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Vacaciones, de Xavier Sala i Mart铆n en La Vanguardia
D铆a 17 de agosto. Seguro que muchos de ustedes est谩n disfrutando de sus vacaciones estivales lejos de sus casas, en lugares emblem谩ticos, bajo el sol en alguna playa atiborrada de cuerpos aceitosos o comiendo bien en alg煤n pueblo tur铆stico. El turismo se ha convertido en una parte importante de nuestra vida, hasta el punto de que el comisario europeo del ramo, Antonio Tajani, declar贸 el pasado mes de abril que ser turista es un derecho. Es m谩s, Tajani propuso que la Uni贸n Europea ayudara econ贸micamente a j贸venes, a ancianos y a familias con poco poder adquisitivo para que pudieran ejercer su derecho a ser turista.
Aunque el comisario Tajani exagera cuando dice que el turismo es un derecho, s铆 que es cierto que el art铆culo 24 de la Declaraci贸n Universal establece que “toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitaci贸n razonable de la duraci贸n del trabajo y a vacaciones peri贸dicas pagadas”. Pero claro, una cosa es tener derecho a hacer vacaciones y otra cosa muy distinta que el Estado tenga que pagar viajes tur铆sticos. Para argumentar que es el Estado el que debe financiarlos, no basta con decir que hacen feliz a quien los disfruta. Al fin y al cabo, los carajillos, los helados de vainilla o el sexo tambi茅n dan placer a sus usuarios y no parece razonable que eso se financie con cargo al contribuyente.
Los economistas dicen que el Estado s贸lo debe subsidiar actividades que comporten alg煤n tipo de externalidad positiva: si la actividad que yo practico me beneficia s贸lo a m铆, entonces yo y s贸lo yo debo costearla.
Si, por el contrario, mi actividad beneficia tambi茅n a terceras personas, entonces el Estado debe sufragarla. Llegados aqu铆, uno debe preguntarse si existen externalidades en los viajes vacacionales. Pues a simple vista s铆鈥 pero todas parecen negativas: los turistas destruyen y ensucian los parajes que visitan, los viajeros colapsan pueblos y ciudades tur铆sticos, congestionan carreteras, puertos y aeropuertos y los sistemas de transporte tienden a contaminar. Y cuidado porque la teor铆a econ贸mica dice que cuando las externalidades del turismo son negativas, el Gobierno no debe subsidiar sino al contrario: debe gravar con impuestos esas actividades para desincentivarlas. Bajo ese prisma, pues, la propuesta de la UE parece una mala idea.
Pero sigamos buscando. El psic贸logo y premio Nobel de Econom铆a Daniel Kahneman dice que hay dos tipos de felicidad: la de la experiencia y la de la memoria. La primera es la que tenemos en el momento en que tienen lugar las sensaciones. La segunda es la que sentimos al recordarlo. La pregunta es: 驴hacemos vacaciones para sentir sensaciones agradables o para fabricar recuerdos que nos hagan felices una vez terminadas? Supongo que cada uno de nosotros es distinto, pero para ver qu茅 tipo de vacaciones quieren ustedes, intenten responder a la pregunta: si usted no pudiera llevarse ninguna c谩mara digital ni de v铆deo, 驴cambiar铆a el tipo de vacaciones que hace? Si le dijeran que usted no recordar谩 ni un solo momento de su viaje, 驴seguir铆a planeando ir a Nueva York o Egipto o preferir铆a quedarse en casa comiendo y bebiendo bien? Los estudios demuestran que si no pudi茅ramos grabarlos en nuestra memoria o hacer fotos, muchos de nosotros querr铆amos unas vacaciones distintas. Es decir, que hacemos de turistas para fabricar memorias y 谩lbumes de fotos para compartir. Si es as铆, existe una externalidad ya que eso afecta a quien no ha viajado. El problema es que 隆no est谩 claro que le afecte positivamente! Al fin y al cabo, todos tenemos amigos plastas que nos han ense帽ado inacabables 谩lbumes de fotos. El Gobierno deber铆a intervenir, pero no para subsidiar a los viajeros, sino para evitar a sus sufridos amigos las insoportables sesiones de fotos vacacionales.
Otra consecuencia de las vacaciones de verano son los divorcios: gran parte de las tramitaciones de separaci贸n empiezan despu茅s de las vacaciones. Hay estudios que dicen que la gente casada es m谩s feliz que la separada por lo que, si destruyen matrimonios, las vacaciones generan infelicidad y externalidades negativas. La pregunta es: 驴por qu茅 la gente se separa despu茅s de las vacaciones? Supongo que porque muchas familias que durante el a帽o s贸lo se ven a la hora de comer durante el periodo vacacional se ven obligadas a compartir todo el d铆a, y eso hace aflorar los conflictos latentes. De alguna manera, la mujer ya sabe que al marido le encanta disparar flatulencias a la hora de la siesta, pero como durante el a帽o ella no lo ve (seguramente porque ella pasa la tarde con su amante), puede ignorar un problema que se manifiesta con toda su magnitud durante el verano. En este sentido, las vacaciones no crean problemas conyugales, sino que hace visibles los que ya exist铆an. Seguimos sin ver externalidades positivas.
Y si no hay externalidades, 驴por qu茅 quiere la UE subsidiar los viajes de verano? La verdad, no lo s茅鈥 Pero la propia propuesta del comisario Tajani nos da una pista: “El subsidio s贸lo ser谩 v谩lido si鈥 隆el viaje se realiza en Europa!”. 隆Claro! 驴C贸mo no? No hace falta buscar razonamientos cient铆ficos ni apelar a la l贸gica econ贸mica: como casi todas las pol铆ticas llevadas a cabo en el seno de la UE, el “derecho de los europeos a viajar” es un disfraz ret贸rico para camuflar concesiones econ贸micas al poderoso lobby tur铆stico. Lo que quiere el comisario del ramo no es otra cosa que dar negocio a hoteles y transportes con cargo al contribuyente. Fin del dilema. Y ahora鈥 me voy de vacaciones.
Xavier Sala i Mart铆n, Columbia University, UPF y Fundaci贸 Umbele. www.salaimartin.com
Espa帽osaurios, de Xavier Sala i Mart铆n en La Vanguardia
S谩bado 10 de julio, gran manifestaci贸n de protesta por la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatut con gritos mayoritarios a favor de la independencia. Domingo 11 de julio, s贸lo 24 horas despu茅s, multitud de catalanes celebran la victoria de Espa帽a sobre Holanda en la final del Mundial de Sud谩frica. 驴Independentistas que apoyan a la selecci贸n espa帽ola? 隆Los catalanes deben de ser esquizofr茅nicos!
La demencia colectiva es, ciertamente, una interpretaci贸n de lo acaecido el pasado fin de semana. Pero no es la 煤nica. Ni siquiera es la m谩s razonable. Al fin y al cabo, s贸lo un loco puede pensar que cientos de miles de ciudadanos han enloquecido simult谩neamente. Hay que buscar explicaciones alternativas. Ah铆 va la m铆a: todo el mundo sabe que en la selecci贸n espa帽ola que compiti贸 en Sud谩frica predominaban los jugadores del Bar莽a, se jugaba con el estilo del Bar莽a y se usaba la mec谩nica memorizada y la estrategia del Bar莽a. El director de orquesta era del Bar莽a. La seguridad defensiva era del Bar莽a. El control del centro del campo era del Bar莽a. Los goles (隆todos los goles!) fueron marcados por jugadores del Bar莽a. Los medios de comunicaci贸n y los espa帽oles en general hablaban con respeto de los jugadores del Bar莽a: los alababan cuando se lo merec铆an, les agradec铆an su buen trabajo, su entrega, su talento y sus conocimientos adquiridos en la Ciutat Esportiva. Incluso aplaudieron a rabiar a Tito Vilanova por dise帽ar la jugada del c贸rner que Puyol cabece贸 a la red alemana en la semifinal. Vicente del Bosque, ex jugador del Madrid con un comportamiento exquisitamente caballeroso, nunca ocult贸 que el estilo de Espa帽a era el que se ve铆a cada domingo en el Camp Nou y expres贸 repetidamente su gratitud al Bar莽a.
Yo mismo fui testigo de ese sentimiento de respeto y agradecimiento cuando el d铆a antes de la final hasta tres personas an贸nimas que me reconocieron por las calles de Madrid me pararon, me felicitaron yme pidieron que diera las gracias al presidente Joan Laporta por haber construido el gran equipo que fue la base de la selecci贸n que acab贸 ganando el Mundial.
驴Por qu茅 les explico todo esto? Pues porque pienso que muchos catalanes estar铆an dispuestos a aceptar a Espa帽a si 茅sta fuera el reflejo de la selecci贸n del 2010: una Espa帽a donde la gente de Catalunya fuera tratada con respeto institucional, con deferencia ciudadana, con buena educaci贸n y, cuando se lo mereciera (como en el caso del esfuerzo fiscal), con agradecimiento. De hecho, mirando hacia atr谩s, supongo que esa buena sinton铆a y ese respeto hacia el Bar莽a que rein贸 en la selecci贸n espa帽ola durante el Mundial es la sinton铆a y el respeto hacia Catalunya con los que personas como Jordi Pujol so帽aron durante d茅cadas. El clima de la selecci贸n se parec铆a al clima de cordialidad entre nacionalidades que hab铆a durante los primeros a帽os de la transici贸n, clima que llev贸 a muchos a creer que el encaje de Catalunya en Espa帽a era posible y era deseable.
