Zapatero, el griego, de Enric Juliana en La Vanguardia
EL IMPACTO DE LA CRISIS
El presidente emula a Giorgos Papandreu, esforzado líder de una Grecia ahogada No se podía acudir a Davos sólo con la alarmante tarjeta del déficit desbocado El retraso de la jubilación envía una señal a los mercados, pero tensa el clima social.
Z, el griego. José Luis Rodríguez Zapatero en el papel de Giorgos Papandreu. El Gobierno maniobra a toda velocidad para evitar que el vertiginoso incremento del déficit público hunda la solvencia del Reino y convierta en misión casi imposible la colocación de deuda pública española en los mercados internacionales. Este es el retrato. Este es el cuadro que permite interpretar el súbito y precipitado anuncio de la jubilación a los 67 años. Esta es la clave: en vez de arrojarnos a las inmensidades del Atlántico, la deriva de España nos conduce a las bellas costas de Grecia, país en serio riesgo de quiebra.
El retraso de la edad de jubilación para los nacidos después de 1959 se podía haber anunciado otro día. No era una urgencia que justificase la precipitación. En realidad ha sido una hábil operación de imagen para transmitir un mensaje de austeridad y sacrificio a los mercados financieros internacionales, y amortiguar -en la cumbre de Davos y en el mercado político interior- el impacto de la noticia más negativa del año: alerta roja, el déficit público español se halla fuera de control y ya supone el 11,4% del producto interior bruto. Hace dos años, las cuentas del Estado presentaban superávit.
El posible retraso de la edad de jubilación polarizó ayer el debate público, dejando en segundo plano el alarmante desvío del déficit público, cifrado en 19.000 millones de euros, según estimaciones dadas a conocer por la vicepresidenta, Elena Salgado, al término del Consejo de Ministros. Veamos el dato con toda su crudeza. Los presupuestos generales del Estado preveían cerrar el 2009 con un déficit del 9,5%. Estamos en enero y el cierre del ejercicio revela que el déficit real es del 11,4% del PIB. Y subiendo. Todavía hay margen contable para una mayor deuda pública, pero su coste comienza a ser muy oneroso. En el 2007, el Estado debía 370.000 millones (37% del PIB); tres años después, la deuda asciende a 550.000 millones (55%) En el 2010, el pago de intereses supondrá un desembolso de 23.600 millones, cifra equivalente a los costes actuales del seguro de desempleo y el doble de las inversiones previstas. Un mayor endurecimiento de los prestatarios por la pérdida de credibilidad de España, o un súbito encarecimiento de los tipos por parte del Banco Central Europeo, supondrían una catástrofe.
Se cumplen los pronósticos del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que en su momento Zapatero no quiso escuchar. El estallido de la burbuja inmobiliaria, el paro y la caída del consumo han provocado un descenso en picado de los ingresos tributarios, Los peores -y malévolos- augurios de la prensa anglosajona también estarían en vías de confirmarse: España es, después de Grecia, el nuevo enfermo de Europa; el fuerte endeudamiento de toda la Europa meridional podría amenazar la estabilidad del euro. Zapatero, convencido estos días de que existe una campaña anglosajona para desacreditar España (pilotada, entre otros medios, por The Wall Street Journal, propiedad de Rupert Murdoch), no podía acudir a la cumbre de Davos con el 11,4% de déficit como única tarjeta de presentación.
El jefe del Ejecutivo español debía emular al primer ministro Papandreu, que también ha prometido hacer todo lo posible para evitar que Grecia se hunda en el Hades (el inframundo en la mitología griega). El Gabinete de la Moncloa preparó el equipaje. Ello explica que el anuncio de la jubilación a los 67 años pillase de improviso a la mayoría de los ministros -¿también a Celestino Corbacho, titular de Trabajo?- a los sindicatos y a la oposición.
La focalización del debate en pensiones permitió ayer a la vicepresidenta Salgado una cierta desdramatización del plan de recorte del gasto público, valorado en 50.000 millones de euros (la misma cantidad que el Gobierno ha gastado en el plan E de estímulo a la economía), recorte cuya traducción más significativa será la reducción en términos reales de los salarios de los funcionarios, hasta la fecha tratados con cuidadoso guante de seda por el Ejecutivo socialista. Para reforzar la solvencia del Reino, para evitar el naufragio en las costas de Grecia, Zapatero ha comenzado a pisar líneas rojas.
