Vara, tras los visillos, de Enric Juliana en La Vanguardia
CUADERNO DE MADRID
Extremadura va camino de ser una región bilingüe. En Madrid todavía no se han enterado, pero muy pronto todos los museos extremeños y demás centros de interés turístico estarán rotulados en castellano y portugués. Y en los institutos, los jóvenes comienzan a tomarse en serio el aprendizaje de la otra lengua ibérica que da la vuelta al mundo. “Ábretepuertas, aprende portugués”, dicen los carteles. Mapas, mapas, mapas. Difuminada la raya, Extremadura se está redescubriendo a mitad de camino entre Lisboa y Madrid y se siente con fuerzas para proponer un espacio regional común al Alentejo y la Región Centro. Extremadura no quiere ser un anexo de Andalucía.
(Los lusitanos dicen que vale, que sí, con cautela. Aún recuerdan el dicho que más repetían sus abuelos: “De Espanha nem bom vento, nem bom casamento“. Sí a la cooperación transfronteriza, no a una sibilina consideración de Portugal como la 18ª. comunidad autónoma española. Mapas, mapas, mapas. Lisboa acepta el envite regional y esboza otro movimiento peninsular: Catalunya. El principal foro hispano-portugués se celebrará cada año en Barcelona.)
Extremadura, Portugal, Catalunya. En el interior de ese triángulo se mueve, con habilidad, Guillermo Fernández Vara (Olivenza, 1958), sucesor de Juan Carlos Rodríguez Ibarra al frente del gobierno regional extremeño. Fernández Vara -Vara, en formato Twitter- bebió de pequeño el hecho diferencial de su pueblo natal, portugués durante cinco siglos y anexionado por España en 1801, durante la breve guerra de las Naranjas, uno de los prolegómenos de la invasión napoleónica. Un día se decidió que en todas las calles de Olivenza/Olivença conste el viejo nombre portugués. Lusofonías. Una política inteligente.
Guillermo Fernández Vara presenta otras singularidades. De joven fue militante de Alianza Popular. Se afilió en Córdoba, ciudad en la que su padre, magistrado, presidía la Audiencia.
- Sí, he ido en dirección contraria. No es poca la gente que se ha deslizado de la izquierda hacia la derecha. En lo fundamental, mis ideales siguen siendo los mismos. Pero un día llegue a la conclusión de que el mejor lugar para defenderlos era el Partido Socialista.
Lunes en Badajoz. En una sala del antiguo instituto femenino Bárbara de Braganza, el presidente me explica cómo un católico practicante con el carnet de AP en el álbum de los recuerdos e hijo de familia acomodada, dirige hoy la región en la que el igualitarismo socialdemócrata ha calado con más fuerza. Media estatura, corte de pelo atildado, ojos atentos en rostro ancho, uno de esos rostros anchos que no llegan a ser rollizos, en los que se lee el senequismo de la España del sur. Rostro de médico, de notario, de farmacéutico, de alcalde; un circuito calculando a pleno rendimiento tras una mirada tranquila. Apenas se inmuta cuando saco la estadística.
- Presidente: ayudas europeas, solidaridad interna española y 90 empleados públicos por cada mil habitantes en Extremadura. Catalunya no pasa de los 50 funcionarios por mil habitantes y ahora ha de llegar a final de mes vendiendo bonos a precio de hecatombe griega.
- Esa es una verdad a medias. Es cierto que en términos proporcionales hay más funcionarios en Extremadura que en Catalunya; pero esa estadística no incluye las escuelas y los hospitales concertados, que en Catalunya tienen mucho arraigo. Esos servicios también cobran del erario público. No nos hagamos trampas. En Extremadura no había nada. ¡Nada! Hace treinta años, el 80% de los extremeños eran analfabetos. Hoy, el 60% tiene estudios medios o superiores. ¿No tenemos derecho a estar orgullosos de ese cambio?
Médico forense de profesión, Vara sabe mejor que nadie que todos los sistemas vivos están condenados al fracaso. Quizá por ello ha sido el primer político del PSOE en hablar de la devolución de competencias autonómicas al Estado.
- Debemos pensar seriamente en cómo preservar la España de las autonomías de la demagogia que vendrá alimentada por la crisis. Yo me estoy esforzando en contra de la demagogia. Nunca nadie me oirá hablar mal de Catalunya, aunque no comparta determinados enfoques de la política catalana. Me repugna la catalanofobia y no pienso ganar ni un solo voto gracias a la catalanofobia. Simplemente digo que en la España autonómica hay muchas cosas a revisar y simplificar
¿Y en el PSOE?
-(Respuesta actualizada el viernes, por teléfono, tras el reajuste ministerial). En el PSOE, cuidado con los ataques de pánico. Es un error cargar toda la responsabilidad en las espaldas de Zapatero. El presidente ha movido ficha y creo que la ha movido bien. Sólo tengo dos objeciones: no me ha gustado enterarme por la prensa del nombramiento del nuevo secretario de organización y creo que es un error que pasen a ser masculinos los cinco principales rostros del socialismo en España (Zapatero, Rubalcaba, Blanco, Iglesias y Chaves).
Extremadura, Portugal, Catalunya. Cerramos el triángulo: el Barça.
- Como barcelonista me preocupa el desenlace la última asamblea. Son conocidos los insultos que me dedicó Laporta, pero yo habría pasado página.