Pero, de repente, todo cambi贸: con la mayor铆a absoluta y ya sin necesidad de pactos del Majestic, el PP de Jos茅 Mar铆a Aznar se transform贸 en un desp贸tico partido nacionalista y empez贸 una cacer铆a de brujas catalanas en la que todo parec铆a valer para ganar votos: mentiras sobre supuestas persecuciones ling眉铆sticas, boicots econ贸micos, insultos a la inteligencia de la poblaci贸n, desprecio y menosprecio a los l铆deres pol铆ticos catalanes, falta de respeto por las decisiones tomadas por el pueblo de Catalunya, bilis, fomento del odio y utilizaci贸n arrojadiza de la constituci贸n. Todo esto, alimentado por una pandilla de diplodocus intelectuales y vuvucel贸podos medi谩ticos, acab贸 por contagiar esa mentalidad jur谩sica a una izquierda cuyo tradicional anticatalanismo estaba aletargado desde la muerte del dictador. Los ataques a las leg铆timas aspiraciones de autogobierno de Catalunya empezaron a venir, pues, de los cuatro costados. Y as铆 se lleg贸 a la famosa sentencia con la que un desacreditado tribunal repleto de jueces caducados, recusados y muertos declar贸 que lo que hab铆a pedido el pueblo catal谩n en un refer茅ndum, que hab铆a aprobado el Parlament de Catalunya y las Cortes espa帽olas y que hab铆a firmado Su Majestad el Rey no era constitucional (por cierto, vaya papeleta la de Su Majestad, firmando documentos ilegales). El sue帽o del encaje de Jordi Pujol se iba desvaneciendo y el espejismo de la transici贸n estaba dando lugar a esa realidad des茅rtica, inh贸spita e insoportable para una gran parte de la ciudadan铆a de Catalunya. Aquel marido con el que se hab铆a casado a rega帽adientes hac铆a treinta a帽os se hab铆a convertido en un ogro salvaje que coartaba su libertad. El matrimonio era ya demasiado inc贸modo para hacerla feliz鈥 y, por primera vez, el divorcio aparec铆a como la 煤nica salida para una mayor铆a. De ah铆 las proclamas de independencia durante la manifestaci贸n.
Dec铆a Ramon Trias Fargas que Catalunya no ser铆a independiente hasta que no se la obligara. La masiva protesta del s谩bado no refleja esquizofrenia en los catalanes. M谩s bien demuestra que una Espa帽a en la encrucijada est谩 obligada a tomar una decisi贸n: si quiere que el matrimonio sobreviva, debe aplicar el esp铆ritu de la selecci贸n campeona del mundo al resto de la sociedad, la pol铆tica y los medios de comunicaci贸n. Si, por otro lado, a Espa帽a no le importa que se cumpla el sue帽o de Trias Fargas, s贸lo tiene que dejar que sus pol铆ticos y sus medios sigan empujando a Catalunya hacia la independencia a base de comportarse como aut茅nticos espa帽osaurios.
XAVIER SALA I MART脥N, Columbia University y Fundaci贸 Umbele. www.salaimartin.com
Crisis (21): 驴optimismo?, de Xavier Sala i Mart铆n en La Vanguardia
La evoluci贸n de la situaci贸n fiscal espa帽ola en los 煤ltimos a帽os es simplemente espectacular. Hasta el 2007, los ingresos (b谩sicamente, la recaudaci贸n de los impuestos) eran superiores a los gastos, por lo que el Estado ten铆a un super谩vit de 20.000 millones de euros. La crisis hizo que, a partir del 2008, la recaudaci贸n fiscal cayera en picado y los gastos se dispararan. La consecuencia fue que, en menos de dos a帽os, el Estado ha pasado del super谩vit a tener un d茅ficit catastr贸fico de casi 100.000 millones. Digo catastr贸fico porque, cuando uno gasta m谩s de lo que ingresa debe pedir prestado.
Y uno tiene un problema cuando el pr茅stamo es de 100.000 y sus ingresos son s贸lo de 100.000. Eso supone un grand铆simo riesgo de impago que los acreedores ven con pavor.
Esa es la situaci贸n de Espa帽a hoy.
La pregunta es: 驴por qu茅 se dispar贸 el gasto y por qu茅 cayeron los ingresos? Veamos. El gasto p煤blico ha aumentado por dos razones. La primera es que la crisis ha hecho que hasta 4,6 millones de ciudadanos est茅n desocupados y la factura de sus prestaciones sube a m谩s de 40.000 millones de euros. El problema es que la regulaci贸n laboral es tan r铆gida que, a una empresa que ve reducidas sus ventas, le es dif铆cil disminuir costes rebajando salarios o despidiendo a unos pocos trabajadores. Eso la obliga a incurrir en p茅rdidas que pueden llevarla a la quiebra. Cuando eso ocurre, no se pierden unos pocos, sino todos los puestos de trabajo, y el Estado carga con los costes de ese desempleo. Unas 300.000 empresas han tenido que cerrar desde que empez贸 la crisis. Claramente la regulaci贸n actual es perjudicial y hay que flexibilizarla introduciendo contratos que, sin dejar de proteger a los empleados, no desincentiven la ocupaci贸n de los desempleados.
La segunda causa es que en el 2008 el Gobierno aplic贸 las recetas anticuadas de Keynes (v茅ase “Crisis (20)” del 17/ V/ 2010). Todo ese gasto in煤til obviamente no ha servido para salir de la crisis y s铆, en cambio, ha contribuido al estratosf茅rico d茅ficit p煤blico. Hay que hacer marcha atr谩s. Para ello, el Gobierno ya aprob贸 recortes que incluyen la reducci贸n salarial a los funcionarios, pero hay que ir m谩s all谩: hay que adelgazar, flexibilizar y modernizar el Estado. El otro d铆a, Mariona Puig Sol茅 (una ex estudiante de la UPF a la que me gustar铆a dar cr茅dito por la idea) me dijo algo interesante: en lugar de mirar lo que podemos recortar, 驴por qu茅 no preguntamos qu茅 partidas introducir铆amos si construy茅ramos el Estado desde cero? 隆Bingo, Mariona! Una idea brillante, porque hay infinidad de gastos obsoletos e innecesarios que se han mantenido por inercia. S贸lo un ejemplo: en el siglo XXI la gente se comunica por e-mail o SMS y no por carta, los documentos oficiales se transmiten por burofax, en lugar de enviar postales colgamos fotos en Facebook y los paquetes urgentes se env铆an por mensajer铆a privada. En este mundo de hoy: 驴realmente necesitamos una empresa de correos p煤blica? Pues eso… Y como he dicho que s贸lo dar铆a un ejemplo no voy a hablar de ministerios in煤tiles.
En cuanto a los ingresos, tambi茅n hay dos causas que explican su desplome. Por un lado, la crisis ha hecho que la actividad econ贸mica se reduzca y que hayan ca铆do la recaudaci贸n del IRPF y el IVA entre un 30% y un 40%. F铆jense en que eso ha sucedido sin que los tipos impositivos se hayan movido ni un mil铆metro. Para que la recaudaci贸n del IRPF e IVA vuelva a sus niveles de precrisis, no se pueden subir los impuestos un 30% o 40%, ya que eso hundir铆a la econom铆a en la miseria. Lo que hay que conseguir es que la renta y el valor a帽adido vuelvan a crecer y recuperen los niveles del 2006. Para fomentar el crecimiento, no s贸lo los tipos impositivos no deben subir (y recuerden que el IVA subir谩 dos puntos dentro de dos semanas), sino que hay que llevar a cabo otras transformaciones estructurales como un sistema educativo que prepare mejor a los trabajadores, un sistema financiero que dedique menos recursos al sector inmobiliario y m谩s a empresas productivas y un marco regulador menos ofuscado por la moda ecosostenible y m谩s interesado en la competitividad.
El segundo factor que explica la reducci贸n dram谩tica de los ingresos del Estado es la evasi贸n fiscal: una reducci贸n de la actividad econ贸mica de un 5% no puede ir acompa帽ada de una ca铆da de la recaudaci贸n fiscal de entre el 30% y el 40% sin que muchos ciudadanos hayan decidido no pagar sus impuestos. Es obligaci贸n del Gobierno perseguir esas pr谩cticas y eliminar la econom铆a sumergida.
Dicho esto, 驴en qu茅 punto est谩 Espa帽a? Pues todav铆a lejos de solucionar todos los problemas pero mucho m谩s cerca que hace unas semanas: despu茅s de dos a帽os rezando a la Virgen Mar铆a para que la crisis acabara por s铆 sola y anunciando falsos “brotes verdes”, parece que por fin el Ejecutivo y el pa铆s en general se han dado cuenta de que hay que ponerse las pilas. Ya se ha reducido el gasto y se est谩 tramitando una (t铆mida) reforma del mercado laboral cuyos detalles finales no conozco en el momento de escribir este art铆culo. Y eso est谩 muy bien. Pero hay que ir m谩s all谩. Gobierno y oposici贸n deben unirse y aprovechar la sensaci贸n generalizada de que es la hora de hacer los deberes para hacerlos y hacerlos de verdad. Si no lo consiguen, Espa帽a se parecer谩 cada vez m谩s a ese Jap贸n que ha estado en crisis durante 20 a帽os. Y si lo hacen, podremos, por primera vez desde que estall贸 la tormenta perfecta, ver la situaci贸n econ贸mica con un poco de… 驴optimismo?
