volvió a la obra, acertó lo que venía; nunca se sabe si adivinan o interpretan. Tal vez tenga razón y los gurús sean nuevos sofistas, a los que los griegos serios llamaban mercaderes ambulantes de las golosinas del alma.

Me atrevo a preguntarle por el deterioro de Zapatero; me explica que Merkel, Sarko y Obama se desploman. Blanco va a pelear, aunque sea solo, contra la «demonización» (quiere decir campaña de injurias) que acosa a ZP, sin precedentes desde Azaña, en la legislatura que ha crecido como político.

Al final, creo entender algo misterioso. Parece que explica que Zapatero no ha dicho nunca a nadie si se va a presentar o no, lo cual favorece al partido. Si se presenta bien, si no, disparan contra alguien que se va a abrir. Creo que Blanco piensa que el fin de ETA justifica una legislatura; no van a tirar la toalla. Pero el caso es que el Gobierno sigue en la bicicleta elíptica. Pedalea y está parado.

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Enero 29th, 2010 at 8:12 am

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Bóbilis, Bóbilis, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

Cada época tiene su monstruo. Decían que los enemigos de la democracia eran el terrorismo, el golpismo, la televisión, la demagogia; ahora vuelve a ser adversario la banca. Así ha sido siempre, por lo menos, desde que el banquero Laffitte dijo: «A partir de ahora dominarán los banqueros». Obama ha descubierto la fuerza del dólar para sentar a los corruptos en el Congreso. Obama no es rojo, va a misa con otros de traje sin cabeza, pero lo tiene claro, los enemigos de la democracia son los de los hedge-funds que volaban por las últimas esquinas del viento como buitres, los banksters de lonja que convirtieron a Capone en una hermana de la caridad. Ni uno se pegó un tiro, ni sufrieron infartos en la cama rococó como predijeron los beats; además, después de rescatados, se quedaron con los pisos, como las putas codiciosas. Donde dice democracia, Obama quisiera decir capitalismo; no se atreve a proclamar el origen anal del instinto monetario. Ni se arriesga a decir que la definición más precisa de rico es aquel que no paga impuestos y esconde su dinero en paraísos fiscales. Después de embestir contra los bancos, arremete contra los lobbies que ponen pasta para los republicanos. Acusa al Tribunal Supremo de asestar un golpe a la democracia, autorizando una riada de dinero para untar a los políticos y a los publicitarios de las campañas. Ya se sabe, el abad donde canta yanta.

Además de un demócrata, Obama es el presidente del Estado hegemónico del mundo, (el otro presidente se llama Dow Jones) y un imperio no se mantiene sin banqueros, llámense Médicis o Fúcares. El Conde-Duque de Olivares culpaba de la ruina del imperio español a los que sorbían por plumas de ganso el oro del Potosí, los banqueros genoveses y portugueses. Muchos de los multimillonarios se hicieron inmensamente ricos prestando a los reyes. Obama denuncia la usura y la ganancia indigna, ve a los banqueros como un híbrido de timadores y profetas, llama estúpidos a los de Wall Street y promete poner límites a las operaciones de riesgo y evitar que las corporaciones den dinero a los republicanos durante las elecciones.

Se ha hablado de las afinidades entre Obama y Zapatero. En esto de los bancos no hay semejanzas, ni éticas paralelas. Aquí los partidos se financian ilegalmente y encima los bancos les condonan pasivos. Zapatero se lleva bien con los banqueros aunque les de repizcos de novicia. Tal vez se deba a la exoneración de las deudas. Los socialistas, van de bóbilis, bóbilis con los bancos. González Pons se atrevió a llamar al Zapatero presidente de los banqueros.

No se puede enfrentar con los prestamistas el Reino de España, ahora tiene que ir a su casa de empeño, donde los peristas le esperan como urracas.

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Enero 25th, 2010 at 9:12 am

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Estrasburgo, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

El terremoto, con su nombre de bailaora gitana, volvió a asolar ayer Puerto Príncipe. Los pájaros como relámpagos de oro, con colas de hilo azul, que no se asustaron de las carabelas ni de los corsarios, volaban otra vez sin árboles, como los vio Neruda mientras los negritos gritaban sin ojos. También estremeció al Parlamento Europeo, que examinaba a Zapatero. El presidente llegó, políticamente, en coche eléctrico y sin papeles. Estuvo bien, humilde, con intención de sumar, sin sectarismo. Había pocos diputados. Los cronistas dicen que el debate fue un poco soso, nada comparable a las pasiones que despiertan en Estrasburgo la Merkel o Sarkozy. Zapatero habló de Europa como un ensueño español. En el turno de réplica de este sucedáneo de sesión de control, un diputado de la derecha le dio unos trincherazos a ZP, definiéndole como un buen orador aunque preguntándose dónde están sus conceptos.

Le soltó en plan satírico que con la violencia de género y el coche eléctrico no se solventa la crisis. Dije lo de los trincherazos por seguir con el tópico de otro eurodiputado que se clasificó a sí mismo como toro y a ZP como toreador.

