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Trabajadores pijos, de Lucía Méndez en El Mundo

ASUNTOS INTERNOS

Parece mentira, pero desde el sábado de alarma los controladores trabajan felices y contentos a las órdenes de los coroneles del Ejército del Aire. Prefieren a los militares que a sus jefes de Aena. Y eso que los controladores son personas exigentes. Cuando trabajan están sometidos a una gran tensión, separando aviones en las torres de control. Pero cuando descansan viven como Dios. Chalés en las zonas más lujosas, apartamentos en Miami, vueltas al mundo gratis total pagadas por las compañías aéreas.

Sus representantes sindicales -incluido el guapo que ya no es tan guapo- dicen que lo suyo es un conflicto laboral y que ellos son trabajadores. Qué cuajo. El sueldo medio de un trabajador español -según datos de Hacienda- asciende a unos 24.000 euros al año. Y ellos ganaban 300.000. Un poco menos que los Master in Business Administration (MBA) que especulan en los mercados contra la deuda española. Si a alguien se parecen los controladores, por su codicia insaciable, es a los especuladores.

Es de todo punto insoportable que en un país que se está empobreciendo en esta crisis, y ya veremos hasta dónde llega la marea, los empleados de una empresa pública cobren ese dineral. Me son indiferentes los motivos por los que el ministro de Fomento haya tomado la decisión de bajar a estos tíos de las nubes. Sea para facilitar la privatización de Aena o porque es un mandón, José Blanco hizo lo correcto al poner poner pies en pared frente a estos trabajadores tan pijos. Lo único que cabe lamentar es que se durmiera después del decreto de abril y no haya buscado repuesto para despedirlos. Mariano Rajoy se reservó para Blanco la crueldad en el pleno del Congreso -en una intervención por lo demás bastante sobria y atinada-, pero al embajador norteamericano ningún dirigente del PP le diría en una cena que Blanco es un “inútil” como ministro.

Otra cosa distinta es que la firmeza frente a los controladores vaya a frenar la caída libre del Gobierno y el PSOE ante la ciudadanía. Zapatero no ganó las elecciones por sus gestos de autoridad, sino casi por lo contrario. Militarización, privatización, despidos. Son casi objetos imposibles en el universo mental y político de Zapatero. Podría decirse que el destino se está cebando con él cuando atardece su mandato. El pasmo que produce ver al presidente del Gobierno tomando decisiones contrarias a lo que fue su relato sólo es comparable con el asombro que suscita el antimilitarismo, pacifismo y preocupación por los derechos sindicales de cierta parte de la derecha española. Vivir para ver.

Publicado por Reggio's

11 Diciembre, 2010, a las 7:13 am

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