XAVIER SALA i MART脥N, Columbia University, UPF y Fundaci贸 Umbele. www.salaimartin.com
Crisis (20): ideas equivocadas, de Xavier Sala i Mart铆n en La Vanguardia
Finalmente, “alguien con poder”聽 ha obligado al presidente del Gobierno espa帽ol a ponerse las pilas. De entrada, hay que aplaudir la decisi贸n de Jos茅 Luis Rodr铆guez de reducir el gasto p煤blico, aunque lo haya hecho por obligaci贸n y a rega帽adientes, porque mantener un d茅ficit fiscal del tama帽o del espa帽ol es irresponsable y peligroso. Hace meses que en estas p谩ginas dije que, en lugar de arreglar los problemas de fondo, se estaban generando “desequilibrios p煤blicos” para paliar los “desequilibrios privados” originales y eso no era bueno. A continuaci贸n, hay que condenar la actitud populista de Mariano Rajoy, repentinamente convertido en un pat茅tico Robin Hood defensor de pobres y jubilados, dispuesto a boicotear una medida que, si no fuera por su descarado electoralismo, tambi茅n 茅l aplaudir铆a.
Por favor, que ese “alguien con poder” le llame tambi茅n a 茅l y le tire de las orejas a ver si, por una vez, los partidos dejan sus intereses particulares y miran por el bien com煤n.
Hace tiempo que la mayor铆a de los analistas imparciales acusan a ZP de ser la causa de todos los males. Se equivocan. El culpable es John Maynard Keynes: alguien explic贸 al Gobierno de Espa帽a tres de sus teor铆as colosalmente equivocadas y Zapatero se las crey贸.
En primer lugar est谩 aquello de que “en el largo plazo estamos todos muertos” para justificar el d茅ficit p煤blico desmesurado en 茅pocas de crisis. S铆, dec铆a Keynes, es verdad que a la larga la deuda p煤blica se tiene que pagar, pero eso no importa porque para entonces ya no estaremos. Como ya expliqu茅 en “Crisis (16)” (17/ XII/ 2009), a veces el largo plazo llega muy pronto y los prestamistas te exigen que devuelvas el cr茅dito. Y entonces t煤 no puedes adoptar esa actitud arrogante de decir que “no crees en los mercados” o que “las decisiones pol铆ticas nunca pueden estar supeditadas a las exigencias del mercado”. Eso s贸lo lo puedes hacer si haces los deberes y no necesitas acudir a los mercados para que te presten dinero para financiar tu dispendio. Y, por m谩s que reniegues de ellos, cuando los acreedores ven que est谩s gastando tanto y est谩s ingresando tan poco que te va a resultar dif铆cil devolver el dinero, te dicen que s贸lo te prestan a intereses superiores. Eso encarece tu cr茅dito y, o bien aceptas sus condiciones de reducir el d茅ficit poco a poco durante unos a帽os, o bien dejas de pedir prestado y lo reduces de golpe. Esa es la situaci贸n en la que se encuentra Espa帽a hoy.
El segundo error tr谩gico de Keynes es aquello de los animal spirits:los empresarios no toman decisiones de manera racional, sino que se ven impulsados por unos “instintos animales”. La realidad, dec铆a el insigne economista ingl茅s, no importa tanto como su percepci贸n de la realidad. De este modo, si uno consigue crear un ambiente optimista, los empresarios van a invertir y nos van sacar de la crisis. Y con esa teor铆a bajo el brazo, el presidente Rodr铆guez y sus equipos ministeriales se han pasado meses siendo falsamente optimistas, negando la evidencia, minimizando las malas noticias y magnificando las buenas y boicoteando a todos los analistas (nacionales y extranjeros) que hablaban mal de la econom铆a espa帽ola. Pero, claro, la verdad es otra: los empresarios no son tontos y observan la realidad. Y cuando la realidad contradice la versi贸n oficial del l铆der, lo que cambia no es la percepci贸n de la realidad, sino la percepci贸n del l铆der, que pierde toda su credibilidad. Es m谩s, cuando despu茅s de jurar mil veces que uno no reducir谩 el gasto social, va uno y lo reduce, todo el mundo entiende que la cosa est谩 mucho peor de lo que se esperaba. Eso hace cundir el p谩nico, hunde las bolsas y aumenta la prima de riesgo que se debe pagar para pedir prestado. Es lo que pas贸 la semana pasada.
La tercera falacia nefasta del keynesianismo es la creencia de que en el mercado s贸lo hay demanda: si se consigue sustituir la ca铆da de la demanda privada por demanda p煤blica, los problemas econ贸micos se arreglan. La realidad, sin embargo, es que el mercado tiene otro lado, la oferta, e ignorarla hace que uno intente salir de la crisis olvidando tomar medidas que permitan a empresas y trabajadores producir y crecer m谩s. Es decir, ignorando la 隆productividad! Recordemos que el d茅ficit actual se debe en partes iguales al aumento del dispendio p煤blico y a la ca铆da de la recaudaci贸n fruto de la reducci贸n en la actividad econ贸mica: s贸lo cuando esta se recupere – y eso suceder谩 cuando las empresas vuelvan a producir-la recaudaci贸n fiscal volver谩 a su nivel normal. Las medidas de ahorro adoptadas la semana pasada deber铆an ir acompa帽adas de medidas de fomento a la competitividad. Para ello hay que conseguir que los trabajadores sean m谩s productivos y para ello hay que reformar el sistema educativo para que los estudiantes que se grad煤an sean m谩s emprendedores, m谩s flexibles y m谩s imaginativos. Hay que reformar el sistema financiero para que se financie a las nuevas empresas innovadoras. Hay que cambiar el entorno regulador que ahoga la iniciativa empresarial. Hay que reformar la justicia para mejorar la seguridad legal de los que hacen negocios ante el fraude y los impagos. Hay que reformar la funci贸n p煤blica para hacer un Estado m谩s delgado, menos redundante y m谩s eficiente. Hay que reestructurar el mercado laboral para que, sin dejar de proteger al trabajador, no se impida la creaci贸n de empleo. Pero, sobre todo, lo que hay que hacer es dejar de seguir ciegamente los postulados de Keynes y toda su constelaci贸n de ideas equivocadas.
XAVIER SALA I MART脥N, Columbia University, UPF y Fundaci贸 Umbele.
Crisis (19): el tsunami que viene, de Xavier Sala i Mart铆n en La Vanguardia
Han notado ustedes la cantidad extravagante de sucursales de bancos y cajas que hay en nuestras ciudades? No tengo los n煤meros exactos, pero comparando a simple vista con los pa铆ses en los que he vivido, me da la sensaci贸n de que aqu铆 sobran oficinas bancarias. De hecho, no s贸lo es una sensaci贸n visual, sino que el proceso de fusiones que estamos viviendo confirma que durante las 煤ltimas d茅cadas ha habido una explosi贸n de oficinas financieras dif铆cilmente justificable desde la racionalidad econ贸mica. Y ahora toca deshacer los excesos del pasado.
Aunque parezca mentira, los bancos y cajas espa帽oles tambi茅n se han dejado llevar por la mentalidad de burbuja que obnubil贸 la mente de tantos ciudadanos de a pie que llegaron a creer que los precios de las viviendas siempre seguir铆an subiendo. Ese falso dogma les llev贸 a comprar residencias pensando que eran una inversi贸n segura. Pues la misma creencia llev贸 a los expertos de bancos y cajas a pensar que el sector inmobiliario era una especie de gallina de los huevos de oro en la que ten铆an que invertir, por eso prestaron todo lo que pudieron a promotores y constructores. Y el negocio funcion贸 de manera casi milagrosa durante mucho tiempo. De hecho, funcion贸 tan bien que bancos y cajas se expandieron m谩s de lo que conven铆a e instalaron sucursales hasta el punto de que uno tiene la sensaci贸n de que en su ciudad hay m谩s cajas que bares…, y eso que de bares no anda corta.
El problema es que en econom铆a no existen los milagros y a todo cerdo le llega su sanmart铆n (que no su Sala i Mart铆n): los precios dejaron de subir, las familias vieron que la inversi贸n inmobiliaria no era tan infalible como se les hab铆a prometido, dejaron de comprar viviendas, las constructoras y las promotoras se arruinaron y no pudieron devolver el dinero prestado. Los bancos y las cajas se tuvieron que quedar todo tipo de solares, parcelas, edificios e inmuebles a medio construir. Para recuperar el dinero, el sector financiero va a tener que gestionar y vender todo este patrimonio, y nadie sabe exactamente cu谩nto va a recobrar. Lo que est谩 claro es que sus p茅rdidas ser谩n importantes. Tan importantes, que van a obligar a m谩s de uno y a m谩s de dos a cerrar las puertas. El sistema financiero espa帽ol, pues, tiene un problema importante.