En los pueblos murmuraban los aldeanos, qué buen pico tiene este cura, pero qué ha dicho, preguntaban; ellos insistían: no lo sabemos pero tiene buen pico. El buen pico brilló cuando Daniel Cohn-Bendit, epicentro de aquella sacudida, reconoció la incapacidad de la UE de ayudar a Haití.

Los marines aparecieron con sus botas de pisar cascotes antes de que la burocracia europea se desperezase. Zapatero reconoció la tardanza y la dificultad de una fuerza de intervención rápida, aunque declaró que esta vez no le inquietan ni los helicópteros ni los marines porque han llegado para salvar vidas, para llevar alimentos. Ante esta aceptación de la Normandía de solidaridad hubo tibios aplausos, «un tímido clap-clap» dice en vivo y en directo, para ELMUNDO.es, María Ramírez.

Mayor Oreja atinó cuando dijo que los europeos no entienden el lenguaje de los eurodiputados y seguramente también tuvo razón Daniel el rojo al hablar de una Europa sin sueños. Tales son las ideas, tal el lenguaje. Sin sentimientos audaces, sin ideas transformadoras, con tantos jefes, el lenguaje y el debate se pudren, pierden sinceridad y elegancia. ¿Qué tiene que ver esta Europa con aquella de la Ilustración ante otro terremoto, el de Lisboa? El seísmo cambió la cabeza de los filósofos que hicieron poemas al desastre.

Dicen que aquel terremoto fue la chispa del ateísmo ilustrado. Es que esto de los seísmos es muy de Dios, en el Sinaí, a la muerte de Cristo, y los habrá en el Apocalipsis, donde temblarán los tigres.

Tennessee Williams definió al que origina los terremotos como un delincuente senil. Pero yo creo que el universo funciona por su cuenta.

© Mundinteractivos, S.A.

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Enero 21st, 2010 at 9:10 am

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Zoquetes, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

¿Seremos en plena sociedad de la comunicación más ignorantes que nunca? Yo no veo más que memos de botellón y zotes de blog. Los que saben se piran. Al profesor se le ha perdido el respeto. Los macarras escolarizados amenazan a las maestras con violarlas y otros canean a los profesores. Esto no es nuevo. En España ser maestro siempre fue considerado un baldón. Hasta hace poco tiempo los que enseñaban a leer, escribir y contar solían ser sacristanes o zapateros. En pleno Siglo de Oro, en la cumbre del ingenio y de las universidades, eran iletrados el 70% de los hombres y el 90% de las mujeres, aunque las chicas ya iban a las migas si hemos de creer a Góngora: «Hermana Marica / mañana que es fiesta / no irás tú a la miga / ni iré yo a la escuela».

Si no iban a la escuela jugaban los chicotes al toro y ellas a las muñecas; ahora se van de bureo con piercing en el arrope. La educación gratuita es cosa de la democracia y también esa tolerancia de burdel que ha degenerado en algo a lo que llamarle anarquía sería ofensa a los libertarios.

Desde Quintiliano, los pedagogos se han preguntado si era útil la flagelación. Afortunadamente, se acabaron las patadas en la rabadilla; incluso en Inglaterra la democracia prohibió el látigo. También en España los castigos corporales fueron eliminados, pero con la división de los partidos entre laicos y piadosos llegó la corrosión de nuestro sistema de enseñanza. Las cifras cantan el miserere: la cuarta parte de los alumnos no llega a los conocimientos elementales de Lengua y de Matemáticas. Si se cumpliera aquello de «no entre aquí quien no sepa Geometría», Mariquilla estaría siempre de parranda.

Por fin los partidos, que tan inteligentemente nos dividen, se han dado cuenta de que el mérito y la disciplina se han eliminado de nuestra educación. El PP ha presentado en Toledo un proyecto para proponer al Gobierno. Garantizaría que todos los alumnos tengan asegurado dominar el castellano, olvidan aquella cruzada contra la educación de la ciudadanía y proponen medidas inteligentes, un sistema nacional, vertebrado y vertebrador, que garantice en todo el Estado la igualdad de oportunidades.

Pero cuando fray Gabilondo y miss Cospedal estaban a punto de entenderse, la argucia de las palabras ha deteriorado, como siempre, cualquier acuerdo nacional. Enseguida ha dicho Mariano Rajoy algo que traducido al romance significa: si Zapatero está en la mesa, se joderá todo.

Recuerden los dos partidos a Voltaire, que estudió en los jesuitas y le dijo después a uno de sus profesores: «Con vosotros sólo aprendí latín y algunas tonterías». Que vuelvan los jesuitas, que nunca se han ido. Cualquier tontería es mejor que lo que aprenden esta pandilla de zoquetes.

© Mundinteractivos, S.A.

Written by Reggio's

Enero 20th, 2010 at 9:12 am

Posted in Educación, Política

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