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Periodismo de opinión en Reggio’s

Un mal amigo, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

ESPAÑA Y LA CRISIS

Montilla ha admitido públicamente lo obvio: que la creciente impopularidad y descontrol de Zapatero “pueden influir” en el papel que hará el PSC en las elecciones catalanas, las primeras en las que los ciudadanos podrán, si así lo quieren, expresar su enfado por las erráticas políticas del Gobierno central frente a la crisis. ¿Se acuerdan de la campaña de los comicios generales del 2004? El eslogan difundido entonces en nuestros pagos no se ha vuelto a reeditar, por algo será: “Si gana Zapatero, gana Catalunya”. Ahora, los estrategas de la calle Nicaragua están sudando la gota gorda para presentar al actual president como alguien despegado, a la vez, del tripartito y del compañero Zapatero, el mismo que le nombró ministro de Industria, no hay que olvidar este detalle. ¿Gobierno amigo, el de Madrid? Mejor hablemos de otros asuntos.

Montilla será ofertado como el candidato del partido de Montilla, sin nada que le vincule a otra cosa que no sea esa imagen de seriedad que le han prefabricado y que, por mucho marketing que gasten, no producirá milagros. Asistiremos a la apoteosis liofilizada y baja en calorías del tecnocratismo socialista. Tal como está el patio, no creo que veamos mucho a Zapatero por aquí haciendo campaña. Ni a los ministros Corbacho y Chacón. Paradoja inesperada: la necesidad de marcar distancias llevará al PSC a imitar un poco esa renovadora campaña que Maragall hizo en 1999, en la que escondió a su propio partido y, sobre todo, frenó la presencia de figuras del PSOE, para cabreo de los que ahora están, precisamente, al frente del negocio.

La batalla de Catalunya será también la batalla de Zapatero, aunque Rajoy no podrá apuntarse el tanto si Montilla fracasa, porque los populares indígenas no son alternativa y, además, siguen compitiendo con Ciutadans y UPyD por el control del mercado extremista y marginal del populismo neolerrouxista. Así las cosas, el discurso del PSC para el día después es previsible: si Montilla alcanza la presidencia de nuevo (mediante la suma tripartita, que de otro modo es inimaginable), el mérito será sólo de los de casa; en cambio, si es Mas el que es investido, todas las culpas serán para Zapatero, sus ideas y sus maneras (algo que Corbacho empezó a ensayar este sábado, ante cuadros socialistas, a propósito de la reforma de las pensiones).

De momento, el socialismo catalán, acostumbrado a ir dos jugadas por delante, va blindando con cuidado sus refugios más nutritivos, en los ayuntamientos, diputaciones (o consejos de veguería, que serán lo mismo para el caso) y la futura entidad metropolitana, que sólo para esto han desempolvado el trasto. Debe protegerse la base del poder del PSC, para que cualquier eventualidad (en las elecciones catalanas y en las españolas) no conlleve más daños de los ya estimados hoy. Me apuesto un guisante -que diría el gran Puyal- a que, si hoy se hundiera el túnel del barrio del Carmel, Montilla trataría de impedir la visita de Zapatero.

Publicado por Reggio's

8 Febrero, 2010, a las 8:11 am

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