Lo embarazoso del caso es que, aun siendo importante, todo eso que les explico no es lo m谩s grave: 隆lo m谩s grave est谩 todav铆a por llegar! S铆, s铆. De cara a los pr贸ximos meses, los bancos y cajas espa帽oles se enfrentan a cuatro problemas muy pero que muy serios. El primero es que el negocio bancario es hoy mucho m谩s peque帽o de lo que era y lo va a seguir siendo durante bastante tiempo: centenares de miles de empresas familiares (que tradicionalmente viven del cr茅dito bancario) est谩n desapareciendo, la construcci贸n (que hab铆a concentrado la parte m谩s importante del negocio bancario) no es lo que era y no volver谩 a serlo en muchos a帽os, los tipos de inter茅s son bajos, los m谩rgenes con los que operan los bancos son cada d铆a menores y, finalmente, las tasas de crecimiento econ贸mico son y van a seguir siendo mucho m谩s peque帽as que antes, por lo que menos gente se va a atrever a pedir prestado. Todo esto hace que el negocio bancario para repartir entre los que hasta ahora jugaban la partida se ha reducido, y no todos podr谩n sobrevivir. Todo eso se agrava por el ya mencionado fen贸meno del exceso de sucursales, exceso que es incompatible con un negocio agregado mucho m谩s reducido. Las fusiones y la progresiva eliminaci贸n de oficinas y empleados son inevitables.
El segundo gran problema es la nueva regulaci贸n. La idea de que la crisis ha sido causada por la falta de regulaci贸n financiera ha cuajado entre los pol铆ticos de todo el mundo y eso les est谩 llevando a introducir una nueva regulaci贸n (a la que llaman Basilea III) que, entre otras cosas, va a endurecer las condiciones en las que operan: con toda probabilidad se van a reducir los pr茅stamos que bancos y cajas pueden conceder por cada euro de capital, cosa que va a reducir obligatoriamente su volumen total de negocio.
El tercer problema es que ya hace 18 meses que comenz贸 la crisis. Eso quiere decir que las prestaciones de desempleo de los primeros trabajadores que perdieron su trabajo est谩n empezando a expirar. Esa primera oleada de parados est谩 dejando de pagar su hipoteca y contribuyendo a aumentar las tasas de morosidad. El nuevo stock de viviendas en manos de entidades financieras se suma al que dejaron las empresas promotoras y constructoras en la primera fase de la recesi贸n. Este hecho es m谩s grave de lo que parece, ya que ni bancos ni cajas son especialistas en gesti贸n de patrimonio inmobiliario, por lo que sus p茅rdidas son potencialmente cuantiosas.
El 煤ltimo problema, y yo dir铆a que el m谩s significativo e importante, es que la crisis financiera ha dejado una gran huella grabada en la mente de bancos y cajas: 隆el miedo! El ADN de las entidades financieras ha mutado y han pasado de la alegr铆a prestamista de los tiempos de la burbuja al actual p谩nico a perder dinero en cualquier operaci贸n. Esa nueva y profunda aversi贸n al riesgo es muy perniciosa para unas empresas que viven, precisamente, de prestar dinero: sin pr茅stamos no hay negocio y sin negocio no se puede sobrevivir.
El sector financiero espa帽ol ha salido relativamente ileso de la primera oleada de la crisis causada por la quiebra de promotoras inmobiliarias y constructoras. En los pr贸ximos meses veremos qu茅 capacidad de resistencia tiene… ante el tsunami que viene.
XAVIER SALA I MART脥N, Columbia University, UPF y Fundaci贸 Umbele.
La locura de cada verano, de Xavier Sala i Mart铆n en La Vanguardia
En 1784, el entonces embajador de Estados Unidos en Par铆s, Benjamin Franklin, observ贸 que durante el verano, los franceses dorm铆an por la ma帽ana cuando el sol ya hab铆a salido y que, por la tarde, ten铆an que encender velas y l谩mparas para iluminar sus casas. Eso comportaba un absurdo gasto que pod铆an evitar si cambiaban los relojes una hora. Como todav铆a no exist铆a la “hora oficial”, el inventor americano propuso que, al cantar el gallo, se dispararan salvas de ca帽ones para despertar a los dormilones. Tambi茅n recomend贸 un impuesto a las ventas de persianas para desincentivar su uso y evitar que la gente siguiera durmiendo una vez salido el sol. As铆 naci贸 la idea del “horario de verano”. Los franceses no implementaron las recomendaciones de Franklin y el despilfarro de velas y cera prosigui贸 durante ciento cincuenta a帽os.
Un siglo despu茅s, el constructor ingl茅s y aficionado al golf William Willet observ贸 que la tarde veraniega se acababa a medio partido, por lo que propuso retrasar la hora para poder disfrutar de m谩s horas de luz al atardecer. De nuevo, la idea fue ignorada por las autoridades.
No fue hasta la Primera Guerra Mundial que los alemanes implementaron el primer “horario de verano” con el argumento benjaminfrankliniano de ahorrar energ铆a. Y es que eran tiempos de guerra y se hac铆a necesario canalizar el carb贸n hacia actividades b茅licas. Unos 30 pa铆ses imitaron al gigante alem谩n…, pero todos abandonaron la idea una vez finalizado el conflicto, en 1918. El experimento fue repetido por 52 naciones durante la Segunda Guerra Mundial, pero, de nuevo, los horarios volvieron a la normalidad una vez acabada la contienda.
El horario de verano en tiempo de paz no surgi贸 hasta los a帽os setenta con la crisis del petr贸leo y la consiguiente concienciaci贸n energ茅tica. Desde entonces, la mayor铆a de los pa铆ses del mundo lo ha adoptado con el viejo argumento de Franklin: si la gente duerme cuando hay sol y sigue despierta cuando ya se ha puesto, se gasta energ铆a lum铆nica innecesariamente.
Les confieso que, aunque cada vez que cambiamos la hora me pregunto si realmente vale la pena, la verdad es que la curiosidad se desvanece al cabo de unos d铆as. El cambio de esta primavera ha sido distinto y he decidido leer sobre el tema y he descubierto tres cosas interesantes. La primera es que, sorprendentemente, hay muy pocos estudios serios que estimen los efectos econ贸micos del cambio de hora. Resulta extra帽o que una decisi贸n que afecta a tanta gente y que adoptan tantos pa铆ses del mundo est茅 tan poco estudiada.
La segunda es que los pocos estudios que hay demuestran que los efectos son contradictorios y min煤sculos. Unos demuestran que el ahorro energ茅tico existe y otros demuestran que no. Pero en cualquier caso los efectos son siempre peque帽os y dif铆ciles de cuantificar.
La tercera conclusi贸n es que, una vez m谩s, los pol铆ticos que toman decisiones no se dan cuenta de que el mundo cambia y ellos no. Me explico. El estudio m谩s serio que he encontrado (recomendado por Joan Oliver, una de las mentes m谩s prodigiosas que conozco) es el que hicieron en el 2008 los investigadores Matthew Kotchen y Laura Grant, de la Universidad de California en Santa B谩rbara. Digo que es el m谩s serio porque, para estudiar el impacto del horario de verano, se tiene que comparar el consumo energ茅tico cuando se aplica el horario con el consumo que hubiese habido si el cambio no se hubiera aplicado. El problema es que es muy dif铆cil saber cu谩nta energ铆a se hubiera gastado sin el cambio porque el cambio ha existido. La belleza del estudio de Kotchen y Grant es que aprovechan el hecho de que en el 2006 el estado de Indiana dej贸 libertad a cada uno de sus condados para aplicar el cambio de horario. Dado que los condados son peque帽os (del tama帽o de las comarcas catalanas), son muy parecidos clim谩ticamente y est谩n muy cerca unos de otros, se pudieron comparar las facturas el茅ctricas de los ciudadanos que viv铆an en los condados que cambiaron la hora con las de los que viv铆an en condados que no lo hab铆an hecho, y los resultados fueron sorprendentes: 隆el cambio de hora no s贸lo no conlleva un ahorro, sino que comporta un mayor (repito, 隆mayor!) uso de energ铆a!
驴C贸mo? 驴El gran Benjamin Franklin estaba equivocado y el horario de verano no ahorra energ铆a? Pues no y s铆. El t铆o Ben no estaba equivocado, ya que el horario de verano hubiera ahorrado energ铆a en forma de velas… en 1784. Lo que pasa es que en el 2010 eso ya no es verdad. Y es que en la actualidad la mayor parte del gasto energ茅tico de las familias no proviene de la iluminaci贸n, sino de la calefacci贸n y refrigeraci贸n. En particular, durante el verano la gente utiliza m谩s el aire acondicionado por las tardes que por las ma帽anas, por lo que el horario de verano comporta un mayor uso de energ铆a de refrigeraci贸n. Da la casualidad de que el mayor uso energ茅tico de aire acondicionado es superior al ahorro lum铆nico del que hablaba Franklin, por lo que el efecto total es un mayor dispendio energ茅tico.
Tenemos, pues, que la mayor铆a de los pa铆ses sigue practicando una idea anticuada para ahorrar energ铆a sin darse cuenta de que el mundo ha evolucionado y eso nos puede estar costando mucho dinero. Ahora bien, si bien es cierto que el horario de verano carece de sentido desde el punto de vista econ贸mico, sigue siendo cierto que, como dijo William Willet, es 煤til para jugar a golf. Tengo curiosidad por saber si el conseller Saura y los dem谩s cambio climat贸logos defender铆an la teor铆a del golf para justificar que sigan llevando a cabo la locura de cada verano.
XAVIER SALA I MART脥N, Columbia University, Fundaci贸 Umbele y UPF.
