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Periodismo de opinión en Reggio’s

Trabajo, libertad y ocupación, de Esther Sánchez Torres en La Vanguardia

TRIBUNA

La libertad en el empleo está en la formación; para rentabilizarla, debemos ajustarla a lo que la sociedad y el mercado reclaman

Uno de los hijos del sistema capitalista de mercado es el trabajo productivo como eje en torno al cual gravita la vida en sociedad. Una persona es productiva, valorada y supuestamente libre porque trabaja. El Trabajo Es.

Y una de las consecuencias de las crisis del sistema capitalista en España es que hay trabajo pero, paradójicamente, hay muchos millones de personas que no trabajan. De entre estas personas, las hay que son cualificadas, pero aproximadamente un 51% no tienen una capacitación que les permita ser merecedoras de un calificativo que, aunque poco estético, es objeto de deseo: ocupables.

Dentro del colectivo de desempleados, el matiz adquiere tintes de crónica anunciada. Ya no distinguimos entre desempleo de corta y de larga duración, sino entre desempleo ocupable y no ocupable. ¿Y qué hacer con este último para evitar su desahucio? Porque ya no sólo está en juego su futuro individual. El carácter colectivo de esta particular patología compromete seriamente dos de los pilares básicos sobre los que se asienta nuestro modelo de Estado social y democrático de derecho: la igualdad y la libertad.

Más allá de cuestiones presupuestarias que tensionan nuestro desnutrido sistema de bienestar y que lastran la deuda pública… Más allá del efecto psicológico de desánimo que alimenta el actual sentimiento colectivo de callejón sin salida… El problema es más hondo.

En una sociedad que, ficticiamente, se ha creído liberada tras años de represión, el problema es que, tanto los que disfrutan de un trabajo como los que no, no somos conscientes de que nuestro actual modelo de organización del trabajo nos ha hecho menos libres que nunca. Sencillamente, porque son muy pocos los que pueden escoger y dar sentido y contenido a un derecho reconocido constitucionalmente: “El derecho a la libre elección de profesión u oficio”.

La solución no está en reclamar puerilmente a un tercero demasiado lejano y con muchas cabezas (en este caso el Estado) el derecho a tener un trabajo. Aunque posiblemente sí que la solución esté en reclamarle firmemente que exija a individuos y organizaciones las condiciones necesarias para que aquellos puedan ser realmente libres para escoger uno. Y esa libertad, como reivindicaba el movimiento sindical del siglo XIX, denostado por unos y olvidado por otros, está en la formación.

Para formarse, como condición previa, es necesario tiempo y compromiso a lo largo de la vida personal y profesional, porque la formación es transversal y continua. Para optimizar la formación es imprescindible motivación a través de la metodología, sentido a través de los contenidos y eficacia a través de la rendición de cuentas. Y para rentabilizar la formación debemos ajustarla a lo que el mercado y la sociedad reclaman.

Como decía Zagrebelski, los derechos son deberes. Y sin ambos, la igualdad, la libertad y la justicia, tanto como el derecho al trabajo, son una falacia.

Esther Sánchez Torres. Profesora de la facultad de Derecho de Esade y consultora sénior de Baker.

Publicado por Reggio's

10 Septiembre, 2010, a las 9:15 am

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