Una encrucijada histórica, de Luis Garicano en El Mundo
TRIBUNA
El pánico en los mercados en las últimas semanas refleja que, con la muy probable entrada de la economía europea y de la americana en una segunda recesión en los próximos meses, los problemas de endeudamiento a los que nos enfrentamos no van a resolverse dejando el tiempo pasar, y requerirán soluciones drásticas. En España, como en Europa, ya no puede ser el momento de parches y de medias soluciones. O bien los sistemas políticos de los países europeos responden con decisión a la situación, o dentro de unos meses nos podemos encontrar entre las ruinas del proyecto europeo.
Por suerte, y pese al escepticismo de los mercados, las respuestas están comenzando a aparecer. Los mercados y comentaristas, acostumbrados a cumbres europeas vacías y sin contenido, han dado menos importancia quizás de la merecida a las cumbres de la UE y de Sarkozy y Merkel de este verano, que muestran que los políticos están avanzando hacia el reconocimiento de los problemas y hacia su solución. Pero los ejemplos de avances notables no son difíciles de encontrar si se buscan.
El mayor progreso se ha realizado en la mejora de la sostenibilidad de la carga de la deuda de los países periféricos. Con el paquete de rescate griego del mes de julio, Portugal e Irlanda se están beneficiando de tipos de interés mucho más bajos. La economía portuguesa está empezando a recuperarse, con un crecimiento que superó las expectativas de los analistas de 1,1 puntos debido al fuerte aumento de las exportaciones. La economía irlandesa empieza a ser sostenible, y este verano se ha conseguido solucionar los problemas de Bank of Ireland con capital privado. El Gobierno italiano también ha propuesto un plan de austeridad fiscal, que, aunque insuficiente y desequilibrado, introduce algo de cordura en las finanzas italianas.
Los problemas de competitividad y crecimiento de las economías periféricas son más difíciles de resolver. Pero de nuevo se nota en esta área un cambio de tono desde este verano. El nuevo ministro de Economía portugués, un técnico con pocos lazos con el poder económico, parece decidido a modernizar las arcaicas instituciones de nuestros vecinos, con ayuda de un buen acuerdo (a diferencia de los anteriores griego e irlandés) con el FMI. Grecia, tras dos años de hacer como que hacía reformas, también ha mostrado un claro impulso con el nuevo ministro de Economía.
Junto con la sostenibilidad fiscal y la recuperación de la competitividad del sur, la tercera, -y clave- pieza del puzle europeo son las reformas institucionales necesarias para resolver las contradicciones e inconsistencias del diseño del euro. El progreso aquí es menor, aunque ya es evidente. La propuesta de la reciente cumbre Merkel-Sarkozy de presupuesto equilibrado en todos los países, si se suaviza durante el ciclo, puede ayudar a reducir rápidamente la deuda, mientras que deja a los países con flexibilidad en la mezcla de impuestos y el gasto que quieren seguir.
Además, se ha permitido al fondo de rescate europeo la compra de bonos en el mercado secundario y que desempeñe un papel en la reestructuración del sector financiero, lo que es crucial para España. Obviamente, como el mercado está señalando, el fondo no es lo suficientemente grande como para colaborar en resolver las dificultades de países del tamaño de Italia. Pero vemos en el horizonte ya formas de conseguir que alcance el tamaño adecuado, por ejemplo permitiendo que pueda financiarse por la emisión de eurobonos que proporcionen financiación a los países necesitados bajo unas condiciones estrictas.
La política española debe estar al nivel de esta situación. Las elecciones el 2011 son una encrucijada que determinará el futuro de España quizás durante 50 años, es decir, una encrucijada de una importancia similar a las muy desafortunadas de 1936 o de 1813, y que desgraciadamente marcaron indeleblemente la Historia de España. Y en este caso, las decisiones que tomemos determinarán no sólo el futuro de España, sino también el de Europa.
Si el Gobierno que viene es un gobierno contemporizador y pasivo, que trata de implementar reformas cosméticas que no molesten a nadie, España puede encontrarse de nuevo arrojada al exterior de Europa. Si, al contrario, un nuevo gobierno acomete, en sus primeras semanas, los retos clave a los que se enfrenta España -la reforma radical del mercado laboral, la reestructuración de la deuda inmobiliaria del sistema financiero, la reforma del modelo autonómico, y la reforma del sistema educativo- España puede recuperar de inmediato la confianza de los mercados, de lo que se beneficiará no sólo España, sino la economía mundial en su conjunto. La respuesta la sabremos pronto, en las primeras semanas del 2012. El tiempo apremia.
Luis Garicano es catedrático de Economía y Estrategia de la London School of Economics y director de la Cátedra Fedea Mckinsey