Crisis (18): neoluddismo, de Xavier Sala i Mart铆n en La Vanguardia
Nottingham, Inglaterra, 11 de marzo de 1811. Son los albores de la revoluci贸n industrial y las empresas del textil est谩n adoptando una nueva tecnolog铆a de tejido. Miles de artesanos entran en las f谩bricas y destruyen las nuevas tejedoras. Las manifestaciones se generalizan por todo el pa铆s en lo que se da en llamar “movimiento luddita” (llamado as铆 porque aseguran estar liderados por un tal Ned Ludd a quien, todo sea dicho de paso, nadie ha visto jam谩s). El rey ingl茅s, temiendo una revoluci贸n parecida a la que acab贸 guillotinando a sus aristocr谩ticos colegas franceses, env铆a 35.000 soldados a Nottingham. Las batallas campales se saldan con cientos de trabajadores ejecutados o desterrados a Australia. El movimiento luddita desaparece tr谩gicamente.
A ra铆z de la crisis econ贸mica actual, sin embargo, una especie de neoluddismo parece haber reaparecido con fuerza, pero no entre los ignorantes artesanos del siglo XIX que defend铆an sus puestos de trabajo, sino entre economistas serios del siglo XXI. Los intelectuales dicen que la modernizaci贸n y el cambio tecnol贸gico hacen que las m谩quinas produzcan lo que antes hac铆an los trabajadores y eso genera desempleo cr贸nico. El luddismo del siglo XIX era comprensible porque defend铆a sus puestos de trabajo. El del siglo XXI carece de sentido porque se basa en una falacia econ贸mica.
Me explicar茅 con un ejemplo: imaginemos un pa铆s con 6 millones de trabajadores que s贸lo produce dos bienes, pan y tomate (resulta que a los ciudadanos les encanta comer las dos cosas juntas ya que han inventado el “pan con tomate”). Las empresas panaderas emplean a 3 millones de trabajadores, cada uno de los cuales produce una barra cada d铆a. Las tomateras emplean a los otros 3 millones de trabajadores y cada uno produce un tomate diario. Total, cada d铆a se producen 3 millones de panes y 3 millones de tomates. Hasta aqu铆 todo es sencillo.
Imaginemos ahora que al sector pan llega una m谩quina que permite a cada trabajador producir no una sino dos barras al d铆a. La productividad de los trabajadores se dobla y eso es fant谩stico, 驴no? Pues no: un catedr谩tico neoluddita explica que, dado que el sector tomate no ha mejorado y seguir谩 produciendo s贸lo 3 millones de tomates al d铆a y dado que, con la nueva tecnolog铆a, el sector pan puede producir los 3 millones de panes con la mitad de trabajadores, los empresarios despedir谩n a la mitad de sus empleados. Es decir, el progreso tecnol贸gico habr谩 destruido 1,5 millones de puestos de trabajo y el paro subir谩 hasta el 25%. 隆La innovaci贸n es una tragedia!
Todo esto ser铆a correcto si no fuera por el hecho de que es incorrecto. Y es que el catedr谩tico deber铆a saber que, en un mundo donde los ciudadanos se buscan la vida, aparecer谩n emprendedores que ver谩n una buena oportunidad de negocio: si crean nuevas empresas de tomate que contraten a un mill贸n de trabajadores y crean nuevas empresas de pan que contraten al medio mill贸n restante, podr谩n producir y vender en total un mill贸n adicional de unidades de pan con tomate y el paro desaparecer谩. El progreso tecnol贸gico, pues, no habr谩 generado desempleo sino que la producci贸n (el PIB) habr谩 aumentado en un鈥 隆33%! Los neoludditas, pues, caen en la “falacia de la composici贸n” que dice que lo que es verdad en un sector, tambi茅n lo es para la econom铆a en su conjunto. En realidad, aunque es cierto que el sector del pan pierde empleo en primera instancia, una vez producidos los ajustes, la macroeconom铆a no pierde empleo sino que gana riqueza.
Naturalmente, el ejemplo es muy sencillo y no refleja completamente la compleja realidad de nuestro pa铆s, pero si ustedes sustituyen la palabra pan por la palabra industria y la palabra tomate por la palabra servicios ver谩n que eso es m谩s o menos lo que ha pasado en nuestra econom铆a en los 煤ltimos cien a帽os: el progreso tecnol贸gico en la industria ha hecho que el empleo en ese sector haya ido cayendo. Pero, a diferencia de lo que dicen los neoludditas, eso no ha provocado masivas tasas de paro, sino que los trabajadores se han ido recolocando en el sector servicios al tiempo que la riqueza del pa铆s aumentaba.
Todo esto es todav铆a m谩s cierto si tenemos en cuenta que la mayor parte del progreso tecnol贸gico no consiste en aumentar la productividad en sectores tradicionales, sino en crear nuevos productos que requieren trabajo: desde iPods hasta Nespressos pasando por Googles, Viagras o YouTubes. Ahora bien, el ejemplo demuestra que, incluso cuando el cambio tecnol贸gico tiende a ahorrar mano de obra, se crea riqueza y el desempleo no aumenta. Aqu铆 es donde ustedes se preguntan: si cuando hay desempleo, r谩pidamente aparecen empresas nuevas que crean puestos de trabajo, 驴por qu茅 hay un 20% de paro en Espa帽a? Pues porque en Espa帽a esas empresas no aparecen r谩pidamente. Y no lo hacen porque existen muchas barreras prohibitivas, entre las que destacan el exceso de regulaci贸n, la rigidez de los convenios, una banca excesivamente obsesionada con el negocio hipotecario ignorando a los emprendedores y un sistema educativo que permite a los trabajadores adaptarse a los cambios impuestos por la innovaci贸n. Y todo eso no s贸lo hace que las tasas de paro sean altas, sino que hace que sean cr贸nicas. Para arreglarlo hay que liberalizar esos mercados, facilitar la actividad empresarial y conseguir que los trabajadores sean m谩s productivos. La productividad, pues, no s贸lo no es el problema que causa el paro, sino que es exactamente la soluci贸n鈥 por m谩s que digan los intelectuales del neoluddismo.
XAVIER SALA I MART脥N, Columbia University, Fundaci贸 Umbele y UPF.
Crisis (17): el liderazgo alem谩n, de Xavier Sala i Mart铆n en La Vanguardia
Lo confieso: cuando en los a帽os noventa se discut铆a la conveniencia de adoptar el euro yo era de los que pensaban que era una mala idea por varias razones, entre las que destaco dos. La primera es que estaba convencido de que llegar铆a el d铆a en que algunos de los pa铆ses de la zona euro estar铆an inmersos en una gran crisis econ贸mica al tiempo que los otros estar铆an bien. Esa asimetr铆a ser铆a un problema porque la pol铆tica monetaria deb铆a ser la misma para todos, a pesar de que lo que conviene a los que est谩n en crisis es distinto de lo que necesitan los que no. Eso generar铆a tensiones inaguantables.
La segunda era que la hist贸rica voracidad fiscal de pa铆ses perif茅ricos como Espa帽a, Portugal, Grecia o Italia resultaba inc贸moda para los estados fiscalmente disciplinados como Alemania u Holanda hasta el punto de que estos tendr铆an que acabar pagando la polifagia de los primeros para no hundir la moneda com煤n. Es m谩s, pensaba que el mero hecho de saber que acabar铆an siendo rescatados incentivaba a los indisciplinados a excederse fiscalmente cuando llegara la primera gran crisis.
Y la primera gran crisis lleg贸 y tambi茅n lleg贸 la temida situaci贸n: la periferia est谩 en recesi贸n mientras que el centro ya ha salido de ella. Es m谩s, como estaba previsto, para intentar salir del agujero algunos pa铆ses generaron unos d茅ficits fiscales tan extravagantes y pidieron prestadas tan ingentes cantidades de dinero que les ser谩 dif铆cil devolver el cr茅dito. De momento, nadie sabe de d贸nde sacar谩 el dinero Grecia para afrontar los pagos de las pr贸ximas semanas… aunque todo el mundo mira hacia la econom铆a m谩s solvente de Europa, Alemania, para que pague la factura. Y Alemania no sonr铆e.
Resumiendo, los temores que me llevaron a concluir hace diez a帽os que el euro era una mala idea se han hecho realidad. Pero no me voy a poner ninguna medalla porque鈥 隆he cambiado de opini贸n!: en mi an谩lisis de entonces infravalor茅 algo que hoy me lleva a pensar que la moneda 煤nica puede haber sido y puede seguir siendo buena para sus pa铆ses miembros. Me explico. El proceso de europeizaci贸n de Espa帽a permiti贸 hacer necesarias e importantes reformas bajo la excusa de que “Europa lo requer铆a”. Por ejemplo, los criterios de Maastricht para entrar en el euro requer铆an que el d茅ficit fiscal fuera inferior al 3% del PIB. La reducci贸n del d茅ficit impuso una disciplina fiscal que, a la postre, fue muy beneficiosa para el pa铆s. Cuando los diferentes grupos de presi贸n se dirig铆an al Gobierno pidiendo subsidios y ayudas, este se pod铆a negar con la excusa perfecta: “yo te dar铆a el dinero鈥 pero es que Europa no me lo permite”. Bajo ese pretexto se elimin贸 el d茅ficit fiscal, se redujo la deuda p煤blica, se rebaj贸 la inflaci贸n hasta niveles civilizados y se abarataron los tipos de inter茅s. Nada de eso hubiera sucedido sin el euro.
Pues bien, Espa帽a se encuentra en una nueva encrucijada y el euro puede ser otra vez la soluci贸n. La crisis actual ha puesto de manifiesto que la productividad de muchos trabajadores espa帽oles es preocupantemente baja, hasta el punto de que no compensa el salario que cobran. Cuando los salarios son m谩s altos que la productividad, las empresas despiden trabajadores y el paro se dispara. Hay que volver a equiparar salarios y productividad.
Para ello s贸lo hay dos posibilidades: reducir los salarios y aumentar la productividad. No hay m谩s. Algunos analistas (entre los que destacan importantes y barbudos economistas de izquierda con premio Nobel incluido) abogan por las reducciones salariales. En mi modesta opini贸n de economista sin premio Nobel, creo que se equivocan: hay que apostar por la productividad. Ahora bien, que quede claro que eso no va a ser f谩cil ya que requiere unas reformas que van a chocar frontalmente con los intereses de importantes grupos de presi贸n: habr谩 que reformar el sistema educativo y eso molestar谩 a los profesores, habr谩 que reformar el mercado laboral yeso contar谩 con la oposici贸n de los sindicatos, habr谩 que reducir el exceso de regulaci贸n y eso fastidiar谩 a ecologistas, habr谩 que reformar el sistema financiero y eso incomodar谩 a cajas y bancos, habr谩 que reformar la funci贸n p煤blica y eso enfurecer谩 a funcionarios o habr谩 que reformar el Estado de bienestar (incluido el sistema de pensiones y asistencia sanitaria) y eso alienar谩 a los votantes progresistas.
隆S铆! Todas estas reformas van a levantar ampollas pol铆ticas. Pero es imperativo que se lleven a cabo porque la alternativa es o la reducci贸n masiva de salarios o unos niveles de paro inaceptablemente altos durante d茅cadas. La pregunta es: 驴se pueden implementar tan impopulares medidas cuando los l铆deres pol铆ticos tienen miedo de enfrentarse a los grupos de presi贸n? No lo s茅, pero se podr铆a intentar la soluci贸n de los a帽os noventa: 隆darle las culpas a Europa! Para ello ser铆a importante que los pa铆ses de la verdadera Champions League europea (y en particular Alemania) pidieran que las ayudas que van a tener que dar a los otrora fanfarrones de la periferia para salvar el euro, tengan como contrapartida la implementaci贸n de reformas de fomento de la competitividad. Los gobiernos de Grecia, Espa帽a, Portugal e Italia, por su parte, deber铆an aprovechar esas imposiciones europeas para sacarse de encima la presi贸n de los lobbies interesados.
Es muy f谩cil ser l铆der cuando el viento sopla a favor. Ahora bien, cuando la cosa est谩 cuesta arriba los fachendas se paralizan y entonces s贸lo queda lo 煤nico que ha funcionado bien en Europa en los 煤ltimos cincuenta a帽os: el liderazgo alem谩n.
XAVIER SALA I MART脥N, Columbia University y Fundaci贸 Umbele.
Crisis (16): enterrar a Keynes, de Xavier Sala i Mart铆n en La Vanguardia
Una de las frases m谩s archirrepetidas del economista m谩s famoso del siglo XX, John Maynard Keynes, es: “En el largo plazo, todos estaremos muertos”. Con ello, Keynes quer铆a decir que las pol铆ticas econ贸micas deb铆an centrarse en sus efectos inmediatos e ignorar sus consecuencias futuras. Por eso, la recomendaci贸n estrella de Keynes para acabar con la gran depresi贸n de los a帽os treinta fue el aumento del gasto p煤blico financiado con deuda. Su argumento: el dinero que el Gobierno gastara tendr铆a efectos inmediatos sobre la demanda mientras que la deuda generada no tendr铆a consecuencias negativas hasta un futuro lejano鈥 pero eso no era problema porque, para entonces, “todos estar铆amos muertos”.
Durante mucho tiempo, muchos creyeron que Keynes ten铆a raz贸n. Y los pol铆ticos del mundo entero se dedicaron a gastar y endeudarse cada vez que ven铆a una recesi贸n. Con los a帽os, la idea fue perdiendo adeptos. Por un lado los economistas notaron que la duraci贸n de la gran depresi贸n hab铆a sido excepcional. La mayor铆a de recesiones eran mucho m谩s cortas. De hecho, eran tan cortas que entre que el Gobierno decid铆a y aprobaba los programas de gasto, organizaba los concursos p煤blicos de adjudicaci贸n y comenzaban las obras, la crisis ya hab铆a terminado, por lo que el gasto llegaba a la econom铆a cuando no se necesitaba.
Por otro lado, durante los a帽os ochenta y noventa, se vieron claramente las consecuencias de un excesivo endeudamiento: igual que pasa con todas las familias, cuando un Estado se endeuda por encima de sus posibilidades llega un momento en que los acreedores le cortan el grifo. Entonces s贸lo se pueden hacer dos cosas: aumentar dram谩ticamente los impuestos y reducir dr谩sticamente el gasto. El problema es que ambos tienden a causar una profunda recesi贸n. Eso es exactamente lo que pas贸 en pa铆ses de Am茅rica Latina y 脕frica durante la llamada “crisis de la deuda” de los ochenta y en pa铆ses asi谩ticos y europeos durante los noventa. Estaba claro, pues, que eso de que la deuda no nos deb铆a preocupar no era exactamente cierto y decenas de pa铆ses de todo el mundo lo aprendieron por la v铆a m谩s cruel. Eso puso el 煤ltimo clavo en el ata煤d del keynesianismo tradicional: en el largo plazo no todos est谩bamos muertos. 隆En el largo plazo quien estaba muerto era Keynes!
Parec铆a que todo esto eran lecciones bien aprendidas. Al menos eso es lo que ense帽谩bamos en las facultades de Econom铆a y eso es lo que hac铆an los ministros de Finanzas de los pa铆ses bien gestionados que incluso llegaban a tener super谩vits fiscales por si las moscas. Pero luego, con la crisis del 2008-2009, sucedi贸 algo asombroso: 隆todo lo que hab铆amos aprendido durante un siglo se lanz贸 por la borda! Presas del p谩nico del momento, profesores, economistas y pol铆ticos que hasta entonces hab铆an sido sensatos, abandonaron su cordura y aplicaron los programas de dispendio p煤blico m谩s grandes que jam谩s ha visto el hombre (o la mujer). Los d茅ficits fiscales y la deuda p煤blica aumentaron hasta l铆mites que s贸lo dos a帽os antes habr铆an sido catalogados de locura. De hecho, en los pa铆ses de la zona euro eran ilegales porque violaban los pactos de estabilidad sobre los que se hab铆a construido la moneda 煤nica. Pero nada de eso pareci贸 importar. El beneficio econ贸mico a corto plazo era lo 煤nico relevante y las nefastas consecuencias de la deuda eran ignoradas porque sus efectos ocurr铆an en el largo plazo y “en el largo plazo estamos todos muertos”. Keynes hab铆a resucitado.
El problema es que, cuando el 2009 todav铆a no ha finalizado y todav铆a no estamos muertos (y algunos pa铆ses como Espa帽a ni siquiera han salido de la crisis), el largo plazo parece haber llegado. Y es que los mercados financieros ya est谩n anunciando problemas para algunos de los estados que m谩s se han endeudado. Las primas de riesgo de la deuda espa帽ola, griega e irlandesa son cada d铆a m谩s altas. Es decir, el riesgo de morosidad de esos pa铆ses aumenta diariamente. Las primas de seguro que se pagan para asegurar a los acreedores del Gobierno espa帽ol han subido en un 75% (repito 隆75%!) en los 煤ltimos cuatro meses. Eso ha hecho reaccionar a las tres grandes empresas de rating (firmas independientes que eval煤an el riesgo de que un gobierno no pueda pagar lo que debe y se convierta en moroso), que han hecho movimientos. La empresa Fitch Ratings ha bajado la categor铆a de los bonos del Gobierno de Grecia dos veces en pocas semanas. Por su parte, Standard & Poor麓s ha rebajado la perspectiva de su valoraci贸n del Gobierno de Espa帽a de “estable” a “negativa”. Finalmente, Moody麓s predice que Espa帽a es el pa铆s con mayor riesgo econ贸mico de Europa para el 2010.
Esta situaci贸n no es buena. Todav铆a no es dram谩tica pero no es buena. En el mejor de los casos, todo esto quiere decir que ya no queda margen para la expansi贸n fiscal. Si es as铆, a las econom铆as que todav铆a no han salido de la crisis, como la espa帽ola, s贸lo les quedan las famosas reformas estructurales de las que tanto se habla y de las que tan poco se sabe. En el peor de los casos, los acreedores pueden cerrar el grifo del cr茅dito que obligue al Gobierno a equilibrar sus cuentas subiendo impuestos y reduciendo gasto de un d铆a para otro. Cuando uno act煤a pensando que los costos de largo plazo no deben ser tenidos en cuenta, uno acaba intentando salir de una crisis plantando las semillas de la siguiente. Y es que, a veces, el largo plazo llega muy pronto. Tan pronto que lo mejor que podemos hacer es reinstaurar la cordura fiscal鈥 y enterrar a Keynes.
XAVIER SALA i MART脥N, Columbia University, UPF y Fundaci贸 Umbele.
Libertad de elegir, de Xavier Sala i Mart铆n en La Vanguardia
Hoy empezaremos con un ejercicio.
Piensen en las siguientes situaciones y alternativas: Primera, est谩n en el supermercado y les atraen dos posibilidades: pechugas de pollo a 4 euros y langosta a 120.
Segunda, pensando en la vivienda tienen que escoger entre un piso de 60 metros cuadrados en un barrio obrero (vale 120.000 euros) y una casa de 400 metros en Sant Cugat (coste: 3 millones).
Tercera, su hijo tiene que hacer un m谩ster en Administraci贸n de Empresas. De nuevo dos alternativas: Aut貌noma a 10.000 o Iese a 75.000 euros al a帽o.
Cuarta, se rompen una pierna y el m茅dico les dice que hay dos procedimientos: la tradicional escayola que le cura en tres meses (con un coste de 30 euros) o unas gotas m谩gicas que se acaban de inventar que suelda el hueso en tres horas (10.000 euros).
Quinta, le han diagnosticado un c谩ncer y aqu铆 tambi茅n hay dos tratamientos: la radioterapia tradicional de 35 sesiones durante seis meses y una probabilidad de supervivencia del 80% (coste del tratamiento: 500 euros), la radioterapia de dosis 煤nica de 煤ltima generaci贸n con una probabilidad de supervivencia del 90% (con un coste de 20.000 euros).
La pregunta para ustedes no es qu茅 escoger铆an en cada caso sino qui茅n debe tomar la decisi贸n: 驴ustedes o el Gobierno?
Si la toman ustedes mirando sus preferencias y sus presupuestos, seguramente escoger谩n m谩s o menos lo que les interesa. Si, por el contrario, decide el Estado, a menudo se equivocar谩, porque, para no discriminar, va a establecer las mismas reglas para todos y no van a entender que, a igualdad de ingresos, uno puede querer gastar mucho en langosta cada d铆a y otro pueda preferir tener una casa m谩s grande o pagar unos estudios m谩s caros a sus hijos.
En la Espa帽a actual, est谩 ampliamente aceptado que las compras del supermercado y las decisiones sobre vivienda las tomen ciudadanos. Eso s铆, para garantizar que todo el mundo pueda comer y tenga una vivienda m铆nima, el Estado hace una redistribuci贸n previa a trav茅s de un sistema fiscal progresivo y de algunos subsidios. El tema educaci贸n es un poco m谩s complejo: el Estado obliga a todos a estudiar hasta los 16 a帽os y proporciona escuelas p煤blicas y concertadas semigratuitas. La asistencia a la universidad, por su lado, es voluntaria, aunque el Estado tambi茅n proporciona opciones subsidiadas.
Finalmente, el tema m谩s peliagudo: la salud. La opini贸n p煤blica mayoritaria espa帽ola no acepta que las decisiones sobre salud las tomen los ciudadanos sino que piensa que debe ser el Estado. Y as铆 es como est谩 organizado el sistema sanitario p煤blico. El problema es que, dado que el Estado debe pagar la factura de todos (con nuestros impuestos, eso s铆), a menudo el mejor tratamiento es financieramente inviable: las gotas m谩gicas que sueldan el hueso en cuesti贸n de horas y el tratamiento de radioterapia de dosis 煤nica son demasiado caros para administrarlos a todos los ciudadanos, por lo que todos acaban con el tratamiento de menos calidad. 驴Todos? 隆No! El sistema espa帽ol permite que los ricos paguen de su bolsillo (o del bolsillo de su mutua) otros m茅dicos y otros tratamientos m谩s caros en cl铆nicas y hospitales privados o del extranjero. Es decir, el sistema sanitario espa帽ol garantiza una calidad m铆nima para todos y deja que los ricos elijan libremente el tratamiento.
驴Por qu茅 les explico todo esto? Pues porque el Senado norteamericano est谩 debatiendo la propuesta de Obama de reforma del sistema sanitario. En la actualidad, en EE. UU. existen dos sistemas de sanidad p煤blica: el primero, llamado Medicaid, es para los ciudadanos con rentas bajas y al que est谩n acogidos 40 millones de personas. El segundo, llamado Medicare, es para los jubilados y a 茅l se acogen otros 41 millones de norteamericanos. El resto de las familias puede contratar voluntariamente seguros privados. De hecho, la mayor铆a de las empresas ofrece seguros m茅dicos como parte de la compensaci贸n a sus trabajadores. Al ser voluntario, hay unos 47 millones de personas que deciden no comprar seguro. Una parte importante de ellos son j贸venes de entre 18 y 35 a帽os que renuncian al seguro de la empresa a cambio de un salario m谩s alto. Ya se sabe: los j贸venes piensan que ellos nunca estar谩n enfermos y prefieren utilizar el dinero en coches o casas. Dicho esto, tambi茅n existe una bolsa de ciudadanos de rentas bajas que no son suficientemente pobres para poder acogerse a Medicaid pero que no tienen suficiente dinero para comprar un seguro privado. Y ese es el principal problema que el plan Obama intenta solucionar. Para ello, propone dos cosas. Primera, un sistema de subsidios para que las familias de menos rentas puedan comprar un seguro privado. Segunda, un seguro p煤blico que, al competir con las aseguradoras privadas, contribuya a reducir precios y a permitir que los pobres tengan acceso a alg煤n tipo de seguro. Una tercera propuesta del plan intenta impedir que los ciudadanos enfermos que cambien de aseguradora pierdan la cobertura que ten铆an con la aseguradora anterior.
No sabemos c贸mo ser谩 la ley que finalmente apruebe el Senado ni las distorsiones que los subsidios y los seguros p煤blicos van a crear. Lo que s铆 sabemos es que el sistema sanitario norteamericano no ser谩 como el espa帽ol, donde el Estado decide por los pobres mientras que los ricos deciden por s铆 mismos. La propuesta de Obama es parecida a la que los espa帽oles tienen para alimentos o vivienda: primero el Gobierno redistribuye rentas y da subsidios y, despu茅s, todos los ciudadanos, pobres y ricos, tienen libertad de elegir.
XAVIER SALA i MART脥N, Columbia University, UPF y Fundaci贸 Umbele.
La tragedia del bien comunal, de Xavier Sala i Mart铆n en La Vanguardia
Se han fijado en que cuando vamos al restaurante en grupo y dividimos la cuenta entre todos, la factura es mucho m谩s alta que cuando cada uno paga lo suyo? Si pagamos individualmente, todos evaluamos el beneficio y el coste de pedir langosta. Si el coste es demasiado alto, nos inclinamos por el pollo, que es m谩s barato. Por el contrario, si el coste de la langosta se divide entre quince, ya no sale tan cara, por lo que decidimos pedirla. El problema es que todos los comensales piensan lo mismo, por lo que todos acaban comprando langosta (y copas, y puros) y la factura com煤n acaba siendo estratosf茅rica.
Este es un problema econ贸mico que se conoce como “la tragedia del bien comunal”. Los bienes comunales son aquellos que mucha gente puede utilizar a la vez: un parque, el mar, el bosque y los aparcamientos en las calles de la ciudad. Todos ellos comparten un fen贸meno curioso: el beneficio es para el usuario, pero los costes se comparten entre todos.
Por ejemplo, si las tierras de pasto son comunales (como lo eran en la Europa medieval y todav铆a lo son en algunas zonas rurales), la hierba que come mi vaca me beneficia a m铆, su propietario, porque me da mejor leche o mejores terneras. La destrucci贸n que ocasiona mi vaca cuando come, sin embargo, es compartida por todos los dem谩s propietarios, ya que sus vacas tienen menos pasto para comer. La tragedia de este tipo de situaciones es que, al ser los beneficios individuales y los costes compartidos, los usuarios tienden a poner demasiadas vacas y a sobreexplotar los recursos. Al final el pasto desaparece. Del mismo modo, los pescadores tienden a sobrepescar hasta que el mar se queda sin bancos de pesca, los le帽adores tienden a cortar demasiados 谩rboles hasta que nos quedamos sin bosques y cuando la factura es comunal, todos pedimos langosta, y se convierte en descomunal (y perdonen el f谩cil juego de palabras).
Para evitar la tragedia, se han propuesto dos tipos de soluciones. La primera es la privatizaci贸n. Si la tierra de todos se divide en parcelas y nuestras vacas s贸lo puede pastar en nuestra granja, cada uno de nosotros se encargar谩 de mantener un n煤mero de vacas que permita un pasto sostenible porque si este desaparece, desaparece el negocio. En el caso del restaurante, la soluci贸n es que cada uno pague lo suyo.
La privatizaci贸n de los bienes comunales a veces es complicada por la naturaleza del bien en cuesti贸n. Por ejemplo, es muy dif铆cil dividir el mar en parcelas privadas. Para estos casos, las sociedades han encontrado otra soluci贸n: la intervenci贸n del Estado. El Estado se apropia del bien comunal (el mar), decide la cuota de pescado de cada uno y castiga con multas a los que se pasan. En el caso del restaurante, la soluci贸n consistir铆a en establecer una ley que prohibiera a los grupos de m谩s de seis personas pedir langosta (una ley que seguro que le encantar铆a aprobar a la Generalitat actual, amante de regular y prohibir los comportamientos m谩s rec贸nditos del ser humano).
驴Por qu茅 les explico todo esto? Pues porque el premio Nobel de Econom铆a 2009 ha sido concedido a Elinor Ostrom, una polit贸loga que piensa en una tercera v铆a para evitar la tragedia del bien comunal: la cooperaci贸n. Si la gente que va a cenar en grupo lo hace repetidamente, son amigos y tienen sentido de la verg眉enza, seguramente desarrollar谩n mecanismos para evitar que nadie se pase: el que pide langosta un d铆a no es invitado el d铆a siguiente, o se le recrimina en p煤blico o se habla entre todos para ponerse de acuerdo para que no pase.
Las investigaciones de Ostrom est谩n entre la econom铆a, la antropolog铆a y la ciencia pol铆tica. Un ejemplo interesante ocurre con los pastos de los n贸madas del centro de Asia. Los sat茅lites detectaron hace a帽os que el pasto en las zonas de Rusia y
China estaba desapareciendo mientras que los de Mongolia, no. Ostrom observ贸 que en Rusia y China las tierras estaban colectivizadas mientras que las de Mongolia segu铆an siendo explotadas seg煤n las normas milenarias de las tribus de la zona (que compart铆an tierras y se respetaban entre ellas de tal modo que nadie se atrev铆a a perjudicar a las tribus vecinas). En 1980, China cambi贸 de sistema y privatiz贸 la explotaci贸n. Los sat茅lites demostraron que los pastos no aumentaron. Con este ejemplo, Ostrom mostr贸 que las soluciones encontradas por las tribus milenarias basadas en la cooperaci贸n y el respeto a veces son superiores a la privatizaci贸n o a la intervenci贸n p煤blica.
Ostrom no estaba entre los favoritos (lo escribo en masculino porque entre los favoritos no hab铆a ninguna mujer) a recibir el premio Nobel este a帽o. Su contribuci贸n no es ni de las m谩s citadas ni de las m谩s conocidas del mundo. Yo, de hecho, confieso que no sab铆a qui茅n era hasta el d铆a que se le concedi贸 el premio. Su metodolog铆a no es la m谩s com煤nmente aceptada por la profesi贸n y sus conclusiones no parecen tan s贸lidas o bien probadas como las que la ortodoxia exige hoy en d铆a. Pero, ya se sabe, a veces al Comit茅 Nobel le gusta premiar las fronteras de la heterodoxia y eso, a la ortodoxia, no le gusta. Yo siempre he sido partidario de escuchar las ideas minoritarias, porque la ciencia no es democracia: en ciencia, que la mayor铆a piense una cosa no quiere decir que sea verdad. A veces, personas como Cop茅rnico o Darwin est谩n solos contra todos y… acaban teniendo raz贸n. Bienvenido sea, pues, el premio Nobel a la se帽ora Ostrom, no porque sea una mujer, sino porque nos ense帽a una nueva manera de enfocar la tragedia del bien comunal.
XAVIER SALA I MART脥N, Columbia University, UPF y Fundaci贸 Umbele.
Crisis (15): Los nuevos desequilibrios, de Xavier Sala i Mart铆n en La Vanguardia
La buena noticia: Ben Bernanke dijo el otro d铆a que “es muy probable que, t茅cnicamente, Estados Unidos ya haya salido de la recesi贸n”. La mala noticia: acto seguido, dijo “pero dar谩 la sensaci贸n de que la econom铆a es d茅bil durante bastante tiempo”. Mi interpretaci贸n: el crecimiento econ贸mico ser谩 diminuto, hay riesgo de reca铆da y, de momento, no se crear谩 empleo.
驴Por qu茅 es Bernanke tan poco optimista? Pues porque sabe que los gobiernos de todo el mundo no se enfrentaron a los grandes desequilibrios financieros y econ贸micos que causaron la presente recesi贸n corrigi茅ndolos, sino creando la antesala de una nueva crisis: m谩s desequilibrios.
Desde mi punto de vista, hoy tenemos siete peligrosos problemas. Primero, el monetario. Nada m谩s empezar la crisis financiera, los bancos centrales imprimieron trillones de d贸lares. En situaciones normales eso hubiera causado una hiperinflaci贸n. Esta no se dio porque la velocidad de circulaci贸n del dinero cay贸 en picado. El problema es que, cuando la econom铆a se recupere, el dinero volver谩 a correr y, si no se elimina todo lo impreso durante la crisis, subir谩 la inflaci贸n. Habr谩, pues, que quitar liquidez de una manera quir煤rgica porque el dinero es como la pasta de dientes: es muy f谩cil sacarla del tubo pero es muy dif铆cil volverla a meter porque, para conseguirlo, se deben subir los tipos de inter茅s y eso puede causar nuevas recesiones.
El segundo desequilibrio es el fiscal. Al ver la gravedad de la situaci贸n, todos los gobiernos del mundo se lanzaron a gastar cantidades ingentes de recursos. Resultado: d茅ficits extravagantes que superan el 13% del PIB en Estados Unidos, el 10,5% en Espa帽a y el 6,5% en la zona euro. La OCDE estima que la deuda alcanzar谩 el 115% del PIB. L贸gicamente, esa insostenible voracidad fiscal tiene que acabar (sobre todo teniendo en cuenta que los baby boomers se est谩n empezando a jubilar). El problema es que eso s贸lo se puede hacer subiendo impuestos o bajando gasto y ambas estrategias conducen hacia una nueva recesi贸n. Habr谩 que ser creativo y tocar los impuestos que menos distorsionen (y no subirlos alocadamente como se ha hecho en Espa帽a) y eliminar los gastos menos productivos.
El tercer gran desequilibrio es el internacional. Los d茅ficits exteriores de algunos pa铆ses (destacan Estados Unidos y Espa帽a) son compensados por super谩vits gigantes de algunos pa铆ses asi谩ticos (sobre todo China). La correcci贸n va a tener dos componentes. El primero, una ca铆da del d贸lar que puede ser paulatina o puede ser catastr贸fica. Depende del banco central chino. El segundo, la tentaci贸n proteccionista. La semana pasada el presidente Obama ya impuso aranceles a los neum谩ticos chinos, y China respondi贸 con aranceles equivalentes a los pollos norteamericanos. De momento, la guerra comercial es poca cosa y esperemos que no escale y que todo el mundo recuerde que lo que transform贸 la crisis de 1929 en la Gran Depresi贸n de los a帽os treinta fue el proteccionismo.
Cuarto, el desequilibrio financiero. El p谩nico de finales del 2008 hizo que todo el mundo desinvirtiera en los mercados financieros y pasara a comprar lo 煤nico que parec铆a seguro, unos bonos del Tesoro norteamericano que llegaron a absorber el 80% del ahorro mundial: trillones de d贸lares que no financiaban inversi贸n productiva. Eso ya se est谩 empezando a corregir y el dinero ya est谩 volviendo a la bolsa. El problema es que si el retorno no se hace de manera ordenada, puede dar lugar a nuevas burbujas que, al explotar, causen nuevas crisis econ贸micas. De hecho, el boom inmobiliario del 2008 se gest贸 cuando el dinero sali贸 despavorido de la bolsa al reventar la burbuja puntocom en el 2001. Que no nos vuelva a pasar lo mismo.
El quinto desequilibrio es el regulatorio. Los primeros diagn贸sticos de la crisis apuntaron (en mi opini贸n, equivocadamente) en una direcci贸n: la falta de regulaci贸n del sistema financiero. El resultado fue la aparici贸n de los don quijotes del intervencionismo que quisieron regular no s贸lo el sector financiero sino, ya puestos, el resto de la econom铆a. 隆Algunos incluso quer铆an “refundar el capitalismo”! Ahora bien, 隆que el sector financiero norteamericano estuviera infrarregulado no quiere decir que el sector de la automoci贸n en Espa帽a tambi茅n lo est茅! La cordura debe volver pronto a los legisladores. Si no, corremos el riesgo de que el Estado acabe asfixiando la recuperaci贸n.
El sexto desequilibrio es sectorial. Pa铆ses como Espa帽a depend铆an excesivamente de unos pocos sectores (construcci贸n, promoci贸n inmobiliaria) que se han hundido sin esperanza de recuperaci贸n. Para reequilibrar, no hay que caer en la tentaci贸n de que el Estado subsidie unos sectores escogidos a dedo por el funcionariado. Al contrario, el Estado debe poner las bases para que los innovadores decidan, con su creatividad e iniciativa, qu茅 sectores van a tomar las riendas de la econom铆a.
Y el 煤ltimo desequilibrio es, l贸gicamente, el laboral. Los pa铆ses con un r铆gido mercado de trabajo corren el riesgo de convertir el paro temporal causado por una recesi贸n pasajera en una situaci贸n permanente para millones de ciudadanos. Si el mercado laboral no se flexibiliza, el ej茅rcito de parados de largo plazo puede acabar causando una inestabilidad social insostenible. Nuestros intentos de salir de la crisis han originado siete grandes vulnerabilidades que amenazan el futuro de nuestras econom铆as. Bernanke piensa que lo peor ya ha pasado. Quiz谩 s铆. Pero si queremos evitar la reca铆da, es imperativo que se corrijan鈥 los nuevos desequilibrios.
XAVIER SALA i MART脥N, Universidad de Columbia, Universitat Pompeu Fabra y Fundaci贸 Umbele.
